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NÚMERO
57 - MARZO 2008
Las dos venezuelas
El Chacao y los cerros
El país del que todos hablan. La ciudad despierta. La lucha de clases y modelos. El chavismo y el antichavismo, el pobre y el rico, el negro y el blanco, el SI y el NO... El Odio. La reforma constitucional trunca y el “por ahora” pintado en las paredes. La Pulseada en Caracas, donde las diferencias caminan por la superficie... La tierra que discute con arepa, en el barrio más caro o en el más humilde
Por Javier Sahade
“¿Por qué piensas TU, escuálido, que te odio YO? Si somos la misma cosa, YO y TU.
TU eres de abajo, lo soy YO también. YO soy pobre, lo eres TU.
¿De dónde has sacado TU, escuálido, que te odio YO? (...)
Si somos las misma cosa, YO y TU. TU y YO. (...)
Juntos por la misma calle, hombro con hombro TU y YO.
Pero sabiendo TU y YO, adónde nos vamos YO y TU.
No se por qué TU piensas, escuálido, que te odio YO,
si somos amigos, compatriotas y venezolanos”
Poema leído por un hombre, en la movilización del cierre de campaña del SI
Joropos, gaitas, salsas y arepas. Gritos de Panas, Chamos y Gebas. El Metro. Negros, blancos y mulatos. Vasitos de café o cigarrillos sueltos en las esquinas, en los semáforos. Carros, carros y más carros. Buses, buses y más buses. Motos, motos y más motos que corren como el agua, escabullidas entre los dedos del monstruo tránsito. La verborragia y las ganas. Igualitas a las del presidente, igualitas a las del conductor de taxi, o a las de cualquiera que por aquí camina. El caribe. El llano. El último tramo de los andes. El calor. Las franelas rojas rojitas. El SI. El NO. Los pobres. Los ricos. Los que allá arriban apilan sus casitas. Los que allá abajo se encierran en el Centro Comercial San Ignacio del Chacao o a comer en el Rucio Moro para hablar de Miami...
El hombre era uno de los pocos sentados. La mayoría transpiraba sus manos sobre algún pedazo de pasamanos libre. El metro estaba completo. No importaba dónde subía uno, si en el Capitolio o el Chacaíto. El tema era bajar cerca de la avenida Bolívar y llegar al cierre de campaña del SI, el último viernes de noviembre.
Era un hombre de unos 50, con algo de canas, pero no muchas. Sentado, con una franela (remera) roja, de las que se veían a montones, con un SI grande en el pecho y “con Chávez”, más abajo. La llevaba en la mano, apoyada sobre sus piernas.
Junto a él, parados, relojeando el nombre de las estaciones, un joven trabajador social y un curioso extranjero.
El hombre los escuchaba. Sin levantar la cabeza, con su franela acurrucada sobre sus piernas.
-Pero tantas diferencias, agresividad...
-Es que no se calla nada, nuestro presidente no se calla nada.
Después de varios minutos, el hombre levantó la cabeza, cruzó miradas algunos segundos y se paró. Ya no había tanta gente en el metro, caluroso como cualquier verano en los subtes de Buenos Aires. La marcha disminuyó y el hombre se acercó a los jóvenes.
-¿Sabes lo que pasa, pana?, -dijo enérgico, enojado, seco- Con los fachos no se negocia, no se ne-go-cia... Son ellos o nosotros.
No esperó respuestas, el hombre. Ni preguntas, ni caras. La puerta ya estaba abierta y el metro detenido. Se bajó y se fue, solo, son su franela al hombro, por una inútil escalera mecánica, hacia la calle, hacia Caracas.
Es tentador simplificar en Venezuela. Hay unos y otros, “ellos” y “nosotros”, ricos y pobres. Desde que apareció Hugo Chávez en el poder, hace diez años, las diferencias tienen camisetas. No hay grises, hay chavistas y antichavistas o escuálidos, como los llaman.
Durante noviembre pasado, esos límites salían a la luz. Eran los días previos al referéndum en el que, por un pequeño porcentaje, iba a quedar postergada la reforma constitucional propuesta por el Presidente. Las dos venezuelas en la superficie, en la calle.
“Si, dos venezuelas, pero una de minorías”, aclara Alfredo León, conocido como el Chuíto. Artesano de 48 años, recibido en la universidad de la calle, “esa que re enseña arrechamente” y revolucionario desde siempre, “desde pelaíto tira piedras”. En su puestito de artesanías con metales, durante una feria que por esos días andaba en los pasillos del Teatro Teresa Carreño, al Chuíto traga y recupera saliva. No le alcanza para sus ganas de hablar. “Esto era una exclusividad. Acá no entrábamos los pobres. Todavía cuesta, pero aquí estamos. Tu pasabas por el Caracas Hilton como artesano y te sacaban preso. ¿Qué haces tu por aquí, todo sucio, todo cochino?”.
El hotel más importante de la ciudad ahora pertenece al gobierno y se llama Alba Caracas, aunque algunos lo siguen conociendo como Hilton. Cruzando la avenida por un puente peatonal, está el Carreño. Hoy, una feria con puestos de artesanos y comunidades indígenas, dentro del inmenso centro de la cultura. En frente, donde antes sólo iban distinguidas personalidades, un contingente de africanos agota la capacidad por un encuentro de cultura afroamericana.
“Yo creo en la revolución… No estoy con el líder, estoy más con la revolución”.
Tiene ojos claros, Chuíto y piel blanca. Por un momento se olvida de su puesto y sus ventas. Dice que le gusta contar sobre el proceso que vive su país y que no quede nada por decir sobre la República Bolivariana. Sus frases están llenas de “la vaina esa”, que es como decir “la cosa” o “la mierda esa”. Su acento es patente del caribe y cuesta no asociar esa forma de decir “revolución” a otro lugar, bañado por el mismo mar y no tan lejano.
“Para mí la revolución ha sido toda la vida, desde pelao, desde pelao tira piedra. En contra de todo... Yo estaba en contra de todo. Siempre fui excluido. Mi madre era muy pobre, muy pobre. Lavaba y planchaba ropa y la explotaban por 5 bolívares que aquí es nada. 5 bolívares para mantener cuatro chamos. No teníamos padre... Esa vaina te va enseñando que no podés ir a favor de un sistema que te excluía, te rechazaba, te sacaba de la vida. Había una palabra (sic) en Venezuela que decía: ‘estudia para ser alguien en la vida’. ¡Pero que tan coño ‘e madre! ¿No? ¿Y los que no habían estudiado qué eran? Mi madre no estudió, mi abuelo no estudió”.
-Estar dentro, pertenecer...
-... Sino, no existes. Mis hermanos son todos profesionales de la universidad, yo soy un profesional en la vida, en la calle... Esa vaina.
-La universidad de la calle.
-Sí, esa que te enseña arrechamente. Bueno, y todo el tiempo iba en contra de lo que se me exponía, en contra de esa vaina, desde pelaíto. Vestirme diferente, ponerme camisas diferentes, zapatos diferentes. Yo nunca he usado tenis de esas (señala unas zapatillas). No, no, sólo cuando hacía deportes en la escuela. Esa vaina de combatir, de pelear. Pero claro, aparecieron los seudo líderes, que te botan al otro lado de la calle. ¡Qué desgracia!... Te echan así el agua en la cara.
-¿Es la primera vez que siente que un gobierno...
-... habla mi lenguaje: inclusión, trabajo, producción, sentido social de la vida, apóyame a mí que yo te apoyo a ti, dame fuerza. Cuesta mucho, verdad, cuesta mucho. Esto es un pellizquito a lo que queremos. Están hablando tu lenguaje.
¿Lo que se está viviendo en Venezuela es una verdadera revolución?
-No, yo creo que la verdadera revolución no es, es un pellizco a la revolución, un arañazo muy duro que tocó muchos intereses, dolió mucho. Hubo un despertar. ¿Por qué hay tanta vaina en contra? Porque hay un despertar de los que no habían despertado. Cuando lo hicimos una vez, nos mataron. En el Caracazo del 89, yo vivía en un cerro de Catia (zona pobre cercana al puerto). Uno veía la gente ahí... No podías ir a recoger muertos porque te mataban.
-¿Y cómo tendría que ser para que no sea un simple pellizco?
-A eso hay que darle rango constitucional, tener el papel para ir a pelear con el que no quiere soltar el poder.
-¿Cómo conviven con Chávez que no se calla nada?
-Es que tiene que ser así; nosotros no nos callamos nada.
-¿Y su liderazgo, esa personalidad “arrecha”, como dicen acá?
-Pero tú no puedes ser blandengue, no puedes ser de medias tintas. ¿Cómo eres tú como periodista, blandengue? Tú debes ser emocional, pero no débil. Cuando confundes lo emocional con lo débil, pierdes, pierdes. La gente se aprovecha de esa coñotura y te hunde, te dice debilucho, fracasado, medias tintas. Se confunden. Hay que poner fuerza, decisión, regañarte cuando hay que hacerlo.
-¿Los que están con Chávez piensan en dar la vida si es necesario?
-Yo no tengo miedo; no es que me deje los ojos tapados, no, pero no tengo miedo. Sé que el futuro de mis hijos está en riesgo, porque si esto se acaba, se acaba todo. Vas a estar peor que la otra vez. Nunca hemos tenido una guerra civil, pero al único país que le hace falta una guerra civil es a Venezuela. ¿Por qué no la ha tenido? Tenemos una joda, petróleo para tirar para arriba, por eso no hay guerra civil. Yo no la quiero, me niego, pero cómo confrontas tus ideas con un carajo que tiene los ojos tapados. Está defendiendo su parcela. ¿Estuviste en el Chacao? ¿Es bello, no? La exclusión todavía existe ahí.
-¿Qué es lo mejor que tiene Venezuela y qué es lo peor?
-Lo mejor es su gente. Somos gente de trabajo, de esfuerzo, de mucha fuerza moral, independientemente del bando en que esté. Lamentablemente se nos ha manipulado mucho. Lo peor que tenemos es un grupo irracional que yo calificaría como comerciantes de la oposición. Están en el negocio; la televisión es un negocio, no es verdad, es noticia manipulada.
-¿No cree en el periodismo?
-Yo estudio periodismo en una escuela nocturna creada por el gobierno. Me meto en discusiones con los compañeros sobre sociopolítica y les digo “tu eres chavista, no eres revolucionario. Son dos vainas distintas”. El chavismo y la revolución son dos vainas distintas.
-Y usted es revolucionario...
-... Yo soy revolucionario, de hecho, de hechos y de vida. Mi vida es ésta. Córtame las manos y vivo, quítame las ideas y muero.
Cosas de chamos
La campaña previa al referéndum del 2 de diciembre, tuvo una oposición movilizada, pero fueron los jóvenes universitarios de derecha los que marcharon y gritaron su odio al presidente Chávez. Con el apoyo ideológico de la mayoría de los medios locales, con Globovisión a la cabeza y los principales diarios de tirada nacional (El Nacional, El Universal y Ultimas Noticias), quedaron consolidados como la principal fuerza de oposición. Quizás, debido al desprestigio de los políticos y el poder económico.
“Niños de mamá y papá”, así los descalificó una y otra vez el propio Chávez.
Pero también del otro lado, miles de jóvenes organizados por “comandos”, “frentes” y “misiones”; caminaron las calles venezolanas pintando SI, repartiendo folletos, organizando marchas o subidos a carros rojos, en las caravanas del SI.
“Nos formamos como trabajadores sociales en Cuba. Nuestro objetivo es ayudar a construir el socialismo”.
Francislay tiene 19 años, integrante de una organización que lleva el nombre de un militar que influyó a Simón Bolívar. Pelo bien peinadito hacia atrás y atado con fuerza. Labios gruesos y mirada afilada.
“Somos del Frente Francisco Miranda”, dice casi gritando, debajo de un parlante, al costado del escenario en una concentración de campesinos que apoyan la reforma. Junto a otra decena de jóvenes compañeros, ayuda a organizar la marcha que ya llega a su fin en la Plaza O’ Leary, en la urbanización El Silencio, a metritos del Palacio de Miraflores, sede del Gobierno. El grito de Francislay trata de superar la música de la tarima, donde un grupo de mujeres de coloridos vestidos, bailan y cantan un pegadizo estribillo: “No se rinde, no se rinde”.
“La lucha de nosotros es para erradicar la pobreza, ayudar a la gente en la calle. Son más de 20 misiones que hay en todo Venezuela”,explica Francis.
-Todo organizado desde y por el Gobierno.
-Nuestra estructura en el Francisco Miranda es bien clara. Dependemos de Chávez: él nos dirige y después hay una estructura bien vertical que nos baja los lineamientos a nosotros. Hay luchadores de base, por ejemplo, que se encargan de las casas de alimentación, la sanidad, los presos.
-¿Cuándo arrancó?
-Es una idea del comandante Fidel y de Chávez para crear grupos que puedan ayudar al país. Comenzó en junio de 2003 y la mayoría de nosotros nos formamos en Cuba, en una escuela de Trabajadores Sociales.
-¿Reciben dinero del Gobierno?
-Más que todo, este trabajo es voluntario, constante, disciplinado, se siente la revolución por dentro.
-¿Es lo mismo ser revolucionario y ser Chavista?
-Bueno, mira, ser revolucionario es tener unos principios bastante grandes. Querer a tu patria y todo lo que tienes. Es integración. Eso es lo que estamos logrando ahorita: que el país se una por completo. Ser Chavista es casi lo mismo, él nos ha inyectado esos principios de Bolívar: la libertad, la justicia, el amor a la patria, nuestros valores, nuestra cultura, nuestros himnos, nuestros símbolos patrios... En sí, es lo mismo: Chávez es revolución y revolución es Chávez.
-¿Cómo se logra construir con tanto rencor entre ustedes y los estudiantes del NO, por ejemplo?
-Lo que pasa es que esos chamos no ven más allá de sus beneficios, no piensan en el campesino que no tiene cómo comprarse unos zapatos. El presidente siempre dice que quiere un socialismo diferente, de construcción, de igualdad, de amor, que el negro y el blanco sean juntos.
-¿Cuánto tiempo estuviste en Cuba?
-Tres meses.
-¿Qué viste, después de 50 años de revolución?
-Hay un socialismo bonito, humilde, donde no existe el odio ni el rencor. Te atienden con aquel amor, con cariño, como hermanos.
“Me gusta mucho lo que hago -continúa Francis- , ayudamos a los pobres a darle su comida, tramitar las cédulas, todas esas cuestiones. El Frente Francisco Miranda cambió mi vida por completo, ya no tengo ese poco de... cosas que hemos pasado todos. Acá estamos, combativos, en la lucha, jóvenes rebeldes...
-¿Sienten que van hasta la muerte con Chávez?
-Patria socialista o muerte. Mira, sin nuestro presidente no habría revolución. Sin el presidente no somos nada; es el máximo líder y es el que seguimos siempre. Hasta la victoria siempre, compañero.
...Caracas, Venezuela. La clase rica distinguida. La clase pobre resurgida. La clase media extinguida. Caracas, Venezuela. La de los teléfonos celulares públicos, en pequeños puestitos callejeros. El béisbol. Los bares de cerveza light. A la mañana, con queso o mantequilla. Al mediodía, con pollo… Pero siempre ese pan de harina de maíz conocido como “arepa”. Caracas, Venezuela. La capital de la discusión política. La del chavista rojo rojito. La del escuálido oligarca. No alcanza la saliva, el aire, el combustible para hablar. La vaina ésta. El coño ‘e madre. El épale weón. La ciudad politizada y el hombre despierto. El país del petróleo. El país que volantéa pa’allá. Para el lado de las clavijas del cuatro. Caracas, Venezuela... El país desobediente.
Cuba Chavista. “Perdimos, Compadre”, dice Del Pino mirando a otro con la bandera de Venezuela. Calle Compostela, en La Habana Vieja, en la puerta del comedor del Ministerio de Comercio. “¡Qué va!”, responde el otro.
En la entrada de la terminal de buses, frente a la Plaza de la Revolución, un viejo, negro, flaco y borracho, compra el Granma a las 7 de la mañana. “Mensaje de Fidel a Chavez”, lee el martes siguiente al referéndum en Venezuela. El viejo se iba, medio a los tumbos, pero con voz ebria y para afuera, leyendo el mensaje de un líder a otro. “Cuba está pendiente de lo que pase allá -explica una mujer, en un bar, mirando el programa especial de la Mesa Redonda-. Hacía mucho que un país rico no nos agarraba de la mano”. En Cuba lo quieren a Chávez, él hombre del petróleo. El amigo de Fidel que tiene el combustible, ese que alimenta las guaguas.
Un taxista en el Chacao. “Acá llegamos. Esto es el Centro Comercial San Ignacio. Tienes de todo y es seguro, acá no hay robos, ni nada de eso. ¿Caro? Si, tienes que tener bastantes ‘bolos’, pero muy bueno. Hay lugares para bailar, para comer, tomar algo... ¿Grande, no? -dice con el orgullo de dueño de casa- Eso sí, no hables acá de ese coño ‘e madre de Chávez”.
Escuálido, es el venezolano que no apoya el gobierno. El mote quedó luego de un discurso de Hugo Chávez en el que calificó a las movilizaciones opositoras como “escuálidas” porque contaban con poca gente. Otra explicación dice que escuálido es un pez que “no sirve ni para comer”.A pesar de usarse para descalificar o atacar, algunos antichavistas aceptan el apodo e incluso, hay cientos de blogs de internet, profundamente opositores, identificados con esa palabra.
Otro taxista, desde el Aeropuerto hasta el centro de Caracas. Media horita, más o menos con un tránsito imposible. “¿Si soy chavista? Ja. Mira, llevo siempre mi franela roja a todos lados. Fíjate, aquí, las fotos de mis carajos, mi mujer y mi comandante. Es que Chávez, tanta vaina... Te voy a contar todo lo que ha hecho. Por ahí me olvido algunas vainas, pero quiero que te lleves a tu país, la mejor imagen. Pregúntame, pregúntame. ¿Qué si conozco Argentina? Me encanta ese país… Leonardo Favio, ja ja ja… ¡Qué música! Mira, acá, en la esquina, ¿quieres un café? ¡Oie, Chama, dos cafés y un cigarrillo! Toma, ¿dónde ibas?”.
200 mil personas en el cierre de campaña. Por donde camines, franelas rojas rojitas. En cada esquina, una tarima representando a una región distinta de Venezuela. Zulia, Barina, Amazonas, Aragua. En cada uno, su música. La mayoría llega en buses y cada uno de los comandos chavistas tiene su lugar reservado en la movilización. El calor quema, pero botellas de agua fría gratis hay por montones. “La maquinaria del poder”, dice El Nacional, uno de los diarios opositores. “La organización detrás del líder, para que no nos pase como en Chile”, explica un delegado de los pescadores: “Si vienen, acá está el pueblo”. Chávez habla y canta. La avenida Bolívar rebalsa. En una esquina, a 400 metros del Presidente, una de las tantas pantallas comienza a fallar. Cientos de venezolanos se enfurecen con el encargado técnico, hasta que vuelve la imagen. Chávez habla de volver a levantar un fúsil si es necesario, de estatizar los bancos españoles, de no vender una gota más de petróleo a Estados Unidos. Un hombre de unos 50, negro de piel rajada, levanta el puño apretado y grita “¡SII, weones!”.
En campaña. Chávez reconoció la derrota poco después de cerrados los comicios. En su discurso, aceptó el leve triunfo del NO y agregó algo que se iba a transformar, de ahora en más, en pintadas de la paredes: “No Pudimos... Por ahora”. Nadie duda de que volverá a discutirse esa reforma constitucional, vendida en todo el mundo solamente como la intención de perpetuarse en el poder.
Artículos rojos rojitos, más allá de la reelección indefinida: Art. 82: “Toda persona tiene derecho a una vivienda adecuada, segura, cómoda, higiénica que humanice las relaciones familiares, vecinales y comunitarias”. Art. 87. Fondo de trabajadores y trabajadoras por Cuenta Propia para que gocen de los derechos laborales fundamentales los artesanos, barberos, amas de casa, etc. Art. 90. La jornada de trabajo diurna no excederá las seis horas diarias para que “la mejor utilización del tiempo libre sea en beneficio de la educación, la formación integral, el desarrollo humano, físico, espiritual, moral, cultural y técnico de los trabajadores.” Art. 100. El Estado valora las raíces indígenas, europeas y africanas que dieron origen a nuestra gran nación Suramericana. Art.103. Educación gratuita y obligatoria para todos los niveles con “los principios humanísticos del socialismo bolivariano”. Art. 103. “Se prohíben los monopolios” por ser “contrarios a los principios fundamentales de esta constitución.” Art. 136. “El Poder Público se distribuye territorialmente en la siguiente forma: el Poder Popular, el Poder Municipal, el Poder Estadal y el Poder Nacional. “El Poder Popular se expresa constituyendo las comunidades, las comunas y el autogobierno de las ciudades, a través de los consejos comunales, consejo de trabajadores y trabajadoras, consejos estudiantiles, consejos campesinos, consejos artesanales, consejos de pescadores y pescadoras, consejos deportivos, consejos de la juventud, consejos de adultos y adultas mayores, consejos de mujeres, etc”. Art. 272. El estado garantizará un sistema penitenciario que asegure la rehabilitación del interno o interna y el respeto a sus derechos humanos. Art.299. “Elevar la calidad de vida de la población” para “lograr la suprema felicidad social” y “una justa distribución social de la riqueza”. Art. 302. El Estado se reserva las actividades de exploración y explotación de los hidrocarburos líquidos, sólidos y gaseosos. Art. 305. “Soberanía alimentaria de la población, entendida como la disponibilidad suficiente y estable de alimentos en el ámbito nacional y el acceso oportuno y permanente a éstos por parte del público consumidor”. Art. 307. “Se prohíbe el latifundio por ser contrario al interés social”.
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citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
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