 |
NÚMERO
61 - JULIO 2008
LOS PIBES DE LAS TABLAS
De qué mueren los chicos que no llegan a su primer cumpleaños y cómo sobreviven los más desamparados.
Por Josefina López Mac Kenzie
Mundos
En la Argentina hay cerca de 3 millones y medio de menores de 5 años, la edad más vulnerable de la vida, el tiempo en que los chicos absorben el remolino afectivo e intelectual que los hará crecer sanitos y vivarachos, felices y ombligos del mundo, como Anna, la hija de Erica y Alfredo, que vive con los cachetes encendidos de tanto reírse.
Pero para muchos nenes, los primeros años fluyen como horas desangeladas en las que aprenden, más rápido que la tabla del 2, que han nacido en un mundo injusto donde no siempre habrá estímulos que amortigüen sus dilatadas horas. Como Rocío, la nena de una vendedora callejera del centro platense, que pasa hasta 12 horas diarias dentro de un cajoncito de manzanas sobre la vereda, haciéndole el aguante a su mamá. Rocío nació este año; es buenísima, estoica como un granadero y valiente como una mujer, y cuando crezca será más hermosa. Y contará con una ¿ventaja?: ya sabrá demasiadas cosas del mundo que la verá florecer.
Angelitos negros
En muchos pueblos del norte argentino, cuando muere un bebé suele decirse que “se ha ido un angelito”. Entonces se hacen velorios -los peores velorios- a los que todo el mundo va de blanco; y se colocan en las rutas pequeñas cruces en homenaje a los angelitos, que se van del pueblo hacia “las barriadas del cielo”, como dice la canción de Los Olimareños.
Argentina tiene hoy una tasa de mortalidad infantil de 12,6 por cada mil recién nacidos vivos. Esto quiere decir que, por cada mil chicos que nacen en el país, mueren “12,6” bebés menores de un año. Como muestra la información oficial, el indicador viene descendiendo sostenidamente: en 1985 era de 25,8 por mil; en 1990, de 25,6; en 2001, de 16,3 y en 2005, de 13,3. Aunque se mantienen las desigualdades palmarias del país: Chaco, Corrientes, Formosa, Misiones, Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy, siempre han estado abrumadoramente peor -llegando incluso a rozar el número 30-, y lo siguen estando.
En el territorio bonaerense -donde vive casi un tercio de los chicos argentinos-, el indicador comenzó a trepar desde 2005, a contrapelo de las tendencias del país y del mundo, donde la tasa bruta viene cayendo, a caballo de los siglos, la lactancia materna, algunas drogas y tecnologías, y ciertas políticas públicas. Según las cifras más recientes difundidas por el ministerio de Salud de la Provincia, que hasta el año pasado conducía Claudio Mate y hoy tutela Claudio Zin, la tasa provincial creció en la última medición 1 punto: pasó de 12,5 en 2006 a 13,5 -tasa que supera a la media nacional- en 2007. En 2006 se murieron en Buenos Aires 3.280 bebés menores de 1 año y en 2007, 3.531, un aumento que ronda el 7,5%. O sea, se están yendo casi 10 angelitos por día.
La escalada bonaerense se registró en casi todas las regiones sanitarias. Aunque los mayores picos se dieron en la VII B y en la XI, así como en el resto del conurbano bonaerense, carozo de la mortalidad infantil. La región VII B (Gral. Las Heras, Gral. Rodríguez, Marcos Paz, Merlo, Luján y Moreno) tuvo una tasa de 13,1 en 2006, cuando se murieron 188 bebés menores de un año, y en 2007 la tasa trepó allí a 16: murieron 239 bebés. La región XI (La Plata, Berisso, Ensenada, Cañuelas, Castelli, Chascomús, Coronel Brandsen, Dolores, Gral. Belgrano, Gral. Paz, Magdalena, San Miguel del Monte, Pila, Presidente Perón –Guernica-, Punta Indio –Verónica-, San Vicente -A. Korn- y Tordillo) tuvo una tasa de 13,7 en 2006: murieron 284 bebés. En La Plata, las muertes fueron 159 ese año. Para 2007, la tasa se disparó a 15,6: murieron 324 nenes menores de 1 año en esta región, y en La Plata, las muertes sumaron 161 en el último año.
Uno de los distritos más preocupantes es La Matanza: murieron 310 bebés en 2006 y 345 en 2007. Y completan este podio de la vergüenza Lomas de Zamora, Quilmes, Almirante Brown, Florencio Varela, Morón, San Miguel, Hurlingham, San Isidro, Merlo, Morón y Avellaneda. En la región sanitaria VI (Lanús, Lomas, Quilmes, etc.), en 2006 murieron 862 menores de 1 año y en 2007, 951, una tasa de 14 cada mil.
Demasiados angelitos ni siquiera llegan a su primer cumpleaños.
Intersticios
Cuando se desgrana a la tasa de mortalidad infantil, asoma su talón de Aquiles: prácticamente el 60% de los angelitos se nos va por las llamadas muertes reducibles (muertes “cuya frecuencia podría disminuirse en función del conocimiento científico actual y por distintas acciones desarrolladas fundamentalmente a través de los servicios de salud”, según definen UNICEF y la Sociedad Argentina de Pediatría). Ejemplos de ellas son la prematurez, los trastornos respiratorios, el bajo peso al nacer y algunas infecciones. “Son causas relacionadas con el embarazo, las condiciones de salud de la madre, el parto y la atención del recién nacido”, apunta la pediatra María Huerta, que se desempeña en centros de salud del conurbano bonaerense.
Mientras la mortalidad infantil bruta cayó a la mitad en 20 años, el porcentaje de las muertes evitables está congelado desde hace tiempo. El “Documento sobre la situación de salud en Argentina” del Ministerio de Salud y la Organización Panamericana de la Salud afirmaba en 2003: "En todas las provincias argentinas, por lo menos una de cada dos muertes de niños podría evitarse". Lo reconoce el ministerio de Salud y Ambiente de la Nación en su página web: “La mayor parte de estas muertes (la mortalidad infantil total) pueden evitarse con los recursos disponibles”. Y lo ratifican las “Bases del Plan Federal de Salud 2004-2007”, firmadas por el entonces presidente Néstor Kirchner. El documento acepta que “en la actualidad, 6 de cada 10 muertes de recién nacidos pueden evitarse con un buen control del embarazo, una atención adecuada del parto y diagnóstico y tratamiento precoz. En todas las provincias argentinas, por lo menos 1 de cada 2 muertes de niños son evitables”.
También están las muertes parcial o difícilmente reducibles (muertes que “en la actualidad son difíciles o imposibles de reducir con acciones sencillas”). En este grupo entran el sida y la muerte súbita. Pero también algunos tabúes: la desnutrición de proteínas, calorías y/o vitaminas, la desnutrición fetal, el crecimiento fetal lento y el bajo peso al nacer.
En las “Bases” del último Plan Federal de Salud puede leerse: “Los niños argentinos siguen muriendo por trastornos relacionados con la duración del embarazo, desnutrición y diarrea”. Aunque la información específica para estos ítems es de lo más hermética (ver Poca data), un caso extremo ocurrió en La Matanza: en el último trimestre de 2002, de los 6.900 bebés que llegaron al mundo, 1.600 estaban desnutridos. A mediados de los ‘90, un informe sobre salud materno-infantil elaborado en el hospital porteño Ramón Sardá señalaba: “Es llamativo que las muertes pordeficiencias de la nutrición desplacen a los tumores malignos como causa de muerte en Argentina”. En 2007, según la CICOP (el sindicato de profesionales de la Salud de la provincia de Buenos Aires), de las muertes de bebés registradas en la Provincia, 6 fueron por desnutrición.
Nuestros chicos también mueren de diarrea. “Los niños mal nutridos y nacidos en hogares con dificultades para el acceso al agua potable y sin desagües cloacales siempre se encuentran más expuestos a contraer enfermedades infecciosas, tales como diarreas o parasitosis, que en etapas tempranas son causales de muerte”, explica la pediatra Huerta. La pobreza y la indigencia, por supuesto, están en el humus de estos infames indicadores.
Al margen de la operación ideológica que encierran los conceptos de “imposibilidad” o “dificultad” aplicados a políticas sobre el acceso a la alimentación y a la salud, hay indicadores elocuentes (salvo que se sostenga que la desnutrición es hija de la falta de alimento para los chicos y no de su mala distribución). Y hay conceptos que son un salvavidas de plomo.
Mala vida
La pobreza los prefiere chicos. Los porcentajes de niños que sobreviven en la pobreza y en la indigencia son superiores a los de todos los demás grupos de edad. En el país, cerca del 55% de la población es pobre y cerca del 70% de los chicos es pobre (y aproximadamente la mitad de ellos es indigente). Y en las provincias del NEA y del NOA, cerca del 80% de los chicos es pobre.
La pobreza se cuela y se queda donde hay más chicos. Y es la causa estructural de la desnutrición. Y la desnutrición y la malnutrición tienen consecuencias nocivas en el corto y en el largo plazo. Y, aunque la desnutrición aguda es marginal con respecto a la población de chicos argentinos —y, en el grueso de los casos, no mata—, eclipsa la calidad de vida, junto con la malnutrición o “desnutrición oculta”, aquella producida por déficit de hierro, vitaminas, calcio y otros micronutrientes, y que puede retardar o alterar el desarrollo de manera irreversible. Esta desnutrición velada afecta en Argentina a 1 de cada 2 chicos de entre 6 meses y 2 años, según afirma Sergio Britos, investigador asociado del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (consultora de la OMS), en un informe de 2005 que agrega que el 25% de los niños argentinos tiene una ingesta de nutrientes deficitaria.
La última Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS), que pone la lupa sobre la población materno-infantil (mujeres de 10 a 49 años y niños menores de 6 años), ratifica la tendencia de los números anteriores y se convierte en una radiografía preocupante de éste, un grupo que representa el 41% de la población del país y es el más vulnerable, biológica y socialmente porque, además, aglutina la mayor cantidad de miembros en hogares pobres o indigentes. De acuerdo con el “Documento de resultados 2007”, el 10% de los chicos encuestados tiene baja talla para su edad (por retraso crónico de crecimiento) o bajo peso para su edad; el 34% de los chicos de la muestra tiene anemia (un déficit bioquímico que se da, sobre todo, en los bebés que rondan los 2 años de vida); y el 10% de los chicos estudiados es obeso, un fenómeno creciente asociado a la malnutrición que asoma, en especial, en chicos de hogares sin privaciones socioeconómicas del Gran Buenos Aires y la región Pampeana, pero también en chicos que reciben asistencia alimentaria típicamente pobre en calidad.
Sin dudas, el peor cimbronazo de esta foto nacional son las brechas. Los mundos. El 35% de los chicos que participaron de la ENNyS 2007 en todo el país vivía en hogares con necesidades básicas insatisfechas. Según la encuesta, los chicos de hogares con “privaciones socioeconómicas” -y, sobre todo, los del NEA y del NOA- tienen una talla mucho menor y presentan un peso muy inferior a los de sus pares. Y la prevalencia de baja talla en chicos de hogares indigentes es 6 (¡seis!) veces mayor a la de los chicos de hogares no pobres. Es que los chicos pobres del Norte tienen menores posibilidades que cualquier otro chico argentino de acceder a la salud y a la buena alimentación.
La pobreza también engorda la brecha educativa: según un informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, a 35 de cada 100 pibes argentinos que sí lograron cumplir 1, 2, 3, 4 o 5 años, jamás les contaron un cuento.
Mundos.
POCA DATA
El Plan Federal de Salud del Estado, financiado por el Banco Mundial desde 2004, plantea entre sus objetivos neurálgicos la reducción de la mortalidad infantil. Este programa reconoce que existe un déficit de “información precisa, válida y actualizada que permita dar cuenta de la magnitud de los problemas, su distribución geográfica, por edad u otra condición relevante”, que evalúa como una cuestión “de suma importancia en el momento de definir acciones”.
En La Plata tampoco abunda la información. La introducción a En los márgenes. Estudio de la población en riesgo social del partido de La Plata, un diagnóstico regional sobre condiciones de vida encargado por el ex intendente Julio Alak allá por el año 2000, detallaba que el “ítem salud” se había concentrado en discapacidad y desnutrición. Pero aclaraba: “contamos con información para la primera de estas variables”. ¿Una casualidad? Por aquel entonces, más del 10% de los chicos de los barrios más pobres del Gran La Plata estaba desnutrido, había 120 comedores y 130 copas de leche.
MODELO PARA ARMAR
A fines del los ’90, cuando la situación socioeconómica en todo el país era imposible de gambetear, se hicieron diversos —y dispersos—relevamientos sobre el estado nutricional de los chicos de la región. Toda esa información no fue sistematizada por el Municipio de La Plata de modo que constituyera un buen diagnóstico, se difundiera y permitiera encarar soluciones.
Pero entre 1998 y 2005, los sondeos del Municipio y algunos hospitales y unidades sanitarias de la región dieron cuenta de que aproximadamente el 10% de los chicos de la periferia platense tenía algún déficit nutricional. En 2002, el entonces titular de la secretaría de Salud de la comuna, José Luis Mainetti, consideró “bajo” ese porcentaje. El 2 de abril de 2003 moría Alex Bazán que vivía en Melchor Romero y que tenía tan sólo 2 años. Ese mismo año, Julio Alak le decía al Concejo Deliberante que La Plata era una “ciudad modelo alimentaria”. Fue la misma semana en que otros dos chiquitos morían en la capital bonaerense, presuntamente por desnutrición. En 2005, el entonces secretario de Salud municipal, Sergio Del Prete, reconoció que el 9% de los chicos revisados en la periferia platense tenía “problemas nutricionales”, y el “Informe diagnóstico” del programa piloto de aplicación de los Objetivos del Milenio en La Plata arrojó, también, que más del 10% de los chicos censados estaba “en riesgo nutricional”.
METAS
La baja global en la cantidad de muertes infantiles de 20 millones en 1960 a 9,7 millones en 2006, es una gran noticia. Pero aún mueren en el mundo 27.000 menores de cinco años cada día por causas evitables. Y casi la mitad de las muertes de menores de 5 años en todo el mundo es por desnutrición. Y un millón y medio de chicos muere por diarrea.
En la Cumbre de 2000, los países que integran las Naciones Unidas aprobaron la “Declaración del Milenio”, un documento donde expresaban sus aspiraciones para éste, el siglo XXI. En ocho “objetivos del milenio” (ODM), se materializó el compromiso para con la paz y la dignidad humana.
En 2003, con Néstor Kirchner a cargo del gobierno, Argentina adaptó a su contexto local tales objetivos y metas internacionales. Dos de esos objetivos atañen sin tamices a la niñez: el primero, que promete “erradicar la indigencia y el hambre y reducir la pobreza a menos del 20%”. Y el quinto, que plantea “reducir en 75% la tasa de mortalidad de menores de 5 años y en un 20% la desigualdad entre provincias, entre 1990 y 2015”. Faltan 7 años para la meta. La Plata es uno de los tres municipios piloto donde se planificó instrumentar el proyecto de los ODM.
A LA HORA DEL JARDÍN
Argentina habría registrado entre 2003 y 2007 una crecida de la tasa de mortalidad en el grupo de los menores de hasta 5 años, que estaba controlado. La mortalidad en esta franja había descendido de 21 muertes cada mil recién nacidos vivos en el año 2000, a 16,8 en 2002 y 12,9 por mil en 2006. Pero el diario Crítica de la Argentina accedió a un adelanto de cifras de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud del Ministerio de Salud de la Nación que muestran un viraje en la tendencia: “Durante 2007 fallecieron 8.688 niños menores de 5 años, 152 más que los 8.536 registrados en 2006”, publicó el periódico. Se trataría de un aumento del 1,8% y la propensión de estos “informes preliminares” estaría dándose en todas las provincias del país, a excepción de Corrientes, Neuquén y la Ciudad de Buenos Aires.
En la edad preescolar (hasta los 5 años), la mayoría de las muertes es por causas externas (accidentes o violencia en general) o malformaciones. Pero las “deficiencias en la nutrición” son la sexta causa, y rondan el 4% del total de las muertes (aunque en años críticos como 1996 llegaron a arañar el 8%). Según la pediatra María Huerta, uno de los factores que más inciden en la cantidad de muertes a esta edad es que “la entrega de leche suele ser hasta los dos años, y la cobertura de la atención en general no pasa de esa edad”. Por diarreas, ocurre el 18% de las muertes infantiles del mundo y muere un promedio de 200 pibes de hasta 4 años en Argentina.
volver
* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
BAJAR
LA NOTA(80kb)
|