 |
NÚMERO
71 - JULIO 2009
Campamento de adolescentes en el Hogar
“Vengo de un barrio bravo a decir cosas”
Llegaron pibes y pibas de barrios humildes del Conurbano y de La Plata. Jugaron al fútbol, hicieron cerámica, miraron videos, bailaron y cantaron. Fue a fines de mayo, en nuestra Obra, durante el campamento de jóvenes del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. También debatieron sobre la violencia y la inseguridad y se animaron a proponer ellos mismos las soluciones: “trabajo, amor, educación, salud, paz, solidaridad, familia, respeto, unión y libertad”.
Por Javier Sahade
Atajando en patas, bajo la llovizna y sobre el barro. Esperando arriba y protestando porque nunca le llega la pelota. Con un mate, entre los yuyos, al costado del potrero y debajo de una rama llorosa. En la panadería, horneando las facturas y en el quincho, horneando un centenar de arcillas. Llegaron de La Matanza, Quilmes, Solano, San Isidro y La Plata. Los une algo más que su adolescencia, una gorrita visera y un barrio sin asfalto. Comparten un lugar, al costadito del sistema.
El campamento organizado por el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH) se concretó entre un sábado de lluvia y frío y un soleado domingo. Al igual que el año pasado, obras, centros de día, organizaciones, instituciones católicas y de la Iglesia Evangélica del Río de La Plata, se convocaron en el Hogar del Padre Cajade para compartir luchas, experiencias y amistades.
Hubo chicos de la Asociación de Cartoneros de Villa Itatí; del Centro de Día la Paloma de la Matanza; de Casa Joven de La Salle en González Catán; del Hogar de Cajade; de la Casa San Pablo, un proyecto de la Iglesia Evangélica del Río de La Plata en San Miguel y los pibes de Un techo Para Todos, un centro comunitario que también es de Matanza. También estuvieron los chicos de la Casa Abierta María Pueblo, de madres e hijos víctimas de la violencia familiar. Los más chiquitos fueron los de nuestra Casita de los Niños.
“Muchas veces se hacen encuentros entre los educadores, pero no desde los pibes de las organizaciones.”, explica Alejo García, coordinador del Espacio de Jóvenes del MEDH. “Intentamos que los pibes se formen como promotores y defensores de sus propios derechos. No quedarnos en la queja y la denuncia de lo que está pasando en el barrio y decir qué hacemos nosotros como jóvenes ante esta situación”.
Son pibes de entre 14 y 20 años. Muchos vienen con historias complicadas, algunos vienen de centros de adicciones y otros son derivados a las obras por haber cometidos delitos. “Lo que intentamos hacer –dice Alejo- es construir un proyecto de vida con ellos. Por eso estos espacios para compartir, poder mirarnos a los ojos y decir ‘bueno, me pasa lo mismo que a vos… Nos tenemos que juntar para ver cómo nos defendemos juntos’”.
Con esa idea, un sábado por la tarde, en el quincho del Hogar, rodeado de vidrios empañados y mientras en el fuego se horneaban cerámicas, los propios pibes, separados en grupos, debatieron y discutieron: ¿Qué es la inseguridad en los barrios pobres?
A la hora de las conclusiones, el primer grupo eligió hacer una representación teatral. “Esta historia se desarrolla en Villa La Esperanza”, dice uno mientras se saca la vincha y se despeina para convertirse en el protagonista de la historia: “El Pipa”. La obrita sirvió para pensar qué hacer para ayudar a los pibes que se drogan. “Muchas veces nos sentimos solos y las instituciones no nos ayudan –explica el propio “Pipa” cuando deja el personaje- . Eso hace que los jóvenes se alejen más de la sociedad y que se sientan fuera de la misma”.
Las preguntas para cada uno de los grupos divididos en colores fueron tres: ¿Qué situaciones cotidianas les generan inseguridad como jóvenes? ¿Cuáles son las causas de esas problemáticas? y ¿cuáles son las posibles soluciones?
“Sentimos inseguridad –comenta otro de los grupos, el que integran los de la Casita de los Niños- cuando salimos a bailar, ser asaltado, abusado, secuestrado, asesinado y amenazado. Inseguridad también de tener hambre, no tener futuro, estudio, identidad”.¿Las causas? “Falta de amor, la televisión, los gobernantes, que no se cumplan los derechos humanos del niño y la policía que en vez de cuidarnos nos da miedo”.¿Posibles soluciones? “Trabajo, amor, educación, salud, paz, solidaridad, familia, respeto, unión y libertad”.
El grupo Naranja también eligió mostrar sus condiciones actorales para exponer sus respuestas. La primera escena se llama “Portación de cara”: uno de los pibes, un flaco alto con capucha y gorrita visera, pasa caminando y el resto se aleja. La segunda escena se llama “Granito de arena”. La misma escena que la anterior, pero en lugar de alejarse, el resto de los pibes y pibas se acerca y se ponen a hablar.
El siguiente grupo fue el Celeste. Pasaron al frente, agarraron el micrófono y compartieron sus tres respuestas a modo de examen.
1. Los grupos en las esquinas, las calles desoladas, salir a la madrugada a trabajar, el alcohol, la salida de los boliches. Eso son los miedos. Además, los noticieros están informando todo el tiempo sobre robos y eso nos tiene más inseguros. 2. La droga, la violencia, las necesidades económicas, los medios de comunicación que hablan constantemente y generan inseguridad. 3. Contención para no llegar a esa situación, cambiar a los chicos de raíz, ayudarlos desde la niñez.
El Grupo Rojo se prepara mientras en el Hogar empieza oscurecer y la puerta del quincho se abre para que pasen bandejas llenas de facturas hechas por los propios pibes de la Obra. El micrófono del grupo Rojo lo agarra uno de los varones, el único que se anima a hablar en público. “Respecto a la pregunta 1 -dice-, nos genera inseguridad la salida a los boliches, las canchas, salir a la calle y no volver, la escuela y las tribus. Por ahí vemos en televisión, en Policías en Acción... y vemos la droga, la violencia... eso nos genera mucha inseguridad”.¿Las causas? “El alcohol, la falta de oportunidades (no hay trabajo, los chicos que no van a la escuela tienen todo el día libre), la droga, la discriminación, la violencia familiar. El alcohol te hace escapar de la realidad y te mete más adentro de lo que sos”.
“Claro -interrumpe una de las chicasdel mismo grupo y se acerca al micrófono-, pero después el alcohol se va y es lo mismo.
“Si, es así -vuelve a hablar el vocero del grupo-. Bueno, también la discriminación que vemos en todo momento, en cada lugar y por cualquier cosa. La sociedad no ayuda. Por último, las posibles soluciones: darle oportunidades a los chicos, más centros de apoyo y concientización, ONGs, centros comunitarios, que en lugar de estar en la calle, los chicos estén haciendo algo... Lo que sea. ¿Quién nos puede dar oportunidades? Si el gobierno no ofrece fábricas, fuentes de trabajo... No se puede lograr”.
Protagonistas
“No tenemos que explicarle los derechos porque los chicos saben muy bien cuáles son. Hay que ofrecerles un espacio donde puedan ser protagonistas de un futuro para ellos, para el país. Nuestra experiencia dice que siempre responden bien. Vos les das confianza y protagonismo y los pibes responden, construyen, aprenden oficios, hacen música, teatro, herrería, panadería.... Les sobra alegría y creatividad para construir”, dice Arturo Blatezky, un pastor evangélico y coordinador del MEDH que conoció Carlitos Cajade cuando se formó en Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo.
“Lo más importante –agrega- es que los chicos ven que su pobreza y la de su familia, no se debe a que ellos sean malditos. Es el sistema. La semana pasada tuvimos un encuentro con madres también de los barrios. Unas 100 mujeres que nos contaron dramáticas cosas de la villa La Cava en San Isidro. Una mamá contó que el equipo de fútbol de los chicos se había anotado para jugar en un zonal y tres equipos no quisieron jugar contra ellos. ¿Por qué? Porque son de La Cava. Además, se construyen paredones para separar a unos y otros. Con este campamento y estas actividades, los pibes tiran los paredones, se encuentran como iguales”.
“Es una alegría muy grande poder generar este espacio para que los jóvenes puedan pensar, hablar de sus problemas y de lo que no está sucediendo.”, dice Olga Madrazo del Hogar de Cajade. “Es muy positivo que a pesar de algunas diferencias, orígenes, religiones, se coincida y se vea la realidad desde el mismo lugar. Construir estos espacios es lo que quería Carlitos”.
“La verdad que estos campamentos están buenísimos. Sabemos que todo vivimos en lo mismo”, agrega Noelia, coordinadora del trabajo barrial de la Parroquia Nuestra Señora de las Lagrimas de San Francisco Solano. Ella, junto a otros jóvenes, ayuda a los chicos derivados de los gabinetes de los colegios de la zona. “Les damos apoyo escolar y sentimental, que es lo que más les hace falta”, cuenta.
Desde Quilmes, llegaron 20 chicos de la Cooperativa de Cartoneros de Villa Itatí. La organización nació como cooperativa de trabajo, pero se extendió: hoy hay apoyo escolar y distintos talleres. Mientras termina su cerámica, Pedro, coordinador del grupo, cuenta que “son chicos con problemas de adicciones. Vinimos al campamento para compartir un poco la situación de los pibes que están en la calle, que los policías los están levantando por cualquier cosa... Ver la realidad de otra forma, que se puede hacer un campamento haciendo juegos, con otros pibes que tienen los mismo sueños”.
“En Cartoneros de Itatí -cuenta Pedro-, hay un centro de chicas, madres adolescentes que van y lavan la ropa para sus hijos, se bañan ellas también, cambian pañales. También hay cuatro apoyos escolares, dos a la mañana y dos a la tarde. Hay herrería, donde los cartoneros compran los fierros y los pibes hacen bancos para la plaza, macetas, parrillas...”.
“Nosotros vinimos con 19 chicos -dice Natalia, de la Casa Joven de la Iglesia La Salle en González Catán, La Matanza-. Allá tenemos talleres de carpintería, electricidad, panadería. Está bueno compartir cosas con otras organizaciones y ver lo que hace cada uno”.
“Hay muchas necesidad en el barrio –se suma Maira, de Casa San Pablo, una iglesia de Moreno-. Tenemos varios talleres para jóvenes y para niños: música, murga; hay un comedor, apoyo escolar, idiomas...”.
Entender la lucha
El sol del domingo secó las carpas y la cancha para jugar al fútbol. En el quincho, termina el campamento. Se realiza la proyección de los cortos realizados por los pibes en los talleres de cine que el MEDH brinda en los barrios junto a la organización “Cine en Movimiento”.
El cierre del campamento fue musical y estuvo coordinado por la Casa Joven de González Catán. Ellos escribieron la letra de una canción y en conjunto con la demás organizaciones, compusieron la ultima estrofa (Ver recuadro).
El campamento 2009 del MEDH terminó cantando. Atrás quedaron las presentaciones de cada obra del sábado al mediodía. En alguna foto o video, quedará el emocionante relato de Mariano, uno de los pibes de nuestro Hogar contando cómo “el Cura comenzó esta batalla contra la calle” y Marcelo Santillán, tomando el micrófono y pidiendo “¡hay que ponerse las pilas y no bajar los brazos!”. Quizás sólo reste un por qué y un para qué de este tipo de encuentros. Y nos ayuda Florencia, educadora de la Casita de los Niños: “Entender sus propias problemáticas les va a hacer entender la lucha, por la cual nosotros estamos todos los días ahí con ellos”.
El amor en los pies
Vengo de un barrio bravo a decir cosas
Vengo porque ya nadie puede entrar.
Unos amigos míos cobran peaje,
parece que cada vez sean más.
Y no va más, este aguantar,
parece que no va a cambiar,
ninguno de ellos sabe hablar,
apenas yo pude estudiar.
Rompan puentes, quemen mapas,
corten ruta a la exclusión.
Hay que ampliar los recorridos del amor.
Vengo del otro lado del arroyo,
para vos puedo ser un negro más.
Allá de donde vengo hay muchos otros,
personas con historias y con hogar.
Y no dan más, sin trabajar,
ninguno va a poder zafar,
los pibes quieren progresar
y no ven posibilidad.
Rompan puentes, quemen mapas,
corten ruta a la exclusión.
Hay que ampliar los recorridos del amor.
Vengo trayendo barro entre la ropa,
por casa no llegaron a asfaltar,
nos hablan de progreso y de mejoras,
sólo en el tiempo en que hay que ir a votar.
Y ya ni hablar, si falta el pan,
los chicos salen a robar.
Una esperanza ha de quedar,
ya no es cuestión de sólo hablar.
Rompan puentes, quemen mapas,
corten ruta a la exclusión.
Hay que ampliar los recorridos del amor.
Vinimos desde lejos al campamento.
Vinimos a podernos conocer.
Descubrimos muchas cosas que nos pasan.
Para podernos juntos desahogar.
Para actuar ya y trabajar
en los problemas de la sociedad.
Ni el frío, ni la lluvia nos pudieron parar.
para ayudar a los demás
Canción cantada en el cierre del campamento
volver
* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
BAJAR
LA NOTA(56kb)
|