NÚMERO 60 - JUNIO 2008

Lucas Chiappe: fotógrafo, escritor, periodista, brigadista voluntario, hippuche
¿Qué se quema cada vez que arden los Bosques del Sur?
En este año ahumado –por los fuegos litorales de fronteras agrícolas-, y ceniciento –por el volcán Chaitén-, ya parecen de antaño las imágenes que a fines de febrero los noticieros mostraban en demasía… Las de miles de hectáreas en pleno incendio en los Bosques del Sur. Sin embargo esas imágenes poco dimensionaron lo que, en verdad, se estaba quemando. Lucas Chiappe, sureño por elección, nos cuenta por qué eligió ese lugar en el mundo para vivir desde hace más de 30 años; qué batallas ha librado desde entonces; lo que perdemos con cada incendio en los bosques nativos Andino-Patagónicos; lo no dicho cuando sólo quedan cenizas de este incendio, opacado por tantos otros.
Por Verona Demaestri

“Hoy, la mayor parte de la vegetación de Epuyén se encuentra destruida por los incendios periódicos que la castigaron en distintas épocas. El hombre completó las destrucciones ocasionadas por el fuego entresacando los mejores cipreses (…).
En su estado actual las faldas están desnudas o cubiertas de rastros de incendios
y de fragmentos raros de bosques originarios”.
(1937. Informe de evaluación de Parques Nacionales para la creación de nuevos parques)

Por suerte, a pesar de este premonitorio informe de 1937, aún queda mucho bosque en Epuyén, quizás en parte porque también quedan muchos que pelean por él. Allí viven Lucas Chiappe y Jillian, su mujer de siempre. Desde hace 32 años viven en Epuyén, palabra que significa en mapuche “dos que van”. Allí fueron, pero no volvieron a irse a pesar de una historia de nomadismo a lo largo y ancho del mundo antes de haber llegado. Viven “cerca” -en términos lugareños- del Parque Nacional Los Alerces, Esquel, Trevelin… Esos lugares que hoy muestran nuevamente los canales de noticias, pero cubiertos por cenizas volcánicas porque despertó el Chaitén, tras miles de años.
Viven al Noroeste de la provincia de Chubut, Departamento de Cushamen, a 38 kilómetros del Paralelo 42, a 15 de la línea de aire de frontera con Chile, en territorio de los bosques del sur, de los nativos Andino-Patagónicos, o lo que queda de ellos pues el último febrero se incendiaron una vez más. Esos bosques son, para quien no conoce, como paraísos que existen y se recorren “en euros”.
“Esta zona se extiende desde la cordillera de los Andes hacia la meseta patagónica, y cubre un rango de altitud sobre el nivel del mar que va desde los 292 metros, hasta las cumbres de los cordones montañosos que la rodean de unos 2 mil metros. De las 80 mil hectáreas que abarca Epuyén, 33 mil corresponden a la cuenca del lago homónimo, 10 mil son ocupaciones agropecuarias y 42 mil son de propiedad de la ex Compañía de Tierras Sud Argentina, adquiridas por la familia Bennetton”, cuenta Lucas Chiappe, quien rescata la memoria del pueblo en su libro “Mari-Mari. Epuyén. Recuerdos de una comunidad a través de sus pobladores”.
En otro de sus libros, “Alma de Bosque” (del cual tomamos prestadas las fotografías para esta nota) Chiappe se autodefine: “Soy Fotógrafo de corazón, chacarero por placer, defensor de los bosques por vocación, padre por elección (de tres hijos: Surya, Nahuel y Rocío) y abuelo… ¿Cómo definir la jerarquía de estos roles en mi vida cuando uno es parte de todo eso y dependiendo de las circunstancias adopta alguno de los papeles? Entre todas esas etiquetas falta una que me tiene entusiasmado pero al borde del agotamiento: la de coordinador del Proyecto Lemu. Una ocupación surgida por la necesidad de enmarcar mi eco-activismo en el tema forestal, desde el mismo día que nos dejamos cautivar por la magia de los bosques nativos Andino-Patagónicos. Nací en 1950 en Buenos Aires, pero a los 20 decidí con Jillian peregrinar por el mundo. Y como ocurre con muchas búsquedas personales, terminamos encontrando este lugar en el mundo en el país donde habíamos nacido”.

“A veces, volver no es retroceder”
Así había dicho Chiappe en su chacra epuyenera “El Nagual”, cuando recordaba sus idas y vueltas. Y tenía razón. Habían vuelto a la Argentina.
A los 20, Lucas se embarcó en un viaje de varios años en una "escuela de la visa nómade" con su mujer Jillian. Fue durante una de las tantas dictaduras en nuestro país, a las que ambos le escapaban. Eran años de hippismo y decenas de actividades para vivir, hasta que Chiappe comenzó a trabajar como periodista y fotógrafo. Así arrancó, a través de Europa e India; visitaron los valles de Nepal, los desiertos afganos, las costas brasileras, y las praderas peruanas, hasta que finalmente llegaron a la Patagonia en 1976, donde tuvo“un amor a primera vista con los bosques”.
“Los primeros cuatro años que vivimos acá estábamos aislados; el camino por el que llegaste no existía. En el río Epuyén no había pasarela. Era eso lo que buscábamos. No había ni luz, ni radio, ni teléfono. Bolsón –la localidad “grande” más cercana- tenía 2 mil habitantes, hoy hay 30 mil”, sintetiza.
Por esas épocas dejó de ser hippie, para convertirse en hippuche (mitad hippie, mitad mapuche) como él dice: “Pues hicimos una hippuchada”.
En verdad fueron varias… Las hippuchadas fueron así:
Al año siguiente de haber llegado a esta chacra, desmontaron toda aquella ladera que está enfrente. Yo salía de noche a poner carteles: ‘Esto también desaparece’. A la mañana siguiente los sacaban y buscaban quién había sido. Eran épocas de desapariciones; me salvé entonces”.
Entre 1981 y 1986 se desempolvó un antiguo proyecto hidroeléctrico propuesto originalmente en el gobierno de Roca, y reflotado por la última dictadura, que pretendía la construcción de una represa por la cual se duplicaba el espejo de agua del lago en el Valle. La obra sería explotada por tres empresas: ADE, ItalConsult y Techint.
El proyecto, que pretendía aprovechar el desnivel de los lagos Epuyen y Puelo, de unos 100 metros, y perforar un cordón para “entubar el Río Epuyén” (el mismo que pasa por el “patio” de Chiappe en el que saltan las truchitas por la tarde, y debe atravesar para llegar a su cabaña), inundaría las 1200 hectáreas fértiles del Valle y sus bosques, la chacra de Lucas y del resto de epuyenses.
Con buenos reflejos, Epuyén se puso de pié y realizó la primera asamblea popular a la que asistieron 500 pobladores. Constituyeron la “Comisión de Defensa del Valle Epuyén” que fue perseguida por el Gobernador Viglione, pero no derrotada. Cinco años después, se “suspendieron los estudios por razones técnicas”. Habían ganado la primera batalla…

La Armada Brancaleone
Aprovechando el envión, formaron el “Frente de Epuyén”. “Lo del partido político fue una continuación directa de lo del dique. En Epuyén, en 1983, no pudimos votar. El verso oficial fue que no éramos suficientes electores, necesitábamos al menos 600. Entonces el gobernador de turno puso al intendente. Nos quedamos con una vena terrible”, gesticula Lucas, como quitándose 20 años de encima.
A partir de lo del dique teníamos la gente censada, sabíamos que éramos más de 600. Entonces hicimos una presentación al tribunal electoral para decirles que nos cagaron. Nos dieron la razón pero para que votásemos en el ‘87. La ecuación: Nos sacaron cuatro años de democracia. El candidato a intendente fue un hijo de una mapuche y un griego comunista exiliado… Así de loca pintaba la cosa”. El partido era una herramienta y “la campaña fue muy graciosa. Íbamos a caballo por el Valle, uno al lado del otro. Éramos seis, y cada uno tenía una letra del "FRENTE" pintada en el frente de su cara. Hicimos campaña puerta a puerta. Mucha gente empezó a decir: ‘bueno, hippies, mapuches, hippuches, no está tan mal la idea’. Dicho con todo el respeto del mundo, la que hicimos fue una ¡hippuchada!... Porque a esa elección la ganamos…

…Por dos votos”
Esa fue la mínima diferencia que les dio la victoria. Los cuatro años de gobierno del Frente de Epuyén fueron vertiginosos: Declararon "reforma agraria inmediata", según palabras de Lucas que entonces era el “asesor ambiental”. Epuyén fue el primer municipio del mundo en prohibir el uso de un gran número de peligrosos pesticidas (conocidos internacionalmente como "dirty dozen" y prohibidos por la OMS). Diseñaron un plan de desarrollo urbano y rural a largo plazo, crearon las primeras leyes para proteger las costas de los ríos locales, lagos y riachuelos. Se convirtieron en un oponente vigoroso de los basureros nucleares en Chubut y fue la primera municipalidad argentina en declararse zona libre de actividad nuclear. “Hasta trajimos un molino viejo de arroz, desde Santa Fe, pieza por pieza. Lo armamos ¡y hasta funcionó!”, ríe Lucas.
Luego la gobernación les dejó de mandar partidas presupuestarias con diversas excusas. Y terminaron perdiendo el municipio. “Entonces en los ’90 aproveché el envión que traíamos, y la asociación civil sin fines de lucro que habíamos formado, para armar los programas que llamamos Proyecto Lemu”. (Más información www.erasolorocanrol.com/lemu / mail: lemu@epuyen.net.ar)
Lemu, “bosque” en mapuche, edita la revista “Hoja X Hoja”, el calendario del Bosque Andino-Patagónico, los libros “En la Patagonia NO”, “Aves en el bosque nativo Andino-Patagónico”, “Cetáceos patagónicos”, “Árboles patagónicos”, “Aves patagónicas”, “Plantas nativas comestibles”, “Árboles y arbustos nativos”, “Mari-Mari. Epuyén. Recuerdos de una comunidad a través de sus pobladores”, “La Patagonia de pie. Ecología vs. Negociados- historia de 14 enfrentamientos ambientales desde el año 1981 (Dique Epuyén-Puelo) hasta el 2003 (Minería en Esquel y la Comarca)”; y “Bosques del Sur”, el último libro editado del cual incluimos un capítulo y la explicación de cómo llegó a La Pulseada.

Lo bello y lo triste
Hay lugares, más bien atmósferas, casi mundos que en la Comarca vibran su propia vibración en inmutable equilibrio. Mundos tan armónicos, que cualquiera se encuentra pidiendo permiso al entrarle. Somos nosotros los que perturbamos en esa ecuación que en la ciudad se invierte. Ciudad cuyos canales noticiosos intentan anunciar "salga sin sorpresas de su casa" –aunque ya no pueden: lo prueba el humo de los pastizales, el granizo, la ceniza volcánica, sólo este año-, en los que la sección que tiene cada vez más peso es la de los “partes”: meteorológico, de tránsito, de todo. Se empecinan en que ninguna variable perturbe lo planeado para el día, en anunciar lo imposible.
En los bosques del sur la naturaleza dispone recobrando equilibrios; esos que, cada vez con más frecuencia, se rompen. Lucas Chiappe sabe de los bosques: los narra, los retrata con sus Nikon D100 y F100 (tiene un ropero lleno de archivo fotográfico en ‘diapo’ ordenadas en "capitulitos", de un futuro libro fotográfico esperando financiamiento), los defiende con su brigada de delirantes que sale a apagarlos:
El 29 de febrero me llegó este mail suyo, que ilustra lo sucedido en los incendios del sur, como botón de muestra de tantos desastres repetidos: “En estos días (como durante todo este insólito verano de temperaturas altísimas en donde el Lago Epuyén llegó a tener una temperatura jamás registrada en sus aguas de 23,5º) no pudimos disfrutar a fondo de las condiciones meteorológicas fantásticas para el turista…Fue por los malditos fuegos que los parió, en un 100 % debido a causas humanas ‘intencionales’. Todas las semanas a los saltos: sólo en el Pedregoso hubo una seguidilla de cinco incendios sucesivos en distintos lugares, causados por distintos imbéciles, por distintas causas, el último de ellos milagrosamente detenido por el accionar de las brigadas oficiales muy bien entrenadas, y con el mínimo aporte de nuestro apoyo como la única brigada delirante de voluntarios del valle: Una docena de amigos y vecinos que acudimos entre los primeros por la facilidad para trasladar nuestros dos equipos de motobombas y mangueras, que al ser livianos, pequeños nos permiten un ataque temprano... y/o mucho más tarde una efectiva guardia de cenizas y extinción de focos aislados, dejados por los brigadistas para poner sus energías en nuevos frentes.-Tras arrasar con más de 6 mil hectáreas, la mayoría de bosques nativos- Hoy amaneció lloviendo: milagro por el cual puedo tomarme el tiempo para escribir, y enviarte un capítulo de Bosques del Sur, visto que el tiempo apremia, y los incendios continúan.
Lucas Chiappe, Epuyén, Chubut”

INFIERNO EN EL BOSQUE
del libro Bosques del Sur, Lucas Chiappe

"Para eliminar el riesgo de incendios forestales en la cordillera lo que hay que hacer es fomentar la industria forestal, porque si no explotamos a fondo los bosques, se prenden fuego”. (Raúl Giacone, ex ministro de la Producción del Chubut, el día de su asunción en enero de 2001)

“Con la respiración entrecortada y una sensación de ahogo en el pecho, la primera vez que me acerqué a un árbol en llamas no podía dominar un desborde de sentimientos contrapuestos: Por un lado la excitación producto del río de adrenalina que corría por mis venas, y por otro la angustia provocada por la impotencia de no poder ayudar a un ser que estaba quemándose vivo delante de mis ojos. La altísima temperatura del fuego te golpea la cara, mientras el espeso humo negro que se desprende de los árboles y los arbustos verdes se te hunde de a bocanadas en los pulmones. Los latigazos de vientos arremolinados que se levantan de cualquier lado, te lastiman el cuerpo, y amplifican el chillido de la savia y la resina hirviendo bajo las cortezas. Los pájaros que huyen despavoridos, el rugido de las hojas ardiendo todas juntas... el miedo y el coraje de un cazador que se enfrenta a un enorme dragón enfurecido, con un balde de agua en una mano y un machete en la otra.
Por más absurda y surrealista que parezca la escena, todos los que nos enfrentamos alguna vez a la fuerza desencadenada por un incendio forestal, vivimos en mayor o menor grado esa sensación de furia, desamparo y frustración, sobretodo cuando esa catástrofe es el producto del descuido o la perversa intencionalidad de otros seres humanos.

Última dictadura:
Me afinqué al valle de Epuyén en diciembre de 1976, dos años después tuve mi bautismo del fuego en un impresionante incendio forestal comenzado un 16 de enero, mientras unos lugareños preparaban un asado en un barrio cercano al Lago Epuyén. El incendio duró tres semanas, arrasó con la ladera norte del Cerro Epuyén y encaró hacia Cholila devorándolo todo a su paso. La "seca" duró casi 8 meses y provocó una ola de imparables incendios forestales en toda la cordillera.
Al año siguiente la deleznable "junta" militar en el poder decidió alquilar por dos temporadas un par de aviones hidrantes Canadair CL 215, y el resultado fue asombroso: sólo en la primera temporada "el equipo amarillo" de hidroaviones que tenía como base operativa el aeropuerto de Bariloche, apagó 106 focos de incendios, aprovechando su impresionante efectividad cuando intervienen durante la primera media hora de fuego (6000 litros cargados en 10 segundos en las aguas de cualquier lago de la zona). Sin embargo, siguiendo la costumbre de ese período nefasto de nuestra historia reciente, el contrato de alquiler no se cumplió como era debido y las enormes aeronaves no volvieron nunca más a cuidar de nuestros bosques. En su reemplazo apareció, junto con la democracia, un glorioso avión Catalina de los años '40, reformado en Chile para cargar agua en un tanque cisterna de 1500 litros. Varios años de insólitas y arriesgadísimas intervenciones, no siempre efectivas debido a la poca capacidad de carga, culminaron trágicamente con la muerte de uno de los pilotos, ahogado luego de una falla al descender en el Lago Gutiérrez.

1987:
Los incendios forestales en el N.O. de Chubut, Río Negro y Neuquén devoraron decenas de miles de hectáreas de bosques y la catástrofe de los Cerros Pirque y Currumahuida agitaron tanto el avispero de las noticias, que en una típica demostración de pánico, desorganización y voluntad política tardía, llegaron a la zona desde un Hércules C 130 cargado de palas mangueras y motobombas, hasta cuerpos de bomberos de varias localidades bonaerenses, helicópteros de Gendarmería, y toda la parafernalia de gorros y mochilas que, a esa altura de los acontecimientos, eran mucho más vistosos que eficaces. Efectivamente los incendios sólo pararon cuando cayó una lluvia providencial, precedida por cuatro horas de viento constante (con ráfagas de hasta 90 kms. por hora), que entre otras cosas arrasaron casi toda la ladera Este del Cerro Pirque (una cicatriz que aún hoy se puede apreciar en toda su dimensión en el valle de El Hoyo al transitar la Ruta 40).

Los ‘90:
En la primavera del '93 todos los habitantes de la comarca volvieron a comprobar la falta de previsión acostumbrada, que desembocó en el tristemente célebre incendio intencional del Mallín Ahogado (El Bolsón), que arrasó con 4 mil hectáreas más de ñirantales, cipresales, cercos, galpones y viviendas.
El verano del '96 también será recordado en las estadísticas como otro de los "hitos” de esta crónica de catástrofes periódicas en nuestra bio-región, mientras que en la temporada 1998-99 las hectáreas quemadas debido a la intensa sequía sumaron sólo en el Chubut más de 25 mil hectáreas, según estadísticas de la DGByP (estadísticas gravemente distorsionadas para "minimizarlas" debido a que surgen de mapas planos, que no calculan el relieve de la zona cordillerana).

S XXI:
El trágico listado sigue ininterrumpido en las temporadas del 2001-2002-2003 y sobrepasa los tintes políticos de las administraciones, mientras el N.O. del Chubut acumula un historial que llama la atención cuando se lo analiza minuciosamente: El total de estos incendios forestales ocurridos en Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, responden en un 100 % a causas humanas, habiéndose comprobado en el 96 % de los casos su intencionalidad (en Neuquén y Río Negro ese porcentaje baja al 93 % debido a incendios ocasionados por factores naturales como ser rayos y ocasionales tormentas eléctricas).
Las razones que se hallan en la base de estos actos vandálicos responden a múltiples causas:
Quemar para "abrir cancha" o sea para transformar bosques en campos de pastoreo de ganado o para la agricultura. Quemar para obtener luego un permiso de la Dirección de Bosques y extraer madera y leña. Animosidad hacia algún vecino... y otras causas tan absurdas como la eventual cosecha de hongos de alto precio de reventa (el hongo de Ciprés, Morel) o el reemplazo de bosque nativo por plantaciones de árboles de rápido crecimiento.

 

volver


* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido, citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación a La Pulseada.

BAJAR LA NOTA(75kb)