NÚMERO 48 - ABRIL 2007

A cinco años de "Marcados Para Morir"
LA MARCA DE LA GORRA

"Un funcionario de Seguridad me decía: 'Bueno, pero vea que disminuyeron los casos de gatillo fácil'. Y es cierto, porque no es tan necesario. Ahora, los pibes se matan solos". Pasaron cinco años desde que Sabina Sotelo salió en letra de molde en nuestro primer informe "Marcados para Morir". En aquellas épocas de corralitos, piquete y cacerola, los pibes no se mataban solos. El informe publicado en La Pulseada Nº 1 reflejaba lo que casi ningún medio -salvo honrosísimas excepciones, Cristian Alarcón ya venía tratando el tema en Página/12- mostraba y resultaba inevitable aceptar: en la Zona Norte del Conurbano bonaerense funcionaban escuadrones de la muerte, que los pibes morían en supuestos "enfrentamientos" a manos de la Policía Bonaerense.

"¿Para qué revista es?", preguntaba en aquel 2001, siempre al frente, "la Sotelo". "Una que editará en breve un Hogar para pibes que estaban en la calle y que ahora aprenden oficios...”. Daba vergüenza presentarse así, pero esta revista aún barajaba decenas de posibles nombres.

Sotelo confió. Se abrió igual. Contó cómo habían matado a su hijo de 16, el Frente Vital, que todavía no era "el santo de los pibes chorros", historia que tan oportunamente llevó al libro Cristian Alarcón ("Cuando muera quiero que me toquen cumbia"). Oscar Ríos y Nélida Ayala secundaron el relato. A Guillermo Ríos le habían plantado una 9 milímetros. Los policías gritaban "uno menos" mientras a Oscar le prohibían ver el cadáver de su hijo. Oscar ató cabos... Últimamente una extraña situación se venía repitiendo: “Cada vez que le preguntaba a Guillermo a dónde iba, él le respondía ‘a un velorio’”.

Nélida contó que su hijo Gastón, "el Monito", fue a comprar poxi y nunca volvió. Tenía 14 años. Ella se enteró por el titular amarillo de Crónica TV del "Macabro Hallazgo". Entonces supo que era su hijo.

Sotelo decía entonces que el asesino de su hijo, Héctor Eusebio Sosa, "buscaba un rango, más plata y dijo 'bueno maté un chorro'". Así lo explicaba, pero también creía que terminaría en la cárcel. Nada más lejos. Sosa no sólo obtuvo ese rango, ahora es sargento, y más plata, sino que mató a dos pibes "chorros" más hace un par de meses. Se cree que lleva "cargados" cinco.

"Con el correr del tiempo, me di cuenta que no hay delincuentes, que hay gente que trabaja de preso, porque los verdaderos delincuentes son los policías que manejan a los delincuentes, que los mandan a robar, o los sacan de la cárcel para que maten a un juez y vuelvan. Entonces, digamos, ahora sí hago Policiales", confiesa el periodista Ricardo "Patán" Ragendorfer que ha escrito largamente sobre policías y ladrones o las dos cosas juntas o viceversa. En fin, "en España, a los 'policiales' se los llama 'sucesos', que por lo menos no quiere decir nada", suele subrayar aclarando eufemismos.

Hoy la marca de la gorra se ve, entre tantas otras cosas, en el paco. Cada vez más paco, pasó de moda la "bolsita", dicen en los barrios. Para Sotelo ya no hay códigos, "consiguieron lo que querían, que se maten solos".
Dicen que, en general, uno entiende a posteriori la razón de las cosas. Cuando la estela voraginosa de los hechos deja paso a las palabras que los explican. Quizás fue por eso que entre decenas de nombres elegimos La Pulseada: esa estela que todavía entre todos, seguimos dando.
Verona Demaestri

Sabina Sotelo
PELEANDO LA VIDA
¿Qué dirían si se enterasen que a una madre la Bonaerense le fusiló a su hijo de 16, que arguyeron un inverosímil enfrentamiento para justificarlo, que quien lo remató fue liberado por falta de pruebas, que luego fue ascendido a sargento, que este tal Héctor Eusebio Sosa volvió a asesinar a dos pibes más, que echó mano nuevamente al poco original recurso del enfrentamiento, que se cree que lleva cinco en su haber, aunque quién sabe? ¿Qué dirían si esa madre se enterase que este Sosa, el asesino, había matado a dos antes que al suyo, que a pesar de encadenarse en Tribunales y hacer escarches, no logró que lo condenaran por homicidio y por eso anda a los tiros, que fundó una ONG con un nombre que se pretende conjuro, "Por la Vida", para dar de comer a pibes sin recursos, que su marido trabaja el remisse para comprar la carne y la verdura del comedor, que visita cárceles, y por si fuera poco se metió en la Facultad para ser abogada...? Sabina Sotelo no es la misma que hace seis años cuando La Pulseada creyó imperioso entrevistarla para su primer informe, el de los "enfrentamientos" de Zona Norte. "Hoy estoy más hija de puta que antes", dice y ríe. Es que, a partir de esa muerte, la más contranatura de todas, sigue peleando la vida.
Por Verona Demaestri

Sabina Sotelo es una alquimista. Convierte en lucha el barro, la miseria, y ha trazado una parábola meteórica desde que mataron a su hijo. Sabina es la síntesis de esa ecuación trágica y esperanzadora a la vez: por un lado el negativo, los suburbios hoy más desnutridos, más destruidos por la droga que vuelve "muertos vivos" a sus pibes y aborta el futuro; por el otro, revela su necesidad de exorcizar destinos negros como el de su hijo. Es por eso que va al frente, porque la depresión es un lujo que nunca decidió darse.

Desde que fusilaron a Víctor Manuel “El Frente” Vital de 16 años, el menor de sus tres hijos, Sabina ha encontrado en la pelea su único motor. El Frente era querido en el barrio; muchos lo veían como un Robin Hood de la periferia: robaba y repartía entre los vecinos de la villa. Tras su muerte en 1999 (escondido bajo la mesa en un rancho de la villa San Francisco del Conurbano Norte, desarmado, pidiendo que no lo mataran, diciendo que se entregaba), el Frente se ha convertido en el santo de los pibes chorros.

Sabina pisa los 60. Fumaba desde los 15, pero dejó. Fundó una organización que alimenta panzas y corazones de muchos pibes y algunos padres, visita a los presos sin médicos, contención, ni ayuda, y escucha a las madres que, como ella, perdieron un hijo fusilado por la Bonaerense.

La primera vez que la visitamos nos contó, junto con otros padres con quienes comparte injusticias, que era una más, aunque se definía como "la primera mamá de Zona Norte que hizo quilombo". Sabina tiene un derrotero que es, más o menos, así:

2001: La odisea de Sabina
En un bar del Barrio Facultad de Medicina, Capital Federal:
"Mi hijo se llamaba Víctor Manuel Vital, alias 'El Frente', y tenía 16 años. Era delincuente, aclaro, pero hay un sistema que lo deja solo. Él robaba para darle a la gente humilde pero estaba enfermo. Todo empieza con la droga. Acá nadie investiga quién vende las drogas y las armas. Hice muchas gestiones para curar a mi hijo, no tenía para una clínica privada.
A mi hijo lo asesinaron debajo de una mesa, con las manos en alto y pidiendo que no lo mataran... ¿De qué enfrentamiento me estás hablando? Si le ponen una 32 con seis balas y una sóla disparada. Más que enfrentamiento, es un fusilamiento.
Cuando lo asesinaron yo entré por todos lados golpeando puertas. Fui de las primeras que conoció a la Correpi (Coordinadora contra la represión policial e institucional). Gracias a su ayuda soy una bendecida de Dios que a dos años y ocho meses me salió el juicio oral. Además, ya hace un año que el asesino de mi hijo está en la cárcel. Tiene dos asesinatos más, anteriores. Este Héctor Eusebio Sosa buscaba un rango, más plata y dijo 'bueno maté un chorro'. Nunca se imaginó que se iba a encontrar con una mamá como yo. No eran las palabras de una vieja tarada villera que viene a denunciar. Atrás mío hay otras madres que luchan".

2003: Sabina encadenada
El 11 de febrero en los Tribunales Penales, La Plata:
"Al final no pudimos llegar a un juicio oral y público por el asesinato de Sosa. Se hizo uno abreviado por el cual estuvo un año y medio detenido. Él se hace cargo de la muerte, le dan una condena de tres años por exceso ilegítimo de defensa. ¿Te parece? A un tipo que atropella con el auto le dan cinco. A Sosa lo liberan inmediatamente. No lo condenaron por homicidio. Presentamos la apelación hace un año y no tenemos resultados. Somos como 1300 madres que estamos pasando por lo mismo... Ahora me encadené acá. Estoy pidiendo el juicio oral y público, y quiero que me lo den por escrito. La policía hace lo que quiere, libera zonas, pibes que trabajan para ellos.
Estoy encadenada desde las 10 de la mañana. Y todavía no tengo respuesta. Nos dicen que no quieren quilombo pero nosotros buscamos, pacíficamente, justicia por la muerte de nuestros hijos. Yo creo en lo jueces... Los de San Isidro me fallaron, pero deposito la fe acá.
Estoy haciendo esto por todos los chicos, todos muertos por 'enfrentamientos'. Hay mamás que no se animan. Me dijeron que a Sosa lo trasladaron a Capilla del Señor o a Los Cardales. Hay dos tipos de policías. Tengo compañeros policías que me dicen 'negra, seguí luchando porque por uno pagamos todos' y eso un poco me alienta, porque yo quiero confiar. Antes le decía a mis hijos que tenían que respetar a la policía y ahora les digo que se alejen".

2005: La purificación de Sabina
Febrero: "Yo fumaba desde los 15, pero dejé. Cuando discutía con el Frente por el porro, él me cargaba: me decía 'callate que vos también te drogás, porque eso también es droga'. Desde que mataron al Frente, yo acostumbraba ir a la tumba todos los aniversarios y 'compartir un cigarrillo' con él. Ese día, apenas lo prendí frente a la tumba, le sentí un gusto horrible, me dio como náuseas y no volví a fumar nunca más. ¿Habrá sido el espíritu de él? Viste, con eso de los milagros... Qué sé yo”.
Navidad: "Cuando llegan las fiestas, en las comisarías los policías les pasan a los presos drogas, sidra, de todo, para que se dejen de hinchar. Eso pasó en la Primera de San Fernando. Mientras los presos festejaban, los policías que estaban comiendo asado se pasaron de bebidas. El que estaba haciendo el asado tenía una faca grande con la que cortaba la carne. Cuentan que iba y les hacía 'rrrrrrrrrr' sobre las rejas con la faca. Los provocó, los provocó tanto que se armó. No hubo muertos no sé porqué, pero había pibes con los pulmones perforados, los hígados... Eran las 12 y media de la noche y yo ahí. Hice intervenir la comisaría, los hice echar a todos. Tuve que llevar a muchos presos al hospital".

2007: La metamorfosis de Sabina
Contagia dignidad y lo sabe. Pasaron seis años nomás, pero "La Sotelo" es otra. Ahora anda con ataché, toda coqueta "como una doctora, ¿viste? Se lo creen y te tratan distinto en Tribunales". Pero no sólo parece. Empezó la "facu" para recibirse de abogada. Siempre como el salmón, contracorriente, al revés: primero práctica, luego teoría; o al derecho en verdad, quién sabe. Para la práctica, a ella no le quedó opción. Y si donde hay necesidad hay derecho, pues ahí anda ella a los 60, estudiándolo para que por fin esa máxima se cumpla.
Sabina actúa en dos frentes: el legal y el barrial, en ambos buscando justicia. En uno, con el Código en mano; en el otro, con su comedor y su ONG “Por la Vida”. Y lo hace aunque dice que para ella no hay futuro. "¿Viste esas películas de los muertos vivos?" -imita, con la cara desencajada y las manos colgando- "Ggghhhh con el cerebro arruinado. Así están los pibes. Hoy ya no vivo donde mataron al Frente. Yo no me animo a ir al barrio a las once de la noche, ni a mi me conocen ya. No hay códigos. Un funcionario de Asuntos Internos me decía: bueno, pero vea que disminuyeron los casos de gatillo fácil. Y es cierto, porque es menos necesario. Ahora los pibes se matan solos".

-En los últimos seis años, ¿qué cosas cambiaron?
-Chorros hubo siempre, pero antes había códigos. Ahora no ¡A los pibes no les da más el cerebro por la droga! Antes podías dejar la ropa en el patio, en la terraza; ahora todo te llevan, venden por un peso para poder comprar droga. En la época de Víctor, el que se drogaba no se arruinaba la cabeza, seguía teniendo una bondad, ayudaba… Eso cambió un cien por cien. Y ¿dónde los llevás a rehabilitarlos a los pibes, si no hay? ¿A dónde? No hay.

-¿Qué es para vos la “seguridad”?
-Yo siempre digo que la seguridad es darle de comer bien a los pibes, educarlos. A mi casa vienen todos los días las madres a preguntarme si no puedo conseguir carpetas, hojas, lápices… ¿Qué educación les vas a dar a los pibes si no tienen nada? Porque, ¿viste? A veces los medios, si no vende… No digo los periodistas, apartemos, porque son empleados, pero el jefe máximo, si no es vendible la nota, no le da bola. ¿Y sabés la cantidad de cosas que pasan y nadie sabe?

- Si tuvieras que definirte hoy, en contraste con la Sabina que eras hace seis años, ¿qué dirías?
-... Que me puse más hija de puta que antes. Y por eso estoy estudiando, y me mato, y sigo estudiando. Yo llegué hasta sexto grado y gracias. Ahora empecé la facultad. Y escuchá esta, escuchá esta: como materia tengo inglés. Así que fijate vos, ¿eh? ¡La negrita hablando inglés! Guarda el hilo con los yanquis, ¿eh?

-¿Y qué te hace seguir después de lo del Frente?
-Estoy feliz porque puedo hacer cosas, pero siento impotencia a veces de no tener cómo hacerlas. Por ejemplo, quiero armar un proyecto, porque tengo un terreno muy grande para hacer apoyo escolar y… No sé cuánto tiempo más; voy a cumplir 60 años... Qué sé yo. Yo les puedo contar mi opinión, mi experiencia, mi dolor, mi sufrimiento. Quizás si hubiera habido un lugar donde rehabilitar a mi hijo, a lo mejor si yo tenía plata lo podría tener vivo ahora.

-¿Qué habría que cambiar para que no pasen más este tipo de cosas?
-Hay que eliminar la droga. Yo tengo un terrible problema con los transas. Porque de chica siempre supe lo que es trabajar dignamente. Pero esto de hacer plata para que se muera otro... Están utilizando a los chicos, a los pibitos, al futuro. ¡Todavía no empezó ni el colegio y ya lo tienen de mula!

-¿Se vende algo sin que lo sepa la policía?
-Nada se vende si ellos no saben. Acá la policía de la provincia está muy mal acostumbrada. Se gana poco pero de un lado saca la carne, del otro la fruta, del otro la leche… Llega fin de mes y el sueldo está limpio. Hay tipos que quieren ser buenos policías, porque también hay que decirlo. Pero el otro, el turro, no lo deja.

Frente a frente
"Y me siguen pasando cosas muy feas", dice Sabina Sotelo sin bajar la mirada. "Un día me entero que el asesino de mi hijo, Héctor Eusebio Sosa, estaba exonerado. Y me entero de la peor forma. ¿Tenés tiempo? Te cuento: Nosotros nos reunimos en el Comité de Transparencia de la Provincia que el gobernador hizo por decreto. A mí me invitan a hacer eso, que me alivia, porque yo voy a penales, comisarías, y es como que lo veo a Víctor ahí, ¿entendés? Y en reuniones del Consejo Consultivo, cuando ha salido el tema de Sosa, aparecía como que no estaba dentro de la Policía, pero yo nunca lo pedí por escrito. O sea, en ese momento confié en Asuntos Internos pero bueno, evidentemente no tengo que confiar mucho, ¿no?".
-Estaba afuera...
-Era casi año nuevo del año pasado. En esos días yo no tenía ganas de escuchar nada. Na-da. Mi marido me decía que me buscaba una señora. Me dice que le mataron al pibe… Él me apuraba para que yo me comunicara con esta familia y al final dije bueno, para que no pasen las fiestas..., y esto de encontrarme con un cuerpo fresquito y ponerme a llorar, y revivir y que viene Año Nuevo y que un plato está de más porque físicamente no está la persona… Es duro. Entonces me llama la mamá de Jonathan Lorenzo, el pibe de 24 años que había muerto. ¿Viste cuando ya escuchás que está llorando? Y bueno, vinieron un lunes a la tarde. Yo estaba sola, con la puerta abierta por el calor, bajo la sombra, tomando mate. Y veo que llegan dos autos… ¡Eran como diez personas! Para todo esto no sabía que eran dos familias. Se presentan y ya cuando le corren las lágrimas, ¿viste?... Y que usted es la mamá del Frente, que qué sé yo, adelante, pase, ¿toman mate, gaseosa?, ¿viste?, y encima rebobinar el cerebro como para arrancar.
-¿Entonces?
-Me dice “vinimos con el expediente. A mi hijo lo mataron el 24 de diciembre”, encima… Mirá qué fecha. ¿Pero el expediente que hizo quién?, le digo. “El informe de la policía”, me dice. Mirá, disculpame: si te lo hizo la Policía, yo te digo cómo empieza y cómo termina. ¿Viste? Te pusieron esto, lo otro, asalto a mano armada, privación ilegítima de la libertad, todo. Afirmaba con la cabeza. Ya está la historia; si no tenían armas se las ponen.
-¿Cómo fue?
-El pibe iba en la moto con otros dos. El Jonathan, el que manejaba la moto por la General Paz, dicen que hace un enfrentamiento... Muere él y antes Jorge Andrés Martínez. El tercero se salva. Eso me cuenta la familia. Yo me río “¿Con qué le tiró, con el culo?” ¿Entendés?, porque si vos vas por la General Paz, ¿cómo hacés para tirarle? Me causó risa, ¿viste? Y me dicen: “¿cómo sabe usted…?”. Mi amor, ¿sabés cuántos van? Nosotros tenemos estadísticas: 1822 pibes asesinados por la Policía y todos los expedientes son iguales. Ahora el que va a estar jodido es el pibe que está preso, porque los dos muertos se lo van a cargar a él. ¿Y tu caso cómo fue?, pregunta y le cuento. Le nombro al asesino de mi hijo: Héctor Eusebio Sosa. Silencio y después, te juro, ese nombre fue una explosión esa tarde en mi casa. La señora se descompuso, todo el mundo lloraba, mi hija lloraba. Yo pensaba “por ahí es el hijo que se llama igual”… Porque yo hasta ahí creía que estaba exonerado. Entonces a mi el corazón, realmente… Era volver, como que estuviera mi hijo ahí. Y contener a la señora, contener a la familia, con todo lo que yo estaba pasando… ¡La misma persona! ¿Cómo hacía? Y yo decía: ¡Dios bendito, dame fuerza para pasar este momento!
-Y era el mismo.
-Por el expediente sacamos el DNI, que me lo acuerdo de memoria. Coincidía. Después buscar el legajo, y era él. ¡Era él! Que estaba en otra zona. Y encima lo premiaron, lo habían ascendido. Entré a llamar a La Plata, a llamar a Asuntos Internos… Y hasta ahí me seguían diciendo “está exonerado, está exonerado” y yo que no, y que no… Hasta que hablo con una persona que me prometió pedir su legajo. Me dijo que no estaba exonerado, que estaba desde el 1 de septiembre de 2005 en servicio en la Primera de Olivos. Y ahí entré a ver a todos los conocidos para decir que yo quería hablar con Arslanian… Yo quiero hablar con Arslanian y quiero hablar con Arslanian… Ahora los jueces no sé qué van a decir. Lo liberaron porque no alcanzaban las pruebas para condenarlo. En Casación mi apelación al sobreseimiento está freezada desde hace dos años... ¿Viste? Qué van a decir los jueces ahora, ¿eh? Es como les digo a los pibes en cana que visito: "Oíme boludo, ustedes son los perejiles. Los vivos, están todos afuera".

LOS MUERTOS VIVOS
Por Alfredo Srur *
La primera vez que fui a la Villa 25 de Mayo, compuesta sólo por cuatro manzanas, fue hace 5 años atrás, cuando el paco todavía no existía. Había aproximadamente tres narcos que se encargaban de vender marihuana y cocaína. Hoy esas mismas cuatro manzanas se transformaron en un conocido fumadero de paco, donde hay más de una veintena de bocas expendedoras de paco las 24 horas del día. Muchas familias sin trabajo y en desfavorables condiciones económicas, se dedican exclusivamente a la venta de paco y hay muchos adictos entre los propios vendedores. La marihuana también es muy difícil de conseguir, pero es más cara que el paco. Se ven jóvenes deambulando por las calles como muertos vivos, flacos, con poca ropa, ya que venden lo poco que tienen por una dosis más. En el barrio se han perdido los códigos: cualquiera le roba a cualquiera y entre conocidos, y aparecieron los "sogueros", que son los que roban la ropa que esta secándose en los tendederos. A pesar de esta compleja situación, el centro de salud que está en la 25 nunca fue robado, y los pibes se jactan de eso como símbolo de que no todo está perdido. El centro de salud es el único lugar con gente capacitada que trata de ayudar a estos jóvenes, pero la doctora encargada del centro me comentaba que no hay un plan de acción en la lucha contra el paco, que se trata de un fenómeno tan nuevo que no saben cómo construir a partir de él, que no saben qué hacer para ayudar a la rehabilitación del adicto.
Igualmente, creo que no hay que demonizar al paco como único culpable; no es una sustancia que mágicamente transforma a la gente y la vuelve mala. Ese pensamiento es totalmente contraproducente. El paco es un escalón más en una sociedad que tiene sectores totalmente marginados, donde la supuesta reactivación económica y cultural jamás llega, donde hace años viene gestándose el abandono. El paco ingresa en esta escena y la empeora, pero no de un día para el otro. Esto tardó años. Fueron años y años de reiteradas malas políticas, de falta de planes a largo plazo, de malas condiciones laborales, de falta de oportunidades y de exclusión.
El problema del paco es un problema de nosotros como componentes de esta sociedad. El malo de la película no es el paco. No hay malo de la película, sino que es un síntoma de la falla en nuestro funcionar social que lleva décadas gestándose.
* Fotógrafo

Ricardo Ragendorfer, cronista de los malditos
EL PACO REEMPLAZÓ
A LOS ESCUADRONES DE LA MUERTE
Es el periodista que más sabe del asunto. En 1997 fue co-autor del emblemático best seller “La Bonaerense”, y en 2002 publicó su secuela “La secta del gatillo”. Fue testigo clave en la causa del Escuadrón y uno de los primeros en ir más allá de la crónica negra sobre casos puntuales, para adentrarse en las lógicas de un sistema recaudatorio inseparable del poder político y judicial: “Hasta hace unos años se hablaba únicamente del gatillo fácil –recuerda- que en realidad es el único delito sin fines de lucro que se comete en la Fuerza”.
Por Pablo Antonini

Su currículm incluye pasos por medios gráficos tan disímiles como “Cerdos & peces”, “Rolling Stone”, “Gente”, “Noticias”, los diarios “Sur” y “Ámbito Financiero”, además de algunas incursiones en televisión como “Historias del Crimen” y el legendario “El otro lado”, conducido por Fabián Polosceki. El “Patán” Ragendorfer, como se lo conoce en el ambiente, suele definirse como un apasionado de la crónica y la narrativa más que del llamado periodismo de investigación. Desde temprano se dedicó a Policiales, pero fue a partir de agosto de 1996 que se empezó a transformar, sin proponérselo, en especialista sobre la Policía bonaerense. En esa fecha participó de aquella investigación publicada por “Noticias” que bajo el título “Maldita Policía” rebautizó y marcó un punto de inflexión para la fuerza armada más numerosa e influyente del país. La nota la hizo junto al periodista Carlos Dutil, quien luego sería su co-equiper en la escritura de “La Bonaerense” y falleció meses después de publicado el libro. La foto de tapa, que retrataba con una expresión siniestra al entonces jefe máximo de los azules Pedro Klodzyc, fue obra de José Luis Cabezas.

“En esa época se hablaba únicamente del gatillo fácil, que en realidad es el único delito sin fines de lucro que se comete en la fuerza. Pero con el tiempo, a través de investigaciones periodísticas y denuncias judiciales, fue saltando a la luz que la Bonaerense –y yo diría casi todas las agencias policiales que operan en el país- hacen de la recaudación su sistema de sobrevivencia. En ese sentido, la Policía lucra con casi todos los delitos contemplados por el código Penal, siendo las cajas más fuertes la piratería del asfalto, el tráfico de drogas y los asaltos o robos de gran envergadura”.

Ragendorfer historiza, se remite a Rodolfo Walsh (que justamente bajo el título “La secta del gatillo” escribió una serie de artículos imprescindibles sobre el tema en los años ’60) y también más atrás para recordar que la Policía siempre participó en negocios como la prostitución o el juego clandestino, que debían pagar un canon en la comisaría para desarrollar la actividad. Pero señala que en la historia reciente ese poder ha crecido hasta transformarse en un virtual monopolio de administración y gerenciamiento del delito, al punto que “las grandes bandas autónomas, al estilo del Gordo Valor, son cosa del pasado”. En el desarrollo de este poderío, dice, la historia reciente señala dos hitos: la última dictadura, bajo el mando del general Ramón Camps, y la gestión de Klodzyc que aceitó la estructura hasta dotarla de un sesgo casi empresarial donde las Brigadas Antinarcóticos regulaban el narcotráfico; la división de “Sustracción de automotores”, los desarmaderos y así sucesivamente.
Por eso sostiene que se trata de un problema estructural, inabordable desde teorías que sólo busquen “manzanas podridas” o correcciones ideológicas, ya que “el enorme flujo que recauda la Policía bonaerense no sólo va a los bolsillos de los comisarios, sino que también sirve para solventar los gastos operativos de la fuerza, que si fuera por el presupuesto asignado apenas alcanza para las fotocopias”. El gerenciamiento del delito, además de un buen negocio para muchos, es parte de una rutina operativa y una inmanejable fuente de poder político, ya que otorga control sobre un tema tan sensible –social y electoralmente- como la inseguridad urbana, “y por lo tanto la posibilidad de regularla”.

“Ese gerenciamiento del delito se divide en dos áreas: por un lado el crimen organizado, que son todas esas actividades con las cuales la Policía a través de pactos, extorsiones, peajes, realiza determinados acuerdos societarios con una variada gama de delincuentes. Y por el otro lado hay un sector delincuencial que no controla, que son los llamados pibes chorros. Por lo general no les conviene hacer pactos societarios con delincuentes que cometen un hecho por un botín de 15 pesos, y encima por ahí se cargan a alguno. Pero esos sectores sí les sirven para hacer estadísticas, reclamar mayores atribuciones y pedir leyes más duras, que a la vez son inútiles para combatir al crimen organizado donde tienen sus verdaderos intereses. Bajar la edad de imputabilidad no es una medida que fortalezca precisamente la lucha contra la piratería del asfalto, por cierto”.

-¿La relación de la Policía con el poder político ha cambiado en los últimos años?
-El grave problema que tiene el tema policial es que siempre se lo trata de resolver policialmente, soslayando la relación que tiene con el poder político y el poder judicial. Y éste último depende de los uniformados hasta para el traslado de detenidos. Si bien en teoría la policía es un auxiliar de la Justicia, al menos en la provincia de Buenos Aires es al revés, la Justicia termina siendo un auxiliar de la policía. Dependen de la Bonarense por razones políticas, judiciales, sociales, de procedimiento… El hecho de que exista una industria del armado de causas o la “industria del garrón”, te da una pauta de cómo funciona este asunto. La gestión de Arslanian trató de desarticular esa estructura empresarial y jerárquica donde la recaudación iba de abajo hacia arriba, creando 18 departamentales que coincidieran con las judiciales y eliminando la figura del Jefe entre otras medidas. Pero de alguna manera la Policía bonaerense es como el agua: toma la forma del envase que la contiene. Entonces, si antes la corporación y la corrupción policial funcionaba como una empresa piramidal perfectamente aceitada, ahora actúa a través de jaurías autónomas que se disputan entre sí el gerenciamiento del delito entre distintos territorios de la provincia de Buenos Aires.

-Ya que no se puede resolver sólo desde lo policial, ¿observás alguna estrategia conjunta desde otros poderes o estamentos del Estado para cambiar esto?
-En el poder político, sea del color que sea, históricamente se hacen los boludos. Y tratar este tema policialmente es parte de esta política, que es la política del avestruz. Ningún político, intendente o candidato en campaña es capaz de admitir que parte de los fondos que usa para alimentar su aparato político proviene de esa fuente de financiamiento. Concretamente, la relación que tiene el poder político con la recaudación policial es financiera. Es guita. Es financiamiento de punteros, campañas, sobre todo intendentes. Entonces, la única manera de solucionar esto es muy compleja y exige cambios muy profundos en el modo de hacer política en la provincia de Buenos Aires. No es un problema policial, es un problema que tiene que ver con la evolución o con la involución de esta sociedad.

Escuadrones de la química y el plomo

-Vos testificaste en la causa de los escuadrones de la muerte. ¿Tuviste oportunidad de aportar pruebas judiciales?
-Sí, fue una historia bastante curiosa porque yo trabajaba en ese entonces en un semanario de actualidad, y el editor de ese medio me propone hacer una nota sobre la seguridad en Don Torcuato. Un encargado de publicidad de aquella editorial vivía en la zona, y estaba “abonado” a una agencia de seguridad cuyo titular sabía mucho sobre el tema. Así que concerto con esta persona una entrevista. Se trataba del sargento Hugo Alberto Cáceres, más conocido como el “Hugo Beto”.

-Lo fuiste a entrevistar en calidad de especialista, digamos.
-Exactamente, y grande fue mi sorpresa cuando advertí que su domicilio era una especie de comisaría privada. En vez de equipo de música tenía un equipo de comunicación que modulaba con la banda de la Policía bonaerense, en vez de cuadros o adornos había armas por todas partes… además correteaban pibes, los hijos de él en medio de todo eso, un cosa muy rara. Y en un momento dado, el tipo me estaba explicando su metodología de trabajo y se quejaba amargamente de que ciertos organismos de derechos humanos se habían ensañado con él. De pronto se levanta y trae un afiche de la Correpi con fotos de las víctimas del escuadrón. Y me dice: “mirá que cara de angelitos tienen acá… Yo te voy a mostrar realmente lo que eran”. Y entonces pela una especie de cuaderno donde tenía fotos de los pibes que apretaba. Todos los retratados estaban con las manos esposadas por atrás y alguna mácula en el rostro, un ojo en compota o la boca sangrante. Entre ellos estaba la foto del Nuni Ríos, que había sido asesinado poco antes, un caso muy resonante. “Este ya es boleta”, aclaró y efectivamente, debajo de la foto podía leerse la palabra: “abatido”. En ese momento me di cuenta de que estaba sentado frente al asesino del Nuni Ríos. Además curiosamente, tal vez porque veníamos recomendados por un cliente de él, nos dejó sacar algunas reproducciones de esas fotos. Obviamente la nota no la hicimos y yo me comuniqué con Cristian Alarcón de Página/12, que es amigo mío y además ya estaba investigando el tema de los escuadrones. Hicimos un pacto de mover el asunto judicialmente antes de publicar algo, para evitar que el sargento se desprendiera de las pruebas. En el ínterin Cristian hace un hallazgo espectacular: junto con la abogada Andrea Sajnosky encontró al dueño de la pistola que el Hugo Beto le había plantado al cadáver del Nuni Ríos. Tras ello, yo declaro en la fiscalía del Dr. Lino Mirabelli y aporto esas reproducciones de las fotos del álbum. Al día siguiente, Mirabelli allana el cuartel-vivienda del Hugo Beto, que a partir de ese momento quedó detenido. Dos años después se celebró el juicio oral donde él fue condenado a 22 años de prisión y su cómplice, Anselmo Puyó, a 19.

-¿Tenés información de que en la actualidad haya escuadrones operando con una metodología similar?
-No, actualmente no. En esa época hubo otro caso, cuando Ramón Orestes Verón era todavía ministro de Seguridad. Se produce lo de Diego Peralta (17 años, secuestrado y asesinado en agosto de 2002), y ahí comienza a hablarse de posibles vinculaciones con el hecho del sargento Miguel Angel Giménez. Una multitud prendió fuego la comisaría 1era de El Jagüel, lo que terminó precipitando la caída de Verón. En ese momento saltan a la luz causas archivadas sobre desapariciones o muertes violentas de menores, en las cuales siempre aparecía el sargento. Giménez en El Jagüel era una especie de clon del Hugo Beto, y al igual que él tenía una especie de agencia de seguridad: le cobraba a los vecinos 100 mangos por casa por protegerlos. Pero en la actualidad no se los mata de un modo tan orgánico como entonces. Aunque se los mata. Además, la irrupción del paco en al provincia funciona como una suerte de limpieza étnica. Está terriblemente enraizado, y su existencia habla de que existen laboratorios en la provincia de Buenos Aires. Esos laboratorios, al igual que los desarmaderos, actúan en un lugar físico permanente y no podrían seguir existiendo sin contar con una especie de zona liberada. En la provincia de Buenos Aires no se puede vender un porro sin arreglar con la Policía, y el paco funciona como una especie de limpiador social que utiliza la química en vez del plomo.

-¿Cambiarían las cosas si se brindara otro tipo de educación a los nuevos policías?
-Esa es una de las grandes deudas que la democracia tiene con la sociedad. Parte de esta problemática es resultado de que las fuerzas de seguridad no se democratizaron debidamente; no hubo un trasvasamiento adecuado desde los tiempos de la dictadura a la democracia. En términos de la formación, ideología y modus operandis, hay una clara continuidad desde la época de Camps. Lo único que les explicaron es que, para matar a alguien, ahora tienen que plantar un arma. Entonces, evidentemente tendríamos una Policía mucho mejor en el caso de que fueran debidamente educados e instruidos. Pero insisto, esto es simplemente una pequeña parte del problema, y funcionaría a muy largo plazo. Por más que este año salieran de la Vucetich policías muy bien educados, luego tienen que cumplir órdenes de oficiales superiores que recibieron otro tipo de educación, e insertarse en un sistema de recaudación con las características ya señaladas. Es un problema bastante complejo: a mi me parece medio ridículo que a veces, después de cometer determinados atropellos nocturnos, los policías reciban un cursillo de Derechos Humanos a la mañana siguiente. Imagino que muchos policías se deben reír bastante al verse en esa situación.

La reaparición de Héctor Eusebio Sosa involucrado en nuevos asesinatos, dice, no lo sorprendió demasiado: “Según datos oficiales, de los aproximadamente 25 mil presos que hay en las cárceles o comisarías bonaerenses, se sabe de antemano que 5 mil van a salir libres una vez que se les haga el juicio oral porque les armaron la causa, o están presos debido a pruebas poco sólidas. Vuelvo a decir: existe la industria del garrón, cualquier ciudadano está expuesto; yo entrevisté hace poco a un tipo que fue a comprar un asado al supermercado y estuvo 4 años preso. Suceden cosas absolutamente absurdas y kafkianas. Si Franz Kafka hubiera vivido en la provincia de Buenos Aires, hubiera sido un simple taquígrafo judicial”.
“En ese sentido, para cualquier civil en la provincia existe una inseguridad jurídica absolutamente lapidaria. No pasa lo mismo con los integrantes de la fuerza de seguridad, que pueden ser acusados de homicidio múltiples, esperar el juicio oral en libertad y después salir absueltos. Fijate que durante la época de los secuestros (sobre todo en el período 2001-2004, que marcó el auge de esa modalidad delictiva), todas las bandas de secuestradores eran mixtas, formadas por delincuentes comunes y protegidos por elementos policiales. Pero cada vez que se logró desbaratar alguna, como la de Lala López, el Oso Peralta o el Negro Sombra, siempre cayó únicamente la parte civil de la banda. No hay un solo policía preso. Para la Justicia, la policía está en el sector VIP, y el caso de Héctor Eusebio Sosa se inscribe en esa lógica también”.


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