NÚMERO 54 - OCTUBRE 2007

ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

El 22 de octubre se cumplen dos años de la partida de nuestro hermano Carlos Cajade hacia la casa del Padre. Seguro que él está compartiendo la felicidad de los santos y disfrutando de la compañía privilegiada de la MATER, su siempre principal protectora.

Es cierto que lo extrañamos, cómo no hacerlo. Sin embargo, cada día que pasa lo sentimos más cercano en el recorrido que nos marcó. Más guía que nunca en la lucha por continuar con su obra y alcanzar la concreción de sus ideales.
Es que hay dos aspectos sustanciales en los que podemos dividir la vida de los hombres: lo humano y lo divino. Y a él, como a pocos, lo encontramos en una unidad inseparable en ambos.

Cada uno de nosotros sigue en la búsqueda de aquella unidad sustancial. No la hemos logrado, por cierto, mas no cejamos en el empeño de lograrla. Y es así como algunos recordamos que, en lo espiritual, en la fe, las personas se desarrollan interiormente en los diversos momentos de sus vidas; lo cotidiano, los afectos familiares, los éxitos y las flaquezas, contribuyen a definir esos momentos interiores.

Uno tiene claro cuáles son aquellas circunstancias que lo ayudan a hacerse fuerte y a observar el crecimiento espiritual que se pone en evidencia en la manera de enfrentar esas situaciones cotidianas.

En el recuerdo de Carli, buscamos dar a nuestras vidas, su coherencia. La trascendencia de su palabra se relacionaba con su sencillez, con la dulzura, con la fuerza que transmitían sus testimonios de vida, con la posibilidad de hacer accesible la vivencia del Evangelio en el accionar de todos los días. En definitiva, dejándonos detrás de cada propuesta la demostración que ser cristiano es una cuestión de amor.

Sabemos que los platenses así lo sentían y, para demostrarlo, recordamos con alegría aquellas misas vespertinas de los domingos, en la Parroquia de la Virgen del Valle, en las que para poder ingresar al templo había que concurrir muy temprano si es que se quería encontrar un lugarcito. Ese estilo sencillo, coloquial y testimonial que Carli practicaba, era lo que tanta gente pretende encontrar cuando concurre a los actos litúrgicos.

Pero, como queda claro, no se agota esa unicidad en el aspecto espiritual; falta lo humano, la batalla para que todos por igual encuentren que aquellos conceptos tienen su correlato en cada mañana cuando despiertan. Y allí aparecen sus pibes, desprotegidos hasta que él dijo presente en sus vidas, hasta que él llegó para quedarse y para pelear juntos por una sociedad más justa. Allí, trasladado a lo humano, emergieron sus valores espirituales. Las dos cosas en una sola persona.
Por ello, lo extrañamos cada vez más.

Sin embargo, para guiarnos tenemos sus ideas y, principalmente, sus prácticas. A ambas las encontramos en una oración y reflexión que Carlos le decía a la MATER:

                        Tu santuario son los pibes
                        Tu santuario es el trabajo
                        Tu santuario es la comunidad
                        Tu santuario son los ideales de justicia
                        Tu santuario es nuestra fe

El Hogar, la Obra, ya existen, ya son, y tienen la impronta de su fundador. En esa línea debemos seguir. No puede haber discusión, ni otras interpretaciones. Esa claridad original es la que queremos transmitir y seguir viviendo con toda la comunidad.

Esperamos que cada aniversario, como éste, nos ayude a comprender con más claridad que Carlos Cajade fue feliz porque eligió el camino correcto: el amor a Dios, pero a través de los hombres y mujeres de su tiempo, para quienes pretendía justicia y dignidad. Y por quienes elevaba su voz cada vez que era necesario.


Los pibes y educadores del Hogar del padre Cajade

 

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