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NÚMERO
55 - NOVIEMBRE 2007
Imagínate
Puedes decir que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día te unas a nosotros
y el mundo vivirá como uno
Imagínate (John Lennon)
“Nada nos impedirá servir a Cristo y a su Iglesia, luchando junto a los pobres por su liberación”. La frase del padre Carlos Mugica miraba hacia los que iban a participaban de la misa por Carlitos, en su Hogar. El altar, sencillo como siempre, delante de otro cartel con una de Cajade: “Si el mundo no se piensa desde el pobre, se construye contra Dios”.
Ya habían pasado el encuentro con Víctor De Gennaro y la jornada solidaria. Sol intenso, chicos corriendo, madres felices en su día, perros husmeando a los visitantes del domingo, sillas acomodadas en el pasto, el cancionero que repartía Tony, Lamparita más encendido que nunca, los mosquitos que no hacían distinción… Las hostias que iban a ser reemplazadas por pan hasta que llegó Mario Ramírez; el árbol que parece crecer desde adentro de la capilla… Y comienza la misa con la primera canción: “Un continente solidario”.
“Estamos contentos y contentos de reencontrarnos”, nos interpreta Alejandro Blanco a todos “los amigos y amigas de la Obra del Padre Cajade” que han “perseverado en el legado de Carlitos”, porque “creemos que podemos hacer algo distinto, algo mejor, apostando a la vida y a los chicos”, y porque “contra toda dificultad, seguimos insistiendo, seguimos luchando”. El Padre Alejandro también nos interpreta cuando expresa su preocupación “por el momento que estamos viviendo en nuestra Patria y porque por muchas razones la lucha de Carlitos todavía dura y aparecen en el horizonte nuevas dificultades que nos hacen preocupar”. “Alegres, preocupados y conmovidos”, resume y hace referencia a muchas cosas: a la marcha del país, a las elecciones que estaban por ser, a la condena a von Wernich y a las “frases elípticas” a las que apeló la Iglesia “en lugar de ser clara y repudiar desde la institución la historia negra del terrorismo de Estado”. Hacía 48 horas habían asesinado a tres policías en La Plata y Alejandro habló del “dolor causado por este hecho que nos pone muy mal, porque la violencia crece y no queremos eso para nuestra Patria”.
“Le pido a Dios que de los tres sentimientos -alegría, preocupación y conmoción- el más fuerte sea el de la alegría”, y que “nos podamos seguir manteniendo unidos para acrecentar el sueño de Carlos, que se logra sumando sueños”. Y evocó a Hélder Cámara, “aquel gran obispo latinoamericano”: “si un hombre sueña solo, se trata sólo de un sueño, pero si todos juntos soñamos, es el comienzo de la realidad”. Que sigamos sumando sueños sea nuestro homenaje a Carlitos”, concluyó.
Después, el padre Carlos Gómez saludó a las madres en su día, especialmente a “la querida Lilia”, la mamá de Carlitos, “que debe estar festejando allá”… Miró hacia el cielo diáfano y profundo. “Dios quiere que se haga justicia”, dijo después de una pausa, porque “no importa cuánto tiene que pasar; lo importante es que la justicia llegue. No importa si tienen que pasar 30 años, 500 años para los aborígenes. No importa. Lo importante es que haya pueblos que pidan justicia” con “inclaudicable fe”. “La justicia llegó para von Wernich y tiene que llegar para muchas viudas, para muchos huérfanos, para mucha gente pobre y débil que clama por justicia”, precisó este Carlitos, también compañero de ruta del que recodábamos.
“Queridos amigos, hemos compartido la misa. Vayamos alegres y en paz”, dijo por último Alejandro Blanco y empezaron a aparecer chicos y grandes con bandejas de panadería, de la panadería de la Obra, llenas de pasta frola, facturas y bizcochos de maizena con dulce de leche. Uno de los frutos de Cajade para compartir junto con el saludo, el agua y algún mate que empezó a circular en una rueda que se fue ubicando frente a un telón rojo, largo, montado a un costado. Carlitos, poco antes de morir, le había dicho a Ana Pilar Andrade, la Ñata, a la que todos conocen como “la abuela”, que quería que Los Dardos de Rocha, el grupo de teatro comunitario que ella integra, actuara alguna vez en el Hogar.
Y los Dardos actuaron, y la “alegría” que invocaba el padre Alejandro llegó de la mano de sus canciones, sus ironías, sus disfraces y colores. Hasta le pusieron música a una letra que compusieron especialmente (ver recuadro). Al final de la actuación, uno de los Dardos habló de Carlitos. “Siempre lo llevaremos en nuestra memoria por haber sido un luchador”. Y nos convocó a todos: “Los que quieran sumarse a transformar el mundo, bienvenido sean”. Era la misma invitación a sumar soñadores que había hecho Alejandro Blanco, que había expresado Hélder Cámara, que había soñado Carlitos.
Carlos Sahade
La canción de los Dardos
Esta es la historia del Cura
que predicaba de corazón
juntaba todos los pibes
en un abrazo de comprensión.
Llevando siempre su canto
a toda lucha siempre apoyó
no supo de jerarquías
siempre a su gente él escuchó.
Vos algo tenés que ver,
con el campeón, con el campeón.
mientras vos laburabas
para calmar a tanto dolor
otros se pavoneaban
con un banquero estafador.
Los Dardos, te recordamos,
te recordamos de corazón
por no haber traicionado
a toda la gente que te siguió.
Vos Cura fuiste un campeón
fuiste un campeón,
fuiste un campeón.
¡¡¡Sos un campeón!!
Letra: Los Dardos de Rocha
Música de Tutá, tutá
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