 |
NÚMERO
64 - OCTUBRE 2008
Fulanas Trío
De estar andando
Con su nuevo disco, “Azúcar de Caña”, Fulanas Trío ofrenda un repertorio latinoamericano nutrido por sonidos y ritmos que pasan del anonimato y el olvido a ser protagonistas auténticos de la canción popular. Como dicen ellas: “De melodías que hoy giran con aromas de la caña”.
Por Juan Manuel Mannarino
Quien conoce siquiera de oído el movimiento de la música folklórica en La Plata, sabe que todos los fines de semana encuentra entre diagonales y periferias un largo playón de peñas, conciertos y fiestas. Entre grupos salidos de la facultad de Bellas Artes, poetas sueltos, músicos autodidactas y formaciones sofisticadas, la palabra “folklore” pierde cualquier sentido de pieza de museo y se contagia de un color urbano inundado por matices provincianos, un cromatismo hecho de fragmentos culturales lejanos y cercanos, tan propios y tan ajenos.
Esa especie de versión chica de Buenos Aires que es La Plata, canta a los cuatro vientos una identidad que, alrededor del brote universitario, se emborracha de teatro en cada esquina, saborea del cine en pantallas alternativas, baila murga y folklore en las plazas y compone estrofas y letras en noches y amaneceres. En ese ambiente surgió en 2001 Fulanas Trío al compás de un estallido de la música popular arraigada en los ritmos y sonidos latinoamericanos, junto a Hierbacana, La Oveja Minga, Cuarto Elemento, La Trenza, Jíbaros, La Sonora y Banda Hermética, entre los grupos más interesantes del campo local.
Integrada por Vilma Wagner, Cecilia Picaroni y Silvina Cañoni, todas egresadas de la Facultad de Bellas Artes, Fulanas Trío es un grupo musical que interpreta la canción popular latinoamericana con una fuerte impronta vocal y rítmica. Ya desde su primer trabajo, “A desenmarañar” (2004), donde confluían composiciones de Nora Benaglia, Carlos Aguirre y melodías africanas, el trío femenino desplegaba un cuidado trabajo sobre los arreglos corales, como también una elaborada construcción de melodías cuyas rítmicas se apoyaban en el uso de instrumentos de percusión. Suerte de ejecutoras nómadas, cada Fulana es un arsenal móvil de cuerdas, semillas, maderas, teclas, parches y gargantas. A saber: Vilma Wagner toca el piano y canta pero también interpreta tambor de alambre, maracas, cajón peruano y cashishi; Silvina Cañoni mete voz, cencerro, congas, marímbula, bombo, chauchas, chekeré y melódica; y Cecilia Picaron, voz y guitarra, aunque eso no es todo: también ejecuta udu, caja chirlera, charango y triángulo.
Tras siete años de recorrer el país cabalgando en el fluir de encuentros musicales y culturales, actuando en Cosquín, Capital Federal, el interior de la provincia de Buenos Aires y un puñado de lugares en La Plata, Fulanas Trío presenta “Azúcar de Caña”, una apuesta radical sobre la canción latinoamericana, un clamor hacia el repertorio menos conocido de la composición popular, donde aparece como nunca el sello del trío: una interpretación rítmica singular, polifonía escurridiza de voces y sonidos en una obra que con cuerpo y rostro de mujer se expande en el rescate de la resistencia cultural, los paisajes del litoral, las historias anónimas y la letra de amores contrariados. En medio de giras y presentaciones, La Pulseada se filtró en el espacio doméstico de los ensayos y conversó con las Fulanas sobre música, política y sociedad.
-Pasaron cuatro años desde su primer disco. ¿Qué nuevas sonoridades trae “Azúcar de Caña”?
Silvina Cañoni: -Con nuestro primer material (“A desenmarañar”), dejamos en claro que nuestra identidad como trío era la elección de un repertorio de música popular arraigado en la canción, aunque también agregamos ritmos africanos y latinos que complementaban esa austeridad de forma que es la interpretación de una letra. Cada una de nosotras traía una trayectoria de cantar rock, estar en coros, integrar bandas instrumentales, así que nunca fue nuestra pretensión afincarnos sobre un estilo concreto de pensar la música popular. Tal es así que siempre nos interesó escuchar distintos sonidos étnicos y agruparnos con gente que simplemente sintiera lo que estaba tocando. Conectarse con algún ritual, cierta leyenda ancestral, y también abrir la cabeza a las apropiaciones que hacemos desde el presente. En este tiempo de estar juntas, ratificamos nuestra apuesta por el género de la canción popular aunque hoy por hoy nos sentimos más latinoamericanas. No es por moda ni por simple tradición. Para nosotras, reivindicar una composición y una letra que muchas veces está marginada por la industria discográfica, es una postura ideológica que tratamos de transmitir con los ritmos y los sonidos que agregamos con nuestra interpretación.
Cecilia Picaron: -Cuando nos juntamos teníamos un repertorio diverso, y vimos en él una forma de canalizar formas de exploración vocal que no encontrábamos en otro tipo de música. El nuevo disco refleja de qué modo nos relacionamos con la sociedad desde que empezamos a transmitir nuestra esencia como trío vocal. Estando en contacto directo con la realidad del país, con la idiosincrasia de cada región, somos parte de un circuito musical que es más rico y está más nutrido de historias que las que estamos acostumbrados a percibir. Y así nos encontramos con cuecas, zamacuecas, carnavalitos, chamarritas, marineras, candombes, zambas y una infinidad de ritmos y sonidos que nos constituyen como seres con una cultura propia que a su vez está minada por la influencia de otras culturas, como la europea y la identidad negra. En el primer disco iniciamos esa búsqueda cultural y en este nuevo material ratificamos nuestra identidad musical.
-En “Azúcar de Caña” aparecen compositores venezolanos, peruanos, uruguayos o argentinos que si bien son parte histórica de nuestro cancionero, están marginados de la cultura oficial. ¿Cómo es que llegaron a ellos y los combinaron en el repertorio del disco?
Cecilia: -No es que nos planteamos rescatar música para registrar las diversas culturas de manera sistemática. Fue una búsqueda artística intuitiva, movida por la curiosidad y con una fuerte impronta ideológica. Nuestra música se afirma cada vez más en el repertorio del folklore latinoamericano y la música argentina. Incorporamos música de Perú, Chile, Uruguay y continuamos con Venezuela, México y Argentina. Autores todos muy valiosos y quizás algunos no tan conocidos: Nora Benaglia y Hugo Nadalino, Ana Fernández y Juan Carlos Maddio, Juan de Dios Cabana, Linares Cardozo de Argentina y luego Violeta Parra de Chile, Berta Pereira de Uruguay, Daniel Escobar de Perú, Lila Downs, Paul Cohen y Armando Villareal de México, entre otros.
Silvina: -Toda música tiene su lenguaje propio, pero como la música es universal, uno puede tomar lo de otros y hacerlo propio. Cuando sabemos lo que dice la letra, cómo suena físicamente, de qué lugar geográfico proviene, se completa toda la imagen. Desde Fulanas Trío nos interesa dialogar con formas híbridas de nuestra música popular y en esa tarea desarrollamos una ardua investigación sobre cómo se une cada estrofa, cómo suena cada arreglo. Sin esa labor de hormiga, de militante cultural, no podríamos sentir lo que hacemos. Es una retroalimentación constante. Un año nos copamos con un ritmo, lo exploramos, hacemos nuestra versión pero enseguida descubrimos otro y así nos sigue quedando un gran territorio por descubrir, porque nuestra tierra latinoamericana es inmensamente fecunda.
-¿Cómo fue la producción integral de “Azúcar de caña”?
Cecilia: -Tuvimos dos etapas de producción técnica. La primera etapa de grabación fue realizada en Azul, en el Estudio “La Ventana”, junto al técnico de grabación Fernando Chiodi durante el verano de 2007. La segunda etapa incluyó la mezcla y la masterización del material y fue realizada en el Estudio “Sonosfera” de La Plata junto al técnico Juan Martín Albariño. Toda la producción artística estuvo a cargo nuestra y los arreglos vocales e instrumentales de todos los temas nos pertenecen, excepto uno que compartimos con Nora Benaglia (compositora y música platense residente desde hace varios años en Tilcara). El disco, a su vez, también tuvo el aporte de otra mucha gente como Silvina Valesini, una artista plástica de La Plata, cuya obra “Cañas” ilustra la tapa, y también la participación de Esteban Fernández en las fotos y Cristian Ladaga en el diseño gráfico.
Silvina: -Por otra parte, incluimos un par de invitados que para nosotras es un gran orgullo que hayan podido participar. Marcelo Chiodi, que es de Azul como Vilma y Cecilia, tocó la quena en el tema “La Jardinera”, de Violeta Parra. Contamos con la presencia de José Palomino Cortéz, quien puso la voz en el poema “Ritmos negros del Perú”, de Nicomedes Santa Cruz. Con José compartimos un espectáculo de música y poesía en la feria del Libro de Tandil, el año pasado. Combinamos la música y el recitado de poesía y salió bárbaro. Otro invitado estelar para nosotras fue Héctor Sánchez, periodista del programa “El patio trasero”, que se emite en la radio de las Madres de Plaza de Mayo. Héctor siempre se interesó por nuestra música y en el disco escribió un texto brillante sobre la historia de Digna Ochoa, una mujer violada y asesinada en México por defender sus derechos, que dio origen al tema “Dignificada” (ver recuadro).
-¿Con qué mensaje social y acción artística se identifican desde lo que hacen?
Cecilia: -En Fulanas hacemos todo a pulmón, no renegamos de subsidios estatales ni de apoyos privados pero sabemos que con el tipo de música que hacemos nunca vamos a llegar a profesionalizarnos como quisiéramos. Recibimos un subsidio de la Provincia para financiar una parte de la producción pero el resto es pura autogestión. Cada una de nosotras lleva a cabo, además de Fulanas, un trabajo como docente de la Facultad de Bellas Artes, dando clases particulares, tocando en otros proyectos. Es un poco desgastante. Crecimos un montón con Fulanas, nos sentimos cada día más profesionales con la evolución musical que estamos logrando… El nuevo disco nos gustó mucho. Como nosotras hay miles de solistas y grupos que suenan increíblemente bien y están allí, subsistiendo en los circuitos que todos creamos para que haya un intercambio artístico y una difusión de lo que hace cada uno en otras regiones. A nosotras nos estimula el hecho de viajar, de conocer otros mundos, salirnos de la ciudad y no etiquetarnos con una manera de hacer las cosas o pensar la música. Sentimos que allí está nuestra vitalidad: llevar nuestra música a un teatro del interior, tocar en un acto solidario, participar en un encuentro de música popular.
-Sin tener el paraguas de la industria musical, por otro lado se pueden tejer lazos sociales y humanos que quizás no estarían permitidos por aquel circuito.
Silvina: -Somos conscientes que en cada composición que elegimos y en cada interpretación musical que realizamos hay una profunda decisión política. Nuestra música popular es un canal infinito en el que se expresan con gran autenticidad un montón de voces, historias y sonidos que están excluidos de los medios de comunicación y de la cultura institucional. Como decía Cecilia, nuestra música no debe dejar un mensaje social sino más bien transmitir una sensibilidad, una emoción, un pensamiento. Fulanas Trío rescata desde la música el hecho básico de la comunicación, intercambiar relaciones con otros músicos y tener una fuerte inserción en la sociedad, construyendo redes sociales. Cuando nosotras tocamos para el Hogar de Cajade, en beneficio de un comedor popular o como colaboración a la lucha de algún colectivo cultural, allí sentimos que nuestro trabajo tiene un sentido social más que artístico. A eso apostamos.
Digna
“… desde México nos llega esta historia desgarradora, poética aún en su dolor, porque todavía nos duele la vida y la muerte de Digna Ochoa. El México profundo le dio argumento para ser abogada de pobres y de presos políticos. Digna Ochoa sabía que para defender a los desheredados de la tierra había que abrirle la boca al león, tantear sus dientes, y tratar de salir ilesa. La secuestraron, la violaron y la amenazaron de muerte porque molestaba al poder con su militancia. El león es un sanguinario/ en toda generación, canta desde el fondo de nuestra historia la gran Violeta Parra. Cuando la asesinaron, Digna tenía 37 años. Hoy vive Dignificada cada vez que esta cumbia y esta poesía nos penetra el corazón. La cantante y compositora Lila Downs nos hizo conocer esas llamas. Y las Fulanas Trío, ahora, siguen alimentando ese fuego”.
(Fragmento del texto de Héctor Sánchez incluido en “Azúcar de caña”)
Dignificada
(LilaDowns – PaulCohen - ArmandoVillareal)
Hay en la noche un grito y se escucha lejano
cuentan al sur, es la voz del silencio.
En este armario hay un gato encerrado
porque una mujer, porque una mujer defendió su derecho.
De la montaña se escucha la voz de un rayo,
es el relámpago claro de la verdad.
En esta vida santa que nadie perdona nada,
pero si una mujer, pero si una mujer pelea por su dignidad.
Ay morena, morenita mía,
no te olvidaré.
Te seguí los pasos niña
hasta llegar a la montaña,
y seguí la ruta de Dios,
que las ánimas acompañan.
volver
* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
BAJAR
LA NOTA(45kb)
|