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NÚMERO
73 - AGOSTO 2009
Don Bosco, contención y capacitación en oficios
“Creemos en los jóvenes”
Un chico acusado de robo es más noticia que cien chicos estudiando y trabajando para ponerles el pecho a vidas difíciles. Es que, para casi todos los medios, una buena noticia casi nunca es noticia. Pero es mentira. Y si no, vayan a La Casita de Don Bosco, en Berisso.
Por Cristina Pauli
Van llegando de a dos, de a tres. Y enseguida la ronda suma más de 30 pibes de barrios berissenses como Villa Nueva, donde la juventud representa un problema para algunos y una esperanza para otros. La ONG Don Bosco está en este último grupo. Integrada por un conjunto de personas que decidieron apostar a los jóvenes, les ofrece un espacio para escucharse, crear, estudiar y formarse. Se trata de La Casita, que queda en 149 y 11 y cada tarde se llena de chicos. La Pulseada compartió una de esas tardes.
Paredes bajas, pocos vidrios, bancos de madera y algunos tablones componen La Casita. “Es nuestro lugar ─dicen los pibes, con unas cumbias de fondo─. Aquí nos escuchan, aprendemos, trabajamos, estamos…”. Hoy, Don Bosco ofrece contención y acompañamiento a unos 150 chicos y adolescentes, y 40 jóvenes en situación de vulnerabilidad de distintos barrios de Berisso. Alientan a que todos terminen la escuela, y promueven actividades de formación y capacitación laboral.
Para integrarse a Don Bosco, hay que inscribirse en alguno de sus talleres, que constituyen espacios semanales de reflexión sobre temas que los propios jóvenes demandan: derechos, adolescencia, cuestiones referidas a la salud en general y a la sexualidad y la prevención de diversas adicciones en particular. La asistencia a los talleres es el pasaporte a los cursos de capacitación en oficios, orientados a construir una salida laboral. Por todo esto, a La Casita algunos chicos no faltan ni los sábados.
“Acá nos animamos a hacer preguntas”
En el taller de sexualidad, los chicos se sienten cómodos: “A veces la profesora traía propuestas, pero siempre terminamos hablando de los temas que traemos nosotros, porque hacemos preguntas que no nos animamos a hacer en nuestra casa”, cuentan. Y la profe, la psicóloga social Silvana Trotta, profundiza: “Traigo un tema y lo planteo, pero quizás ese tema dispara otro y tratamos de relacionarlo. Por ejemplo, vengo con el tema de VIH y ellos cuentan que murió un chabón y otro cayó preso, y yo retomo ese ‘emergente’ del grupo y avanzamos”.
Trotta, que asegura aprender mucho con los chicos e incluso adquirir mucho de su vocabulario, “de su cultura”, amplía: “El objetivo principal de los talleres es hacer un acompañamiento, desde la contención, en sus inquietudes. Es tratar de entenderlos desde su propia cultura. No venir a imponer lo que yo supuestamente sé, sino lo que ellos traen como experiencia de vida acá, en este barrio, en Berisso, en 2009, en este contexto político y económico bastante complicado. ─Y completa─: Al adolescente se lo ve como un problema, pero nosotros tratamos de correr ese eje: no queremos hablar de la ‘problemática’ adolescente; preferimos pensar en la ‘complejidad’ adolescente”.
Otro foco de los talleres son los derechos, que después suelen aplicarse en actividades colectivas. Por ejemplo, desde hace siete años, Don Bosco organiza las Jornadas por los derechos de niños y adolescentes, un espacio alternativo a los festejos tradicionales por el Día del Niño, para reflexionar, en comunidad, cómo construir una infancia más feliz.“Lo hacemos el último domingo de agosto y es una fiesta que el barrio espera. Se hace una especie de búsqueda del tesoro, pero lo que hay que buscar son los derechos de los niños”, explican.
Además de aprender sus derechos y animarse a preguntar de todo, lo que más les gusta a los chicos de Don Bosco son los viajes. Suelen durar varios días, sirven para conocerse más y seguir aprendiendo, y para ellos son gratis. Eso sí: no se puede consumir alcohol y, al que rompe esa regla, lo mandan de vuelta a Berisso.
Disc-jockey, chef o repostero
De los cursos de capacitación, los chicos salen afiladísimos. “La mayoría hizo los cursos de mozo y cocina. Estamos preparados para hacer catering para 200 personas”, detalla Melanie. La ONG pone la estructura y las herramientas:
“Tenemos luces, máquina de humo, consola y parlantes, y hemos hecho unos folletos para promocionarnos ─cuenta Exequiel─. La organización nos compró todo el equipo básico para hacer fiestas de 15, casamientos, sonido para bandas… Lo que nos pidan”.
“Tratamos de capacitarlos en lo que les interesa, y que accedan a una salida laboral ─explica Ana Pedroza, la presidente de la ONG─. A veces les conseguimos cupos en centros de formación y los ayudamos para que puedan ir a las clases. Otras veces, mediante convenios con la Dirección de Escuelas, la Universidad de La Plata u otras entidades, conseguimos que los docentes vengan aquí. Por ejemplo, vienen profesores de la Facultad de Ciencias Exactas a dar un curso de manipulación de alimentos”. Don Bosco también hace convenios con empresas, que otorgan cupos para que los chicos se formen y trabajen en la compañía.
“Aquí los cursos no se imponen, se nos pregunta qué queremos hacer -festeja Juan-. Primero, pedimos el de cocina; después se abrió el de catering, que incluyó cursos de mozos, cocineros, disc-jockey, y uno de pastas, y ahora tres compañeras están haciendo un curso de alfajores. Como es caro, la organización se lo paga a ellas, que se comprometen a transmitir el conocimiento a los demás”. Una parte de lo que los chicos ganan con estos servicios la reponen a la ONG y la usan para mantener los equipos; el resto, se reparte entre los que trabajaron.
Erica y Melanie, dos de las chicas que están aprendiendo lo secretos del buen alfajor, anticipan: “El proyecto es fabricar los alfajores artesanales de Berisso”. Ya diseñaron hasta la marca, y este mes van a estar luciendo sus alfajores en la tradicional fiesta provincial del inmigrante.
“Nos echaban de todos lados”
Ana Pedroza es una militante social de Berisso. En 2002, cuando estaba por el barrio Villa Nueva capacitando a beneficiarios de los planes Jefas y Jefes de hogar, hicieron una encuesta sobre problemáticas locales de la que surgió que “los adolescentes” eran una de las mayores preocupaciones de la gente. A partir de eso, hicieron una consulta a unos 600 jóvenes y la mayoría opinó que el barrio tenía pocas actividades para ellos y que las que había eran pagas. “Así comenzamos a trabajar en la Escuela 19, invitamos a los pibes de la esquina y armamos el primer curso de cocina”, recuerda Ana.
En ese curso, que nucleó en 2003 a más de cien chicos, estuvieron también Juan, Titi y La Poli, otros de los integrantes históricos de la ONG. A poco de empezar, debieron mudarse a la salita sanitaria y, después, a un garaje. “No durábamos en ningún lado, porque la gente nos discrimina y nos tiene miedo; algunos creen que esto es un ‘aguantadero’, porque toda la tarde hay pibes dando vueltas ─cuentan─. Quisimos alquilar un localcito y no nos lo quisieron alquilar aunque podíamos pagarles”. Recién en 2005 consiguieron la esquina de 149 y 11, La Casita que hoy se llena de jóvenes.
Si hay fiesta…
Los interesados en contratar el catering pueden comunicarse: boscojoven@gmail.com o a los teléfonos 464-4871 y 453-5118. Adquirir o difundir este servicio es ayudar a cientos de jóvenes que están formándose con ganas y esfuerzo. Además, en Don Bosco (www.centrodonbosco.com.ar -en construcción-) son bienvenidas colaboraciones de todo tipo: “necesitamos un horno eléctrico y hacer arreglos en la casa, que nos gustaría poder comprar. La Municipalidad nos ha prometido ayuda, que estamos esperando. Incluso sería fundamental contar con una trabajadora social y una psicóloga, ya que muchas de las chicas que vienen son mamás adolescentes y necesitan contención y atención particular”, resume la presidente, Ana Pedroza.
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