NÚMERO 60 - JUNIO 2008

Constructores de sueños posibles
Al cumplirse el 2 de mayo los 58 de Carlos Cajade, los miembros de la Obra decidimos recordarlo haciendo un poco de lo que él hacía en todo momento. Dar una mano al que lo necesita fue una buena manera de recorrer su mismo camino. Nos vestimos de albañiles o de pintores y salimos a mejorar algunas casas. Fue una jornada cargada de laburo colectivo y de mucho amor. De parte del que ponía el ladrillo y también de quien lo recibía. En el Hogar, nos juntamos para cantarle el feliz cumple a Carlitos, siempre presente, siempre vigente.

La mejor manera
El sábado, rondando las 9, fueron llegando a la Casa de Los Niños varios pibes del Hogar y los amigos que siempre se brindan desinteresadamente cuando hace falta una mano. Luego de degustar unos ricos mates  y bizcochitos –gentileza de la anfitriona Romina-, la trouppe se dividió en dos grupos.
El primero, a cargo de Gustavo Princi, se dirigió hacia 9 y 631, donde le hicieron el techo de machimbre y chapa a la casilla de una familia que diariamente concurre al comedor “Todo por los Niños”. Y mientras algunos voluntarios inexpertos se martillaban los dedos, varios vecinos se acercaron a ayudar al propietario a terminar el contrapiso de la vivienda.
El otro grupo, con el inefable Miguelito a la cabeza, partió hacia 3 entre 97 y 98, donde vive Verónica con sus tres hijitos. Allí se impermeabilizaron y pintaron las paredes de madera y se arreglaron algunas fisuras del techo con membranas. Entre pinceladas y mates, muchas risas…
Junto con Emanuel, también sobrino del cura, cargamos un poquito a Julio y Miguel por un reciente partido de fútbol en el que los Cajade nos tomamos revancha y derrotaron al equipo del Hogar con un aplastante 5 a 1 (si no lo incluía acá, en la Obra a Diario ya era tarde para publicarlo).
Tanta charla hizo que se repitieran las apariciones de Toto Zerbino para dar indicaciones técnicas, ya que los noveles trabajadores dejaban más pintura en sus ropas que en las paredes.
Cerca del mediodía, los dos grupos de trabajo se reunieron para almorzar en la Casa de los Bebés de 4 y 601. Ahí mismo -sanguchitos de por medio- se barnizaron las ventanas y se dio por finalizada la jornada, mientras los pibes todavía correteaban por los pasillos jugando a las escondidas.
En Chispita, en tanto, se recolectó ropa y abrigos de todo tipo para el frío que se demoró pero que vino. Y se eligió una casa de la zona para mejorar, pero finalmente se decidió aportar el dinero para poder hacerle el buen techo que le faltaba.
Sin duda, la mejor manera de recordar a Carlitos en su cumple era así: festejando con alegría, todos juntos, y de paso, dándole una mano a los que más la necesitan.
Daniel Cajade

Lentejas y dulce de leche
Además de trabajar, nos juntamos en el Hogar para compartir el cumple de Carlitos. Los pibes que allí viven y los que llegaron en micros desde las tres casas de día, más chicos del barrio, se desplegaron en las extensas mesas del salón multiuso-quincho-pista de baile-lugar de encuentro y guitarreada-y todo lo que tenga que ver con el encuentro colectivo, que firme y acogedor se levanta en el Hogar de 643.
La tremenda olla de guiso de lentejas aparecía como un ‘totem’ que presidía la ceremonia. No se escatimó en nada y el olorcito inundaba el ambiente. “Mirá que le sacamos platos y parecía que nada la hacía vaciarse”, dijo orgullosa una de las cocineras. Tony Fenoy, que iba por su tercer plato aprobaba la medición mientras su tenedor se movía a una increíble velocidad.
Con los pibes comiendo mucho y rápido, para luego poder corretear también mucho y rápido, los grandes aprovecharon para las charlas mezcladas con todos los elementos que tienen que ver con la marcha de los diversos emprendimientos. Buen clima, bien de cumpleaños, con sonrisas y gestos de camaradería sobrevolando el ambiente.
Ya con al tarde en pleno desarrollo, parecía que todo terminaba cuando apareció
Olguita con la torta, también enorme. Los pibes ya encaraban para los micros y Diego pegó el grito para avisar que todavía falta lo mejor. Y ‘las termitas’ avalaron la sugerencia, corrieron hacia el tesoro cargado de dulce de leche. Y arrasaron con el menú final, de acuerdo a lo que indicaban las circunstancias.
Todavía faltaba el instante más dulce que el que la misma torta proponía. Nacha y Lidia arremetieron con el ‘cumple feliz’ para Carlitos. O el “feliz, feliz en tu día…” que siempre viene después…Y allí estuvo…Presente, tierno, sonriente entre su piberío. Y también entre sus amigos, quienes, aunque grandecitos, no le escapaban a los ojos húmedos por el recuerdo dulzón.
La noche también sirvió para el festejo de otros ‘cumples’ simultáneos…Así, Tomás, Mara, Luisito y Pete tuvieron sus tirones de orejas.  Y los educadores y los distintos integrantes de la Obra el instante necesario para cargar pilas para la jornada de albañilería que se venía.
Y para que tartas y tortas mediante, sentir que cada 2 de mayo sigue cumpliendo años el mismo que los juntó a todos. 
Carlos Fanjul


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