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NÚMERO
53 - SEPTIEMBRE 2007
Teatro para crear conciencia
LA TRAGEDIA
DE LAS MAGDALENAS DOMINICANAS
El unipersonal Las Viajeras, que pasó por La Plata como parte del proyecto teatral Puentes y se encuentra en plena gira por la provincia de Buenos Aires, denuncia el tráfico y la explotación sexual de mujeres provenientes de la República Dominicana, en la Argentina post devaluación.
Por Josefina López Mac Kenzie
El año pasado los medios periodísticos publicaron el caso de Marcos Abraham, un joven que arribó al puerto de La Plata escondido en un barco griego, en estado de inanición y sin su amigo, a quien se había tragado el mar. Si para muchos dominicanos la vida es tan áspera y la esperanza tan ardiente como para dejar su patria y viajar semanas como polizones en buques cargueros para refugiarse en otros países, ¡qué queda para las dominicanas! Junto a las urgencias sociales, ellas soportan un sombrío estigma: su país es el primer exportador mundial de mujeres para la prostitución. “Dices ‘soy dominicana’ y la gente comenta: ‘Ah... dominicana...’, insinuando que eres prostituta”, resume María Isabel Bosch, mentora de Las viajeras, una obra teatral que aborda un dolor social de más de cinco siglos, pariente del tráfico de armas y drogas.
Bosch conoció nuestro país en los ‘90, por una misión diplomática de su familia. “Cuando llegamos, mi papi (se refiere a quien la crió, el poeta David León, ex embajador dominicano en la Argentina entre 1996 y 2000) tenía que decir que era el embajador de Punta Cana, para que ubicaran mi país; de lo contrario, asomaba el estigma”, recuerda María Isabel, dominicana de tonada caribeña, cuerpo ágil y tez aceitunada.
Corría el veranito económico de las clases acomodadas argentinas, aquel espejismo de cuotas y electrodomésticos, y Buenos Aires comenzaba a oír sobre la República Dominicana porque, gracias al “uno a uno”, estaban en boga los cruceros por el Mar Caribe para celebrar cumpleaños, vacaciones o lunas de miel. En paralelo, los dominicanos que llegaban a la Argentina eran enviados de multinacionales como Pepsi, Siemens o Nestlé, o bien profesionales pudientes que iniciaban alguna especialización, como odontología, luego se enamoraban y se casaban acá.
Pero ése era sólo el universo conocido. “De repente –cuenta Bosch-, empezaron a aparecer masivamente en el consulado chicas que denunciaban que habían caído en las redes; se hablaba de ocho mil dominicanas que estaban prostituyéndose o eran víctimas del tráfico; un escándalo muy feo que comenzaba a explotar en los titulares”. Fue esa otra cara de la Dominicana local lo que se convirtió en fermento de su creación dramática, que ya ofreció unas 120 funciones en teatros, centros culturales y escuelas de diversos pueblos de América, con el objetivo de crear conciencia contra la esclavitud sexual de la mujer.
Un drama sobre otro drama
“Como cualquier persona sensible que ve pasar gente llorando -dice María Isabel, hoy agregada cultural de la Embajada de la República Dominicana en Buenos Aires-, terminé involucrándome con esas mujeres. Lo primero que hice fue escribir unas cartas de estas chicas hacia sus familias, como si yo fuera una de ellas. Fue mi modo de reaccionar ante todo lo que estaba viviendo. Pero nadie las quería publicar, pues trataban el tema desde nuestra idiosincrasia; estaban redactadas como si se tratase de una salteña, una cuyana o alguien del litoral, en una lengua coloquial, tal cual hablamos nosotros, que nos comemos las eses”. Con la ayuda de un amigo, María Isabel convirtió esas cartas en una obra de teatro. Luego se añadieron unos lienzos blancos, el único recurso escénico, algunos versos del poeta argentino Raúl González Tuñón y un título elocuente: los pobladores del sur de la isla llaman viajeras a las mujeres que emigran tras un futuro mejor.
La obra enfrenta a ambas sociedades –la que expulsa, porque no ofrece posibilidades, y la que recibe y maltrata- a través de las historias de cuatro mujeres que, por urgencias económicas, parten hacia la Argentina y quedan atrapadas por las redes de tráfico de personas. Las que logran sobrevivir, terminan ultrajadas, esclavizadas, golpeadas, enfermas, despojadas de sus documentos, su dinero y sus sueños.
Las viajeras llegó por primera vez a La Plata el año pasado, cuando cerró el Festival Iberoamericano de Teatro realizado en el Pasaje Dardo Rocha. Retornó en el pasado mes de julio, en el marco del proyecto Puentes, una iniciativa de intercambio cultural coordinada por la agrupación local La Cuarta Pared, que incluyó funciones, talleres y "conversatorios" entre los actores y el público. En el centro cultural El Núcleo, ubicado en 6 entre 40 y 41, se presentó una compañía de Brasil –con una pieza que planteó la situación actual de la mujer, a la que se le exige un cuerpo perfecto, se la somete al maltrato físico y psicológico y se le concede un lugar de subordinación social-, otra de Ecuador –que representó el drama de una madre que perdió a su hijo durante la guerra en Irak- y el unipersonal dominicano-argentino dirigido y actuado por María Isabel Bosch.
Este espectáculo, de una hora de duración, es una realización del grupo “Tibai Teatro”; cuenta con la asistencia de dirección, fotografía e iluminación de Diego Schiavini; diseño gráfico de Rocío Fernández Sansone y dramaturgia de la propia María Isabel Bosch y Jorge Merzari
Devaluación y después
El combo de “mayor control por las denuncias y devaluación”, puso paños fríos a este brutal tráfico de mujeres hacia la Argentina. Hay que tener en cuenta que las dominicanas llegaron a representar el 80% de las prostitutas extranjeras en nuestro país. Posteriormente, además de mermar la cantidad de isleñas que ejercían la prostitución por estas tierras (muchas se volvieron, rehicieron su vida como empleadas domésticas o terminaron casadas con argentinos), aumentó el número de estudiantes.
Desde hace tres años viene produciéndose un boom de alumnos de clases medias o altas que llegan a estudiar a la Argentina, porque aquí la educación es de mejor calidad y se abarató tras la devaluación. “Hay unos 400 compatriotas que están cursando carreras como Derecho, Medicina o Cine; y una industria nuestra, antes prácticamente nula, que se va reactivando”, celebra María Isabel.
Pero el balance es agridulce. Aunque la retracción de la prostitución convino, “porque en la Argentina predominaba el tráfico y la mayoría de estas mujeres no podían recaudar dinero para sí, también perdieron quienes recibían de ellas la remesa mensual. Además, la mayor parte de la migración dominicana hacia la Argentina sigue vinculada al tráfico sexual”, lamenta. “Es cierto que parte del problema es nuestro. Pero también hay sitios receptores y mafias que contribuyen a esto”.
“Evidentemente hay algo en nuestros países que no está bien hecho”, concluye Bosch, sobreponiéndose apenas al ruido del tráfico callejero que ingresa en su departamento porteño, situado frente a plaza Libertad.
Tras su representación en La Plata, Las viajeras se ofrecerá en Azul, Chascomús, Salto, Mercedes, Luján, 9 de Julio y otras localidades de la provincia de Buenos Aires. La obra ya ha participado de diversos festivales y pudo ser apreciada en universidades, teatros y centros culturales de la Argentina, Puerto Rico y los Estados Unidos.
En la República Dominicana se monta cada tanto, en pequeños pueblitos del interior, “de ésos donde no pasa nada de nada”, dice la protagonista. Justamente, aquellos sitios alejados donde se hace más necesario denunciar el flagelo de la prostitución e instalar los problemas de género dentro del campo de los derechos humanos.
La nieta del Presidente
Bosch no es un apellido cualquiera. María Isabel es nieta de Juan Emilio Bosch y Gaviño, escritor y político que fue el primer presidente constitucional de la República Dominicana, elegido democráticamente en 1961, tras la muerte del tirano Rafael Trujillo y después de más de tres décadas de dictaduras. “Tengo el honor de que sea mi abuelo”, dice mientras su cara se recorta sobre un retrato del ex mandatario. “Yo tengo un nombrecito en mi país, por mi historia familiar y porque allá somos muy pocos los que nos dedicamos a la cultura”, explica. Aunque tiene a toda su familia en Santo Domingo, se mudó formalmente a Buenos Aires hace cuatro años, porque se enamoró de un abogado argentino. “Y el chat es romántico sólo las primeras dos semanas”, cuenta con una amplia sonrisa.
A través de su labor cultural en la Embajada, Bosch trata de conectar a dos estados que deberían estar vinculados por mucho más que el turismo y la prostitución. La República Dominicana y la Argentina comparten una historia de saqueos (cuentan que Colón entró a América en su primer viaje, en 1942, a través de aquella tierra de oro y azúcar). También tienen en común un pasado de dictaduras y desaparecidos, a manos de hombres como Rafael Leónidas Trujillo Molina y Joaquín Balaguer. Se relacionaron por medio de la amistad existente entre Perón y Trujillo (manifiesta en la escala del ex presidente argentino en Santo Domingo, antes de irse a España, y en su refugio en la embajada dominicana en Caracas). Y lamentablemente, ambos países padecen un presente de desigualdad social, dependencia y deuda.
Del lado del vaso lleno, hay que considerar que lo que funcionó como un verdadero istmo a la isla con la ciudad de La Plata fue la figura del gran ensayista dominicano Pedro Henríquez Ureña (cuya morada platense aún recuerda un cartel en calle 7, entre 50 y 51), autor de La utopía de América, docente de la UNLP, a quien la vida abandonó en 1946 en el ferrocarril, a punto de viajar hacia la capital bonaerense.
“Dominicana sabe mucho de Argentina, pero la Argentina desconoce sus valores”, señala María Isabel, cuya patria se mantuvo aislada por culpa de su desgraciada historia política, marcada por dictaduras de las peores del continente. Pero desde hace unos diez años, realiza una política exterior que apunta a la apertura cultural. Así, hay una frecuente presencia isleña en distintos congresos, son sede de encuentros de música y teatro, organizan una feria internacional del libro y en abril último inauguraron un festival internacional de poesía. “Como no tenemos demasiada tradición en esto, tenemos mucho que aprender de la Argentina en materia de gestión y producción cultural”, reflexiona Bosch.
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