NÚMERO 57 - MARZO 2008

PEPAM
Nunca es tarde

Más de mil adultos mayores de entre 55 y 90 años, de la ciudad de La Plata y sus alrededores, encaran diariamente el desafío de seguir aprendiendo y generando nuevos vínculos. Lo hacen como una forma de demostrarle a la sociedad y demostrarse a ellos mismo que todavía les queda mucho por delante.

Por Héctor Bernardo

Tal vez estaba pensando por qué siempre tenía que guardar tanta formalidad, por qué no podía dejar de ponerse una camisa, ni siquiera en pleno verano; o por qué seguir haciendo el esfuerzo de ir a estudiar a las 3 de la tarde y con 32 grados. Lo cierto es que la mirada de Isaac parecía perdida cuando abrió el viejo portón de roble de la entrada al hall del Programa de Educación Permanente de Adultos Mayores (PEPAM).

En sus pequeños ojos azules podía adivinarse cierta tristeza y, a la vez, cierto alivio. Por un lado, terminar un curso y no saber qué va a ser del grupo, de los compañeros con los que se vínculo ese cuatrimestre. Por otro, haber cumplido con un nuevo desafió. Uno más, ¿y van…?

Cansado, traspirado, sintiéndose pegajoso, se pasó la mano por la frente como escurriendo el sudor hacia arriba, hacia esas marcadas entradas, hacia ese pelo gris que otrora fuera una rubia cabellera.

Caminó unos pasos y se detuvo cerca de una de las ventanas que dan al patio. Allí corría un poquito más de viento. Tomó aire y mirando hacia la nada se puso a recordar la primera vez que se acercó al Instituto. Le vinieron a la mente la timidez, las dudas y las expectativas. “¿No estaré demasiado grande?”, “¿voy a tener ganas de seguir estudiando?”, y tantas otras cosas que pensó en aquel entonces.

Una palmada en el hombro lo trajo de nuevo al presente. Era Carlos Carballo, el director que, apurado como siempre, preocupado porque todo ande bien, pasaba hablando con uno de los profesores, caminando rápido hacia los salones de atrás. “Qué buen muchacho”, pensó y volvió a sus cavilaciones.

“Dicen que en La Plata toda la gente se conoce, pero no es así”, se dijo al recordar todas las amistades que fueron surgiendo entre curso y curso. “Hemos formado un grupo hermoso con el que compartimos actividades hace ya varios años. Y cada cuatrimestre se suma gente nueva. Lo que hemos aprendido acá es algo que podemos mostrarle a otras generaciones; más que a nuestros hijos, a nuestros nietos”.

Y, mientras sonreía y su mirada recuperaba brillo y convicción, se dijo: “eso que nosotros le proyectábamos a nuestros nietos cuando empezaban a estudiar, ahora es al revés: son ellos los que están ahí, alentándonos a seguir”.

Los comienzos
El Programa de Educación Permanente de Adultos Mayores (PEPAM) se aplica en La Plata desde 1994. Más de mil personas con edades que oscilan entre los 55 y los 90 años que tiene Blas, el más grande de todos los estudiantes, realizan diversos cursos y talleres. Directivos, docentes y alumnos coinciden en que lo más importante que les brinda el espacio es saber que nunca es tarde para aprender ni para generar nuevos afectos.

En Argentina, la primera experiencia de programas para adultos mayores se realizó en la ciudad de Paraná (Entre Ríos) en 1984. Ese emprendimiento se tomó como modelo base y se adaptó a los intereses de cada lugar. De ese modo se definía a cuál facultad iba a estar vinculado el proyecto. En el caso de La Plata se trató de la Facultad de Humanidades.

El Programa se propone siete objetivos principales: promover una nueva opción de integrarse a la actividad creadora; participar en la comunidad; crear espacios culturales; ofrecer la oportunidad de seguir creciendo y aprendiendo a lo largo de la vida; apoyar la información amplia e integradora; desarrollar nuevos intereses y reformular un horizonte de vida.

Más allá de las cuestiones formales, los coordinadores señalan que “las personas que se acercan ya están mostrando lo principal: ganas de seguir aprendiendo, de seguir haciendo cosas, de estar en actividad”. Y aseguran que “eso está directamente relacionado con la forma de trabajo que tiene la institución y que se basa en el modelo de envejecimiento activo”.

Carlos Carballo, el director del Programa, destaca “la importancia de que los alumnos no sólo cursen un taller, sino que puedan irse apropiando del lugar, que encaren proyectos participativos y que puedan generar actividades propias. Desde nuestro punto de vista, eso es fundamental”.

El perfume de Lidia
Mientras Isaac esperaba junto a la ventana, iban llegando sus compañeros, los veinticinco que decidieron hacer el curso de Reflexiones sobre el Envejecer.
La primera en entrar fue Lidia. Elegante como siempre, no había descuidado ni un solo detalle. Estaba maquillada con puntillosidad. Sus labios y mejillas llevaban el rojizo de su cabello. La delicada sombra en sus ojos matizaba el blanco de su piel. Esbelta y de andar delicado, parecía no sentir la pesadez del día. Un pañuelo negro de ceda cubría su garganta y combinaba con su ropa oscura. Unas gotas de perfume, casi imperceptible, pero siempre presente, daban el toque final a esa delgada mujer que le gustaba lucir con orgullo sus 70 años.

Ella se sumó a los talleres del PEPAM a principios de 2007, y en poco tiempo logró hacer un buen grupo de amigos que la ayudó a sobrellevar las complicaciones provocadas por tener que cambiar de casa.

A cierta edad –suele remarcar Lidia- las mudanzas producen un estrés muy importante y para poder vencerlo es clave el papel de los amigos. En esta época de nuestras vidas, nuestros hijos están ocupados, nuestros nietos están en otra cosa y uno tiene que generar nuevos vínculos, porque muchos faltan, otros viajan y te agarra la angustia de la soledad. Pero todavía estamos fuertes. Estamos llenos de vida. Con alguna ñaña, pero con muchas ganas de aprender y de formar nuevos vínculos”.

Casi pegados a ella llegaban Néstor y Mimí. El contraste entre los dos era gracioso. Ella apenas pasaba el metro sesenta y él con 1,90 debía agacharse para hablarle y escucharla.

Tal vez por ser el último día de clases, las conversaciones entre todos los alumnos caían en un punto en común: qué les había aportado el PEPAM. En el caso de Mimí y Néstor, ellos se conocían hace tiempo, los dos estaban casi desde los comienzos.

Mientras ella se pasaba la mano por su pelo gris, que le gustaba usar bien corto y que hacía juego con el conjunto que llevaba puesto, le comentaba: “Yo ya tengo 71 años. Creo que todo lo que uno no pudo hacer cuando era joven, porque tenía que atender a sus hijos y a su familia, lo encuentra acá. Este es un lugar excelente para seguir aprendiendo. Luego de asentir con la cabeza, Néstor se acomodó los anteojos, volvió a encorvarse un poco para ser escuchado con claridad y le comentó: “Me acuerdo que un amigo me invitó a participar del PEPAM y me dijo que iba a estar con personas de mi edad y que también iba a tener la oportunidad de aprender cosas útiles e interesantes. Yo empecé motivado por la posibilidad de hacer cursos de computación y luego fueron apareciendo otras temáticas que me atraparon: Cultura del Siglo XX, Historia Argentina y tantas otras. La verdad es que este espacio me aportó muchísimo”.

Los directivos
Marina Canal es la secretaria académica del PEPAM y sostiene que “lo que proponemos es que la gente venga a aprender tal o cual cosa, y que esto sirva como disparador para que generen una red relacional. Que puedan llevarse algo que trascienda las paredes de la institución”.

Para Virginia Viguera, una de las docentes, la importancia pasa por lo que genera el estar en grupo. “El adulto mayor -comenta- va sufriendo pérdidas en su entorno; es por eso que poder lograr otro grupo de referencia es importante para no sentir que se va quedando solo. En muchas ocasiones, los grupos siguen funcionando fuera del PEPAM, y eso los refuerza mucho en lo afectivo”.

Los docentes tratan de fomentar el trabajo en grupo, el relacionarse con los otros compañeros. En este sentido aseguran que “la tarea es sólo una excusa, un medio para que se conozcan y generen vínculos”. “Valorar el intercambio y el respeto por la palabra del otro es fundamental, porque un proyecto que tiene que ver con mejorar la calidad de vida no puede dejar afuera lo social”, señaló Canal.

Los directivos marcan el contraste entre el proyecto del PEPAM y el modelo tradicional de programas para adultos mayores que “tiene como fin entretener, hacer torneos de bochas, de carta, etc.”. Aseguran que “ésta es una propuesta distinta donde la intención es que el adulto mayor no solamente pueda entretenerse, sino que además pueda informarse y formarse, aprender algo y encarar desafíos”. En ese sentido son contundentes al señalar que “aprender siempre es un gran reto, a cualquier edad, a los 8, a los 15 y a los 70 también”.

Terminar para seguir
Poco a poco fueron llegando todos los que faltaban. Algunos se acomodaron dentro del aula, otros se sentaron en los bancos que había en hall y un grupo se quedó cerca de ventana, junto a Isaac, disfrutando las últimas bocanadas de aire fresco antes de entrar a clases.

Fue entonces cuando Jorge, otro de los alumnos que está desde los comienzos, vio que Isaac tenía la vista puesta en ningún lado:

-¿En qué pensás?
-En mi familia y todo lo que me apoyan para que participe de este espacio. No sé si es porque piensan que me va a hacer bien, o si lo hacen para sacarme de encima, pero lo cierto es que me apoyan.
Jorge, Isaac y el resto rompieron en una carcajada.

-No, en serio. Hemos llegado a una cierta edad –aclaró Isaac- en que podemos darnos el gusto de hacer cosas que en una época no pudimos por trabajo, o porque estábamos con otras ocupaciones. Es bueno que ahora que estamos dándonos la satisfacción de poder hacer una actividad y además tener un grupo y reunirnos, tengamos el apoyo de nuestras familias.

-Sí, es cierto –admitió Jorge-. Además, hace ya 6 años que vengo al PEPAM y cuando empecé lo que me puse como objetivo fue llenar los huecos de lo que pude haber aprendido, bien o mal, anteriormente. Lo bueno es que acá podés elegir aquello que más te interese y lo ideal es que podéshacerlo con pares, porque con gente de nuestra misma edad uno tiene muchas más cosas en común.

Llegó Virginia, la profesora, y todos comenzaron a entrar al aula. La vieja habitación del caserón, ahora convertida en salón de estudios, empezó a cubrirse de murmullos, risas, ruidos de ventiladores que trataban vanamente de apaciguar el calor y de bancos que se arrastran sobre el piso de madera.

La profesora pidió silencio una y otra vez. Como una canción que termina, el bullicio se apagó lentamente. Sólo quedaban algunas voces muy suaves y algunas risas pícaras. El último día de clases comenzaba. Isaac pensó cuál iba a ser el próximo curso que iba a hacer y se dijo con convicción: “siempre, siempre se aprende algo, todos los días y cada momento. Siempre hay algo nuevo, siempre un nuevo desafío”.

Empezar a hablar para empezar a ver
Tomando como disparador el Día Internacional de la Lucha Contra el Abuso y Maltrato a Personas Mayores (15 de junio), el PEPAM realizó un seminario a cargo de la psicóloga Mariana Vogt.

“La idea – señaló Vogt- era lanzar la temática y sondear qué se piensa en relación a los derechos humanos en la población de adultos mayores. También ver qué imaginario circula sobre lo que es el maltrato y el abuso”.


Del seminario se desprendió el desconocimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. “Los alumnos manifestaron el interés sobre ese punto, y propusieron que debería ser parte de la currícula del PEPAM. poniendo así un punto de partida para empezar a ejercer esos derechos, y exigir que sean respetados”, aseguró Vogt. Luego agregó que “participar de este tipo de actividades en un espacio donde se busca que el lugar del adulto mayor sea respetado, significa poner en ejercicio estos derechos de los que tanto hablamos”.

Vogt aclaró que el seminario no se circunscribió al tema de violencia intergeneracional, o del maltrato en sus formas más directas como la agresión física o verbal. En este sentido señaló que “la relación con las obras sociales es tomada como una falta de reconocimiento a la labor de toda una vida. Además, el maltrato entre los pares y la falta de tolerancia también aparecieron como los problemas más angustiantes”.


Marina Canal, psicóloga, secretaria académica y docente, señaló que “la Declaración Universal de los Derechos Humanos plantea que se considera maltrato no sólo a lo físico y a lo verbal, sino también a aquello que se omite o se silencia”.
“Hay casos de maltratos –aseguró- que son invisibles a los ojos. Una mala respuesta o la falta de tolerancia en lo cotidiano, en la casa, en la calle, o acá mismo. Eso también es maltrato y es necesario tenerlo bien claro”.
“Para nosotros –concluyó Canal- es importante poder empezar a hablar sobre el tema. Es necesario poder escuchar a los adultos mayores para abordar la problemática con seriedad”.

PEPAM
Para participar del PEPAM no se requieren títulos; sólo hay que acercarse a la sede que funciona en 50 Nº 1124 entre 17 y 18 de La Plata, o llamar por teléfono al 457-2505.

Los cursos y talleres que se dictan son muy variados y van desde introducción al manejo de computadoras, pasando por programas de diseño avanzados, hasta talleres de filosofía, cultura, o historia. La lista completa de cursos y talleres figura en su página web: www.unlp.edu.ar/pepam.

 

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