NÚMERO 74 - OCTUBRE 2009

La Pulseada en la primera FLIA platense
Por Javier Sahade

El viejo biombo piquetero salió por el portón, hizo media cuadra por la calle 60 y se paró en la esquina de 10. Eran cerca de las 11 de la mañana cuando el paso de los autos quedó interrumpido... Fue en ese momento que libros bohemios, revistas cuestionadoras, fanzines alegres, canciones en cd, películas en dvd, artesanías, instrumentos musicales y hasta morfi saltaron, ansiosos, sobre tablones en caballetes, pupitres, mesas y mesitas. Desde calle 10 a 11, la rambla fue tomada por una feria de alegres disconformes.

“Soy la Osa Poderosa ─dice, con la camiseta de Boca puesta y un pincel en la mano–. Integro Eloisa Cartonera, una cooperativa de La Boca. Los libros que editamos están hechos con cartón que les compramos a los cartoneros en la vía pública. Las tapas las pintamos una por una”. Mientras explica, elige la témpera azul y escribe: “Mil gotas, de César Aira”. Cuando termina, lo apoya sobre la mesa, junto a El pianista, de Piglia. Ahí, sobre la rambla de 60, un sábado soleado de septiembre, vimos nacer dos libros.

Cientos de puesteros y miles de visitantes formaron parte de la primera FLIA La Plata. La Feria del Libro Independiente y Autogestiva (aunque la última letra de la sigla suele quedar abierta a la interpretación: autónoma, amiga, anárquica, etc.) fue el 12 de septiembre, desde el mediodía, en el Centro Social, Cultural y Político Olga Vázquez. La elección del lugar no fue casual. Todas las FLIAS anteriores, organizadas en la Ciudad de Buenos Aires, buscaron espacios que fueran símbolo de lucha y autogestión. Y el Frente Popular Darío Santillán y las organizaciones que integran “el Olga” aún luchan por la expropiación definitiva de ese edificio.

Sobre el pasto de la rambla, pegada a un árbol que quiso estar seguro y se ató a dos bicicletas, en un tablón prestado por La Grieta estuvo La Pulseada. Compartió sillas con un poeta de Botella Universo y fue vecina del puesto del “productivo de cocina” del Olga, que atendieron compañeros de movimientos de desocupados. Y justo enfrente tuvo al grupo Vatangueando, que, subido al furgón del tango, vende su primer disco. La Pulseada se encontró con viejos lectores y se presentó a muchos nuevos. Tomó mate con colegas de Tinta Roja y Sudestada, como Nadia. Cuando bajó el sol, propuso una cerveza con la nueva revista Qué.

La tarde de FLIA también dio para caminar, chusmear y seguir haciendo sociales. “La FLIA es un espacio que intenta romper espacios hegemónicos de poder”, explica Liliana Rodríguez, una psicóloga que ofrece un trabajo para mujeres con discapacidades.  “Trajimos el Ejército Zapallista de Liberación Natural”, dice Gabriela, que vino desde una huerta de La Boca. “Esta feria tiene que ver con una forma de vivir distinto, sin depender de otra persona”, agrega Sabrina, desde el puesto de al lado, de La Foto Salió Movida, una organización de Berisso que llegó a la FLIA con indumentaria y accesorios. “Me dicen Merluza ─cuenta un hombre desde su puestito─ esto es parte de lo nuestro. Hace 32 años que escribo y pienso que voy a morir en la mía, siendo autor independiente sin transar con ninguna editorial monopólica”.

En la esquina de 10 estuvo EstandArte, una distribuidora de arte independiente. Allí, Juan Manuel ofrece Entre Coyas y Cambas Boys, un libro de viajes por Perú y Bolivia. También anda por ahí la gente de La Aldea de la Tropa, que funciona en la costanera norte de Capital, en un predio que estaba abandonado, en Ciudad Universitaria. Entre otras actividades, trabajan con una huerta, por la energía renovable. Estuvieron con su comida vegetariana. “Es fundamental que sigamos avanzando juntos en lo autogestionado, para llegar a otro tipo de ferias, trueques, etc.”, dice Francisco, uno de los chicos aldeanos.

Mundo Vian es un libro homenaje a Boris Vian. Lo ofrece “Paco”. Sobre su mesita hay una botella de vino cuya etiqueta dice “Poder”. “Hacemos performance ─explica─, salimos a la calle con una copa e invitamos a la gente a tomar el ‘poder’”. Y resume el ideal de la FLIA: “Es lo normal, la calle es nuestra”.

Mariana y Diana, del Colectivo Siempre, se quedan en su puesto mientras algunas de sus compañeras proyectan un video dentro del Olga. “Somos un colectivo de arte que toma aspectos de la realidad política y social,” explica Diana. “Para mi es muy importante que se abran estos espacios en La Plata, hay que festejarlo”, completa Mariana.

También andan por ahí, entre corridas organizativas, las editoriales Morosophos, VomitArte y Píxel, entre otras. Estampan remeras con el logo de la FLIA, participan de alguna charla-debate en la biblioteca Oesterheld, del Olga, agarran el micrófono abierto junto a los chicos del hospital de Romero o miran los títeres de Eduardo, en la FLIÍTA, la feria para chicos.

Cuando el gastado biombo piquetero abandona la calle y vuelven a pasar los autos, son las 9 de la noche. Termina la fiesta librera. En el patio del Olga salen los choris, la música y el baile. ¿Ya se encamina la segunda FLIA? La respuesta llegó a los pocos días: sí, será el 14 de noviembre en el galpón de Tolosa, calle 3 y 526. Allí estaremos.

 

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