Escrito en azul y blanco

116-LibroKrupaDe la mano del sello independiente Club Hem Editores, este mes sale a la calle GELP!, la novela del berissense Daniel Krupa sobre Gimnasia y Esgrima La Plata. Desde la contratapa el gran Juan Sasturain augura al escritor y al triperío: “Tendrás tu primavera”. Compartimos un adelanto. 

De los retazos de una liturgia que el tiempo fue reacomodando a su criterio aparecen las piezas amorfas de un rompecabezas personal: goleadas a favor, goleadas en contra; centenares de sísmicos choripanes gastrointestinalmente criminales; apellidos de jugadores y técnicos; gaseosas tibias sin gas; kilos, toneladas de semillas de girasol; la bolsa de rotisería con papelitos; paraguas quebrados por el viento; radio Provincia adentro del Dodge 1500 rural, mientras se despeja el Bosque; el olor a tilo después de una llovizna de otoño o de primavera; las toscas manos de su padre metiéndole un diario en el pecho para parar las embestidas del viento, un abrigo improvisado carente de toda estética pero maravillosamente eficaz.

Párrafo aparte para las imborrables estampidas que, habitualmente en el marco de los clásicos con los otros, solían generar los perspicaces “operativos de seguridad” de la Policía de la provincia de Buenos Aires. En esas ocasiones, en las que la tribuna devenía en mar de brazos, llantos, gritos, pañuelos de tela en la boca a fin de aminorar los efectos de los gases, disparos de bala de goma que rebotaban a tres metros de distancia, el padre de Merlini cubría a su hijo de la mejor manera posible a fin de evitar que éste se ahogara en la avalancha de cuerpos.

Sin estar del todo seguro y con el aumento de la distancia entre aquellas tardes violentas y el día de hoy, Merlini cree recordar que su padre no solía preguntarle cómo se sentía luego de una de esas maratónicas corridas, no muy distintas, salvo en la ausencia de risas, de las que muestran los noticieros en San Fermín, España, cuando sueltan toros. Sí es cierto que buscaba algo de la complicidad de su hijo cuando al llegar a la casa, la mujer lo increpaba por exponer al vástago a situaciones de riesgo.

En este aspecto, Merlini no tiene recuerdos sobre sus reacciones en aquellas discusiones de pareja en las que él cumplía un papel protagónico completamente involuntario. Era, en todo caso, un espectador llevado a la fuerza. Juez y parte.

De haber intervenido, especula Merlini, hubiera alegado que su padre se sentía tan seguro en esas ocasiones que siquiera hacía falta que le preguntara cómo se sentía. Se trataba de un escape, con lo cual no hay demasiado para agregar. En caso de haberla articulado, la respuesta tampoco hubiera podido salirse demasiado de un libreto que apenas incluía dos o tres alternativas: “Bien: pero tengo ganas de vomitar”, “Me arden los ojos”, “Tengo miedo… Y me pican la nariz y la garganta”.

Después de tantas idas a la cancha, y de tantos partidos que terminaron mal, Merlini se ríe de la única ocasión en la que su padre no actuó con la seguridad habitual. Fue en 1992 o quizá en 1993. Gimnasia y Esgrima La Plata jugaba su pase a la Copa Libertadores. Para avanzar, el equipo platense debía ganarle a Boca Jrs. Terminado el encuentro, que se disputó un sábado a la noche en el Amalfitani, y ya ubicados en los asientos del transporte que los devolvería a La Plata vía Av. Calchaquí, se empezó a escuchar una sinfonía de piedrazos y vidrios rotos.

Merlini, que no tendría más de diez años, fue el único pasajero de ese colectivo, que no arrancaba nunca, en quedarse parado como si fuera el director de orquesta de aquellos ruidos. Su propio padre, ya debidamente arrodillado en el piso, escondido entre su butaca y la de adelante, haciendo de sus manos un improvisado casco de huesos y carne, le recomendaba a su hijo que lo imitara en la posición genuflexa a fin de evitar que una de las piedras de despedida se incrustara en su cráneo. Todo esto, por supuesto, estuvo dicho en otros términos, en un tono de voz más bien elevado, bordeando el grito y adornado de insultos acordes a la situación.

Sobre el autor

Daniel Krupa nació en marzo de 1977, en Berisso. Es autor de cuatro novelas breves: Cerca (Ed. Paradiso, 2006), Madrid (Santiago Arcos, 2008), Serpientes (Gárgola, 2009) y GELP! (Club Hem Editores, 2013).

Elogio y augurio*

(para Daniel Krupa, cautivo del Bosque).
 
No me mueve, Daniel, para elogiarte
el libro que me habías prometido
ni el temor a tu Lobo tan temido
ni tu gesto cordial de regalarte.
 
Nada de eso, Daniel. Me mueve el arte
con que Merlini, tu tripero herido,
va al Bosque y, de un tablón, estremecido,
se cuelga, y vos con él querés matarte.
 
A lo bonzo te das. De tal manera
que si —Dios no lo quiera— le tocara
al mens sana bajarse de Primera
 
al Hades, vos con él, darías la cara.
Por eso es que tendrás tu primavera:
Serás campeón con GELP, la tengo clara.
 
*Juan Sasturain, octubre de 2013
(soneto en la contratapa de GELP!)
 

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