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NÚMERO
66 - DICIEMBRE 2008
Bolivia
Los vaivenes de una revolución en marcha
Desde La Paz, donde hoy reside, un periodista amigo de La Pulseada traza un panorama actualizado del proceso de cambio que encabeza Evo Morales y recoge las opiniones de cuatro destacadas figuras de la vida boliviana.
Por Ernesto Filosso
Edición: Carlos Gassmann
Bolivia, para decirlo en versos de Sabina, se encuentra a mitad de camino entre el infierno y el cielo. El “empate catastrófico” en la legendaria disputa de indígenas y k’aras (blancos) que mantuvo paralizado al país durante añares, parece haberse inclinado ligeramente en favor de los primeros. Entre broncas, desencantos y esperanzas, asoma un país más justo e incluyente. Los “invisibles”, pobres de toda pobreza, que durante siglos vivieron a la intemperie, empiezan a tener un lugarcito bajo el sol de la república fundada por Bolívar.
El artífice de estas transformaciones es Evo Morales, un líder que pelea en varios cuadriláteros al mismo tiempo. Enfrenta casi a diario a sus rivales, ya se trate de políticos, empresarios o periodistas. En ocasiones se cruza con ministros o presidentes de otros países. No pide ni da tregua. Es incapaz de poner las manos al fuego por nadie porque sabe bien que la política es un teatro de sombras.
La movilización permanente es uno de los rasgos singulares de la llamada “Revolución Democrática y Cultural” que se está gestando. Para materializar el proyecto, “el Evo”, según sus escuderos, cuenta con el respaldo del Movimiento al Socialismo (MAS), un frente heterogéneo donde conviven, no siempre en armonía, indígenas, campesinos, obreros, estudiantes e intelectuales de varias tendencias. Los hay progresistas, independientes, de todas las izquierda y hasta desencantados de ellas.
En este país el escenario de las disputas es la calle. Antes fueron ocupadas por mineros y ahora por los movimientos sociales. La política no se hace en (ni para) la televisión, sino al aire libre y a golpes de marchas, bloqueos o paros. El presidente, un sindicalista cocalero experimentado, conoce mucho de estas prácticas.
Fastidiadas con los nuevos invitados, las clases altas -sobre todo las viejas oligarquías del oriente- escupen fuego, como dragones de cuentos. Más allá de las excusas -cargan las tintas sobre reiteradas transgresiones a formalidades jurídicas- no soportan que un indio las gobierne. Mientras tanto, desde las orillas del camino, una clase media flaca (con mestizos incluidos) contempla azorada los vaivenes de una lucha donde sus propios intereses –educación, salud, servicios, consumo- no figuran.
La vieja derecha está en retirada. A sus principales dirigentes les cuesta admitir que el poder se les haya escurrido entre los dedos, sobre todo desde que comenzara el inexorable declive de sus principales armados políticos: el Consejo Nacional Democrático (CONALDE), creado en 2007 y en vías de extinción, y el grupo de la llamada “media luna”, una alianza de las prefecturas (gobernaciones) de Santa Cruz, Pando, Tarija, Beni y Cochabamba, asociadas con los Comités Cívicos regionales, controlados mayoritariamente por grandes mercaderes.
Últimamente se respira un clima de intolerancia. Un explosivo estalló en una vivienda contigua a la del Fiscal General de la Nación, Mario Uribe Meléndrez. Casi en forma coincidente, en la rica y díscola Santa Cruz de la Sierra, el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, general Luis Trigo, fue agredido en un restaurante. Los comensales lo silbaron y lo llamaron “asesino”. Salvador Ric, un millonario que en su momento integró el elenco ministerial de Morales, también las pasó negras en un café de esa ciudad, cuna de la Unión Juvenil Cruceñista, un grupo de choque de rasgos “fascitoides” financiado por la oligarquía local para perpetrar fraudes, golpear “collas”, ocupar dependencias estatales y provocar saqueos. Nada nuevo. Los evistas no ignoran que para comer tortilla tendrán que romper muchos huevos.
El malestar, sobre todo en Santa Cruz, tiene relación estrecha con el estado de sitio decretado por el gobierno en el departamento de Pando, aliado de los cruceños en la cruzada autonómica (o separatista o golpista) y enemigo jurado del poder central. En Pando, en septiembre pasado, cuando aún gobernaba el prefecto Leopoldo Fernández, se produjo una brutal matanza de campesinos (18 en total). A causa de este gravísimo episodio, el mandatario regional fue detenido y permanece en una cárcel de La Paz. Varios de sus colaboradores, acusados de delitos graves, corrieron la misma suerte.
Los rivales del gobierno siembran dudas respecto del genocidio denunciado. Para ellos, fue un enfrentamiento entre grupos rivales, razón por la cual -aseguran- se manipularon testimonios y pruebas, incluyendo el audio de un video esgrimido como “testigo” de los crímenes. También han reprochado la aparente utilización de policías de civil y encapuchados para capturar a los presuntos responsables de la masacre. Las protestas en torno de estos operativos aluden a la falta de mandato judicial, horarios inusuales, violencia y traslados secretos a dependencias de organismos de seguridad o militares cercanos a la ciudad capital.
En el medio de tamaña discordia y mientras todos buscan la versión original de la filmación donde aparecen varias personas cruzando un río, en medio de gritos y disparos, los amantes del purismo jurídico -con muchos minutos de micrófono y cámara- han explicado que la Fiscalía fue separada de la investigación y que el gobierno ha hecho caso omiso de un habeas corpus presentado por la defensa del prefecto. Conclusión inmediata: serio conflicto entre el Poder Ejecutivo y el Judicial. Las amenazas de juicios circulan como rayos en los cielos de La Paz y Sucre, sede de la administración de justicia.
Para esclarecer el caso se formaron varias comisiones investigadoras. La de mayor relieve y profesionalidad pertenece a la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), dirigida por el prestigioso jurista argentino Rodolfo Matarollo e integrado por representantes de casi todos los países que componen el bloque. El responsable del grupo sostuvo que hubo una masacre y prometió un informe ecuánime de lo acontecido. El texto será entregado a la presidente temporal de la UNASUR, Michelle Bachelet. Luego comenzará a circular entre los países miembros y, finalmente, llegará a manos de las autoridades bolivianas.
El retroceso de la Bolivia conservadora no fue azaroso. Empezó cuando un grupo de dirigentes y legisladores de sus propias entrañas, temerosos de una impresionante marcha de indígenas y campesinos hacia la capital, decidió negociar con el gobierno la redacción de una nueva Constitución Política del Estado. El texto fue bendecido en el Congreso Nacional y será sometido a un referendo en enero del año próximo.
Para lograr consenso todos debieron ceder un poco. El gobierno redujo los alcances de la prometida reforma agraria. Sus adversarios, en particular los caciques regionales, aceptaron poner límites a sus demandas autonómicas. En la práctica, se modificaron más de un centenar de artículos de la versión original, aprobada en Oruro y sólo con la presencia de delegados oficialistas. Por cierto, el acuerdo se hizo a espaldas de la Asamblea Constituyente, el único órgano autorizado para modificar la letra constitucional. El pacto dejó heridos en el camino. Pero era necesario destrabar las negociaciones y, en un gesto de dudosa legalidad, oficialista y opositores tomaron el único atajo posible.
El país tiene por delante un año difícil. Los sacudones económicos han provocando alarma entre el empresariado, siempre propenso a vaticinar ajustes, desempleo y quebrantos. El gobierno ha negado que puedan producirse complicaciones serias en lo inmediato y descartó que el reciente cambio del presidente del Banco Central tenga relación con aquellas inquietudes. Las autoridades han explicado que la pérdida de las preferencias arancelarias de Estados Unidos será compensada con nuevos mercados, como Venezuela, México, Brasil, Rusia e Irán.
Los empresarios entienden que, por efecto de la crisis financiera en el mundo desarrollado, se acentuará el derrumbe de los comodities y otras materias primas exportables, entre las que figuran el gas natural y el petróleo. La misma suerte auguran al zinc y otros minerales cuyos precios internacionales vienen cayendo en picada. Habrá, pues, menos dinero para invertir en obras e iniciativas comunitarias. Además se calcula que disminuirán las remesas de euros o dólares que los inmigrantes envían a sus familiares. Lo cual no es poco decir, ya que los fondos del exterior se cuentan entre los principales ingresos del país.
Las relaciones diplomáticas con Estados Unidos están virtualmente rotas. Se espera que la presencia de Obama en la Casa Blanca calme los ánimos. Las diferencias entre ambos países han sido muchas desde el comienzo de la gestión de Morales, pero fueron agravándose. Evo acusó a EE.UU. de meter las narices en cuestiones internas a través de organismos como USAID que, en lugar de cumplir su misión -contribuir al desarrollo del país- fogoneaba a sus adversarios, responsables de un fallido golpe cívico-prefectural. Al margen de la veracidad de los dichos, es indudable que la embestida contra el gobierno central fue intensa durante septiembre y octubre.
Fue así que la administración boliviana expulsó al embajador Goldberg -los norteamericanos devolvieron la cortesía-, y, más recientemente, a la Agencia Antidrogas Estadounidense (DEA), también sospechada de actividades conspirativas. El gobierno no presentó pruebas contundentes al respecto, pero los antecedentes de larga data del vecino más grandote autorizan a darle crédito a la versión oficial.
En definitiva, desde que asumió la presidencia Morales, en enero de 2006 y luego de un triunfo electoral contundente, el país vive en estado de zozobra. El sistema democrático ha caminado por el borde de la cornisa en múltiples ocasiones, sobre todo cuando los intereses de las “dos bolivias” estuvieron a punto de saldarse a balazos. Algo que, por fortuna o por milagro, finalmente no ocurrió.
La experiencia boliviana no se adecua a los cánones de la izquierda tradicional ni a las exigencias de las progresías ilustradas. No es compatible con las democracias liberales o burguesas, y tampoco con las directas, más simples que las anteriores. Entre ingenuidades y picardías, incluidas ciertas agachadas y negociaciones con personajes impresentables, la Revolución Cultural y Democrática del MAS no se detiene. Al margen de ocasionales vacilaciones o titubeos, sigue avanzando.
Cuatro miradas desde adentro
Antonio Peredo fue uno de los fundadores del Partido Comunista Boliviano en 1951. Sus hermanos Inti, Coco y Chato formaron parte de la guerrilla del Che. Sucesivas dictaduras lo obligaron al exilio en Chile, México y Nicaragua. Durante el régimen de Banzer permaneció dos años preso. En 2002 Evo Morales lo invitó a participar de la fórmula presidencial y actualmente es senador por el MAS.
Delia Cortez Flores posee una extensa trayectoria de lucha política y por los derechos humanos. Exiliada en La Plata durante la dictadura de Banzer, sobrevivió vendiendo galletitas en la feria o como empleada. Preside la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos (ASOMFAMD).
Loyola Guzmán Lara también integró la guerrilla del Che. Estuvo detenida entre 1967 y 1970 y luego se exilió en Chile y Cuba. Regresó, fue nuevamente encarcelada y se vio obligada a salir nuevamente del país durante las dictaduras de Banzer y García Meza. Desde hace veinte años trabaja en ASOMFAMD, que la cuenta entre sus fundadores, e integra la Federación Latinoamericana de Familiares de Desaparecidos.
Víctor Hugo Cárdenas es de origen aymara. Es doctor en Educación, docente de FLACSO y profesor de los institutos del Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo. En los ’70 se conectó con el movimiento indígena encabezado por Genaro Flores, fue diputado entre 1985 y 1989 y vicepresidente de la República durante la gestión de Gonzalo Sánchez de Lozada.
Los cuatro, por separado, respondieron al siguiente cuestionario:
-¿Cuáles son los rasgos salientes en la personalidad de Evo Morales?
A.P.: -Lo conocí a principios de los ´90 cuando despuntaba como dirigente sindical de los cocaleros. Mantuvimos una relación de amistad durante esa década. Es un hombre tremendamente intuitivo, muy alegre y muy tímido. Su timidez, a veces, se confunde con hosquedad. Tiene una gran calidad humana y sabe valorar a la gente. Su mayor virtud es su intuición política. Su mayor defecto, también. Virtud, porque sabe con exactitud cuál es la mejor acción en cada momento. Defecto, porque eso mismo le impide proyectar a más largo plazo. Como conoce esa limitación, se rodea de gente que lo ayuda a tener una perspectiva mayor que la intuición del instante.
D.C.F.: -Supe de su trayectoria como sindicalista y de sus luchas posteriores hasta llegar a la presidencia. Tuve ocasión de tratarlo personalmente. Tenía una impresión del dirigente cocalero y del militante, pero cuando el trato es personal las cosas cambian. Me pareció un hombre sencillo, simple y abierto. Nunca adoptó poses, aunque sabía que iba a ser presidente. Su mayor virtud es reconocerse en su pueblo y sentirse parte de él. Sabe que es indio y no le molesta reconocerlo. Como todos los gobernantes, corre riesgos de dejarse cegar por el poder.
L.G.L.: -Lo conocí entre 1986 y 1987, cuando se produjo una masacre en Parotani. Después se transformó en un dirigente importante de las cuatro Federaciones de Cocaleros del trópico. Lo apoyamos cuando trataron de proponerlo para premio Nobel. No he tenido muchas oportunidades de estar con él cara a cara. Siempre lo traté en reuniones grupales. Me pareció un dirigente interesado en temas sociales, con ganas de conocer otras experiencias y aprender. Ni tímido ni audaz, a mitad de camino. Su mayor mérito ha sido la persistencia en una lucha sindical que después se transformó en política. Me invitó para que lo acompañara como candidata a la vicepresidencia. Es un hombre que, en apariencia, escucha. Pero cuando tiene idea formada sobre un tema, la impone al margen de las opiniones de otros.
V.H.C.: -Lo conozco desde que asistía a los cursos de capacitación de la Federación Campesina que yo dirigía durante las décadas del ´70 y ´80. La mayoría de esos cursillos se impartían en lenguas autóctonas y me llamó la atención que Evo se sintiera incómodo porque no dominaba ninguna lengua nativa. Sólo conocía el castellano e insistía en que enseñáramos en ese idioma. Era un dirigente muy activo, cordial, capaz de ganarse rápidamente la confianza de sus representados. Un detalle interesante: como en la concepción indígena los solteros no pueden gestionar a nivel público, debió hacer algunas tretas para escalar posiciones en su gremio. La matriz indígena aymara reserva los cargos para los casados, a partir de una idea simple: hay que mostrar que se es capaz de administrar una casa antes de asumir compromisos mayores. Para los aymaras, los solteros son seres humanos por la mitad. Cuando se casan, la mujer los completa. En lo personal no lo conozco mucho. Como dirigente, lo recuerdo práctico, hábil, astuto, polemista apasionado. Es un individuo conflictivo. Tiene disposición a buscar el conflicto antes que las soluciones. La capacidad combativa es su mayor virtud.
-Al gobierno le atribuyen rasgos socialistas, nacionalistas, indigenistas. ¿Puede definirlo?
A.P.: -La estructura social ha cambiado y eso exige nuevas formas de acción. Los esquemas de las décadas del ´60 o ´70 han perdido vigencia. Se impone una visión distinta que debe provenir de nuestra concepción originaria. No podemos vivir de acuerdo a conceptos individualistas importados de Europa. En la concepción andina, venimos de un conjunto y, como individuos, no podemos separarnos. No deja de haber coincidencias con la doctrina del materialismo histórico. Una evidencia es que hemos incorporado al Che Guevara entre nuestros héroes.
D.C.F.: -Es una combinación de diversas corrientes. No es marxista. Netamente indigenista, tampoco. Por ahí puede haber algo de socialismo utópico o comunitario. Estamos frente a algo nuevo. La izquierda tradicional no puede entenderlo porque no encaja en sus esquemas Debemos acercarnos y tratar de comprender. Mucha gente no lo acepta. Yo, en cambio, sin renunciar a mis principios, sí.
L.G.L.: -No hay ninguna revolución socialista en este país. El MAS es demasiado heterogéneo y eso le impide trazar un rumbo claro. De todos modos, es el único instrumento político organizado, ya que la izquierda no ha tenido capacidad para construir un frente alternativo. Me parece que Evo ha tenido que ponerse el poncho del indigenismo. Pero los principales espacios del gobierno se encuentran en manos de dirigentes de sindicatos que ahora se denominan movimientos sociales. Todavía no se puede ver con claridad el camino elegido. Desde agosto de 2006 hemos estado con la cortina de humo de la Asamblea Constituyente que ha tapado otros asuntos políticos y sociales.
V.H.C.: -En todos los casos, pretendidamente. Nunca llega. Es un gobierno marxista, pero no se concreta como tal y sólo queda en enunciados. Es un gobierno socialista, si nos atenemos a sus proclamas, pero tiene una política económica idéntica a la de gobiernos anteriores. Es un gobierno que busca la soberanía nacional frente a la influencia norteamericana, pero reproduce conductas dependientes en relación con Venezuela. Veo un discurso socialista o nacionalista y unas prácticas que van en sentido contrario. Dice una cosa y hace otra. Tienen doble moral.
-¿Cuáles son los mayores aciertos y errores de la gestión?
A.P.: -La nacionalización de los hidrocarburos y, aunque se trata de donaciones, el bono Juancito Pinto y la Renta Dignidad, que han hecho llegar recursos directamente a la gente. Los peores errores fueron no haber preparado con tiempo la Asamblea Constituyente y haberse opuesto inicialmente a las autonomías.
D.C.F.: -El acierto más importante han sido las nacionalizaciones. Ahora tenemos por delante el tema de la tierra, en el que fue necesario ceder bastante. La derecha no dialogaba y sólo quería imponer posiciones. Entre lo negativo, quedan prácticas anteriores de sindicatos y partidos políticos que tendrán que ir desapareciendo. A casi tres años de gobierno, sigue faltando un partido o movimiento. Y cabe preguntarse si es posible una transformación profunda del país sin un instrumento político adecuado.
L.G.L.: -Aciertos, la salud y la educación, que se están llevando adelante con la colaboración de Cuba. La campaña de alfabetización es un buen trabajo, hecho con la cooperación cubano-venezolana. Son temas importantes que han pasado casi inadvertidos. Un error serio fue hacerle creer a la gente que la Asamblea Constituyente era soberana. En la práctica, técnica y legalmente, era derivada. La postura ambigua sobre las autonomías es otro de los desaciertos. Negarlas al principio y al final plantear cinco tipos, no ha sido coherente. El tema económico también gravita. No se han hecho verdaderas nacionalizaciones, sino adecuación de contratos. En síntesis, el gobierno debe diferenciarse de los anteriores de un modo categórico porque fue votado para realizar un cambio profundo. Debe decir la verdad. No mentir.
V.H.C.: -Fue un acierto haberse subido, aunque de manera oportunista, a la ola popular indígena que comenzó en los ´70. Evo tenía un discurso sindicalista y de la izquierda tradicional pero, por razones de marketing electoral, construyó, después de 2000, un liderazgo indígena. También fue un mérito criticar al sistema político tradicional que prometía ampliar la democracia cuando, en la práctica, la restringía. Como fue acertado su coqueteo con una nueva forma de manejar los recursos naturales y sus formulaciones acerca del desarrollo sustentable y el cambio climático. Entre los errores está primero una excesiva ideologización, con un marxismo anacrónico, como si el Muro de Berlín no se hubiese caído. También haber desarrollado un programa de nacionalizaciones bastante demagógico, puesto que apenas ha modificado el tipo de contratos. Bolivia se ha convertido, de productor y exportador de gas, en importador. Y otro error es haber promovido un discurso étnico-indígena sin sentirlo. Es pura manipulación, porque no hay verdaderas políticas que beneficien a los sectores originarios, que son usados como grupos de choque. El gobierno no tiene rumbo. Sobrevive por el alto precio de los comodities, que ahora están en declinación y amenazan con poner todo en riesgo.
-¿Qué importancia le otorga a la Constitución aprobada en el Parlamento?
A.P.: -No cumple con todas nuestras expectativas, tiene lagunas importantes, pero es muy avanzada respecto de la vigente. Aún así, resulta insuficiente. La justicia comunitaria, por ejemplo, está reconocida como si se tratara de un sector minoritario de la población, cuando los pueblos indígenas son mayoría. Lo importante es que las transformaciones están en marcha y se irán profundizando.
D.C.F.: -Cuando lea con detenimiento las últimas modificaciones podré opinar. Nosotros trabajamos en la Asamblea Constituyente en asuntos vinculados con los derechos humanos. Ahora debemos lograr que se incorporen al Código Penal los crímenes de lesa humanidad. Tenemos pendiente el esclarecimiento de muchos asesinatos cometidos por las dictaduras, no sólo en perjuicio de bolivianos, sino también de compañeros argentinos, peruanos y chilenos.
L.G.L.: -No satisface las demandas de la población. La Asamblea Constituyente tenía que encarar una reforma profunda del Estado mediante un pacto social amplio. No lo logró. Se perdieron seis meses tratando de definir el reglamento. Ahora tenemos por delante un referendo. Creo que al final se ha admitido que existen una derecha conservadora y otros sectores políticos que deben ser escuchados. El acuerdo final se logró en el Congreso. No ha sido el mejor camino. Podría haberse llamado a la Asamblea Constituyente para que diera su aprobación y terminara su gestión más dignamente. Ahora sólo queda que cada boliviano lea la Constitución, artículo por artículo, analice y decida.
V.H.C.: -A mis estudiantes les pongo a Bolivia como ejemplo de cómo no debe hacerse una nueva constitución. El gobierno quiso imponer un proyecto y tropezó con fuerzas decididas a bloquearlo. El MAS no llevó ideas claras de Estado, sociedad o país. El número de congresales (255) fue excesivo, en comparación con los de Ecuador (100) y otros países. Las visiones expuestas en Sucre no han recogido el sentimiento popular. Hubo una excesiva injerencia de ONG´s y grupos externos. Eso desnaturalizó el objetivo de sellar la unidad del país. Lo único que se logró fue dividir a los bolivianos.
-¿Puede definir el papel jugado por los medios?
A.P.: -Ha sido nefasto, con individuos que incursionaron en política y después, durante el ciclo neoliberal, se transformaron en empresarios periodístico. Ahora emplean la prensa para defender sus negocios.
D.C.F.: -No sólo desde la asunción del nuevo gobierno, sino desde mucho antes, han jugado un rol nefasto, contrario al gobierno y en favor de grupos empresariales.
L.G.L.: -La información ha sido manipulada en contra de Evo Morales y el gobierno –es una de sus carencias- no ha tenido una política de comunicación inteligente.
V.H.C.: -Los medios, unos a favor del gobierno y otros de la oposición, son parte de la crisis. No han defendido seriamente los valores democráticos en riesgo. Tratan de sustituir el rol de los partidos políticos pero han perdido credibilidad social.
-¿Qué escenarios imagina a corto y mediano plazo?
A.P.: -Necesitamos tiempo para estructurar un programa sólido de desarrollo de una sociedad comunitaria, es decir, capaz de darle a cada boliviano salud, educación, trabajo, vivienda. En el corto plazo, debemos trabajar duramente en la industrialización de nuestras materias primas. Creo que se han agotado las alternativas de violencia organizada aunque puedan registrarse episodios esporádicos.
D.C.F.: -Imagino escenarios un poco más tranquilos de los que hemos vivido. Pero no mucho más. La derecha se está reorganizando con apoyo externo y si nosotros no hacemos lo mismo, podemos llevarnos una desagradable sorpresa.
L.G.L.: -Creo que se avecinan escenarios complicados. La oposición está por el suelo. Si durante la Asamblea Constituyente levantó vuelo fue por errores del MAS y no por méritos propios. Indignaba ver a individuos que habían estado con la dictadura de Banzer convertidos en defensores de la democracia. La derecha está arrinconada pero no vencida. Que se recupere depende de ellos y, sobre todo, de la gestión del gobierno. Si avanza con sus políticas transformadoras vencerá la resistencia de sus adversarios.
V.H.C.: -En una perspectiva optimista, gobierno y oposición logran un pacto que les permita un programa mínimo para enfrentar la crisis. Es difícil pero no imposible. El gobierno no tiene cuadros para afrontarla y necesita de los demás. Por estos días circula un refrán que dice que el oficialismo está mal y la oposición está peor. Todavía quedan recursos como para sortear la crisis. Las carencias podrían compensarse con ingresos del narcotráfico, ya que la superficie sembrada de coca se ha duplicado. En una perspectiva pesimista, el narcotráfico crece y destruye por dentro al gobierno, mientras la minería, el gas y los granos mantienen su bajón. Surgen problemas fiscales muy complicados. Entonces se plantearía un acortamiento de mandato o un adelanto electoral. La violencia tampoco es descartable. No en términos de guerra civil o secesión del país, sino con conflictos focalizados en zonas donde hay clara mayoría opositora.
* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
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