 |
NÚMERO
65 - NOVIEMBRE 2008
LA FE Y LA VIGENCIA DE CAJADE
Demasiadas cosas han ocurrido en el último mes. Los temas posibles para esta nota fueron sucediéndose vertiginosamente, todos urgentes, todos fundamentales.
* De pronto el capitalismo entró en el tembladeral. El universo de la economía, habituado a explicarse mediante la frialdad de las cifras, tuvo que recurrir a las metáforas: burbuja inmobiliaria, derrumbe bursátil, nueva depresión. Nadie ocultó el origen del cimbronazo: una ambición especulativa que produjo una estafa de dimensiones colosales. Ocurrió en la cabeza del imperio, pero gracias a la globalización tan ponderada, las consecuencias se sentirán en todo el mundo. Los líderes occidentales demostraron que son capaces de apartarse de todos sus dogmas, incluida la libertad de los mercados, si de lo que se trata es de seguir garantizando la acumulación del capital. Estatizaron las compañías en riesgo y nacionalizaron los bancos. Sacrificaron billones de dólares que jamás estuvieron ni estarán disponibles para terminar con el hambre. A todo eso lo llamaron salvataje. También Carlitos Cajade hablaba de desastres que obligan a tirar salvavidas mediante la asistencia mientras se da la pelea política de fondo para intentar parar la inundación. Difícil concebir dos salvatajes más distintos: uno desvelado por las víctimas del poder económico, otro dedicado a salvaguardar a los privilegiados.
* La muerte de Pedro Oyarse, de apenas 12 años, nos causó tanto dolor como indignación. Pedrito tenía doce hermanos y vivía en una casa muy humilde de Villa Argüello. El 15 de octubre, a la noche, mientras vendía flores en la esquina de 8 y 48, fue herido en el abdomen con el pico de una botella. Dos días después falleció. Según las crónicas, el agresor tendría 14 años e integraría la llamada banda de Plaza San Martín. Ese grupo de chicos abandonados a su suerte de los que muchos, incluida La Pulseada, venimos ocupándonos desde hace meses. Varios sectores sociales y distintos medios de comunicación volvieron a clamar por represión y a estigmatizar a la banda de la glorieta. Pocos, muy pocos, demasiado pocos dijeron que en esta terrible tragedia no había más que víctimas.
* Días después, en un asalto, un ingeniero fue muerto en San Isidro, presuntamente a manos de un “menor”. Como entre nosotros sigue habiendo argentinos de primera y de segunda, el caso de Pedrito fue rápidamente olvidado por la prensa, mientras periódicos, televisoras y radios se ocupaban con profusión del profesional fallecido y reiteraban las imágenes de los vecinos exigiendo seguridad. El 22 de octubre un diario platense decidió recordar mediante un suplemento especial a Carlitos Cajade. La Pulseadacolaboró arrimándoles fotos y testimonios. Entre otras palabras del cura, se incluyeron las siguientes: “No tenemos que cuidarnos de nuestra infancia sino que tenemos que cuidar a nuestra infancia. Si a los pibes los recibimos en el país del hambre, la desnutrición, el frío y la intemperie, ¿cómo pretendemos que nos traten cuando se hagan adolescentes? Sabemos que los niños se vuelven humanos en condiciones humanas y salvajes en condiciones salvajes. Da vergüenza que algunos propongan como solución bajar la edad de imputabilidad. Lo que tenemos que bajar es el riesgo que corre la vida de estos chicos. Para resolver nuestra seguridad tenemos primero que construir un país que garantice la seguridad de ellos”. Veinticuatro horas después, el principal titular de la tapa del mismo diario decía: “Scioli quiere bajar la imputabilidad a 14 años”. Desde La Pulseada hacemos otra propuesta: subir la imputabilidad de los funcionarios. Ya tienen la responsabilidad política por lo que pasa. Ahora hay que hacerlos penalmente responsables por el abandono y la muerte de cada pibe.
* Pero en medio de tanta bronca, dolor e indignación, siempre está la esperanza. Esa que mantienen viva las 300 personas que el 22 de octubre pasado participaron de la misa realizada en memoria de Carlitos Cajade. Dijo entonces Carlos Gómez, encargado de concelebrarla junto a Mario Ramírez: “Pasaron tres años de tu muerte y estás presente. Viviendo en la vida plena del cielo, seguís viviendo en la fe sencilla e inquebrantable de los que te conocimos. Fe en el Dios de la vida, que quiere juicio y castigo para los culpables de tantas muertes. Fe en que algún día terminaremos con el crimen del hambre. Fe en los pibes, los pobres y todas las víctimas que construyen un mundo nuevo. Fe en que algún día los salvatajes financieros ya no serán posibles, el sistema capitalista se derrumbará cual torre gemela y surgirá un sistema más comunitario y más fraterno, inspirado en el cristianismo de Jesús, el carpintero de Nazareth. La fe que vos, Carlos, tenías, y que te impulsó a cumplir con tu misión en esta vida. Han pasado tres años y muchas cosas. Pero esa fe sigue intacta, alimentando la soñadora esperanza y el tenaz amor traspasado de ternura”. Y también se leyó el texto del credo joven, escrito por Santiago Medina Busso, de 19 años, que dice así: “Creo en Dios, Padre de los olvidados, creador de la palabra y del grito / Y en Jesucristo, su hijo hecho hombre, que fue concebido en el vientre de una mujer pobre / Nació de Doña María, doblemente oprimida / Padeció bajo el poder de los que oprimen al pueblo / Fue secuestrado, torturado y asesinado / Descendió a los infiernos del hambre y la desocupación / Al tercer día, gritó de entre los silenciados / Hoy está entre nosotros, en cada lucha / Creo en el espíritu del pueblo / En la iglesia de los que luchan por la justicia / En la igualdad de los hombres / En la justicia del pueblo / En la insurrección de los oprimidos / Y en el fin de la explotación / Amén”.
¡Qué así sea!
* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
BAJAR
LA NOTA(12kb)
|