NÚMERO 51 - JULIO 2007

Comunidad Santa Rosa
EL COLOR QUE LE FALTÓ A BENETTON
En febrero de 2007 y después de cinco años, Rosa Nahuelquir retornó con su marido, Atilio Curiñanco, a un predio cercano a la Estancia Leleque, en Chubut, de donde habían sido desalojados por la compañía italiana. La Pulseada visitó el territorio mapuche recuperado y dialogó con esta mujer que, pese al frío, los juicios y las intimidaciones, se anima a desafiar a la corporación que acuñó el slogan “united colors”.
Por Milagros Barberis

Atardece en la Ruta Nacional 40. Es un fresco domingo de mayo en la precordillera chubutense. A la izquierda del camino un imponente cartel reza “Museo Leleque”. No es ahí, pero falta menos. Los kilómetros se hacen interminables, el asfalto sube y baja por colinas de color ocre y, a medida que se avanza hacia el sur, las montañas se van decolorando hasta unificarse con los tonos amarronados de la meseta patagónica. A mitad de camino entre El Bolsón y Esquel, la bandera mapuche anticipa la aparición del predio de Santa Rosa de Leleque que, desde febrero de este año, pasó a llamarse Santa Rosa recuperada. Allí nos recibe Rosa Rúa Nahuelquir, vestida de rosa, como no podía ser de otra manera. Atilio Curiñanco, su marido, se fue a Esquel y volverá en algunas horas. El ingreso a Santa Rosa es cordial, pero un poco complicado. Hay que pasar por abajo o por arriba de los alambrados que rodean el predio porque el portón principal está cerrado por una cadena con candado. “Lo pusieron después del conflicto, después del desalojo del 2002”, cuenta Rosa sin más detalles. No son necesarios. En el aire queda flotando el episodio de aquel 2 de octubre cuando la Justicia hizo lugar a las demandas presentadas por el Grupo Benetton y el matrimonio se vio forzado a abandonar esas tierras.

En el predio hay una casita de troncos que la comunidad levantó a principios de año y que ahora devino en bastión de la resistencia. Adentro, algunas personas conversan y toman mate. Nosotros nos quedamos afuera con Rosa y nos acomodamos en un banco al lado de un fogón cuya llama está en visible estado de extinción. La mujer lo aviva y nos pide que por favor no le saquemos fotos, porque “el fuego para los mapuches es sagrado”, explica. Detrás de nosotros se escucha un curso natural de agua. A los costados hay colchones, ropa y un par de carpas azules donde duerme parte del grupo que, desde el retorno, acompaña a los Curiñanco-Nahuelquir a resistir los embates del tiempo y de la incertidumbre.

-¿En que momento empezó el conflicto?
-Nosotros vivíamos en este lugar y ellos nos hicieron una denuncia. Ellos (por el grupo Benetton) dicen que somos usurpadores de este lugar, que habíamos destrozado, que habíamos entrado a escondidas... un montón de cosas... nos pusieron en el juicio. Y ahí comenzó todo el conflicto porque nos tiraron la casita, perdimos lo que habíamos sembrado...

-¿Ustedes desde cuándo vivían acá?
-Nosotros vinimos a vivir acá en el 2002, pero anteriormente vivían nuestros abuelos, nuestros antepasados. Y después Benetton dijo que él compró este lugar, que ahora le pertenece. Nosotros decimos que no, que no es un lugar que le pertenezca a él porque vivieron nuestros abuelos en este lugar. Tal vez no nosotros, pero sí mis abuelos. Y él dice que este lugar le pertenece. Nosotros perdimos la casita, los animales, lo que habíamos sembrado, todo. Nos tiró todo. Nos arrancó todo. Y después de eso nos hizo un juicio, fuimos a juicio en el 2004. Se hizo un juicio oral y público en Esquel y en una parte salimos absueltos, que no éramos usurpadores como él nos decía. Porque se hizo en dos etapas: el 26 de mayo salimos absueltos y el 30 de mayo era el otro veredicto, sobre si la tierra le pertenecía a Benetton.

-¿Y ahí cómo quedaron?
-Ahí perdimos una parte: no éramos usurpadores pero tampoco nos pertenecía la tierra. Y nosotros dijimos que esto no iba a terminar así, que no era la decisión de un juez. Y fuimos a Italia para llegar a un acuerdo con Benetton, para ver si él nos decía: “les devolvemos lo que les pertenece”. Pero no, todo lo contrario. Estuvimos hablando con él y decía que no, que esta tierra la compró y ahora le pertenece a él. Viajé yo, mi marido, Mauro (Millán, portavoz de la comunidad) y Gustavo Macayo (el abogado de entonces). Y bueno, y allá, después de haber hablado y hablado con él, dijo: “Bueno, puede ser que yo le dé una solución a este conflicto, pero dentro de 24 o 48 horas”. Bueno, quedamos ahí y quisimos firmar un papel con lo que él había dicho, de darle una solución al conflicto, y él dijo: “No, yo no voy a firmar ningún papel porque mi palabra vale mucho más que un papel”.

-¿Se reunieron con Luciano Benetton?
-Sí, con Luciano Benetton. Bueno y hasta ahora no ha llegado nunca nada.

-¿Legalmente por qué extensión de territorio es la pelea?
-La pelea es por las 535 hectáreas. Lo que Benetton hizo fue una tramoya de decir “bueno, voy a donar tierras”. Primero dijo que iba a donar 700 hectáreas en Piedra Parada (en la meseta patagónica), después dijo 7 mil o 9 mil en Piedra Parada, pero el lugar al que nos quería mandar es pura piedra. Además, ¿quién es él para decir que vayamos a vivir ahí?

-¿En qué momento surge Santa Rosa recuperada?
-Bueno, después de esa historia, de haber ido a Italia y haber vuelto, de seguir haciendo reclamos por cartas y cartas para ver si teníamos alguna noticia y después de haber hablado con algunas comunidades y gente, hubo muchos que tomaron conciencia de la lucha que nosotros llevábamos y vieron algo más positivo en nosotros; vieron que era real, que era algo que realmente deseábamos. Se creó la conciencia de más gente y en un parlamento mapuche se decidió que la única solución que esto podía tener era retornar a Santa Rosa, volver a recuperar el lugar. Y bueno, y así lo hicimos. El 14 de febrero de este año volvimos a recuperar el lugar.

-¿Y cómo fue pasar la primera noche acá?
-Armamos carpitas directamente. Y bueno, sí, la primera noche fue muy fría... Las noches que siguieron también.

-¿En algún momento vino la gente de Benetton?
-No. La gente de Benetton lo único que hizo fue la denuncia. Nos volvió a denunciar. Mandó a hacer la denuncia otra vez por usurpación… Dijo que habíamos hecho destrozos, que habíamos cortado el alambre, de todo. Y bueno en esa parte vino (de Chubut) el fiscal Rivarola (Fernando)  y dijo que no, que él no veía nada. Porque nosotros regresamos al lugar pero sin hacer destrozos. Y bueno, ellos siguen presentando cosas. Ahora dicen que no podemos hacer fuego.

-...que con las temperaturas de acá es más o menos como pedir que se suiciden...
-Claro... Yo decía que él tendría que venir a pasar una noche sin fuego en una carpa, a ver si puede vivir sin fuego, sin calentarse. Y bueno, él piensa que de esa manera a lo mejor nos va a cansar.

-En las jornadas de construcción de las casas, ¿tuvieron apoyo de gente que no fuera de la comunidad?
-Vino gente de distintos lugares, mapuches y no mapuches, organizaciones. Vinieron de Epuyén, del Bolsón, Lago Puelo, El Hoyo, Esquel, Bariloche y se hizo. Ahora estamos esperando un poco que pase el frío para seguir construyendo el centro comunitario. En ese lugar vamos a exponer lo que cada uno hace. Mauro hace su platería, yo hago mi tejido en telar. Y también es un lugar para cuando alguno de nuestros hermanos ande con necesidad de pasar una noche.

-En las últimas semanas ustedes denunciaron que hubo movimientos militares por la zona...
-Sí, el GEOP (Grupo Especial de Operaciones Policiales) estuvo haciendo instrucciones ahí en la estancia de Benetton. Pero digo: ¿Cómo pueden venir a hacer instrucciones justo en un lugar que está en conflicto? Nosotros lo tomamos como una amenaza, como que quisieron decir: “van a ver este grupo y se van a asustar los indios”, como nos dicen, “se van a asustar y se van a tener que ir”. Nos presentan esto para ver qué vamos a hacer, cómo vamos a reaccionar nosotros.

-¿Presentaron una denuncia por este tema?
-Sí. Nuestro abogado Fernando Kosovsky va a pedir un informe sobre lo que está pasando acá. Porque justo acá, en este lugar, según el comisario de Esquel, anteriormente también habían estado. Pero con anteriormente se refiere a después del conflicto del 2002. Después del desalojo dice que estuvieron en este lugar haciendo maniobras. No enfrente sino en este lugar. Así que bueno... como ahora no se pudieron meter acá, lo estuvieron haciendo allá. Y también después del desalojo ellos pusieron pinos, acá en Santa Rosa. Vos vas para allá y hay cantidad de pinos. Los pinos se reproducen rápido y donde están se seca todo, cambia todo, no va a salir más ningún yuyo en ese lugar.

-De parte del gobierno nacional, provincial o de la Municipalidad, ¿tuvieron algún tipo de respuesta?
-Nada. Además, el gobierno provincial, Mario das Neves, dice también que los mapuches somos visitantes, que no somos nativos del lugar. Así lo dijo una vez en un acto. Dijo que hay que agradecer a los italianos porque fueron los que fundaron la tierra, los que dieron trabajo, los que hicieron progresar la Argentina; los mapuches no, porque los mapuches son visitantes. Entonces, ¿qué clase de gobierno tenemos? Porque por un lado se hace una cosa y por el otro, otra. Encima el año pasado tuvo esa desfachatez de estar en una rogativa (ceremonia mapuche) que se hizo en Cushamen (comuna rural de Chubut), como diciendo “estoy a favor de los mapuches”.

-¿Alguna vez se reunieron con Das Neves?
-Cuando empezó todo el conflicto en el 2002 y cuando recién asumió como gobernador tuvimos una reunión con él. Nos dijo que en un mes nos iba a dar la respuesta y a solucionar el conflicto. ¿Hace cuántos años está de gobernador? Jamás llegó la respuesta. Después no tuvimos ninguna otra reunión con él; más bien él muestra que está todo bien, que no hay problemas en el Chubut... a los conflictos los ignora.

-¿Quiénes están viviendo en Santa Rosa?
-Por ahora esta casita vendría a ser el centro comunitario, funciona así. Acá nos juntamos todos los que estamos.

-¿No viven ustedes dos solos acá?
-No, por ahora hay más gente. Para aguantar el frío, aguantar la lucha, todos. Antes de regresar al lugar estaba formada una comunidad que vendría a ser la familia Curiñanco, porque ahí estaba yo con mi marido y mis hijos, y eso ya vendría a ser una comunidad. Tenemos cuatro hijos y nueve nietos, pero no estaba constituida legalmente, de papeles. Hoy se volvió a formar una nueva comunidad, que es la comunidad Santa Rosa.

-¿En qué consiste el Museo Leleque? (ubicado en la estancia de Benetton)
-Ese museo está financiado por Benetton, y se lo encargó a (Rodolfo) Casamiquela, un historiador muy famoso que dice que nosotros, los mapuches, somos visitantes, que no somos nativos de acá, que somos de Chile, que andamos de paso. Yo por ejemplo, nací en Cushamen, que es una comunidad mapuche muy cerca de acá y Atilio nació acá en Leleque; es nativo de este lugar, nació, se crió, todo acá. Un día tuve la oportunidad de ir al museo, eso fue el ante año pasado, y la sorpresa mía fue encontrarme con la foto de mi bisabuelo en ese lugar. Tenía una foto de mi bisabuelo, de mi bisabuela, andá a saber si no hay fotos de mi abuelo o de mi papá, porque no lo pude recorrer muy bien de la rabia que me dio cuando vi la foto de mi bisabuelo. Teniendo museo, (Benetton) aparenta decir “estoy a favor de los mapuches”, pero por otro lado nos desaloja.

-¿Cuál cree que fue la intención de Benetton al hacer el Museo Leleque?
-Sé que ese museo lo hizo con Casamiquela. Como que quiso decir: “a los mapuches les hago un museo, total están todos muertos, están en el museo”. Como que lo mapuche ya está terminado, pero somos muchos los que aun vivimos y vamos a seguir viviendo para seguirle revolviéndole la cabeza a Benetton.

 

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