Crónica de un flechazo

107-web-EspecialCandreva-Imagen1487bNota principal: Eduardo Candreva, un abridor de caminos

“Con Eduardo nos conocimos en 2004 en un gimnasio —sorprende Claudia Sequeira, hoy de 36 años—. Él fue dos o tres veces y me miraba, me miraba, me miraba… y un día se animó y me dijo si quería salir con él. Le dije que sí. Cuando fui a casa mi mamá no estaba muy contenta, porque me decía ‘como vas a salir con un desconocido, no tenés ninguna referencia de él, es un extraño…’, y yo le decía: ‘¡Pero si vamos a un lugar público!’ Aparte tenía una cara de bueno… viste cuando vos sentís algo por dentro que no sé… Me invitó a tomar algo y arrancamos. Nunca más dejamos de estar juntos”.

A su lado, la madre de Claudia se apresura a agregar que esas primeras dudas se disiparon muy rápidamente, y habla por momentos al grabador y por momentos para Eduardo: “Tan buena persona, un hijo, un ángel… pasaba siempre haciéndome chistes, y a la ahijada también le decía: ‘mi ahijada me va a cuidar cuando yo sea viejito’. Para mí sos mi hijo, no mi yerno. Te adoro, te quiero. Mi hija te quiere y yo también”.

Claudia se enorgullece en subrayar que fue la única novia que él “presentó en la casa”, y viceversa.

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