NÚMERO 68 - ABRIL 2009

Padre Pablo Osow

Un abrecaminos

Platense, pincharrata, guitarrista. Pertenece a la misma congregación de sacerdotes que integró Carlos Cajade. Exiliado de la conservadora Diócesis platense, el joven Pablo Osow lleva cinco años de un sacerdocio donde tiene “más trabajo afuera de la capilla que adentro”. Por atender a algunos adictos de Gerli, recibió amenazas de muerte. Y lo buscaron de todos lados cuando le escribió una carta pública a Susana Gimenez. La Pulseada conversó largo y tendido con este cura atípico que toma confesión por chat y busca armar un cantobar “para que participe la gente”.

Por Daniel Badenes y Verona Demaestri

 

La iglesia San Pedro Armengol de Gerli parece de puertas cerradas. Tiene techo de chapa y la entrada principal, en una ochava sobre una avenida ruidosa, está bajo llave aquel sábado húmedo en que el asfalto sin verde –típico paisaje del conurbano- se vuelve pegajoso y parece adherirse a los pies. El panorama cambia sobre un muro lateral, donde se anuncian clases de apoyo, talleres de música, cursos de cerámica. La puerta de servicio da a un pasillito, el pasillito a un gran patio que hace las veces de salida y entrada común de las distintas aulas, baños y un comedor con metegol conectado con las cuatro parrillas del patio secundario. El párroco da la bienvenida y cuenta apasionado lo que ocurre cotidianamente allí, que “es divino, es un quilombo de pibes”. “Un problema que vamos a tener este año es que nos va a faltar espacio... Tendremos que ir pidiendo a los clubes, porque esto no es como en La Plata que hay verde: todo es una mole de cemento”.

Cuando a poco de ordenarse como cura Pablo Osow llegó a ese “rincón del mundo”, encontró un barrio de clase media empobrecida donde “había muchos pibes dando vueltas, que no vivían pero sí que vagaban por las calles”. “Había mucho por hacer en lo social y sólo existía un comedor que funcionaba muy mal, con recursos de la municipalidad”, rememora y parecen haber pasado más que los escasos tres años que lleva ahí, donde ya montaron un hogar de día “para que los pibes que están solos, en vez de estar dando vueltas y ser potencialmente chicos de la calle, puedan hacer los deberes, jugar, recibir ayuda psicopedagógica...”. Un equipo importante de profesionales atiende hoy a unos 40 o 50 chicos.

La noche es otra historia: Osow sale a las calles, visita placitas oscuras y cruza las vías del tren en busca de pibes que, atrapados por las adicciones, necesiten ayuda. Es un trabajo voluntario y sin una estructura; sin certezas pero con vocación de aprendizaje. Y lo condujo a una suerte de bautismo del miedo: un par de amenazas de muerte de los traficantes de la zona, a fin del año pasado, advirtieron que estaba haciendo algo importante. Lejos de paralizarlo, Pablo dice que le dieron fuerza y supo resolverlo a su favor. Se resguardó haciendo público el peligro y cosechó más solidaridades para enfrentar la adversidad.

El párroco de Gerli tiene 36 años y nació en La Plata, donde aún vive su familia. Un largo camino separa la brava niñez en la que lo echaron del Jardín de Infantes y los veintipico, cuando supo qué quería hacer de su vida. Pablo Osow tiene cara de cura; mejor dicho, tiene el rostro de esos sacerdotes buenos que calman las almas en las películas de época. Pero no es un personaje pretérito, sino una suerte de “cura del siglo XXI”. En una institución que tiende a ser anacrónica, no se le puede achacar nada de eso: en el seminario formó una banda de rock; ahora tiene un blog donde publica sus reflexiones, y trasladó el confesionario al chat, donde “se logra una intimidad que rara vez se da de manera personal”. Guitarrista, está grabando su segundo CD y anda en busca de un cantobar porque “me gusta ese género; hace que todos participen”.

Hay algo de genio creativo, rebeldía y sana inconciencia en lo que hace. Pone cara de pillo cuando recuerda travesuras de la niñez y conserva la misma frescura al contar serias adversidades. Del relato de vida se deduce que proviene de una familia de laburantes, hecha desde abajo. “Una familia religiosa pero no chupacirios: nunca fue de estar todo el día metida en la parroquia”, aclara de entrada.

-¿Cómo se te ocurrió la extraña idea de ser cura?
-Mi religiosidad tiene un origen medio externo... Cuando era chiquito me mandaron al Mater Dei, en 27 y 61. ¡Las monjas me echaron de la primera salita de jardín porque era muy bravo! Una de las cosas que hice fue tirarle una maceta en la cabeza a una nena... Mis viejos decidieron mandarme a un colegio donde me tuvieran cortito: de varones, con uniforme... Fui al San Luis. Pero no jugué al rugby: me gustaba la música, así que más que rugby, banda de rocanrol. En el ‘88 teníamos una que se llamaba Platino y hacíamos covers de los Beatles. La Plata está re bueno porque hay lugares donde podes tocar... Después hicimos covers de rock nacional tipo Charly García, Fito Páez, Seru Girán. Tuve varias bandas: Dos PM (un dúo), Crater..
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-O sea que a los profesores del San Luis también los volviste locos.
-Les traje algunos problemas... En general la escuela impone una moral muy rígida. Yo siempre fui inquieto: leía, buscaba en otras religiones, buscaba filosofía oriental. Me metía en las librerías, exploraba, investigaba, escribía. Siempre tuve una fuerte interioridad. Mis profesores de catequesis son para olvidar, pero había otros muy copados: con los de literatura y lengua leíamos Borges cuando no estaba de moda, un montón de autores que me abrían la cabeza. Ellos siempre se dieron cuenta de que algo tenía y me alentaron a leer y a escribir. Al terminar el colegio me preguntaba qué iba a ser de mi vida, porque mis intereses eran muy amplios. Era buen alumno, tenía habilidad con las ciencias exactas pero también inclinación por lo humano. No sabía bien qué hacer.

Abrecabezas
Suena extraña, ahora, la referencia a esa dubitación en alguien que se ve tan decidido en sus determinaciones, con una fuerza que recupera cada vez que logra ensanchar el horizonte: así por ejemplo cuenta una proyecto para los pibes que “egresan” del hogar de día, “chicos de 13 a 19 años, la edad de mayor riesgo, que es cuando el pibe está flotando entre las propuestas que un barrio y que los intereses no tan buenos pueden acercarles”.

Un equipo de profesionales está preparando un relevamiento para conocer sus intereses y luego proyectar talleres de oficios, artes, deportes. “No va a ser sencillo, por eso nos estamos rompiendo el coco. Iremos a la calle a buscar a los pibes. Además, habrá que triangular la respuesta de la encuesta con la posible inserción laboral. Yo creo que prosperará entre talleres de artes y oficios y microemprendimientos productivos”.

-¿Eso es en respuesta a la realidad que encontraste al salir a buscar a los chicos que estaban con el paco?
-Claro, porque lo que surgió en segunda instancia después del hogar de día fue el tratamiento ambulatorio para pibes que tienen problemas con las drogas. En este momento tras lo mediático (la cobertura que algunos medios hicieron de las amenazas sufridas por su trabajo contra el paco, la publicación de su carta a Susana Gimenez, etcétera) se triplicó el número de pibes: empezamos con cinco o seis y ahora tenemos como 15. ¿Cómo los atendemos? Con profesionales que tienen que dedicarse a ellos: psicólogos, psicólogos sociales, operadores terapéuticos, trabajadores sociales. Esto nos está generando un problema de recursos que estamos también gestionando... La posible escuela de oficios puede ser parte de la rehabilitación. En la Villa 21 hay un emprendimiento muy interesante que conocimos hace poco, y es así. Después de la internación en la granja vuelven a la escuela de oficios y luego deberían reinsertarse laboralmente. El proceso de recuperación es largo.

-Está muy difundida la idea de que quienes consumen paco son irrecuperables, ¿es así?
-No, no: se recuperan. Esa recuperación existe en la realidad. Tenemos gente que va dejando de consumir. El tratamiento lleva un año. Hay pibes que están haciendo un proceso positivo…

Abrecorazones
“Tengo que aclarar que, a pesar de la catequesis que recibí en el colegio, yo era una persona religiosa. Es decir: rezaba, iba a misa”, explica al ser advertido de la pregunta incontestada en un relato donde, hasta aquí, la religión es sinónimo de imposición y castigo. “Cuando terminé el secundario ingresé a la Universidad a estudiar Informática. Siempre me habían gustado las matemáticas, mi viejo es ingeniero y había tenido contacto con las computadoras. Entré en el ‘90, hice un año y me di cuenta de que no iba a ser feliz entre cables, máquinas y programación, y paralelamente iba tomando fuerza en mí una inquietud muy grande por la ayuda a las personas”.

-¿Hubo un punto de inflexión para que eso sucediera?
-Si, hubo dos o tres cosas. Lo primero fue un noviazgo que tuve.

-Qué paradoja.
-Si. Yo sentía que mientras aumentaba nuestro amor, en la relación con Mariana que era mi novia, también aumentaba mi inquietud por ampliar mi corazón a todas las personas. Y que no iba a estar tranquilo hasta que quienes se cruzaran por mi camino no fueran felices. Acá había un componente “místico”, porque sentía que era Dios el que me lo estaba pidiendo... No digo que se aparecía y me decía “che, yo quiero tal cosa”, sino que había una fuerza que era más grande que yo mismo; interpreté que era Dios. Empecé a trabajar en una parroquia de mi barrio haciendo cosas por los demás. Vivía a dos cuadras de la Parroquia del Pilar -15 y 33-. Y a otras dos cuadras tenés la villa... Siempre me preguntaba, y les preguntaba a los pibes de ahí que iban a hacer trabajo social a Embarcación, Salta: ¿Por qué se van tan lejos si tenemos acá la villa? “Porque bueno, el viaje, la mística de viajar”. “Yo voy a fundar un grupo de gente que ayude en la villa”, dije y lo fundé. No la villa de calle 15, sino la de 19, que es un asentamiento de bolivianos. Empezamos a ir todos los sábados. Desigualdades de las que se te puedan ocurrir, y nosotros con toda una idea de formar en oficios, microemprendimientos; íbamos, visitábamos a la gente, los pibes jugaban, preparábamos la merienda... Hasta que un día la gente del barrio dice: “¿Ustedes son de la parroquia? A nosotros nos vendría bien que nos dieran catecismo para los chicos”. Íbamos a otra cosa, pero se empezó a dar catecismo en la capilla abandonada que había ahí, construida por los bolivianos. La experiencia que tuve ahí fue: mirar el reloj, que fueran las once o las doce de la noche y que no me calentara ni tres pelotas salir con mi novia, ni salir con mis amigos, ni ir al ensayo, ni la banda, ni nada. Lo que me importaba era esa gente, y varias veces se me cruzó por la cabeza irme a vivir ahí. Cuando sentí eso me asusté. Y lo hablé con el cura de mi parroquia que ya era Norberto Chiodini, un padre para mí. Él no me presionó. De todos los de la parroquia, uno de los que menos perfil de cura tenía era yo. Pero me preguntaba si Dios me estaba llamando a ser cura. No sabía. Norberto me decía que lo piense bien y empezamos lo que se llama el discernimiento: “te va a llevar tiempo, pensá cómo te imaginarías, cómo viven los curas”. Entonces hacía como un año que estaba de novio con una chica, Paula…

-Debe ser difícil iniciar ese proceso y sostener la relación.
-Re jodido. De hecho a los pocos meses, a pesar de que todavía no estaba decidido a ser cura, le dije que no saliéramos más y por qué. Era una chica de la parroquia, me podía entender y me entendió.

-No pensábamos hablar sobre el celibato, pero con esta historia la pregunta surge naturalmente...
-Bueno, yo pienso que el celibato puede ser un buen aporte para algunos sacerdotes y en un tramo de sus vidas. No lo veo como algo que deba ser obligatorio para todos, toda la vida. Así como hay artistas que se mantienen célibes durante un tiempo para producir una determinada obra...

-Tiene que ver con direccionar la líbido a algún lado, la energía que uno tiene.
-Totalmente.

-El problema del celibato en la Iglesia es que es una imposición.
-Es lo que está en discusión. El problema es la obligatoriedad, es lo que se debate, y no el celibato en sí mismo. Muchos le reconocen un valor inmenso y es verdad que lo tiene para una etapa de tu vida. Me parece que las tendencias de la historia conducen hacia eso. Hay que ver cuándo a alguien se le ocurre legalizarlo... Además hay una cuestión histórica, en las raíces del celibato, que ya no tiene validez. Estaba en tela de juicio un problema económico: la última voluntad sobre los bienes. ¿Para quién quedaba la herencia de un sacerdote casado? Para su mujer y sus hijos. ¿Para quién queda la herencia de un sacerdote hoy? Para quien el sacerdote fije en su testamento, si es que hace un testamento, porque hoy la herencia no es algo regulado por la Iglesia. Esa es la diferencia. Igual se la puede dejar a una mujer.

-¿Por qué se sostiene entonces?
-Por tradición. Pero por una tradición muy difícil de sostener porque los discípulos de Jesús no eran todos solteros, empezando por Pedro, el primer Papa, que era casado. La Iglesia tomó esa decisión hacia el siglo IV; tiene que ver muchísimo con el cesarpapismo, con Constantino. Es esa Iglesia casada con el poder político, que lo que hace es autogenerarse como una casta distinta al resto de los mortales porque puede lograr esta proeza de no casarse.

Abrepreguntas
Osow es inquieto. Cuando no da misa, participa del hogar de día. Cuando no está en el hogar, sale a buscar pibes en peligro. En el ínterin, rastrea en Internet a sus viejos compañeros de banda, y los invita a participar de su segundo CD...

-¿Cómo te da el tiempo para todo?
-No sé... Me levanto temprano, rezo. Todos los días...

-¿Cómo rezás?
-Hablo con Dios como a un padre, con mis palabras, le cuento mis cosas, a veces me pregunto cosas delante suyo y me doy cuenta dónde me marca que debo caminar porque a veces es muy complicada la tarea que hago y hay mucha gente de por medio, no se puede hacer a la ligera...

-Hablemos de la carta a Susana Giménez. ¿Vos te levantás, rezás y después decís “bueno, voy a escribir una carta”?
-Ja ja ja… En realidad, hacía unos meses que venía preocupado por la proliferación de discurso de la mano dura en los círculos donde me muevo: en mi comunidad, mi barrio, mi familia. Pensaba: algo hay que hacer con esto. A mí me gusta escribir pero no sabía cómo encararlo. Tengo un blog, publico a veces cosas en Facebook... Bueno, cuando saltan las declaraciones de Susana Giménez, estaba acá solo, la escuché y pensé “acá está la oportunidad”. Fue el momento propicio para escribir. Y cuando escribía, pensaba que si lo publicaba en el blog, alguien me iba a contestar, pero nunca, nunca se me ocurrió que iba a tener tanta repercusión.

La tuvo. La agencia católica María Press “levantó” el escrito de la página personal del sacerdote, de ahí saltó a Crítica de la Argentina y desde las radios empezaron a llamarlo para entrevistarlo. De emisoras comunitarias pedían permiso para leerla y algunas maestras, para discutirla con sus alumnos. Las repercusiones también le permitieron, por ejemplo, ponerse en contacto con “un grupo de jóvenes de la Teología de la Liberación que existe en Wilde, ¡en la misma Diócesis!” y no se conocían. “Vinieron, charlamos, vamos a participar juntos en encuentros, ellos decían: ´Vos remontaste un barrilete y nosotros lo vimos´”.

“Llovieron mails y llamadas, muy positivas la mayoría, pero un 20% de la gente me quería matar. Quería pena de muerte para mi. ¡Me querían echar del jardín de nuevo! A toda la gente que me escribía, le contestaba...”.

Osow ya había tenido cierta exposición cuando ocurrieron las amenazas, en noviembre. En ese entonces recurrió a los medios porque “la policía sólo inspiraba desconfianza” y se trataba de resguardarse un poco en una batalla desigual. “A los medios les interesó que saliéramos a la calle, a buscar a los pibes...”

-También ellos tienen su negocio con la pobreza, porque por un lado dan “cobertura” pero por otro…
-Si, es la lógica de “Policías en acción”, “Cárceles”, “La liga”... Lo que veo es que la marginalidad se está convirtiendo en algo exótico, en algo raro como un zoológico. Hay turismo en las villas. La gente se horroriza apoltronada en el sillón de sus casas…

-Casas donde ponen rejas, cámaras de seguridad.
-Claro, el bunker protegido. Tipo Susana Giménez... Yo le digo “el falso escándalo”: si fuera escándalo harían algo, pero es un escándalo que te anestesia la conciencia para no hacer nada. Dicen: “Están perdidos. Tenemos que tratar de no perdernos nosotros que estamos tranquilos detrás de la reja; ellos ya están perdidos”.

-En ese contexto surgen reacciones como el pedido de la “ley del Talión”, y también proyectos como bajar la edad de imputabilidad.
-Las propuestas concretas como la baja de edad de imputabilidad o aumento de las penas, son respuestas que tienen que ver con lo inmediato, como las políticas cortoplacistas que nos llevaron a esta situación. Un gobierno opta por el asistencialismo, las prebendas, y abona una situación tal que el emergente es la inseguridad. Y entonces qué hacemos: atacamos el emergente en corto plazo. Otra política cortoplacista... En un país donde no se pueden debatir políticas a mediano y largo plazo sobre la delincuencia de un menor o mayor, se discute cómo lo sacamos del medio... Ahí tenemos un problema. Porque además la gente está muy dolida y ese dolor es explotado por este discurso, entonces quiere ir a la marcha y defenderse con cacerolazos contra la inseguridad... A mí lo que más me interesa es que se abra un debate sobre los factores que constituyen la inseguridad, y sobre la sociedad que queremos construir. Un debate serio, que no sea ni desde la bronca ni desde la comodidad.

-¿Es posible? Porque los medios traccionan el debate...
-Es posible sólo en el cuerpo a cuerpo, persona a persona... En mi familia a veces pasa. Hay algunos que están a favor de la mano dura, y cuando cayó la carta no les gustó del todo. Se hace muy difícil en ese ambiente traccionado. No sé cómo se hace; les puedo contar lo que hago yo para desarmar ese discurso. Primero le hago ver a la persona que lo que piensa y lo que hace está impregnado de dolor y de bronca, y que eso invade su corazón y no le hace bien... Esto es un mano a mano, no se soluciona de otra manera. Generalmente cuando la persona escucha eso, recapacita. Lo segundo es esta pregunta: ¿en qué medida nosotros con nuestra falta de compromiso generamos una sociedad injusta? Por ejemplo en nuestra forma de votar: ¿votamos con el bolsillo o en vistas del bien común? En nuestra vinculación con organizaciones sociales, ¿hemos colaborado o no? ¿de manera interesada o generosa? ¿Cuántos prejuicios tenemos en la vinculación con al marginalidad? El famoso si tiene cara rara me cruzo de vereda. Esos ejemplos son desacomodadores y van queriendo gestar en el otro una actitud más reflexiva. Y si querés ir a cuestiones más de fondo todavía, hay que apuntar a qué modelo de sociedad estamos soñando y construyendo Realmente qué sociedad queremos. Acá agregaría una cosa: no podemos acusarnos mutuamente al debatir. Todo actor social tiene algo reprochable en su historia. De eso que se haga cargo la justicia, sería lo esperable. Pero cuando pensamos en un modelo que pueda incluir cada vez a más personas, no vivamos acusándonos de “vos porque llegaste al poder de mano de tal”, “vos te enriqueciste”... Tenemos que permitirnos pensar juntos, aunque no acordemos con la trayectoria de una persona.

Caminos
Día y noche en esa mole de cemento, próxima a una estación del Roca eléctrico, entre negocios de autopartes y parrillas al paso, tiene quienes le recuerdan a la ciudad donde nació, donde visita a su familia: hay fanáticos de Gimnasia y de Estudiantes, de esos que van todos los domingos a la cancha.

Osow es pincharrata. “Para mi Cajade intercedió para que saliéramos campeones”, lo recuerda. “Fue un gran milagro; ahora debe estar descansando un poco”. Y no es la única coincidencia: es parte de la Federación de Schoensttat, la misma a la que pertenecía Carlitos. Se cruzaron ahí alguna vez, aunque evoca con más intensidad alguna visita al Hogar y una charla con mate de por medio. “Nosotros, los sacerdotes jóvenes que estamos en la trinchera, lo extrañamos a Cajade. Hay un cura que vive acá pero que trabaja en Villa Tranquila de Avellaneda. El otro día charlábamos de lo que hacía cada uno y decíamos ´si lo tuviéramos aunque sea un día...´”

Más de una vez ha puesto como “nick” en su MSN una frase del fundador del Hogar de la Madre Tres Veces Admirable: “Estamos abriendo caminos”. La consigna echa luz en un sentido profundo“en lo social, en lo afectivo, en lo sacerdotal, en lo eclesial”.

-¿Qué otro concepto te quedó de él?
-Hay una frase de Juan Pablo II que él dio vuelta. Ese Papa planteó: el mundo que se construye contra Dios se construye contra el hombre. Y Cajade dijo: el mundo que se construye contra el hombre se construye contra Dios. No se oponen pero me parece que no puede ir una sin la otra. Forma parte de lo que para él significa el cristianismo. Cajade era un hombre muy religioso; tenía su capillita, daba misa, iba al santuario de Schoensttat y encontraba ahí la fuerza para lo social... Porque su vida tuvo varias etapas; cuando él se vuelve un líder social le viene otra carga más...

-Esa idea de “líder social” indica que supo y pudo hacer que tras él hubiese mucho más que la comunidad religiosa, ¿no? Nuestro ejemplo: una revista fundada por un cura con un staff ateo...
-Eso es genial. Tiene que ver con la universalidad con la que nos manejamos. En la radio, después de una entrevista muy linda a raíz de la carta de Susana Gimenez, el periodista Oscar Gómez Castañón se quedó hablando y decía: “a mí lo que me llama la atención es, primero, el respeto con el que escribió la carta; y segundo, que el mensaje que está tirando es un mensaje universal”. Yo me quedé contento. En eso ninguno de nosotros va a deferir: es un mensaje por la vida.

Pablo Osow habla y dispara entusiasmo, curiosidad, interrogantes, atisbos de respuesta, respeto. Y pese a las preocupaciones, sabe reír a carcajadas. Habla con pasión de la Escuela de Oficios, su paso siguiente, el salvavidas para los adolescentes que la sociedad dejó a la deriva. “Estamos en un emprendimiento social que tiene muchas ramas y queremos darle autonomía... Por eso pensamos en la creación de una ONG con estructura democrática, que no tenga directa vinculación con la parroquia para que nadie la pueda destruir, ni siquiera un cura, ja ja ja… Eso lo aprendí de Cajade”.

Otra vez larga una risa contagiosa. Y remonta un barrilete desde su trinchera, en el asfalto del Conurbano, donde va abriendo caminos con la esperanza de que alguien lo vea.

UNA OPCIÓN

Queda aire fresco, todavía, en la Iglesia. Esa es la sensación que deja hablar con curas como Pablo Osow, que cumplen las reglas pero son capaces de discutirlas; que esperan activamente los cambios en la historia; que distinguen entre la espiritualidad popular y los intereses de quienes se casaron con el poder. Aire fresco es escuchar que un sacerdote se defina “totalmente de acuerdo con esa separación Iglesia-Estado” y que agregue que “la Iglesia debería pedirla por una cuestión de autonomía, de libertad”.

Aire fresco faltaba en la ciudad de las diagonales, de donde Osow es oriundo, y por eso se mudó a una Diócesis donde “te dejan vivir”.

-¿Hace cuánto estás acá?
-Tres años. En el 2000 me vine a lo que era la Diócesis de Avellaneda, seguí el seminario y me ordené como sacerdote hace cinco años. Después de dos años como ayudante en otras parroquias me mandaron de párroco acá, a Gerli.

-Antes estabas en La Plata...
-Sí, estudié en el Seminario de La Plata hasta que me faltaban dos años para ordenarme de sacerdote, y ahí fue cuando llegó Héctor Aguer. Como él tiene una línea ultraconservadora y yo de ninguna manera pegaba con ese perfil, empezó a haber problemas en el Seminario y decidí mudarme a la Diócesis de Avellaneda... Me tuve que ir de La Plata pero al menos estoy ejerciendo el sacerdocio en una comunidad.

-¿Cuáles son tus referentes?
- Y... ¡Cajade! –dice sin dudarlo- En este momento Carlos Cajade, Alejandro Blanco. También el cura que me presentó al Seminario, que murió: Norberto Chiodini. Pero voy por la línea de Cajade porque somos de la misma federación de curas de Schoensttat. Y cuando veo la obra de él, veo lo que a mí me gustaría: una obra social desde el sacerdocio. Por otra parte me identifico con una opción más latinoamericana, de opción por los pobres, la teología de la liberación... Una vivencia diferente de lo que es el sacerdocio, más comunitaria, más cerca de la gente.

-¿Y si tuvieras que hacer el ejercicio de pensar referentes en los ´70...?
-Pienso en Carlos Mugica, Angelelli, Oscar Arnulfo Romero (monseñor de El Salvador)... Tipos que dieron su vida. Lo que pasa es que los mismos esquemas de los ‘70 son difíciles de aplicar hoy. Hay que buscar referentes que tengan esa onda pero que hayan captado la realidad actual...

-¿Qué porción de la Iglesia representan esos sectores con los cuales te referenciás?
-No son la mayoría. Son una opción. Pero por lo menos en la praxis todavía coexistimos y eso ya es interesante. Que no te saquen del medio, que te dejen existir.

-Suena fuerte ese todavía.
-El todavía va porque sinceramente cuando veo el reflote de posturas ultraconservadoras, fundamentalistas también dentro de la Iglesia, me pregunto hacia dónde estamos caminado. Es algo que realmente me preocupa. Pero mientras se pueda coexistir hay esperanza.

-Y la iglesia es una institución verticalista en donde hay que respetar jerarquías, donde no hay muchos lugares de democracia...
-En este momento no es ni totalmente dogmática ni totalmente democrática. Hay espacios donde se puede intercambiar, opinar, ejercer la propia convicción frente a una postura de obediencia ciega. Hay espacios de participación dentro de la Iglesia, pero no es totalmente democrática; siempre hay alguien que tiene la última palabra. Entonces el tema es de qué manera se ejerce en la Iglesia el derecho a la última palabra.

 

 

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