NÚMERO 63 - SEPTIEMBRE 2008

En las sombras del odio

Carlitos Cajade decía, para darle sentido y destino a La Pulseada, que hay gente que vive “fabricando” un mundo de injusticias y desigualdades, y que hay otra, en cambio, que lucha para que la sociedad sea más humana, más solidaria, más de iguales… “Unos son mis enemigos y los otros mis amigos”, reseñaba.
En los últimos tiempos, hemos observado cierta reacción de los reaccionarios, cargada de odio, desprecio y violencia. Una especie de renacer agresivo de quienes no aceptan el concepto de igualdad, por el que tanta gente viene peleando.
Pueden tratarse de meras casualidades, o bien de una ofensiva violenta de la derecha, en correlato con las sensaciones mediáticas que quieren reinstalar la apologista de la dictadura Cecilia Pando o el gurú del primermundismo noventista, Domingo Cavallo.

Lo cierto es que, a dos años de la desaparición de Jorge Julio López, a quince desde que Rosa Bru comenzó a buscar a Miguel, duelen y causan horror algunos hechos que se han sucedido en preocupante cantidad.  

En el Chaco, un grupo de jóvenes de la clase alta golpea a latigazos desde las ventanillas de su 4 x 4 a trabajadores humildes que retornaban de sus tareas.
En nuestra ciudad, un grupo de desconocidos secuestra y tortura a Nahuel Pino, militante de la CTA que lucha por los derechos de los pueblos originarios.
En el conurbano, también secuestran a un pibe de la Escuela Pelota de Trapo y le advierten que “si siguen jodiendo en el Movimiento de los Chicos del Pueblo, les  vamos a destrozar todo”, como ya lo hicieron meses atrás con la imprenta de la organización.

En nuestra Plaza San Martín, 25 matones encontraron zona liberada para moler a palos a los chicos que duermen en las calles platenses, sobre quienes ya contamos en nuestro número anterior.

Las víctimas de estas “casualidades” se asemejan y mucho, a esa cruda descripción de la realidad que tiempo atrás hizo Joan Manuel Serrat, en su “Niño Silvestre”. Son habitantes de ese mundo de desiguales, por el que muchos enemigos de Carlitos trabajan ocultos en las sombras de “cualquier noche”:  

Hijo del cerro
presagio de mala muerte,
niño silvestre
que acechando la acera viene y va.
 
Niño de nadie
que buscándose la vida
desluce la avenida
y le da mala fama a la ciudad.
 
Recién nacido
con la inocencia amputada
que en la manada
redime su pecado de existir.
 
Niño sin niño
indefenso y asustado
que aprende a fuerza de palos
como las bestias a sobrevivir.
 
Niño silvestre
lustrabotas y ratero
se vende a piezas o entero,
como onza de chocolate.
 
Ronda la calle
mientras el día la ronde
que por la noche se esconde
para que no le maten.
 
Y si la suerte
por llamarlo de algún modo,
ahuyenta al lobo,
y le alarga la vida un poco más.
 
Si el pegamento
no le pudre los pulmones,
si escapa de los matones,
si sobrevive al látigo, quizás
 
llegue hasta viejo
entre cárceles y 'fierros'
sembrando el cerro
de más niños silvestres, al azar.
 
y cualquier noche
en un trabajo de limpieza
le vuele la cabeza
a alguno de ellos, sin pestañear.
 

 

volver


* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido, citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación a La Pulseada.

BAJAR LA NOTA(12kb)