El rock platense: bendita autogestión

El periodista y crítico Oscar Jalil hace foco en las experiencias colectivas de los rockeros locales. Sobre todo a través de los sellos independientes que fortalecieron la identidad de un modo de hacer música sin intermediarios y con libertad creativa. El crecimiento de una escena que comparte una estética y un camino para mostrar sus obras.     

 

Por Oscar Jalil
Fotos Gabriela Hernández / Archivo La Pulseada

(I)

Aunque la Iglesia lo desmienta, La Plata fue fundada por masones. Esa marca permanece desde 1882 y aún sigue vigente en el diseño de sus antiguos edificios, los monumentos decimonónicos y en todo tipo de conexiones artísticas que promueven el espíritu de logia, misterio y exactitud. Buena parte del rock platense parece seguir el principio esencial de la masonería: libre pensamiento y tolerancia cero a los dogmas. De otro modo no se explica la aparición de bandas como La Cofradía de La Flor Solar, Virus o Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. Arrogante y autosuficiente, la escena se proyecta de un modo original y crece bajo el cielo protector de un circuito under como escuela de todo proceso creativo disidente. Desde hace quince años, justo a partir del fatídico 2002, el rock de aquí empezó a crecer de un modo inusitado. Fue una onda expansiva que le respondió a la crisis con autogestión y muchos nombres nuevos para conformar una auténtica generación de recambio, casi el lógico devenir después de las enseñanzas que dejó la década del ’90 con bandas como Peligrosos Gorriones, Estelares, Guasones, Embajada Boliviana, Mister América, Víctimas del Baile y Las Canoplas, entre los principales referentes.

Patrulla Espacial

En tiempos de horizontes módicos, Rocambole insistía que por cada manzana de la ciudad había al menos una banda de rock y que en algunos de sus garages se estaba cocinando algo realmente nuevo. El dueño absoluto de la estética de Patricio Rey tenía razón y mucho más a partir de 2002, porque los nombres se multiplicaron e incluso había más de una banda por manzana. Mientras proliferaban los clubs del trueque, las ferias callejeras y todo tipo de iniciativas para paliar la crisis,  aumentó la matrícula para diferentes carreras en la Facultad de Bellas Artes. Una vez más las aulas que miran a Plaza Rocha procesaron ese menjunje en el que se funde un proyecto artístico. Como sucedió en los inicios del rock platense, el centro de arte fue clave en la formación de una nueva escena local. Tal vez el mejor ejemplo sea el de Santiago Barrionuevo, voz y bajo de El Mató A Un Policía Motorizado, que allá por 2002 era un estudiante más de la carrera de plástica y resolvía sus primeras canciones desde la mirada visual. Entre dibujos de afiches y la búsqueda de los  primeros acordes nació la banda que mejor puede explicar al rock local de la última década.

El mató a un policía motorizado, la banda que mejor explica al rock platense de la última década (Télam)

El Mató A Un Policía Motorizado elaboró desde sus inicios un modo de hacer rock directo, original y con una mirada estética que se completa en los dibujos que ilustran sus discos o en las letras apocalípticas que exponen en la trilogía esencial para reconocer al último referente de época del rock platense: primero con Navidad de Reserva (2005) y esa imagen idílica de las festividades católicas; luego con Un millón de euros (2006), que puso de manifiesto la amistad y el amor incondicional como la reserva moral a la que recurren los amables inadaptados y, finalmente, con El día de los muertos (2008), y su épica del Apocalipsis y su suficiencia para poder marcar el final de todo. Los tres discos pueden leerse por separado y su unidad temática surge del ruido eléctrico, una distorsión rutera que pega imágenes y viaja sobre una rítmica de llanura, a veces cansina y en otras a pura explosión de guitarras. Las letras que canta Santiago Barrionuevo condensan el sentido llano de los últimos días: “Viajando por el cielo azul, esperando el Armagedón. Vos y yo. Contando a los que morirán que conocemos. Tu pelo rubio flota en el viento del huracán que todo lo destruirá esta noche” (“El día del huracán”). Con eso basta y sobra para pintar un estado de situación crítico y, al mismo tiempo, un bellísimo romanticismo final. La voz parece un eco lejano de hinchada estoica y es en esa intención que surge un rasgo de estilo notable, que rescata el espíritu ramonero de los extintos Embajada Boliviana, tal vez la gran influencia platense que registran los motorizados. Desde la aparición de El Mató… en la escena porteña, muchos medios capitalinos empezaron a observar a la ciudad universitaria como la nueva Meca del indie argentino: hoy el quinteto platense es tapa de la Rolling Stone argentina, gira por los principales festivales de Europa y Estados Unidos y estableció un modo de trascender sin torcer un ápice su esencia independiente. Para tal fin, el grupo  armó su propia isla de edición a través de Discos Laptra, una compañía con forma de colectivo artístico que graba y edita a bandas porteñas y grupos locales como 107 Faunos, Atico, Shaman y Los Hombres en Llamas, Javi Punga, The Hojas Secas, Antolín, Reno y Japón, entre muchos otros. Desde sus inicios, Laptra ha funcionado como un colectivo horizontal en donde no hay un gerente, ni siquiera una organización demasiado planeada; son los propios músicos del sello quienes aportan alguna de sus habilidades para sostener el proyecto que arrancó en 2003 y hoy es uno de los más importantes de la música argentina de raíz independiente.

 

(II)

Norma es uno de los principales referentes del rock platense. Su debut discográfico fue propiciado, en gran medida, por el sello independiente Cala Discos

Es sabido que desde tiempos inmemoriales la autogestión define al rock platense: el deseo de armar empresas artísticas imposibles provocó el nacimiento de La Cofradía de la Flor Solar y fue la idea madre que iluminó la etapa subterránea de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota. Proyectos demenciales corriendo en forma oblicua por una ciudad prolijamente diseñada. Sobre esta bendita contradicción también nació Cala Discos, un proyecto diseñado por Gustavo Caccavo, músico y factótum de un sello independiente que fue clave para la escena local desde su fundación, allá por el verano de 2004. Cala funcionó como una editorial de música sostenida por un trabajo en células coordinadas en red que posibilitó el debut de bandas claves de la escena como son Norma, Mostruo y Pájaros, también incluyó propuestas más freaks como la cabalgata romántica de Los Hermanitos Kaiser y Su Increíble Organito Que Toca Solo o el trío de rock frugal Villelisa, liderado por el mismo Caccavo. Todos proyectos innovadores y que sentaron un precedente de cómo renovar la canción platense desde la ironía, el fulgor romántico o la furia eléctrica.

 

(III)

Pájaros, unos de los emergentes del rock platense de la última década

Varios de los nombres más influyentes del rock platense nacieron de la integración producida entre estudiantes del interior y el humo cultural de la vida universitaria. La Patrulla Espacial es un caso paradigmático. Formado originalmente por músicos provenientes de Comodoro Rivadavia llegados a la ciudad para estudiar la carrera de Composición en la Facultad de Bellas Artes, el cuarteto no sólo se reveló como una de las mejores formaciones en materia de actualizar el legado de Pappo’s Blues sino que también condujo esa pasión valvular hacia un blues psicodélico de sustancia espacial. Su líder original, Tomás Vilche, ya no sigue en la banda y ahora lidera otra formación, llamada Bluyines, pero no desatiende el incesante movimiento de Mandarina Records: “Somos un sello independiente que por medio de mp3 y discos a precios muy accesibles dará a conocer nuevos artistas, como así también material exclusivo de músicos destacados de todo el mundo. Los mp3 disponibles irán rotando periódicamente (el que tenga paciencia podrá bajar los discos enteros; salvo que los artistas que editen en un futuro no estén de acuerdo con eso, cada uno manejará su material como le parezca correcto)”, rezaba la invitación desde la página web de una de las primeras plataformas de descarga gratuita que conoció la ciudad. Es muy ilustrativo sumergirse en la web de mandarinasrecords.com.ar y observar la lista de nombres, que incluye a grupos locales de peso como Sr. Tomate o bandas secretas del circuito porteño como Fútbol, Prietto Viaja al Cosmos con Mariano o la influyente banda japonesa de rock psicodélico Acid Mothers Temple.

 

(IV)

Entre City Bell y Villa Elisa crece el campo de acción de Dice Discos, otro proyecto colectivo con forma de sello discográfico pero que dispara al futuro varias flechas que incluyen propuestas multimedias, edición de discos y organización de conciertos poco convencionales. Como nave insignia del proyecto aparece Un Planeta, la banda que en cierto modo marca los tiempos estéticos de algo más que un sello discográfico. En un presente donde los discos físicos se han convertido en objetos abstractos -olvidemos a los vinilos, que por sus altos costos muy pocas bandas nuevas pueden editar- y donde los mejores canales de difusión y tráfico se encuentran en plataformas como bandcamp, Dice Discos sigue lanzando a algunos de sus artistas en cedé. Allí es posible encontrar mucha frescura sub-21, como el espíritu de pop melancólico que trae Bautista Viajando, o propuestas de vanguardia cancionera como la que impone Camión. Y cómo olvidar el constante juego transformador entre la canción y la electrónica que revela Un Planeta en Refugio, hasta ahora su último y muy recomendable disco.

 

(V)

Mostruo tocando en la terraza de la radio pública bonaerense

Los sellos independientes son la consecuencia de una escena que vibra en las radios públicas y en las emisoras comunitarias, tiene sus propios reductos sagrados como Pura Vida o la vieja Estación Provincial y también una manera de hacer rock que supo crecer al calor de los centros culturales independientes y otros espacios de libre esparcimiento. Toda una trama que elabora tráfico de difusión y que casi no tiene contacto con los estamentos de la cultura gubernamental. Es más, debe ingeniárselas para esquivar clausuras por parte del municipio o sufrir la total falta de apoyo a festivales de alto nivel organizativo y mejor curaduría artística, como lo han demostrado las cuatro ediciones de Ciudad Alterna. Frente a un ambiente hostil, el rock de acá siempre doblegó esfuerzos y combatió la ceguera cultural con buenas dosis de imaginación. Al igual que Los Redondos fundacionales, bandas como Don Lunfardo y El Señor Otario inventan espacios -bailantas o clubes de barrio- que adaptan para convocar a auténticas multitudes. La difusión es por las redes sociales y ni siquiera es necesario publicar una fecha en las agendas culturales de los diarios platenses, cada día más alejados de la cultura independiente local.

No hay duda que La Plata es una caldera cultural en constante ebullición, algo que desde hace un tiempo comenzó a reconocer el probado egocentrismo porteño. En los últimos quince años, los mejores ejemplos de la escuela de rock platense continúan la línea marcada por Virus, Los Redondos, Peligrosos Gorriones, Mister América, Estelares y Las Canoplas. Pero más allá de hablar de un sonido homogéneo hay que detenerse en la actitud y en cierta garra artística: independencia creativa, romanticismo y experimentación son rasgos de estilo no sólo del rock en una metrópolis que vive del intercambio y la curiosidad de sus integrantes más inquietos. Sobre esos valores, entre clasicismo y modernidad provinciana, surge la urgencia poética y el fulgor expresivo, el glamour del pop y la electrónica y cierta melancolía incurable de una escena musical bastante ajena a la nostalgia y a los esquemas de diseño. Tal vez toda la culpa sea de Dardo Rocha y su tan mentada traza original.

 

Villaelisa, el grupo liderado por Gustavo Caccavo, quien además es creador de Cala Discos, un sello independiente clave para muchas bandas locales

 

Sobre el autor

Aunque nació en Mendoza, Oscar Jalil vive en La Plata desde hace años. Es periodista y crítico musical. A partir de 1996 dirigió el Suplemento Joven del diario El Día. A mediados de los ’90, como parte de La Conspiración, produjo espectáculos de rock e intervino en la fundación de la revista Bongó. Colaboró en medios especializados como Los Inrockuptibles, La Mano y Zona de Obras y en los periódicos Clarín Página 12. Escribe en Rolling Stone desde 2002. Entre 2008 y 2012 dirigió el Centro Cultural Malvinas y actualmente musicaliza y conduce en FM Universidad de La Plata. Luca Prodan: libertad divino tesoro (2015) es su segundo libro, ya que anteriormente compiló una antología de rock platense de los ‘90 titulada Versión Tinta. La Pulseada tuvo el orgullo de contarlo en su staff inicial, como editor de Cultura, y en los primeros tiempos de la revista aportó distintas notas exclusivas con artistas internacionales como Manu Chao; nacionales, como Ciro de Los Piojos y locales, como Gustavo Astarita de Mister América.

 

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