60 caídas del Ángel

Julián Axat es Defensor del Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil de La Plata. Tomó intervención en el caso de A.D. y, ni bien escapó del Hospital de Niños, escribió una conmovedora columna, “El resto es publicidad”, publicada en varios portales y diarios y que concluía así: “Vuelvo al principio: A.D. tiene 13 años y está perdido en algún lugar… William Shakespeare en Hamlet cierra la obra diciendo: ‘¿Y el resto? El resto es silencio’. En la Provincia de Buenos Aires, el resto es pura publicidad”.

Julián Axat está escribiendo un libro que llevará por título “60 caídas del ángel” en el que transmitirá su experiencia como defensor de menores y su opinión en el sentido de que la violencia se ejerce de arriba hacia abajo. El libro y cada uno de los poemas están dirigidos al “Sr. Gobernador”. A continuación, dos poemas cedidos especialmente por el autor para La Pulseada como anticipo de su libro.

Poema 1: Caída 2

Sr. Gobernador,

Fue un 23 de marzo ingresa a un Instituto/

Tiene 17 años.

Lo traen esposado con las manos atrás,

lleva una capucha negra en la cabeza,

va en silla de ruedas.

El grupo Halcón que lo viene trasladando/

desde el conurbano se mueve de a diez,

con armas largas y en dos autos.

Cuando lo bajan, lo hacen pararse recto.

Para moverlo siente/

que una turba de pies le patea los tobillos recién operados,

hasta que pasa la puerta del Instituto,

donde le sacan la capucha pero lo ingresan solo a una celda.

 

Once días antes,

más precisamente el 12 de Marzo,

se acerca por sus propios medios/

al Hospital Diego Thompson de San Martín,

lleva dos impactos de bala en la pierna izquierda,

según los médicos que le sacan dos plomos calibre 22,

está fuera de peligro.

Como ocurre en estos casos,

rápidamente interviene la policía.

es asignado a la cama 525 en la que queda detenido.

 

En el transcurso de los once días

se encuentra doblemente esposado:

de un brazo al respaldar,

y del pié derecho a una cadena enredada al pié del camastro.

En ese tiempo,

aún cuando pida,

nadie lo lleva al baño,

pues cuando lo pide,

los dos polis que lo custodian le dicen que se aguante.

escucha que todos hablan de él: los dos polis,

las camas cercanas,

en la televisión encendida todo el tiempo,

las enfermeras…

Cuando duerme siente que alguien lo fotografía,

no puede distinguir bien si se trata de los paparazzi`s apostados en la puerta,

o son los mismos polis.

Siente que entra y sale gente,

lo interrogan tantas veces como pierde la cuenta.

 

Marta lo tuvo cuando a los 15 años,

escucha la tele y se entera de su hijo.

Villa Melo es un pequeño asentamiento de Villa Martelli/

en el que instalaron la casilla hace unos años,

y en el que sobrevive sola con sus otros dos hijos de 15 y 6 años.

Marta está autorizada a verlo durante una hora en la que lo limpia,

le pregunta qué pasó,

los polis no se mueven de su lado y le cronometran el tiempo.

 

Nunca estuvo preso,

estudiaba hasta hace un año,

ayuda a su mamá y a sus hermanos.

Tiene un abogado particular que Marta contrató y está viendo cómo pagar.

No declaró,

espera de la justicia de la provincia de Buenos Aires/

un trato acorde con los estándares de derechos humanos y,

por sobre todo,

un juicio justo.

 

Un 24 de marzo de 2012 recorro el Instituto.

El encuentro con… es puramente casual.

Como es nuevo,

todos ya lo mencionan como el “Baby Etchecopar”.

Su relato es pausado,

tranquilo,

siente satisfacción cuando me cuenta que al final pudo entrar al baño/

el último día que le sacaron la cadena del pié.

Tengo una curiosidad,

le pregunto si sabe qué pasó hace 36 años.

Me dice que no lo sabe.

Trato de explicarle,

pero no sé si me entiende.

 

Poema 2: Caída 3

Sr. Gobernador…

fueron siete pesos por robarse una botella de vino,

desapoderada dice el caro expediente,

aprehendido sea ese callejero, trapito, limpiavidrios, sin beca o sueldo,

llega patrulla juvenil con costo-implementación-unidad cuarenta mil pesos,

y baja oficial (sueldo cuatro mil pesos) “arriba las manos, niño,

deje esa botella de siete pesos”,

ya adelante del fiscal (sueldo veinte mil pesos) “pide cárcel al reo”

para que el juez (sueldo otros veinte mil pesos) escriba en autos “marche preso”

y el carcelero harto de cobrar (cuatro mil pesos),  recibe al bisoño diciendo:

¡qué te mandaste pibe, una botella de siete pesos!

y grita el economista: cada menor preso le sale a la provincia (por mes)

unos tres mil pesos

y más tarde llegan los Señores Camaristas que atienden casos así,

pero cobran (treinta mil pesos)

y dejan al menor preso (siete meses)

por la botella (de siete pesos).

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