NÚMERO 67 - MARZO 2009

Cuentito infantil

Cada mes tiene su color. Su sentido. Para quienes hacemos La Pulseada, marzo es el mes del reencuentro. Del retomar las ideas que compartimos con el cierre del año anterior. De poner manos a la obra si es que se trataba de un planteo que ya no teníamos tiempo de abordar. En este caso, todos nos quedamos con el sabor amargo de sentir algo así como “¡qué desprotegidos por el Estado que están los pibes desprotegidos!”. Casi como en las peores épocas del ‘primermundismo menemista’. O por culpa de eso, más precisamente…

Marzo es también el tiempo de los guardapolvos. De esas caritas temerosas al principio y radiantes con el paso de los días, que sienten a la escuela como el primer desafío necesario. El trampolín para lo que vendrá, para conocer todo lo que hay que conocer, para aprender todo lo que se quiere aprender. Y para hacerlo con cierto tono de juego, que, con los años certificarán, ya nunca volverá a aparecer en nuestras cosas. Claro, esto era así en una Argentina que, de tan lejana, ya parece una ficción. Casi un cuentito infantil.

Hoy el panorama es bien distinto para todos. Un reciente informe periodístico da cuenta del aumento en el precio de los útiles escolares y, al mismo tiempo, de la decisión del gobierno de no incrementar la ayuda escolar anual, que históricamente reciben los trabajadores. Hasta el cuestionado INDEC reconoce que los valores de esos materiales sufrieron un aumento que supera al 15%. Desde el estallido social de 2001, el material escolar tuvo un incremento del 99,6%. Dobló su valor.
En aquel momento la ayuda que recibían los privilegiados argentinos que tenían trabajo en blanco, era de 130 pesos. Desde ese tiempo, los gobiernos apenas aumentaron la retribución en un 30%: hoy es de 170 pesos y “por la falta de presupuesto”, la “crisis mundial” y demás argumentaciones, en 2009 no habrá corrección a la modesta cifra. O sea: arreglate como puedas. Hacé equilibrio al borde del precipicio.

Se bajamos en la escala de posibilidades sociales, seguís cayendo un poco más. Un tercio de los argentinos come cuando puede y a veces puede cada tanto. También trabaja cuando puede y manda a estudiar a sus chicos si puede.
Por ahí tenés suerte y aparece en tu vida una Obra como la nuestra y la mano es ofrecida desde los propios militantes populares. Romina y sus muchachos en la Casa del Niño, y las chicas de Chispita mucho le aportan a sus barriadas para que cantidades de familias puedan seguir mandando sus pibes a la escuela. Pero por ahí dependés únicamente de que el Estado se dé cuenta de que existís. Y ahí estás en el abismo más absoluto. Te caes al vacío.

Los chicos de Plaza San Martín hicieron ruido a su manera y se hicieron visibles. Fueron descubiertos por la ciudadanía platense, ocupada en sus cosas. Molestaron a los funcionarios que se chocaron para hacer promesas. Aparecieron nuevos planes de socorro social. Montañas de anuncios…

Hoy ya no están en la plaza. No hay ruidos. No molestan. Algunos volvieron con sus familias. Otros limpian parabrisas en un semáforo. Sólo tres se anotaron en una escuela. Los demás siguen estando igual que antes, pero ya no son tan vistos. Tan filmados. “No esistís”...

Aquí nos acordamos de Carlos Cajade cuando aseguraba que “este no es un país pobre. Es un país mal repartido. Y eso hace que nuestros pibes se mueran de hambre, tengan una desnutrición galopante, pierdan la escolaridad mucho antes de lo que tendría que ser, antes siquiera de haberse puesto el guardapolvo… La verdadera meta es que puedan volver a compartir el pan que sus padres ganaron con sus propias manos, sentados frente a la mesa de sus propias casas, después de haber ido a la escuela y de haber jugado el resto del día”.

Este es un año de votos. Un año en el que al tema de la educación, entre otros de igual dulzura para los oídos, será abordado con todo tipo de promesas. Pero la realidad dirá otra cosa. Las ideas de Carlitos parecerán apenas un cuentito. Ideal para que los funcionarios prometedores decidan incluirlo en un librito escolar. De esos, que muy pocos podrán tener entre sus manitos.

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