NÚMERO 80 - JUNIO 2010

Braulio López
Reencuentro después del naufragio
Junto a Pepe Guerra integra el histórico dúo uruguayo Los Olimareños, que desde los años sesenta alzó la voz por “una vida digna del hombre latinoamericano”. La dictadura en su país lo empujó a cruzar el río en busca de refugio, pero en Argentina se sumó a la larga lista de presos políticos. Encerrado en la Unidad Penal 9 de La Plata, en donde se cometieron crímenes de lesa humanidad que están siendo ventilados hoy en un juicio oral, convirtió amigos en maderos de naufragio. A metros de la sala de audiencias, charlamos con Braulio López. Los amigos. La memoria. La cultura. El presidente Mujica. Y la construcción del futuro “desde los escombros”.

Por Rocío López

Braulio López y Pepe Guerra se exiliaron en Argentina tras el golpe de Estado uruguayo de 1973. Pero aquí se chocaría con una dictadura similar a aquella de la que huía. A la sombra del Plan Cóndor, que coordinó el accionar represivo de las fuerzas armadas de distintos países del continente, Braulio fue detenido en nuestro país en 1976 por cantar temas como “Gallo rojo” o “Hasta siempre”. Otra de las canciones de Los Olimareños prohibidas por el Estado terrorista, “Cielo del 69”, dice: “Si no los despeina el viento los va a despeinar la historia”. Y esa letra, escrita por Mario Benedetti, tenía razón. Braulio visitó La Plata a fines de abril y coincidió con el comienzo del histórico juicio oral contra ex penitenciarios bonaerenses que torturaron y asesinaron durante la última dictadura en la Unidad Penal 9. Por esa cárcel pasaron más de 4.000 presos políticos: militantes, artistas e intelectuales que para el plan del Estado genocida eran “peligrosos”.
Charlamos con Braulio López una tarde de lunes sin viento. A pocos metros, en el edificio de la ex AMIA, los imputados (carceleros y médicos) estaban sentados tras la fila de sus defensores. Inmóviles, despeinados, dudosamente sordos, desahuciados. Los testigos los reconocían ante el juez Carlos Rozanski e intentaban poner en palabras la tortura, los castigos interminables en celdas sin agua ni comida. Braulio fue víctima de todo eso. Pero no quiso estar en la sala de audiencias. Prefirió el encuentro con los amigos en el bar de la esquina. Hubo abrazos, sonrisas, miradas. Reconocieron rostros olvidados, charlaron, se escucharon. Hablaron de música y hasta del rodaje de una próxima película dirigida por uno de ellos. Las voces fueron murmullo de fondo cuando apareció el REC.
-¿Qué significa volver justo en el inicio de este juicio?
-Como decía Yupanqui...“Yo tengo tantos hermanos que no los puedo contar, en la pampa, en la montaña, semillas de inmensidad, nos perdemos por el mundo, nos volvemos a encontrar, y ahí nos reconocemos por el lejano mirar, por las coplas que mordemos”. Acá pasa algo parecido, porque uno viene de casualidad y los mismos rastros que dejamos antes parece que van paralelos y a veces nos unen, nos separan, nos unen, nos separan... Y me he encontrado con cantidad de compañeros con quienes estuvimos presos juntos; en los juicios que se están haciendo hoy hay compañeros que han declarado. Yo casualmente estoy haciendo trámites, consiguiendo un documento de mi estadía por aquí por la Unidad 9 que necesito para mi país.
-¿Qué recuerda de esos años?
-Y... A mí me gusta buscarle la parte positiva y lo que pasa hoy es todo lo positivo, ¿no? Los amigos que uno hizo ahí adentro y aprender a entender muchas cosas que capaz que si no hubieras vivido esa situación límite no las sabrías, no las entenderías.
-¿Qué cosas?
-Los valores humanos, sobre todo. Porque en esas situaciones límite no existe otra cosa que la transparencia. Ahí nadie… Si tiene sed tiene sed, si está jodido está jodido, si tiene cojones para aguantar la cárcel, la tortura, lo va a demostrar, ¿entendés? La gente que se conoció adentro de una cárcel muy raramente después no siga siendo amiga. Podrán pasar décadas sin verse, pero cuando se encuentran, realmente encuentran un amigo. Es como un gran naufragio. Los maderos que quedan flotando en el agua, de donde uno se agarra para salvarse, son éstos: los amigos.
-¿Cómo se reflejó eso en la música?
-Bueno, hace medio siglo que estamos empujando la rueda ésa, por los derechos humanos, por la reivindicación de un trabajo, de una vida digna del hombre latinoamericano. Y estoy muy contento porque hoy indudablemente en Latinoamérica se están viviendo otros tiempos, con gobiernos más humanos que están atendiendo mucho más lo social. Incluso la necesidad de que el ser latinoamericano de una vez por todas se constituya como tal. Con sus pequeñas diferencias según el país. Pero hay un lenguaje común, no un lenguaje idiomático. Y si se quiere es idiomático de entendimiento, donde las palabras sobran. La historia que este continente ha vivido, de masacres, cada vez nos unifica más. Entonces llegó el momento en que los latinoamericanos construyamos el gran país que es el continente sudamericano.
-¿Y cuál es el camino? Acá en Argentina se está reivindicando la memoria y juzgando a los represores de la dictadura, y se vive un momento histórico importante. ¿Cómo se lo ve desde Uruguay?
-Con muy buenos ojos y con mucha alegría porque Argentina ha sido uno de los países que más han profundizado ese tema. Lo que pasa es que para determinar un perdón no se puede hacer por decreto; el perdón tiene un tiempo en cada cabeza humana. Entonces es muy difícil limitar un tiempo para hacer esa tarea pero me parece que acá la van a llevar hasta que las velas no ardan. Hasta que la justicia se haga, y eso es lo que nosotros admiramos de Argentina.
-En Uruguay el año pasado se hizo un nuevo plebiscito para derogar la Ley de Caducidad, que es similar a las leyes de Obediencia Debida y Punto Final...
-Sí, ya es la segunda vez que se plebiscita y por muy poquito no se pudo sacar esa ley, pero en general está casi como muerta: se han hecho y se van a hacer cosas porque ya la gente no la toma en cuenta y cada vez la Justicia en Uruguay la está tomando menos en cuenta, porque nadie está de acuerdo. Lo que pasa es que un plebiscito por la derogación de esa ley se tiene que hacer solo, sin estar atado a una elección nacional ni nada. En Uruguay no existe la cadena perpetua como acá pero se han dado largas penas a los dictadores. Es el trabajo diario por la Justicia que tenemos que hacer todos.
-¿Y a través de qué otras cosas se puede lograr la unidad en Latinoamérica?
-Pienso que hay gente en los gobiernos que está elaborando un orden más humano, de sociedades más igualitarias, para dejar para lo que vendrá. Y eso cuesta mucho, no se hace en una década, ni en dos, ni en tres. La flecha está en el aire, como decía Yupanqui, y por ahora pienso que venimos bien. Hay que armarse de paciencia.
-Eso también a través de la cultura...
-De la cultura no se escapa nada. Ni el caminar, ni la forma de tomar mate, de sentarse, de hablar, ni de nada. De vestirse. De mirar. De expresión. Está todo. Y por lo tanto los trabajadores de la cultura que realmente la respetan y la aman tienen un trabajo con mucha responsabilidad; por eso estoy contento de lo que he hecho porque el tiempo ha demostrado que ese proyecto, o ese planteamiento a través del arte, de clarificar y de ser seguidor de una sola estrella realmente ha recogido una siembra buena. Nosotros tenemos canciones que hace 30 años hemos grabado y la juventud está descubriendo la obra. Lo más difícil del trabajador cultural es que no haya ruptura entre lo generacional, y cuando uno ve que a un recital van los jóvenes, viejos, de todo y después la gente se queda conversando de ciertas cosas, quiere decir que ahí hay algo que unifica. Porque nosotros los más viejitos nos vamos a morir, así es la naturaleza: la muerte existe porque existe la vida, la vida existe porque existe la muerte. Pero el verdadero rostro de la vida son los jóvenes, y a los jóvenes hay que apuntarles, informarles, hay que darles conocimiento porque son los que realmente van a hacer que el mañana sea más igualitario para todos.
-¿Cómo ve a los jóvenes en Uruguay, en Argentina…?
-Como repartidos... Están los realmente comprometidos, que no están en la droga. No quiero decir con esto que les guste drogarse, la droga es un hecho social, un defecto del sistema. Estamos en el capitalismo, que te vomita y te traga cuando se le da la gana, entonces todos los países del mundo tienen el problema de la droga. En Uruguay tenemos el muy grave problema de la pasta base y se están tomando medidas que pueden aliviar en algo, pero hay que ir a su causa y la causa es a nivel mundial, porque el hombre está en crisis totalmente. Tanto que está destruyendo su hábitat natural y no para, como que avanza para atrás. Todo es una carrera en el tiempo, tecnológico, científico, de conquista, pero sin mirar lo que se va destrozando. Entonces es más lo que se destruye que lo que se logra, porque el hombre inventa y esos mismos inventos no los sabe manejar, entonces se vuelve en contra, es un bumerang. El hombre no ha podido solucionar el hambre, la miseria, que es el gran drama humano. En algunos lugares hay intenciones, a mi parecer, de gobiernos que quieren hacerle frente a eso.
-Podría ser un ejemplo la cumbre climática en Bolivia...
-Y fijate cómo ya se deformó eso, contestaron las palabras de Evo Morales diciendo lo del pollo, que es la pura verdad. Lo que pasa es que si lo sacás de contexto parece una estupidez, pero si lo dejás en el contexto que lo dijo de defensa de lo natural, está perfecto, es así. Quién no sabe que a los pollos les meten hormonas para que engorden, quién no sabe que si los consumís toda la vida las hormonas te hacen daño. Lo transgénico es la antítesis de lo que puede consumir el hombre, y sin embargo... Eso es lo que quiso decir Morales.
-Hay mecanismos del discurso, de los medios, que banalizaron lo que dijo... En relación con eso, en nuestro país se está reclamando la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual...
-Sí, la Ley de Medios. Ojalá en Uruguay se pudiera hacer una ley como se hizo acá. Allá se está trabajando en eso, pero estamos recién empezando. Pienso que con este gobierno se va a llevar a cabo. Se han tomado medidas pero mucho más tibias que acá. Me parece ejemplarizante, por eso tienen esa respuesta tan agresiva, tan desesperada, como el zarpazo del oso al morir. Como artista, como trabajador de la cultura, estoy totalmente de acuerdo con la Ley de Medios.
-¿Qué expectativas tiene con la llegada al gobierno de Pepe Mujica?
-Indudablemente son muchas más las expectativas que lo que va a poder hacer. No olvidemos que Argentina y Uruguay, se escapará Cuba tal vez, son países en los que gobiernan las multinacionales. En Estados Unidos el presidente no es Obama sino las multinacionales. Desgraciadamente es así... entonces uno plantea todas estas cosas y es como apocalíptico.
-Entonces veamos las cosas positivas...
-¡Exacto! Pero sobre eso hay que construir. Antes el hombre construía sobre menos escombros. Hoy el globo terráqueo es una carretilla de escombros y hay que construir sobre eso. Es más difícil pero bueno... No hay cielo ni estrellas prometidos, hay que trabajar.

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