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NÚMERO
58 - ABRIL 2008
En campaña con lo chicos
El Foro por los Derechos de la Niñez, la Adolescencia y la Juventud de la provincia de Buenos Aires, diversos gremios pertenecientes a la CTA, colegios profesionales, centros culturales y organizaciones sociales como la nuestra, impulsamos la campaña “Cultura por los Pibes”, para exigir que se aplique plenamente el Sistema de Promoción y Protección Integral de Derechos de la Niñez. Se solicita la ejecución de políticas públicas orientadas a proteger y promover el reconocimiento de los derechos de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. El petitorio que publicamos, tendrá las firmas recabadas en el transcurso de una serie de actividades artísticas en los barrios y será presentado ante las autoridades locales, provinciales y nacionales con el objeto de comprometerlos a cumplir con el espíritu de las nuevas normas.
Por Carlos Fanjul
La conductora leía con la voz entrecortada y su emoción, emocionaba. Tanto tiempo después de haber partido, Carlitos Cajade se “disculpaba” por no poder estar en el inicio de una nueva movida del Foro por los Derechos de la Niñez y desde la carta “decía”’ que “esto tiene que significar el sueño de tener un país como un gran hogar, como una gran familia; un país con trabajo y con trabajadores, un país solidario, con justicia, que tenga que ver con el pan y no con las balas, con dirigentes que sean padres, hermanos y amigos; un país con remedios y con guardapolvos; un país donde ser niño sea una bendición, con el Dios verdadero y no con su caricatura”. Y terminaba afirmando: “El trabajo con los chicos es militancia. No tenemos que cuidarnos de nuestros niños y jóvenes, sino cuidar a nuestros niños y jóvenes”.
El texto en realidad pertenecía a la primavera de 2005, cuando, ya enfermo, Carli no podía asistir al lanzamiento oficial del Foro, que tiempo atrás había ayudado a crear, nutriéndolo de las ideas-fuerza que hoy le dan sustento.
Ahora, las mismas ideas, la misma fuerza, seguían igual de presentes en la presentación de la campaña “Cultura por los Pibes”, que durante todo el 2008, servirá de motor popular en cada rincón bonaerense para que se haga carne el espíritu del nuevo sistema legal de Promoción y Protección Integral de Derechos de la Niñez que rige en la provincia.
Nuevo espíritu
Estas nuevas leyes, que significan la abolición total del esquema conocido como Patronato, deben meterse debajo de la piel en las autoridades de aplicación, políticas o judiciales, pero también en la propia gente, en los barrios y organizaciones sociales, que ahora pasan a tener un rol protagónico en el acompañamiento de los pibes.
Para ser claros, el nuevo marco legal rige por ahora en el papel, pero para que el espíritu se cumpla, hay que asimilarlo a la práctica cotidiana.
Es que significa un giro de 180 grados en el abordaje del chico o del adolescente y en la forma de asistirlo. Antes, aquel formato de “tutela protectora” que asumía el Estado a través de un juez, terminaba con cientos de miles de chicos entre las rejas y paredones de un Instituto cuasi carcelario, por el solo hecho de no tener con quién dormir a la noche, o de padecer algún tipo de adicción siendo pobre, o de haber robado dos bananas en una verdulería. Ahora, rige un nuevo concepto que le da a la familia y a los grupos sociales el derecho y el deber de acompañarlos.
Como se ve, existe un largo camino que hay que aprender y comprender para poder hacer cumplir en la práctica el nuevo ideario. El objetivo de esta campaña es crear conciencia, mediante diferentes acontecimientos artísticos y culturales. La intención es culminar con la firma de un petitorio para ser presentado ante las autoridades locales, provinciales y nacionales con el objeto de que también éstas se comprometan a interpretarlo.
“Vivir es otra cosa”
Para el coordinador provincial del Foro, Adolfo Aguirre, “una estrategia política que lleva años, dejó preso de una situación de marginalidad a un amplio sector social. La desigualdad, la pobreza, el desempleo son factores a desterrar; hay que eliminar el concepto de que eso es normal en cualquier sociedad. También juegan cuestiones antropológicas a modificar, debido a que esas personas desde su niñez y adolescencia ya tienen instalada la sensación de desesperanza, el no creer en nada, el que todo es imposible de lograr. Se asume como desigual porque no ve que él es el producto de una estrategia basada en que haya niveles de concentración económica que lo excluyen. Nosotros creemos que esta campaña tiene que instalar la idea de es posible construir otra sociedad, distinta, opuesta a aquella, basada en la igualdad, en la inclusión, en el concepto de que a todos les corresponden todos los derechos. La gente debe entender que tiene derecho a exigirle al Estado que le garantice ese tratamiento igualitario. Pero si no se hace carne en la población es muy difícil sostener una política pública de esa magnitud. En ese sentido, el espíritu de la campaña es que todos puedan sentir que vivir es otra cosa, distinta, mejor que la que nos hicieron creer desde el propio Estado no hace mucho tiempo atrás”.
La ley pretende cambiar de manera absoluta la visión y el trato con los pibes y adolescentes, y son ellos los que primero tienen que entender que tienen derecho a formar parte de una sociedad distinta.
La campaña entonces busca que en cada barrio, en los sitios de referencia de cada lugar, como escuelas, clubes o comedores, se dé rienda suelta a la creatividad artística y, a través de ella, se promuevan momentos colectivos que provoquen debates, que busquen soluciones a las problemáticas comunes. Uno de los trabajadores del Foro lo sintetizó de esta manera: “Los pibes tienen que actuar con este sentimiento: nosotros exigimos y proponemos porque nos corresponde”.
Contra “El Sistema”
Un ejemplo de la idea echada a rodar lo ofrece la murga “Al borde”, de la localidad de Almirante Brown, que eligió llevar como bandera los derechos de niños y adolescentes. Según explicó Gustavo Alonso, que es uno de los referentes del grupo “en todas las canciones y sketch se hace referencia a situaciones cotidianas que violan los derechos de los chicos. Ponemos en palabra sus derechos”. “La falta de trabajo, de salud, la contaminación –graficó- son situaciones que trabajamos todo el año en distintos talleres, y que ahora lo sumamos a la murga”.
Son casi 80 los murgueros y 28 los instrumentos que acompañan los movimientos, para darle marco a las ideas de proteger a la infancia, que ya no existan chicos pidiendo y que se los deje de tratar como delincuentes en potencia. “Queremos jugar”, grita la murga entre brincos y piruetas, mientras una figura con cara de hombre malo –llamado “El Sistema”- los persigue por todo el escenario.
No falta en la temática el desconcierto de un nieto robado a su abuela y la mutua búsqueda de ambos a lo largo del tiempo.
Batalla cultural
Para la subsecretaria provincial de Promoción y Protección de los Derechos del Niño, Marta Arriola, “estamos dando una batalla cultural, que está en concordancia con la que se da en el área de seguridad. Se trata de cambios en disputa. Gran parte de las problemáticas se originan y resuelven en el barrio, y en ese sentido hay que trabajar fuertemente desde la participación”.
Adolfo Aguirre coincide con la idea y asegura que “la batalla cultural en contra pretende mantener la sensación de que los jóvenes, y en especial los jóvenes pobres, son generadores de inseguridad. Hay una fuerte alianza entre muchos que sobreviven gracias a aquel modelo desigualdad y que pretenden que nada cambie. Creo que el planteo es entender que esa no es la verdad, ni la realidad posible. Es sólo un discurso para aquella estrategia, a la que nosotros le debemos contraponer otro discurso que tenga que ver con la idea de que sí es posible que quepamos todos en la misma estructura social y económica. Y no sólo que es posible, sino que es necesario que estemos todos en el mismo modelo. Por ejemplo, a esos que ven en los jóvenes la cara de la inseguridad o el descontrol, yo les digo que ya llevamos dos generaciones de pibes que no conocen lo que es el primer empleo.
Claro que entonces son fáciles de acusar como peligrosos, que están fuera del sistema, si nosotros como sociedad no hemos sabido incluirlos. Debemos sumar a todos si queremos una sociedad y una democracia participativa y distributiva”.
“En ese sentido –añade-, la campaña de cultura apunta a que nos encontremos, a que conozcamos realidades que no conocemos; a que todos entiendan eso de que vivir es otra cosa, es decir que vivir tiene un significado diferente a sobrevivir, que es lo que muchos tienen que hacer desde hace mucho. Se naturaliza que tantos millones de personas tienen que estar abajo, fuera del sistema y, en muchos casos, la desesperanza hace que esas mismas personas sientan que es normal, que nada pueden hacer para modificarlo. ‘No voy a poder estudiar, no voy a poder ser un deportista o un violinista’. Por eso, la campaña es mucho más que la instalación de una ley, es la posibilidad de construir una sociedad igualitaria y que empecemos por la modificación de este enfoque legal en el tratamiento de los chicos y los jóvenes. Construir una visión colectiva de cómo imaginamos que debe ser la vida en estos tiempos”.
Datos que no son “menores”
Algunos ejes que están presentes en las diversas movidas artísticas tienen que ver con cifras que grafican con absoluta claridad la mala intencionalidad de algunas campañas mediáticas:
- 8 de cada 10 adultos que hoy ocupan una celda en alguna de las cárceles bonaerenses, en la adolescencia estuvieron internados en algún instituto de menores Un claro fracaso del viejo esquema, de cómo criaron a aquel chico.
- El 85 por ciento de los pibes que terminaban encerrados en esos establecimientos provenía de las llamadas “causas asistenciales”. Eran huérfanos, habían sido golpeados o violados por sus mayores, o ya habían transpuesto la línea que un juez consideraba como de “riesgo moral”. Es decir, eran víctimas del propio Estado que no había sabido garantizarles algún derecho anterior como alimentación, salud, educación o una cama seca y limpia.
- En una población de alrededor de 5 millones de personas menores de 18 años, existen menos de 50 mil causas penales. O sea, adolescentes acusados de cometer algún delito. Ese 1%, que obviamente debiera ser menos todavía, contrasta fuertemente con la sensación que dejan las campañas mediáticas dirigidas a endurecer las penas, o la avalancha de noticias policiales a que nos someten los medios de difusión.
El Petitorio
Se firmará durante toda la campaña cultural de 2008 y apunta a que las autoridades se comprometan a cumplir con el espíritu del nuevo marco legal. Este Sistema de Protección Integral está enmarcado en las leyes 13.298 y 13.634 de la provincia de Buenos Aires, en la Ley 114 de la Ciudad de Buenos Aires, y la Ley Nacional 26.061, que se adecuan a los postulados de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, incluida en la Constitución Nacional desde 1994.
Los puntos exigidos, son estos:
- Que se cumplan los plazos estipulados para la aplicación de las leyes y que se garanticen la implementación y el control de los recursos para la ejecución de las políticas públicas destinadas a la infancia.
- Que se informe claramente sobre el lugar/rol que la ley le otorga a las organizaciones sociales que trabajan con niños, niñas, adolescentes, jóvenes y familias.
- Que se garanticen condiciones para efectivizar la participación activa de las organizaciones sociales en la toma de decisiones respecto de políticas, planes, programas y proyectos dirigidos a niños, niñas y adolescentes que aseguren la promoción de derechos y ante casos de vulneración de los mismos.
- Que se garantice la estabilidad laboral, condiciones de trabajo apropiadas y capacitación permanente respecto del nuevo paradigma, para todos los trabajadores estatales del Sistema de Promoción y Protección de Derechos (del ámbito judicial, educativo, sanitario, etc.)
- Que se efectivicen políticas de empleo, de accesibilidad a la vivienda digna, a la salud, que permitan resolver las dificultades materiales de los grupos familiares vulnerables, a fin de evitar situaciones de exclusión social que afecten a niños, niñas y adolescentes.
- Que se creen los espacios concretos de participación para la definición de políticas sociales que incluyan a los niños, niñas y adolescentes.
- Que se concrete la asignación universal para todas las personas menores de 18 años, y se creen las condiciones necesarias que puedan garantizar un piso digno de ingresos para todos los hogares, tomando decisiones políticas que promuevan una distribución justa de la riqueza.
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