NÚMERO 76 - DICIEMBRE 2009

Carlitos, ¡¡¡presente!!!

Se alegró de ver a todos juntos y sonrientes aquel triste 22 de octubre. Anduvo jugando “carita con carita” en el cumpleaños número 10 de la Casita de los Bebés. Tomó mate en el chiquero de la Granja y dijo “¿Cómo anda la barra?” en la nueva casa para adolescentes del Hogar. De Carlitos Cajade hablamos en presente por los recuerdos más íntimos y cotidianos, por la Obra que cumple 25 años en esta Navidad y sigue adelante con nuevos emprendimientos… Por sus ideales siempre vigentes y su lucha por el cambio social.

Nadie podrá negar que a pesar de todo, fue una fiesta. El sol había salido con ganas tras la lluvia del día anterior. El almanaque marcaba 22 de octubre. Se cumplían 4 años de la partida de Carlitos Cajade y la idea era recordarlo con alegría.
Desde las 10 de la mañana empezaron a llegar gurrumines al Hogar de la Madre Tres Veces Admirable. En colectivos de línea, en combis, en bici y hasta algunos caminando se movilizaron hasta 643 entre 12 y 13. La bienvenida te la daba el popular Marcelo, el murguero del Hogar: “¿Cómo andás? ¿Cómo estás, tanto tiempo? ¡Que bueno que viniste!” Con un beso y un abrazo él anticipaba una jornada cálida.

Cerca del mediodía el piberío había copado el terreno. El disc jockey le mandaba un regaetón de Don Omar y los chicos corrían esquivando charcos mientras de la parrilla del quincho salía un humito que dejaba en claro que la hamburgueseada estaba en marcha.

Eran como 300 pibes y pibas de las casas, los comedores y los barrios cercanos al Hogar. Algunos jugaban al fulbito con una botella vacía de Coca, otros aprovechaban el verde para revolcarse, jugar en el pelotero o tirarse de cabeza a ese mundo de saltos y rebotes de la lona aireada.

Cuando se anunció que las hamburguesas estaban listas, cada cual ocupó su lugar junto a los coordinadores. Los chicos en el pasto y las madres en algunas sillas. Daniel era uno de los que daba vueltas por ahí. Iba del inflable a las hamburguesas. Cuando llegó el fotógrafo de La Pulseada, se enloqueció con la cámara y se coló en todas las fotos. Con la hermanita, el hermanito o solo. Sus cachetes estaban colorados de alegría.

La última hamburguesa salió a las 3 de la tarde. “A la parrilla entraron 836. Quedaron 4 sin comer porque se acabó el pan”, dijo José Cajade –hermano del cura-, uno de los que transpiraron desde temprano para semejante hamburgueseada.
La diversión tiene razón de ser cuando las panzas están llenas. Y para bajar la comida vino bien la risa. El doctor Cerebro y la Secretaria –que casi todos hemos visto alguna vez en Plaza Italia-, le pusieron música, malabares, acrobacia, chistes y onda, mucha onda. Pero la alegría debía continuar porque así le hubiera gustado a Carlitos. Y fue el mago Pipo quién dejó con la boca abierta a grandes y chicos con sus trucos e ilusiones.

A las cinco y pico de la tarde, se sentía en el aire el olor a las facturas hechas en la Panadería del Hogar. Las ollas se revolvían con chocolatada. Había que aprovechar el último sol para la merienda.

Antes de emprender la vuelta, nos dimos un abrazo con Carlitos. Unidos de las manos, se rodeó la ermita y se realizó una oración de recuerdo. Una extraña mezcla de lágrimas por la ausencia y de alegría por estar juntos para mantener viva la obra de Carlitos, 25 años después de su comienzo. Música y pancitas llenas. Aplausos, sonrisas, miradas, manos extendidas y brazos dispuestos a acompañar y a hacer... Carlitos estaba en todos esos gestos, como siempre.

Ulises Rodríguez

 

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