El Messi de los pájaros

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“El contacto con la naturaleza es un necesario baño de humildad para el hombre”

Se define como un “fanático” en la defensa de la naturaleza y asegura que así como hay racismo, existe un “especismo” que el hombre ejerce a través de la fuerza contra los demás seres vivos. Publicó la primera guía de aves de la Argentina. Es un apasionado y un ídolo entre quienes investigan, estudian y protegen el ambiente.

Por Carlos Sahade

Todos habían llevado cubiertos, platos, vasos y tazas para no usar descartables. Esa era la consigna. Florencia recoge envases plásticos tirados en la orilla de la laguna. Elena y Cecilia, mientras desayunan, conversan sobre la manera de hacer un biodigestor para el tratamiento natural de desechos en las casas que están construyendo.

Bajo un sol esplendoroso de comienzos de septiembre, Guaminí es sede del segundo encuentro “Custodios del territorio”. Un centenar de estudiantes, docentes, investigadoras y trabajadores y un invitado estrella: Samuel “Tito” Narosky, que es autor de la primera guía de aves de la Argentina y a sus 84 años mantiene vigente su “ideología conservacionista” y se describe como un “fanático” defensor de la naturaleza.

Nació en Bahía Blanca y vivió en una ciudad del Gran Buenos Aires, por lo que creció entre pavimento y edificios hasta que a los 10 años pudo hacer un viaje a Darregueira, un pueblo de campaña ubicado casi en el límite entre Buenos Aires y La Pampa. “Ese descubrimiento de la naturaleza me provocó una impresión que todavía me dura. Fue un deslumbramiento, un viaje como el de Alicia hacia el país de las maravillas, pero todavía más espectacular”, recuerda.

A partir de ese momento empezó a observar aves y más tarde a hacer anotaciones. “Llené carpetas y carpetas. No sabía para qué, pero escribía… ‘pasó una bandada de catorce biguaes, son negros, tienen la cola corta, el cuello largo y el pico no lo vi bien así que vamos a esperar otra bandada’… Mi objetivo era divertirme, gozar de la naturaleza. En un momento dado las carpetas empezaron a hablarme a mí, a contarme historias”.

Eran muy pocos los que le daban importancia a la observación de aves, pero esos pocos se unieron para imprimir la primera Guía para la identificación de aves de Argentina y Uruguay y para pagarle a Darío Yzurieta, un dibujante, que era pintor de brocha gorda y que vendía empanadas para mantener a sus once hijos.

Tito Narosky utiliza frecuentemente el término “especismo”, y explica qué significa: “Especismo se puede entender si entendemos lo que es racismo. El racismo es la creencia de que una raza humana, que no las hay porque no existen razas humanas, es superior a las otras. En otros tiempos era muy difundida la creencia de que los negros y los indios eran inferiores a los blancos por lo que se los podía explotar, torturar y hasta matar. Esa misma actitud es la que tenemos con los demás animales. Cazar, matar a un animal por subsistencia es una cosa, pero matar por deporte, por diversión, como entretenimiento… ¿Asesinar por placer? Tener a nuestros pies a un ser vivo que se desangra, ¿es correcto? Ya es hora de que recapacitemos y que veamos si hay un derecho moral que justifique estas actitudes. Hasta ahora tenemos el derecho de la fuerza y eso es lo que usamos”.

También cuestiona otros comportamientos humanos. En este caso vinculados al lucro. Antes de publicar la Guía de Aves, escribía notas conservacionistas en una revista de flora y fauna: “Eran contundentes, fuertísimas, hasta que los fabricantes de jaulas, los fabricantes de alimentos para pájaros, los cazadores y los de ORBEA (produce cartuchos) que ponían los avisos se dieron cuenta de que la revista, de alguna manera, estaba hablando en contra de ellos. Al defender la naturaleza estábamos cuestionando la intervención exagerada del hombre en los procesos biológicos. Así que un día salió el director con una nota editorial en la que decía que la revista era conservacionista pero no fanática. Y yo era un fanático. Lo sigo siendo”.

“El lugar de los niños es el futuro. El de los jóvenes, el presente. Y los viejos guardan historias”, define Narosky y asegura que las personas que han estado activas muchos años tienen “un arcón lleno de sucesos y de anécdotas que de algún modo pueden servir” a las nuevas generaciones. En Guaminí, abrió varias veces ese cofre.

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“Mi objetivo es contagiar la pasión y el amor que siento por la naturaleza”, dice Narovsky.

El sembrador

“Cierta vez caminaba por una sierra solitaria de Córdoba buscando pájaros, nidos o comportamientos que no conocía y encuentro un señor que estaba cavando un pozo y que tenía un retoño para plantar. Le pregunté qué estaba haciendo. ´Traje un árbol para que un día alguien utilice su sombra’. ‘¿Usted es dueño de estas tierras?’. ‘No, yo vivo en Buenos Aires’. Este hombre, que se llamaba Monteagudo, estaba sembrando para personas que no iban a saber de su esfuerzo. Esto me hizo recordar una poesía de Marcos Rafael Belmonte que se llama “El Sembrador” y Tito Narosky recitó de memoria en el hermoso teatro de Guaminí:

De aquel rincón bañado por los fulgores
del sol que nuestro cielo triunfante llena;
de la florida tierra donde entre flores
se deslizó mi infancia dulce y serena;
envuelto en los recuerdos de mi pasado,
borroso cual lo lejos del horizonte,
guardo el extraño ejemplo, nunca olvidado,
del sembrador más raro que hubo en el monte.

Aún no sé si era sabio, loco o prudente
aquel hombre que humilde traje vestía;
sólo sé que al mirarle toda la gente
con profundo respeto se descubría.
Y es que acaso su gesto severo y noble
a todos asombraba por lo arrogante:
¡Hasta los leñadores mirando al roble
sienten las majestades de lo gigante!

Una tarde de otoño subí a la sierra
y al sembrador, sembrando, miré risueño.
¡Desde que existen hombres sobre la tierra
nunca se ha trabajado con tanto empeño!
Quise saber, curioso, lo que el demente
sembraba en la montaña sola y bravía;
el infeliz oyóme benignamente
y me dijo con honda melancolía:
-Siembro robles y pinos y sicomoros;
quiero llenar de frondas esta ladera,
quiero que otros disfruten de los tesoros
que darán estas plantas cuando yo muera.

-¿Por qué tantos afanes en la jornada
sin buscar recompensa? dije. Y el loco
murmuró, con las manos sobre la azada:
-Acaso tú imagines que me equivoco;
acaso, por ser niño, te asombre mucho
el soberano impulso que mi alma enciende;
por los que no trabajan, trabajo y lucho,
si el mundo no lo sabe, ¡Dios me comprende!

Hoy es el egoísmo torpe maestro
a quien rendimos culto de varios modos:
si rezamos, pedimos sólo el pan nuestro.
¡Nunca al cielo pedimos pan para todos!
En la propia miseria los ojos fijos,
buscamos las riquezas que nos convienen
y todo lo arrostramos por nuestros hijos.
¿Es que los demás padres hijos no tienen?…
Vivimos siendo hermanos sólo en el nombre
y, en las guerras brutales con sed de robo,
hay siempre un fratricida dentro del hombre,
y el hombre para el hombre siempre es un lobo.

Por eso cuando al mundo, triste contemplo,
yo me afano y me impongo ruda tarea
y sé que vale mucho mi pobre ejemplo,
aunque pobre y humilde parezca y sea.
¡Hay que luchar por todos los que no luchan!
¡Hay que pedir por todos los que no imploran!
¡Hay que hacer que nos oigan los que no escuchan!
¡Hay que llorar por todos los que no lloran!
Hay que ser cual abejas que en la colmena
fabrican para todos dulces panales.
Hay que ser como el agua que va serena
brindando al mundo entero frescos raudales.
Hay que imitar al viento, que siembra flores
lo mismo en la montaña que en la llanura.
Y hay que vivir la vida sembrando amores,
con la vista y el alma siempre en la altura.

Dijo el loco, y con noble melancolía
por las breñas del monte siguió trepando,
y al perderse en las sombras, aún repetía:
¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!…

Los sentimientos

“Estaba en la Laguna de los Pozuelos (Jujuy), en la altura (entre 3400 y 3800 msnm) con Francisco Contino, ornitólogo y cineasta. Caminando cerca de la laguna encontramos un pichón de un ave que nunca habíamos visto. Lo levantamos, él filmó y yo describí minuciosamente todo, pluma por pluma. Cuando lo dejamos en el piso el pichón no se movía. Estaba helado de frío, pero apareció volando la madre y al pie de nosotros, se echó sobre el pichoncito, corriendo riesgo de vida, para transmitirle el calor que necesitaba para salir corriendo a ocultarse. Ese ejemplo de sacrificio de la vida propia por el hijo, que nosotros creíamos que era capacidad de nuestra especie, está generalizada en toda la vida silvestre”.

“Un compañero, Jorge Rodríguez Mata, hoy un eximio dibujante de aves, un plástico de prestigio internacional, hace muchos años cazaba para armar una colección de aves de su zona. Estábamos juntos en Santa Fe, cerca de la Laguna Melincué, y nos pasó volando una bandada de patos gargantilla y como él era de San Miguel del Monte, no los conocía. Levantó el rifle, disparó con su puntería ajustada y un ejemplar cayó cerca nuestro. Lo extraño es que la bandada siguió, pero un individuo de la bandada, alguien que estaba ligado afectivamente al ejemplar muerto, bajó y trató de reanimarlo… Insistentemente trató de levantarlo para que pudiera seguir su vuelo. En las relaciones entre los seres vivos, que no son hombres, hay sentimientos que se parecen a los nuestros”.

El docente

Simpático, buen comunicador, sencillo, Tito Narosky conversa con chicas y chicos que rondan los 10 años y que acaban de finalizar una actividad didáctica sobre aves realizada al lado de la laguna de Guaminí.
Tito Narosky: -¿Qué es eso?
-Una gaviota.
Tito: -Ah, ¿y de qué color tiene la cabeza? ¿La vieron?
-Medio negrita….
-Allá pasa otra… ¡¡¡Ahí viene otra!!!, exclama otro chico
Tito: -Me parece que tiene la cabeza blanca porque no es la gaviota capucho café…
-También está la gaviota cocinera…
Tito: -¡¡¡Muy bien!!! ¿Y por qué le dicen cocinera? ¿Cocina?
-No, come restos de la basura de la cocina y es la más grande…
Tito: -¡Muy bieeeeen! Es cierto, come….
-Basura que encuentra tirada… los restos de la cocina…
Tito: -¡Muy bien! Y es más grande que la otra…
-Sí, más gorda…
-Y tiene la cabeza negra, apunta un compañero
Tito: -¿Y a ese por qué le dirán pato pico cuchara o pato cuchara?
-Porque tiene el pico como si fuera una cuchara…
Tito: -¡¡¡Muuy bieeen!!! Bueno, y hablando de cuchara, les cuento un cuento que no tiene nada que ver con los pájaros: estaba un cuchillo en una esquina y en eso pasa una cuchara. El cuchillo grita “¡cuchara! ¡cuchara!”. Parece que no escuchara.

144-aves2 Los objetivos

Firma autógrafos y se saca fotos con chicos y grandes… El escenario, inigualable. Una laguna inmensa y luminosa con muchas aves. El cielo celeste intenso navegado por pájaros. Y los sauces con sus primeras hojas del año forman un telón verde claro y tierno. Esa noche había fútbol en Mendoza. Jugaba la Selección con la mirada puesta en la estrella del equipo que volvía después de su renuncia. “El Messi de las aves, de los pájaros”, le dijeron varios a Tito Narosky. Puso cara de que era demasiado, que no le correspondía tanto elogio, pero no dijo nada y siguió con sus temas, nuestros temas.

-¿Cuál es la importancia de observar aves?
-Ah, esa es una pregunta muy interesante. Casi se puede responder individualmente. Qué significa para cada uno. Para mí significó el sentido de mi vida. Fue la razón por la cual yo sobreviví a los avatares de la existencia, a las cosas que me pasaron… Una pasión. Después, a partir de la observación de aves empecé a generar amistades y he podido canalizar todo tipo de inquietudes: la oratoria, la escritura, el dibujo… Todas mis capacidades fueron canalizadas allí: la capacidad de reunir gente y de convocarla para lograr un objetivo complejo…

-¿Y socialmente?
-¿Cómo es la pregunta?

-Usted habló del comportamiento del ser humano respecto de la naturaleza. Entonces, ¿cuál es la importancia de la observación de aves para una persona que vive en la ciudad y que pocas veces ve un ave?
-Nadie tiene que observar aves porque sí. La observación de aves no puede ser un fin. Si te surge… está bien, te brota. Eso sí. La observación de aves es uno de los tantísimos caminos para reconocer que existe una naturaleza además de nosotros, que existe otro mundo, un mundo complejo lleno de maravillas, de sueños… Yo encontré un camino hacia la dicha…

Tito Narosky asegura que “el contacto con la naturaleza es un baño de humildad, un necesario baño de humildad para el hombre que se ha sentido al margen de la naturaleza”. Y reitera que él no es un científico sino “un difundidor de la ciencia”. “Actúo para entusiasmar, para convencer, para hacer sentir lo que yo siento, la pasión que tengo y mi amor por la naturaleza”.

Una participante del encuentro de Guaminí se entusiasma y acuerda: “observar la naturaleza, quererla y sentirse a gusto ‘estando’ en ella es ‘un baño de humildad’, es ver la inmensidad y sentirse chiquito y a la vez grande, es pertenecer y a la vez re-conocer al otro, a la diversidad, a uno mismo. Sentir esto al ver las aves o al contemplar la naturaleza ineludiblemente te hace sencillo, te hace amar al otro, a los otros, al mundo todo, a respetar, a cuidar, a querer”.

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3 Comments

  1. Andrea

    Impresionante Carlos, no sólo las sentidas historias de Tito que tanto nos conmueven sino la extraordinaria capacidad de sintetizar sin perder la esencia. Muchísimas gracias por acompañarnos esos días y que se repita!

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  2. graciela ramirez

    Un genio, un ser humano increíble, un defensor de la tierra. Los chicos creyeron ver al Messi de las aves. Se sacaban fotos como si fuera el mejor jugador de fútbol y lo miraban con una admiración indescriptible. Un orgullo haber contado con su presencia en el Encuentro de Custodios en Guaminí.

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