NÚMERO 48 - ABRIL 2007

El objetivo de La Pulseada en boca de su fundador
RECUPERAR LA SONRISA DE LOS NIÑOS

En los comienzos tumultuosos del año 2002, cuando el primer número de La Pulseada comenzaba a circular por la calle, el Padre Carlos Cajade fue entrevistado en Radio Futura por la periodista Alejandra Gómez. Ahora, cuando la revista ya ha recorrido su primer lustro de vida, vale la pena renovar el compromiso recordando, a través de las palabras siempre sencillas y profundas del querido cura, cuáles fueron y siguen siendo los propósitos fundamentales de este proyecto editorial.

Entrevista: Alejandra Gómez

Edición: Carlos Gassmann

Llegó corriendo, minutos después de iniciado el programa. Tenía algo diferente en el rostro, algo que lo acercaba mucho al Carlitos adolescente. Quizás por la barba recién afeitada, por motivos que se develarían después, durante el transcurso de la entrevista. O tal vez por los sentimientos que quería compartir. De entrada, nomás, hablando de la Negri, hizo que a todos nos ganara la emoción.

-Vamos derecho al lanzamiento de La Pulseada. Pienso que la imagen de la Negri que eligieron para presentarse desde la tapa tiene una gran carga simbólica.
-Yo digo que la Negri es todo un símbolo dentro de los chicos. Porque con ella le hemos peleado muy fuerte a la muerte y al final la vida ganó la batalla. Recuerdo que cuando llegó hasta nosotros estaba muy desnutrida. Había muerto la mamá y estaba realmente muy mal. Nunca me había tocado dar una pelea semejante, entre la vida y la muerte. Había que llevarla al hospital dándole cachetazos adentro del auto para que no dejase de respirar. Cuando le pegás, reacciona, se levanta y respira. Siempre estábamos peleando así, al límite. Pero gracias a Dios, ganamos. O, mejor dicho, ella ganó la batalla. Porque tiene una estrella muy grande. Yo digo que todo niño, joven o adolescente que llega a mi casa tiene una estrella adentro. Y que hay que tratar de que su estrella aparezca. En la Negri eso se nota de una manera especial y por eso fue posible que ganáramos la pelea. Ahora, volviendo a La Pulseada, creo que en el fondo tiene mucho que ver con los niños. Porque tiene que ver con el país. ¿Y qué es un país si no son sus habitantes y, entre ellos, los más tiernos y más hermosos, que son los chicos? Esta revista va dirigida a que hagamos un país donde los niños puedan recuperar la sonrisa. Una sonrisa como la de la Negri, capaz de transmitir tanta alegría en este momento.

-Escribís en tu editorial: “Recordamos nuestra infancia feliz en torno a la mitad del siglo, cuando pulsos, pueblo y tiempo se besaron en sus caritas morenas, sus piecitos se mojaron en la fuente de la historia y se ganó por un tiempo la pulseada”.
-Lo que pasa es que cuando había pan y trabajo, los pibes eran felices. Yo nací en el año 50. Viví una infancia bastante linda. Había pleno empleo en el país y, cuando hay trabajo, hay dignidad. La política es decisiva, para bien o para mal, en la vida de los pueblos. Hay nombres que vale la pena destacar. Siempre menciono a Hipólito Irigoyen, Perón, Evita, Palacios. Gente que ha sembrado la política como una canción. Una canción para la gente. Hacer política es el arte del bien común. Tenemos que recuperar esa canción. Lo que decía de mi niñez lo vinculo con lo ocurrido el 17 de Octubre.Para mí es un hecho de gran importancia, más allá del partido que representa. No podemos dejar de reconocer que aquel 17 de octubre las patitas y los piecitos se mojaron en la fuente de la historia para que nuestra niñez volviera a ser feliz. Lamentablemente después vinieron etapas funestas, como la del menemismo, que nos llevaron a la miseria espantosa que hoy estamos viviendo.

-Varias veces te convocaron distintos partidos políticos para que fueras como candidato y siempre te mantuviste al margen. ¿Por qué?
-Ocurre que estoy conforme con lo que soy y con cómo soy. Muchos dicen: “pero éste no parece un cura”, por la manera de vestirme o de encarar la vida. Yo sigo enamorado de mi vocación, que es lo esencial mío. No me gustaría dejar de ser cura para dedicarme a otra actividad. Aunque habría que ver el día de mañana. Nunca digo nunca. Creo que hay gente valiosa, en múltiples lugares, para intentar reconstruir el país. A mí me gustaría quedar como inspirador, como el tipo que acompaña, que da fuerzas, que alimenta continuamente la esperanza. Eso es lo que me gusta. Me parece que el protagonismo mío va por ese lado. Me doy cuenta en mi casa. No sé si tengo una actividad muy grande; lo que tengo es una presencia cada vez más fuerte. Respaldo mucho la creatividad de cada uno, acompaño, fortalezco, inspiro, ayudo a que cada cual saque de adentro lo propio. Esa es la tarea que más me gusta hacer. Pero si alguna vez la historia dice -y yo olfateo- que todo el pueblo está dispuesto a acompañar un proceso donde me toca poner un granito de arena, si me siento muy bien acompañado, entonces lo pensaré. Pero si me lo preguntás hoy, te digo que me gustaría quedar como inspirador, como el que aporta luchando desde una segunda línea, que también es necesario para pelear. Porque tenés que estar muy bien por dentro para poder luchar sin perder las fuerzas. Pero por ahora prefiero seguir trabajando en lo mío. Y mañana se verá...

-La primera nota de la revista se titula “Marcados para morir” y dice: “Un reciente informe de la Procuración General de la Suprema Corte de Justicia bonaerense reveló la existencia de un escuadrón de la muerte en la Zona Norte del conurbano, integrado por policías en actividad. El grupo le vendía seguridad a los vecinos. La agencia opera en una de las casa de los policías, con armamento, uniforme y todos los instrumentos propios de una comisaría”.
-Son cuestiones que no se pueden dejar pasar. Es verdad que aparecer con esta nota equivale a salir con los tapones de punta con el tema de los niños, los adolescentes y los jóvenes. Pero ellos son nuestra misión en la vida. Que la Corte Suprema haya denunciado sesenta muertes de pibes en ciertos lugares pone en evidencia que la del gatillo fácil constituye toda una cultura. Parece que la culpa de todo lo que está pasando en el país la tuviesen los pibes. Seamos sensatos y no le atribuyamos la responsabilidad a quienes en realidad son víctimas. A nadie le gusta la muerte, ni la del pibe, ni la del policía, ni la de nadie que ande por la calle. Pero si pretendemos remediarlo al estilo del far west, esto no se arregla más. Pasó con el proceso militar, pasó con las Malvinas, pasó siempre que se quiso solucionar las cosas a los tiros. Yo digo que tenemos que atacar las causas. Que busquemos la posibilidad de un país donde todos tengan la oportunidad de trabajar y de vivir con dignidad. No estoy hablando por boca de ganso: en el Hogar (de la Madre Tres Veces Admirable) hemos hecho esta experiencia. Muchos chicos, incluso entre los que ahora participan de esta revista, tenían prontuario cuando llegaron. Lo único que les faltaba era el tiro en la cabeza. Hoy tienen un trabajo y ganan un sueldo. Nosotros descubrimos en los niños lo que después le iba a pasar a la sociedad. Tenemos que terminar con el fariseísmo y dejar de comprar espejitos de colores. Grondona (Mariano), por ejemplo, habla como si él no tuviese nada que ver con lo que pasó en el país. ¿Acaso no favoreció con su programa de televisión a este proyecto de país? ¿No aplaudió a los que nos llevaron a esta industrial cantidad de jóvenes desocupados, sin posibilidad y sin futuro? Eso es ser fariseos. Él también tiene que ver con la irrupción de los pibes chorros y con el modo de pensar que los engendró. Si realmente lo queremos arreglar, hagámoslo como corresponde: con la verdad y con la democracia. Dándoles voz a aquellos que no tienen nada y ya parecen condenados desde la propia panza de sus madres. Claro que salir con una nota así entraña un riesgo, es una jugada muy fuerte, pero al mismo tiempo es absolutamente necesario.

-En la nota se hace un paralelismo entre la doctrina de la seguridad nacional y la nueva doctrina de la seguridad ciudadana, que efectúa una serie de reducciones del campo de referencias del vocablo “seguridad”, excluyendo todo lo vinculado con laseguridad económica, la seguridad social, etc.
-Yo digo que primero vinieron por nuestros bienes, después por nuestras familias y más tarde por nuestros chicos. Pero ahora tenemos el desafío de empezar a pensar el país entre todos. No va a ser fácil. Tenemos que saber para dónde vamos, sin dejarnos engañar por mafias ni por gente que quiere arreglar todo a los tiros. Eso ya sabemos cómo termina.

-Quizás ya no nos dejamos engañar… La gente sabe bien cómo es la mano. Pero sucede que no tiene muchas herramientas con las cuales salir a dar vuelta todo esto. La destrucción fue tan profunda. Seguro que nadie quiere mandar a sus hijos a la boca del lobo. Pienso que el proceso para revertir esta situación va a llevar tiempo. No soy muy devota de estos cacerolazos, cuando reflexiono acerca de quiénes los hacen y qué significan.
-Que la gente haya reaccionado recién cuando le tocaron los ahorros es muy triste. No quiero ni contarte las malas palabras que me tocó escuchar cada vez que marchaba con los pibes para defender los derechos de los niños. Me acuerdo siempre de un periodista de Canal 2 que se calentó, entró a decirle malas palabras a uno y le tiró el auto encima. ¡Casi nos mata un pibe! Es posible que ése hoy se cuente entre los que están llorando. Pero, bueno, ahora hay que tratar de sumar. El hambre llegó a la clase media en la Argentina. El “¡basta!” del 19 y 20 de diciembre hay que continuarlo. Tenemos que tener esperanza en que será posible una reconstrucción de verdad. Aunque vayamos más lento. Pero no a los tiros: con democracia, con las asambleas, con las organizaciones para los niños. Con las cosas que va inventando la gente, como el trueque. También con los comedores, las copas de leche... Son cosas que no tendrían que existir, pero que en este momento nos están haciendo más solidarios. La revista quiere ser un aporte a todo ese proceso de reconstrucción. Seguro que si sembramos distinto, vamos a cosechar otra cosa. Es un país al que Dios le ha dado mucha riqueza. No es arena y roca: es uno de los cinco países exportadores de alimentos del mundo. Es una verdadera ironía que en un país como este exista el hambre. Como dice mi amigo Alberto Morlachetti, hace falta mucho ingenio, mucha creatividad y mucho talento para el mal para provocar el hambre en un país que es el quinto exportador de cereal del universo. Retornando a la revista, también incluye la sección “Baruyo”. Ahí aparece el Chino, un pibe que cuando era chiquito vivió en casa. Un tripero fanático. Le pasó de todo y él lo cuenta. Ahora los ayuda a organizarse a un grupo de linyeras en el bosque. Tienen consignas interesantes, como por ejemplo: “Está prohibido robar; siempre hay que pedir. Después hay que traerlo para compartir y comer todos juntos”. Dentro de la pobreza, también está la creatividad. Además, en este número le hacemos un homenaje a Muchinga, el linyera del barrio. Venía siempre a casa pero hacía varios días que no lo veía. Lo fui a buscar para llevarle la revista. Entonces me enteré por un vecino que había fallecido hace 15 días, en la última inundación. Lo encontraron muerto en el lugar donde vivía. Es un homenaje a Muchinga, que desde el corazón de Dios nos debe estar bendiciendo la revista. Una publicación que quiere alimentar la esperanza. Donde el excluido que también es capaz de inventar, sea protagonista. Es con ellos con los que vamos a reconstruir el país. No con el egoísmo de los Macri y otros ruines que quieren presentarse como la solución para el futuro y son los que nos han exprimido, nos han explotado, nos han vendido y nos han arruinado durante toda la vida. Nosotros queremos presentar otro tipo de posibilidad basada en el crecimiento humano. Tarde o temprano lo que estamos haciendo dará sus frutos. Algo muy importante, en ese sentido, es estar cerca de la gente. Recién, cuando venía para acá, me quede sin agua en el radiador. Se me acercó un muchacho que esta relacionado con la política y me preguntó: “¿cuál es el problema que arrastramos los políticos?”. Yo le contesté que un problema fundamental, en especial desde el menemismo, es la enorme la distancia que hay entre la gente y el político. Hay que acortar distancias, tienen que estar cerca de la gente, todos los días. Este va a ser un año muy pobre. Aunque algunos piensen que significa una alegría, es tristísimo tener que repartir comida. Provoca alegría poder ayudar, pero no deja de ser una frustración. La mejor alegría sería que cada uno pudiese llevar cada día a su casa la comida ganada con sus propias manos. Igualmente nosotros estamos dispuestos a poner la cara dónde sea para conseguir alimentos y repartirlos entre la gente que los necesita.

-En la revista hay una nota con las mujeres de “El Charquito” que dicen precisamente eso: que lo mejor es que cada chico coma en su casa y con su familia. Pero que mientras eso no se logre, hay que seguir trabajando con los comedores.
-A veces no tenemos nada para ofrecer. Apenas un mate. Entonces yo les digo: vayan, armen cinco equipos de mate y siéntense a charlar con la gente. Aunque de ochenta problemas resuelvas quince, por lo menos los compartiste. Porque el compartir es fundamental. Uno va a juntarse con treinta personas y vienen cien. Las necesidades que aparecen son tan grandes que te desbordan y tenés que encontrar una manera de contener. A veces no podés más de la indignación. Te cuento que el año pasado, antes de votar, rompí la boleta en mil pedazos y la metí en el sobre.

-¡Estás como loco! (risas).
-Sí, sí, en contra de mis propios criterios, la rompí. ¿Sabes por qué? Las elecciones eran el domingo y el miércoles vino a verme una señora. Mientras me contaba los problemas que tenía, lloró por lo menos ocho veces: hijos afectados por las drogas, problemas de acá y problemas de allá... Yo la escuchaba y no sabía qué decirle. Estuve quince minutos apenas poniéndole el oído. Cuando terminó, me dio un beso y me dijo: “¡qué alegría!”. Yo me quedé pensando: esa señora me permitió ver que cuando la exclusión es tan grande provoca hasta la falta de identidad. Sentís que no sos nadie para nadie. Por eso te sentís reconfortado cuando, por lo menos, alguien te escucha y comparte con vos. Aunque no tengas muchas palabras para decirle, basta estar cerca de la gente para que no te olvide.

-Es el espejo que la gente necesita para reencontrarse, ¿no? Es tan lindo lo que escribís acá: “Soy cura porque se le ocurrió a Dios. Yo era componente de una banda de muchachos que vivía en Villa Argüello”. Pasó mucho tiempo de eso y ahora... ¡Te afeitaste la barba!
-¡Ah! Porque me la quemé. Estaba en casa haciéndoles un asadito a los chicos, uno se me cruzó de golpe y la barba me salvó la cara. Quedó medio chamuscada y como tenía que estar en varios medios de televisión, por la presentación de La Pulseada, me la afeité. Pero volviendo al tema de mis comienzos, es cierto que me agarró un entusiasmo muy grande por estar en el lugar de cura en el que entonces se encontraba el Padre Laureano. Claro que había cuestiones, como la del celibato, con las que no quería saber nada. Me cuestionaba esas cosas, pero el entusiasmo que sentía era más fuerte que yo. Por eso digo que es algo que se le ocurrió a Dios. Hablé con Laureano y él me dijo: “vamos a esperar para ver si es sólo un entusiasmo pasajero”. Pero pasaba el tiempo y era cada vez más fuerte. Yo quería seguir para ese lado. Después, cuando tomé la resolución definitiva, me sentí muy bien. Digamos que el seminario no me gustó, porque siempre rechacé todo tipo de encierro. Por eso me escapé mucho del seminario. Algunos me dicen: “vos pasaste por el seminario, pero el seminario no pasó por vos”. Me lo señalan como una crítica, pero yo siempre lo tomé como un piropo.

-Volviendo a La Pulseada, ¿con qué periodicidad piensan publicarla?
-La idea es salir una vez por mes. Arrancamos con una tirada de seis mil ejemplares. ¡Me dijeron que se estaba vendiendo como agua!

-Yo venía para acá en el micro releyendo las notas. Una señora me vio desde el asiento de atrás y quería comprármela. Sacó el billete e insistía: “te la compro, te la compro!”. Le expliqué que era imposible porque justo ahora iba a trabajar con la revista y que inclusive la había subrayado toda.
 -Es realmente un lío el momento en el que salimos. Un momento difícil porque todavía nadie cobró. Pero, bueno, las cosas que hicimos siempre tuvieron algo de lío. Así que no quisimos dejar de salir por esto.

-¿Y en qué momento no hubo lío?
-Tenés razón: ¡en qué tiempo no fue así!

-Yo, que nací en el ’66, no tengo memoria de la época de la que vos hablás.
-Sí, claro, cobraste siempre... (Risas). A veces la veo a la Negri y a los otros nenitos que están en mi casa y pienso: “¡Ojalá que ellos también puedan disfrutar un día de este país!”, así como yo lo disfruté cuando era chiquitito. Pese a que ahora me cuesta recordarlo y aunque después sólo hayamos recibido un cachetazo detrás de otro.

-En la revista también está presente otro de tus amores, que es el fútbol.
-Sí, por último hay una nota de Carlos Fanjul acerca del ascenso. Los que estamos metidos en el fútbol sabemos bien lo que es. Yo estuve el domingo con la gente de Defensores de Cambaceres, bendiciendo el monumento a los campeones. Mi papá fue su arquero. Y yo me traje la camiseta, pero no sólo para ponérmela. También para interceder por el club. Que allá arriba nos ayude la virgen y que acá abajo se encarguen las piernas de los jugadores. A lo mejor entre todos podemos hacer algo.

 


* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido, citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación a La Pulseada.

BAJAR LA NOTA(60kb)