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NÚMERO
68 - ABRIL 2009
7 AÑOS POR LA VIDA
La Pulseada está de festejo porque este mes cumple 7 años. Sin embargo, lo que viene ocurriendo nos ha llenado de bronca y, por momentos, de desánimo. Podríamos salir a contestar desde la ofuscación (¡Cómo te entendemos, Hebe! Incluso suscribimos: tiene el cerebro de un tamaño inversamente proporcional a los pechos, que ni siquiera son propios). Pero preferimos responder con la cabeza fría. De paso, evitamos el riesgo de que Fontán Balestra & Asociados nos querelle por injurias. Porque así de torcido funciona el estado de derecho entre nosotros: se puede impunemente, desde lo más alto del rating, hacer apología del asesinato (“el que mata debe morir”) pero ¡guay con poner en entredicho a las siliconas más célebres!
La farándula salió a pedir la pena de muerte y hasta el regreso de la colimba. “¡Ahora me doy cuenta! No hay más dinosaurios vivos porque se los deben haber boleteado los pibes chorros”, elucubró Susana. Cacho, quien hace mucho viene cantando “si te agarro con otro te mato”, siguió siendo consecuente.
Marcelo lamentó la suerte de los que, como él, deben vivir encerrados tras las rejas de un country (no, no es chanza: eso dijo). A Spinetta (¿o fue un mal chiste de Luis Almirante Brown?) normalmente no se le entiende. Ojalá vuelva pronto al hermetismo, porque esta vez se comprendió todo lo que dijo y sonó horrible.
Patético también el argumento esgrimido desde cierto progresismo: “está estadísticamente comprobado que donde se implanta la pena de muerte no disminuyen los delitos”. ¿Significa que si efectivamente decrecieran estarían a favor? ¡El colmo de la razón instrumental! Como si lo bueno y lo malo no dependiesen de valores sino de grados de eficacia. Desde La Pulseada, en cambio, estamos, por principio, ahora y siempre, contra la pena de muerte. El asesinato legal es el peor de los asesinatos.
Igualmente triste fue el papel que hicieron desde el palco, en la “marcha contra la inseguridad”, ese rabino y ese cura. ¡Las voces representativas del verdadero judaísmo y del auténtico cristianismo tienen que salir a desmentirlos de inmediato!
Señor Bergman: no se trata de cambiar las estrofas del himno, para pasar a cantar “¡seguridad, seguridad, seguridad!” donde ahora se entona “¡libertad, libertad, libertad”. Se trata de construir entre todos un país con justicia social. Una Página WEB lo expresa de modo inmejorable (se pueden sumar firmas de adhesión a www.chicosinvisibles.com.ar): “Confunde el avasallante y simplificador discurso de los grandes medios de comunicación. Los más graves delitos no son responsabilidad de los estigmatizados ‘pibes chorros’. Detrás de esos hechos está el accionar de mafias policiales, narcotraficantes, tratantes de personas, nunca debidamente investigados y condenados. A lo sumo ellos se aprovechan de la vulnerabilidad de esos chicos, producto de una estructura económica y social excluyente, blanco fácil de los reclamos de ‘mano dura’. El Estado tiene que priorizar la satisfacción de las necesidades de todos los niños, garantizándoles alimentación, salud, educación, condiciones de vida dignas que les permitan desarrollarse plenamente. Hay que atacar las causas y no las consecuencias”. Los exabruptos de la farándula coincidieron con la propuesta de una nueva ley de radiodifusión. He aquí otra razón para cambiar el sistema de comunicación: urge contar con una televisión donde las Susanas y los Marcelos dejen de instalar sus dosis diarias de estupidez y veneno.
Carlitos Cajade respondía magistralmente a la falacia de la “seguridad”: “Se vuelven salvajes los condenados a vivir en condiciones salvajes y humanos los que cuentan con condiciones humanas. Lo que los pibes precisan es una sobredosis de afecto”. Hoy sentimos que desde el lugar que ocupa en el cielo de los justos, el querido cura nos felicita por el aniversario, nos recuerda que la lucha continúa y nos convoca una vez más –y pese a todo- a seguir militando en el bando de la esperanza.
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