La presentación de Rodolfo Lar y Carlos Mugica

Nota principal: Plegaria para una misa sin nacer121-MugicaxBertola

“Esta versión libre de la Misa, no destinada al uso litúrgico, no es solamente para los acostumbrados al cristianismo, sino ante todo para los que se encuentran en las fronteras de la fe.

En momentos en que la Iglesia toda, junto a Pablo VI se reúne en Roma para reflexionar sobre la evangelización del mundo contemporáneo y abre su mensaje de reconciliación a todos los hombres de buena voluntad, este esfuerzo pretende ser un pequeño aporte a la milenaria lucha de la Iglesia por hacer presente a Jesucristo en los hombres de todas las civilizaciones.

Entendemos por Tercer Mundo, los pobres de hoy, los oprimidos de nuestro tiempo. Es decir, los pueblos pobres y los pobres dentro de los pueblos ricos.

Tomando el símbolo del Tercer Mundo, fundamentalmente asentado en Africa, Asia y América Latina, se han utilizado las raíces folklóricas de estos continentes. Al decir raíces, se ha buscado la expresión más primitiva, más genuina, sobre todo en lo que a los ritmos se refiere. El ritmo es el movimiento del hombre. Buscar el ritmo original es tratar de buscar las raíces del hombre del Tercer Mundo.

San Pablo nos exhortó a hacernos judíos con los judíos y paganos con los paganos, pero con la inexorable intención de ganarlos a todos para Cristo. Ganar al hombre para la causa del hombre es abrirlo a la entrada del Dios liberador en su vida. “Lo que habéis hecho con el más pequeño de mis hermanos, conmigo lo hicisteis”. (Mateo, 25).

Nuestro anhelo hondo es que esta Misa para el Tercer Mundo pueda acercar a los hombres de nuestro tiempo el misterio del Dios-hombre, puro don de sí, que nos enseñó con el ejemplo que no hay prueba más grande de amor que dar la vida por el amigo.

Ojalá que muchos hombres, que sienten con pasión la causa del hombre y se juegan por la liberación de los pueblos, a través de este mensaje caigan en la cuenta de que luchando por la felicidad del ser humano, están dando gloria a Dios.

Recordemos el axioma que iluminaba la vida de los Padres de la Iglesia: Gloria dei, vita hominis; la gloria de Dios es que el hombre viva”.

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