NÚMERO 73 - AGOSTO 2009

HIT
Canciones de liberación
La película de Adriana Loeff y Claudia Abend cuenta la historia de cinco piezas emblemáticas de la música uruguaya. Recorriendo sus caminos, Hit termina por hacer un retrato maravilloso de los anhelos, los conflictos y las luchas de varias generaciones.
Por Martín E. Graziano

La película, que se llama Hit y está dedicada a la historia de la música uruguaya, empieza así. Jaime Roos toma un trago de su grappa y la apoya sobre la barra. Detrás de cámara se escucha la voz de Claudia Abend, una de las directoras, que hace una pregunta precisa: “¿Qué tiene que tener una canción para convertirse en un hit, para trascender y sobrevivir al paso del tiempo?”. Silencio. Más silencio. Aparecen otras leyendas, como los hermanos Fattoruso, Fernando Cabrera, Jorge Drexler, Raúl Castro (Falta y Resto), Mauricio Ubal. Todos sonríen incómodos, piensan, tropiezan con sus pensamientos. Finalmente, el Negro Rada corona con humor: “estoy listo para la próxima pregunta”.

De eso se trata Hit, y lo trata de esa manera. Las directoras Claudia Abend y Adriana Loeff toman cinco canciones emblemáticas de la música uruguaya y, recorriendo sus historias, retratan los anhelos, los conflictos y las luchas de varias generaciones. Así, la película sale en busca de Aníbal Sampayo, autor censurado y torturado de “Río de los pájaros”. Recorre junto a Hugo y Osvaldo Fattoruso, factótums de Los Shakers, el periplo beatle que estalló con “Break it all”. Viaja al Montevideo de los psicodélicos ’60 para rescatar “El príncipe azul”, la viñeta infantil que el gran Eduardo Mateo compuso para El Kinto, su grupo de entonces. Registra el envión anímico que significó durante la dictadura “A redoblar”, la canción insignia del grupo Rumbo comandado por Mauricio Ubal y Rubén Olivera. Finalmente, pasa revista al Montevideo optimista que, a mediados de los ’80, bailó y cantó con el recientemente fallecido Canario Luna, en su interpretación insuperable del “Brindis por Pierrot” de Jaime Roos.

Sin embargo, el film no se limita al mero racconto nostálgico, y ofrece una mirada absolutamente personal que, por transferencia, se hace vital y universal. Porque acaso desde antes de que el hombre se supiera hombre, intuyó que la palabra cantada era más poderosa que la palabra. Lo supieron las sirenas y pudo comprobarlo Ulises, amarrado al mástil de su nave. Así lo entendió una primera madre inmemorial que cantó para el sueño de su hijo, el brujo de la tribu que pidió la lluvia demorada y el enamorado que, frente al balcón de su amada, cantó su serenata nocturna. Lo supo el pueblo uruguayo, que se supo cifrado en la eterna canción de sus cantores. Esta película cuenta esas cosas.

EL GÉNESIS
Las dos jóvenes directoras se conocieron durante sus años universitarios, y ya desde entonces habían fantaseado con la idea de hacer una película. Dieron vueltas alrededor de eso por mucho tiempo, hasta que vislumbraron un camino: contar la historia detrás de las canciones más importantes del Uruguay. Cuando finalmente decidieron embarcarse, no tenían ni la más remota idea que todo ese camino iba a absorber cuatro años de sus vidas. Menos aún que esa película no sólo iba a ver la luz, sino que se iba a estrenar durante 2008 en el circuito comercial uruguayo, donde el gran caudal de público le iba a permitir cuatro meses en cartel en siete salas distintas.  

“Algunas de las canciones de las que hablamos en Hit fueron parte de mi vida y me traen a la memoria historias de mi niñez y de mi familia –explica Loeff-. Otras no tanto. Incluso ‘Río de los pájaros’, una canción muy famosa en los años ’50 y que cayó en el olvido después de la dictadura, ni siquiera la conocía. De todas formas, siempre aclaramos que el camino no fue primero la música, después la película. Más bien todo lo contrario. No hicimos la película desde el lugar de fanáticas de la música popular uruguaya. Lo que queríamos era contar historias, y las canciones fueron el canal que encontramos para hablar de otras cosas que nos interesaban, de dilemas más humanos, de experiencias más personales e íntimas”.

A la hora de elegir las canciones que serían el puente para contar esta historia, las directoras decidieron dejarse llevar por su intuición. Desde luego, hubo un largo y arduo proceso de pre-selección que dejó en el camino algunas otras piezas tan emblemáticas como las que finalmente quedaron. Así, no entraron en el corte final “Candombe para Gardel” de Rubén Rada, “A desalambrar” de Daniel Viglietti, “A mi gente” de El Sabalero y “El violín de Becho” de Alfredo Zitarrosa. Claudia Abend justifica el criterio elegido: “Pasamos por varias etapas. Arrancamos con la intención de investigar cuáles eran las canciones más recordadas por los uruguayos pero a medida que fue avanzando nuestro proceso fuimos entendiendo que la determinación debía ser pura y exclusivamente de dirección. Personal y subjetiva. Las cinco historias de canciones que elegimos para contar en Hit no pretenden ser representativas de nada, así como no pretendemos hacer justicia para con la música uruguaya ni mucho menos hacer un alegato de que estas sean las mejores canciones en ningún sentido, ni las más populares, y es evidente que hay muchísimas otras canciones que han marcado nuestra historia y cuyas historias merecerían ser contadas. Elegimos incluir cinco porque fueron las historias que más nos conmovieron, las que sentimos como directoras que más nos interesaba contar, las que más nos movilizaban, aquellas que tenían esa magia que nos inspiraba a adentrarnos en su mundo”.

Desde el comienzo, fue todo un dilema la infructuosa búsqueda de archivo en un país que, como el nuestro, no suele ser muy justo con su historia cultural. “A pesar de ser muy nostálgicos y seguir hablando de Maracaná y de la Suiza de América, los uruguayos somos muy desmemoriados”, apunta Loeff. Apenas empezaron a rastrear material audiovisual viejo, se sorprendieron con el escasísimo archivo disponible, tanto a nivel público como dentro de los canales privados. El mayor caudal llegó cuando lograron contactar a algunos coleccionistas, e incluso a los propios músicos, que ofrecieron su valioso material para la película.

Y, en cuanto el rodaje hizo sus primeros pasos, Hit comenzó a tomar su propio rumbo. Su propia carnadura. “Las vivencias fueron tan intensas que cuesta recordar qué teníamos en mente antes de filmar, qué película nos imaginábamos. Una de las decisiones de dirección más importantes que habíamos tomado era la búsqueda de un estilo de testimonios cálido, íntimo, personal, natural, humano. Y creo que logramos algo bastante cercano a lo que nos habíamos propuesto. En ese sentido, creo que la mayoría de las instancias con los músicos dejaron una huella en nosotras. Se llegaban a entablar conversaciones muy profundas en torno a los temas de que trata Hit: el paso del tiempo, la vida y la muerte, el éxito y el fracaso, la relatividad de las cosas aparentemente importantes”.

EL RESULTADO
Es evidente que Abend y Loeff se acercaron al tema sin la película pre-construida. No fueron a buscar las palabras que necesitaban para su guión. No, salieron en busca de su película y dejaron que ella les fuera indicando su propio camino. De esa manera, no pecaron de soberbias y fueron capaces de mostrar la fragilidad de sus pre-conceptos, que apenas empieza la película se diluyen, naufragan en mil pedazos, y empiezan a insinuar la verdadera naturaleza de la película que estaban buscando.

Justamente, acaso uno de los grandes aciertos esté vinculado al trabajo de producción, realización e, incluso, edición en las entrevistas. A diferencia de algunos documentales, que prevén destino de mármol para el tema que tratan, aquí las directoras jamás son obsecuentes con los entrevistados. Sin embargo, tampoco apelan al modelo irónico y avasallante, pseudo-incisivo, que algunos periodistas con chapa de estrellas se han encargado de establecer. Las preguntas y los procedimientos de las directoras pueden ser falsamente ingenuos, a veces insistentes, siempre desestabilizantes. El montaje de las respuestas, por su lado, no tiene piedad ni maldad. Así, lejos de mellar la estatura de los artistas, Hit los vuelve entrañablemente humanos. Los músicos intercambian respuestas, van y vienen por la pantalla y se muestran en toda su naturaleza: torpes, hermosos, parcos, divertidos, patéticos y hasta infinitamente sabios.

De esa manera, el artificio termina por funcionar. El espectador no puede menos que conmoverse ante la lucha del hombre con sus circunstancias y limitaciones, donde el genio y el arte se vuelven sus armas de salvación. Ver a los hermanos Fattoruso renegar una y otra vez de su pasado como Shakers a lo largo de veinte minutos, para luego coronarlo con el anuncio de la reunión del grupo, es una de las tantas perlas de la película. “Esa fue una de las entrevistas más desafiantes, porque sabíamos que queríamos hablar con ellos sobre una etapa de sus carreras de la que reniegan –recuerda Loeff-. Algunos periodistas nos habían advertido que al preguntarles sobre Los Shakers eran capaces de levantarse e irse así sin más, pero finalmente resultó increíble: fue una charla muy cínica y al mismo tiempo también muy honesta”.

El caso de Sampayo es paradigmático. Las directoras recibieron la noticia de su frágil estado de salud cuando aún no habían armado su equipo. Así que salieron raudamente en su busca, rumbo a Paysandú, solas con una camarita. Dice Adriana: “lo que no sabíamos era que tenía Alzheimer. No lo supimos hasta después de que las cámaras ya estaban prendidas. Empezamos a notar que no respondía a lo que le preguntábamos, que se iba por las ramas o que reiteraba algunas cosas. Fue todo un golpe y nos hizo tener todo tipo de cuestionamientos éticos a la hora del montaje. No sabíamos si mostrarlo tal cual lo habíamos encontrado, que fuera de contexto podía quedar hasta burlón. No sabíamos si usar sólo las partes en las que él efectivamente respondía. No queríamos mentir pero tampoco faltarle el respeto. Finalmente decidimos mostrar algunos fragmentos de la entrevista que resumen bastante bien lo que quisimos contar: la historia de un hombre que fue silenciado y que cayó en el olvido, aunque sigue estando ahí, en la memoria”.

Otro testimonio que tiene su propio peso específico es el del intérprete de “Brindis por Pierrot”, el Canario Luna. Descubrir que Luna era una especie de Pappo murguero, capaz de plantarse frente a las cámaras en cueros, parco y con un vaso de vino, es toda una revelación. Escucharlo ahora, después de su muerte, diciendo “venimos en bolas y nos vamos en bolas, hermano”, adquiere realmente una nueva dimensión. Claudia Abend recuerda particularmente ese encuentro: “empezó el rodaje y para entrar en clima yo le pregunté cuándo había comenzado su interés por cantar. Él respondió: ‘no me gusta cantar’. Ahora parece gracioso o pintoresco o interesante, pero en ese momento lo sufrimos. Realmente nos impactó su actitud tan brutalmente honesta, casi cruelmente honesta, diría. Y así transcurrió la entrevista y el Canario no quería cantar, y se negaba a contestar y las negativas parecían ser sus respuestas favoritas; a tal punto que recuerdo haber salido de su casa con la sensación de que había salido muy mal. Después, viendo el material filmado fue que comenzamos a verlo desde otra óptica y encontrarle el enorme valor que tenían sus ‘no’, sus gestos, su despreocupación, su pecho sin remera, el decir sin decir, el contar cosas de otra forma”.

Finalmente, la película se estrenó de modo oficial en su país durante marzo del año pasado, coronándose como la película más vista de 2008. A partir de allí, Hit comenzó su recorrido por diversos festivales y circuitos alternativos. Unos meses atrás se la pudo ver por primera vez en Argentina, cuando fue elegida en la selección del Bafici y ahora, mientras se ajustan los últimos detalles para su edición inminente en DVD, los productores están por cerrar su exhibición en La Plata.

“Como toda experiencia fuerte que uno atraviesa en la vida, se sale cambiado de ella -reflexiona Claudia Abend-. Nosotras lo comparábamos con un parto: decíamos que habíamos parido una película. Hay muchas cosas que aprendimos, muchas que entendimos, muchas que no volveríamos a hacer, muchas que sentíamos que hubiéramos hecho diferentes. Es muy distinto pensar, analizar, teorizar y ver cine que hacerlo. Uno no puede imaginarse lo inabarcable que es embarcarse en el viaje de hacer una película hasta que está allí. Pero más allá de todo creo que lo más importante es que podemos ver Hit y sentir que es una película que habla de nosotras, honesta con lo que quisimos contar. Supongo que esa es, en parte, la clave para que la película llegue a los demás”.

Canario sin jaula
Por Ulises Rodríguez
El Canario Luna fue al Carnaval uruguayo lo que el Polaco Goyeneche al tango argentino. Su voz aguda con sonido de armónica se convirtió en el sello del murguero oriental. El 30 de julio Washington levantó su copa para el último Brindis con Pierrot. Se fue como se han ido tantos. Tenía 70 años y lo volteó la maldita enfermedad.

Su estampa se volvió canción y ahora lo llora el Carnaval. Se cansó de decir que nunca fue “un profesional”. Cantaba para comer. Las mesas de los boliches fueron sus primeros escenarios. Un pucho y un vaso en la mano, sus compañeros inseparables. Fue lustrabotas, vendedor de quiniela en los bares. Bohemio y libre. Era un honor tener al Canario en la murga, pero podía tornarse un dolor de cabeza. A los 13 años pisó el primer tablado para nunca más bajarse. Lo tuvo Falta y Resto. Jaime Roos lo quiso profesionalizar. No pudo. Era un Canario sin jaula.

No cantó sólo en murgas. También se le animó al tango: “soy murguista, y lo canto a mi estilo”. El candombe tradicional fue parte de su repertorio y tuvo un pasaje glorioso por el grupo Repique con el que visitó varias veces nuestra ciudad. La última fue en el Coliseo Podestá, en 2004, donde éramos un puñado que terminamos bailando arriba del escenario con el Canario.

Siempre decía que le debía la vida al Carnaval: “gracias a él soy Canario, o sea, yo. Muchas veces me cruzan por la calle y me gritan ‘chau, Washington’, y yo sigo de largo. Ya no me acuerdo que me llamo Washington”. Apoyaba pública y abiertamente al Frente Amplio y en épocas electorales subía con una banderita al escenario. Y, sin rodeos ni medias tintas, defendía la gestión del Frente: “Los que tenían que hacer algo por el país pasaron 160 años robándose todo. Hay que esperar: esto no es soplar y hacer botella”.

Brindis por Pierrot parece escrita por Jaime para Luna, como La última curda para Goyeneche. Se parecían bastante: el barrio, el boliche, el club, las noches interminables. La aparición de Luna en la película HIT hoy se convierte en un acierto de las realizadoras. Es un Canario auténtico ese que aparece en cuero, fumando y con un vaso de vino en la cocina de su casa. Es un acierto tan parecido al de Pino Solanas cuando convocó al Polaco Goyeneche para su film Sur. “Vos hacé de Goyeneche”, le había dicho el director.

El último adiós al murguero fue como debía ser. Sus amigos y admiradores lo despidieron cantando Brindis por Pierrot. Sin Canario en Carnaval queda un dejo de amargura que ni la mejor partitura le pudo marcar a su voz. Se llevó, como un capricho burdo, la esperanza escondida en el surdo. Que el Diablo se apiade de él.

 

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