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NÚMERO
66 - DICIEMBRE 2008
La ternura de Cajade, frente a la mano dura
Otro camino
Ante el reclamo de una parte de la sociedad de castigar a los “menores delincuentes” que no dejan vivir a la “gente decente”, y la propuesta oportunista de bajar la edad de imputabilidad a 14 años, la figura del cura apareció en distintos ámbitos como ejemplo a seguir.
Por Carlos Fanjul
La irrupción mediática del gobernador Daniel Scioli, insistiendo con la idea de aplicar mayor severidad en los castigos a los pibes que delinquen. provocó un efecto curioso en muchos sectores de la sociedad. Aquellos que piensan que también son víctimas quienes, arrojados de pequeños a la salvaje selva de una vida desigual, responden ya adolescentes “devolviendo” la violencia con la que fueron tratados, encontraron en Carlos Cajade una contracara sólida a la nueva ola represiva. Fue lógico que así ocurriera, y nos gratifica.
Así, el cura emergió como un símbolo elocuente de que, en la lucha a favor de la niñez, existe un camino diametralmente opuesto a las alternativas propuestas por el gobernador. Es que no sólo en las palabras, sino en los hechos, la Obra resulta la muestra más acabada de que con amor, acompañamiento y buenos valores, los pibes no eligen la violencia ni el delito, sino que responden con otras señales, bien diferentes a aquellas, que también fueron aprendidas en la infancia.
En varias movidas, armadas para repudiar el camino que parece haber elegido Scioli –algunos aseguran que busca recuperar su popularidad entre los sectores de la derecha, hoy más cercanos al bigotito pintón de Mauricio Macri–, Carlitos “fue llamado” a recuperar el centro de la escena, y su testimonio surgió más actual que nunca.
Seguridad sin discriminación
En San Salvador de Jujuy, por ejemplo, en el marco de la Constituyente Social promovida por la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) y tomada para sí por más de 15.000 militantes de centenares de organizaciones sociales de todo el país, el espíritu de su carta abierta al “ingeniero” Juan Carlos Blumberg –que con marchas promovía castigos contra los jóvenes pobres– reapareció en los dichos de muchos representantes de la región.
Recordando que aquella vez no sirvieron penas más duras y que ahora tampoco servirán, se aseguró que el camino debe ser el que siguió Cajade. Varios pasajes de este texto fueron expuestos en las comisiones de trabajo –en algunas de ellas también participaron representantes de nuestra Obra-, como si hubiera sido escrito la semana anterior: “Todas las muertes tienen nombre –decía ayer Carlitos y ‘volvió’ a hacerlo ahora-; nos tienen que doler de la misma manera y merecen por igual que hagamos una marcha. A nosotros, por ejemplo se nos murió Nazarena, una nenita de dos años, a la que conocimos tarde en la Casa de los Bebés, y a la que le teníamos que dar leche con un gotero para poderla alimentar porque ya no le pasaba la comida. No le pudimos salvar la vida y se nos terminó muriendo por desnutrición (…) A ella ni necesitaron pegarle un tiro para matarla, porque nunca había tenido nada para que le roben. Por eso digo que cuando hablemos de seguridad, hablemos de la seguridad de todos los hijos que llegan a este país. De la que no tienen muchos de nuestros pibes por el solo hecho de haber nacido pobres y se mueren antes de vivir. De la que no tienen otros que pierden la escolaridad antes siquiera de ponerse el guardapolvo (…) El concepto de seguridad que se debate en la sociedad, tiene un fuerte acento discriminatorio para muchos argentinos que viven totalmente en el anonimato. Ellos sólo tienen la seguridad de que nunca van a saber qué es la justicia, a menos que se encuentren ya con el juez que les va a dar la pena. A lo sumo conocerán antes su aspecto represivo cuando sean llevados a una comisaría, o sean víctimas del gatillo fácil. Pero en este caso será una injusticia más. Para ellos, tal vez, la última (...) La muerte injusta es injusta en todos los casos. ¿O es que hay muertes de primera y muertes de segunda? ¿O es que no se han dado cuenta de que aumentando las leyes represivas el delito no disminuyó? Como dice Alberto Morlachetti, no hay que cuidarse de nuestra infancia, sino que hay que cuidar a nuestra infancia”
La voz de los pibes
“Nosotros estamos seguros de que ninguno de los chicos del Hogar del Padre Cajade volverá a la calle o será delincuente... ¡Eso tendrían que aprender los políticos!”. Así transcripta la frase puede tener el tono desafiante de cualquiera de los ciudadanos que se oponen a la propuesta de Scioli. Pero en boca de sus autores, los propios chicos criados en el Hogar de Carlitos, la idea adquiere un tono más profundo y aleccionador. Hasta deja en ridículo a quienes pretenden ver en el encierro temprano de los pibes que deambulan por las calles, la solución a sus reclamos de mayor seguridad.
El texto (ver recuadro) fue elaborado en asamblea juvenil en una de las casitas del Hogar para ser leído por Zulma durante el homenaje al cura que se llevó a cabo en el cierre de la Campaña “Promoción de Derechos y Cultura por los Pibes”, que el Foro de la Niñez realizó un caluroso sábado de noviembre en la plaza Islas Malvinas.
Allí, entre pancartas, bandas musicales para los adolescentes y juegos para los más chiquitos, un gran cartel con la imagen de Cajade ocupó el escenario, en el que diferentes organizaciones sociales, políticas, sindicales y culturales hicieron oír su voz contraria a las intenciones oficiales.
La movida, que tuvo la presencia de los diferentes emprendimientos de la Obra, se prolongó algunos días más tarde, en la marcha realizada desde la República de los Niños hasta las puertas de la Casa de Gobierno provincial.
Recuperar a Carlitos
Carlitos también estuvo presente durante el homenaje realizado por el Ciclo “Voces de la Cultura” que, auspiciado por la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de La Plata, se realizó en el Pasaje Dardo Rocha. Con la coordinación del colega Julio Ferrer, nuestros compañeros Ana Cacopardo y Tony Fenoy, junto a la Madre de Plaza de Mayo, Herenia Sánchez Viamonte, rescataron el espíritu de Cajade para sostenerlo como un símbolo contra la reaparición de las posturas represivas.
Ana, sobreponiéndose a la conmoción que volvió a provocar la proyección del video sobre Carlitos realizado tiempo atrás por la Obra, aseguró que “el modelo oculta un hecho fundamental que es la falta de una verdadera distribución de la riqueza. Nuestros pibes deben reaparecer como los únicos privilegiados, contra ese discurso mediático del miedo. Es curioso el cambio que se ha instalado, ya que mientras antes un pibe de la calle causaba compasión, hoy parece que provoca terror. No nos tiene que pasar inadvertida la similitud del mensaje con aquel que tanta muerte provocó referido a los llamados ‘delincuentes subversivos’, para todo aquel joven, de pelo largo y barba y que soñaba con un mundo más justo. Hoy la caracterización es joven, pobre, morocho, igual a delincuente. Se trata de dos estigmatizaciones para el exterminio... Está claro que el camino es otro. No se trata de bajar la edad para poner presos a los chicos, sino de pensar en asignaciones universales y de hacer cumplir las buenas leyes que en la provincia nos hablan de derechos también para esos jóvenes, pobres y morochos… A quién le puede quedar alguna duda de que Cajade estaría peleando por estas mismas cosas. Ojalá que desde donde esté, nos siga iluminando en la misma pelea que él dio”.
A su turno, Herenia, acompañada por Adelina de Alaye y otras Madres platenses, relató que conoció a Cajade cuando decidió ir a una de sus misas: “Me había alejado mucho de la Iglesia, de tanto ser rechazadas por ella. Junto a otra madre decidimos ir a escuchar a ese curita del que tanto nos hablaban y quedamos encantadas. Recuerdo que nos presentamos, nos abrazó muy fuerte y nos dijo emocionado ‘las admiro tanto y les pido perdón porque la Iglesia no las acompañó como se merecían’. Enseguida nos pidió un pañuelo para ponerlo en el altar de esa parroquia del Barrio Aeropuerto; allí estuvo puesto junto a la Virgen y lo vimos todas las veces que volvimos a ir. ¡Esos son los sacerdotes que necesita nuestra Iglesia!, los que se preocupan por los pobres, los que acompañan a los que sufren injusticias. ¡Y pensar que todavía tarda tanto en expulsar a curas como Von Wernich, tan diferentes a Carlos!”.
Por último, Tony instó a “recuperar a Carlitos como militante social, político y cristiano. Tiene que ser nuestra bandera de otra sociedad, mas justa, ´más respirable´ como él mismo decía. Carlitos luchaba por los pibes porque decía que ´cuanto más hacés por el hombre, más hablás de Dios´. Era padre, madre y abuelo de los chicos porque sabía que no hay violencia más grande que la que un pibe recibe cuando le falta comida, salud o educación. ´Quien se siente violentado puede ser violento´, decía siempre. Se asustan porque un pibe te roba. ¡A mi me roban todos los días las empresas de servicios y hasta el Estado! Claro que prefiero que me robe un pibe para comer porque tiene hambre. Cajade siempre fue un tipo coherente, definido desde una sola vereda, sin vender el alma. Esa vereda era la del hombre, la de la justicia y las igualdades. Tenía muy claro quiénes eran sus amigos y quiénes sus enemigos, vinieran desde donde vinieran, sin importar si eran desde la propia Iglesia. Es que era profundamente cristiano y quería fuertemente a la Iglesia, más allá de que lo combatieran tanto; como Quarraccino que lo mandaba a una parroquia bien lejana y hasta lo pretendía cargar, diciéndole ´y a vos quién te mando a vivir con chicos de la calle´, o como el propio Aguer, que al enterarse de su muerte dijo ´nos sacamos un problema de encima´… Lo combatían porque Carlitos siempre eligió en serio la opción por los pobres, y miraba el país desde ellos. Por eso digo que tenemos que recuperar al Carlitos militante social, para que no termine siendo una estampita. Tiene que ser nuestra bandera en esta lucha de hoy… ¡Carlitos hoy también estaría peleando contra Scioli y ya le hubiera hecho varias marchas con sus pibes!”.
“Nosotros decimos que NO”
“Carlos Cajade un gran compañero de camino, un gran padre, un gran amigo.
Nosotros, sus hijos, estamos agradecidos por lo que él nos dio y por las enseñanzas que nos dejó: cuidar a nuestro prójimo, ser solidario y demostrarnos que todos somos iguales. Que la vida tiene sentido y que se puede salir adelante por más maltratada que haya sido la infancia.
Ojalá haya gente como el cura que dé su vida por los más desprotegidos.
Todavía no entendemos cómo Dios se lleva a la gente que verdaderamente hace algo por los más necesitados y deja a los que no les importa nada ni nadie.
En nuestro país hoy en día se siguen muriendo los pibes por desnutrición. Eso quiere decir que lo más tierno y hermoso que es la niñez, nuestra infancia, sigue desprotegida.
Institutos, cárceles, ¿alguien puede estar seguro qué esa va ha ser la solución? Nosotros decimos que NO, que esa no es la solución, pero parece que para los políticos, encerrar a los pibes es el camino más fácil, porque los sacan de su vista. Porque se sacan un peso de encima.
¿Cómo cuidamos a nuestra infancia? A los chicos que son explotados y maltratados por la gente grande, que se lava las manos metiéndolos en cana. A los que viven amenazados por los grandes, sin poder decir su verdad y quedando siempre como culpables.
La mejor manera es como hizo nuestro padre Carlitos con nosotros: cuando nos quiso, nos acompañó, nos cuido y nos enseño que hay una vida mejor y que también nos pertenece.
¡¡¡Nosotros estamos seguros que ninguno de los chicos del Hogar volverá a la calle o será delincuente!!!
¡¡¡Eso tendrían que aprender los políticos!!!
Y como Carlitos, decimos que no tenemos que cuidarnos de nuestra infancia sino que tenemos que cuidar a nuestra infancia. Y que la verdadera solución para los chicos no es la cárcel, ni tampoco Obras como la nuestra, sino que puedan volver a estar con el papá y la mamá, sentados en la mesa de su casa y compartiendo el pan que ganaron con sus propias manos”.
Los chicos del Hogar del Padre Cajade
* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
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