 |
NÚMERO
47 - MARZO 2007
El cuento sin llave
PIPE, EL MARADONA DE VILLA ARGÜELLO
Había une vez un cuento con la puerta abierta. Lo escribió Walter Vargas, recordando su Villa Argüello natal. Lo protagonizó un tucumano, Maradona de los potreros, ex amigo del alcohol y ahora piquetero. Lo encontró Gabriel El Colo López y le hizo espacio en La Pulseada. Un historia que depende desde dónde se la mire, pudo haber comenzado en una casita humilde de Berisso y terminado en Capital, en un pueblo ya desaparecido de Tucumán y finalizado en una huerta piquetera, o en una verdulería del barrio norte platense y acabado con mate dulce en un ranchito de Argüello. Narrador, protagonista y lector, que entran y salen y se chocan entre la realidad y la ficción.
Por Gabriel “Colo” López
Mientras hacía de equilibrista con unas manzanas, y con la gamba apoyada en un cajón, el Miguel me detuvo la habladuría futbolera y parándome en seco advirtió: “¡si en Berisso habrá jugadores, ja! Creo que no sabés nada de lo que jugaba Pipe!”.
Después de escuchar en Radio Continental, en uno de esos sábados que el periodista Alejandro Apo nos emociona con su “Todo con Afecto”, el cuento “Gerez”, con tantos nombres de Villa Argüello y de Berisso, me despertaron las chusmas ganas periodísticas de conocer a ese tal “Gerez”, que en definitiva no se apellida así, sino Bazán (Felipe Arturo, o “Pipe”).
En una verdulería cercana al diario Hoy comencé a dar con el personaje. Allí atiende a la fina clientela del Barrio Norte don Miguel Morán, chivilcoyano, radicado en Argüello.
-¿¡Pipe!? ¿De cuál Pipe me hablás, Miguelito? ¿No me digas que del tipo del cuento de Walter Vargas?
-Escuchame, Colorado, Walter Vargas y Pipe son de mi barrio.
El sábado, que despertó mojado con charcos a granel, me fui para lo del Morán. Y de Morán, en un auto que por momentos fue canoa, fuimos a buscar a “Pipe”.
A continuación, las voces que guardé en la cinta de mi grabador. Desde que llegamos hasta que nos apretamos en un abrazo y partimos. Miguel a buscar a su señora, yo a ver a Villa San Carlos –por la avenida 66, en bicicleta- y Pipe… Pipe a buscarle alguna explicación a por qué es tan famoso si jamás calzó una camiseta de un club importante.
Miguel: -Pipe, a vos te decían “pegale al travesaño” y vos le pegabas al travesaño nomás…
Pipe: -Yo jugaba mucho, pero me gustaba jugar para los de afuera, ¿viste? Más que para los que miraban, que para el equipo.
Colo: -¿Por qué te dicen Pipe?
Pipe: -Vine de Tucumán a los 9 años, ya venía con el Pipe, por el asunto del avión... Piper
Colo: -¿Viniste en avión?
Pipe: -No, si hubiera tenido para venir en avión no estaría acá. Yo vine en tren. Mi viejo quería que jugara al fútbol. Andaba bien, pero yo quería el potrero.
Pipe es hincha de River. En el rancho, en el culismundi, vemos un poster de River Campeón 1978: Sabella, JJ López, Alonso, Merlo, el equipo que rompió el maleficio luego de 18 años.
Miguel: -Al fútbol no jugás más, ¿no?
Pipe: -No, por el chupeteo. Ahora hará 6 años que dejé de tomar, sino me llevaba el vino, el alcohol… bah.
Miguel: -¿Y al pucho le das?
Pipe: -Sí, sigo fumando, pero viste... El médico me dijo que dejara.
Miguel: -Sos otro tipo, ¿eh? Rejuveneciste diez años; cuando chupabas estabas hecho bolsa.
Pipe: -Yo soy de mal tomar. Me molestaba cualquier persona.
Felipe Arturo Bazán llegó en 1961 a Buenos Aires, con su padre José Manuel. Primero a Ensenada, donde eligieron el potrero "La Lamparita" –en una rambla- para patear la pelota hasta la noche. Fue en ese campito donde su viejo escuchó: "¿Por qué no lo lleva a probar al chico?". Pero el tucumano mayor laburaba. Luego de vivir un año en Ensenada, compraron la casita de Villa Argüello,
-¿No estás arrepentido de nada en la vida?
- No, no. Antes no había tantas oportunidades como ahora. Ahora nacés y ya te llevan a una cancha de fútbol. Vine a Villa Argüello y me hice vago; parece que entré justo en el barrio. Pero mi padre me dio todo. Yo fui la plaga.
-Don Miguel Ignomiriello, a quien nombran en el cuento, ¿no te quiso en Estudiantes?
-¿A Estudiantes? ¿Cómo iba a entrar? Había excelentes jugadores en las inferiores del año 68 o 69. Aparte, es como cuenta el Walter, con el pedo que tenía... cómo me iban a ver. Algunas cositas tomaba.
-¿Recordás la primera prueba?
-Fue en Gimnasia, con un señorazo: el Negro Miranda. Te hablo del 62. Me probaron, me pusieron de 3, me agarró uno que tenía una velocidad de la p.. ma... ¡Qué lo voy a agarrar! Después de 5, después de 8, en ese puesto hice un gol de chilena y de ahí me puso de 10 y me sentí más cómodo. Entrenábamos en la auxiliar, y me hacían patear una pelotita chiquita contra la pared.
-¿Jugaste algún amistoso?
-No, fueron todas pruebas. Ya quedaba, ¿eh? Pero no quise ir... a correr (risas). La culpa fue toda mía, no fue de ellos. Yo podía continuar en Gimnasia. Todavía yo decía "vas a ver que para el 78 va a salir campeón Gimnasia", y se fue al descenso (risas y gestos serios).
-¿De quién te hiciste hincha en La Plata?
-De Gimnasia. Estuve un tiempito y me gustó. Estudiantes una vez me dio bronca. Había ido con Carlitos (hermano del periodista Walter Vargas) a ver a Urriolabeitia; llegamos y nos preguntó si venía recomendado por alguien... No, por nadie. Pero llegó un chico, le dijo que era recomendado por Alberto J. Armando, y lo hizo pasar; ni sabía cómo jugaba, lo que daba o lo que no. A mí me dijo “venga la semana que viene”, y no fui más.
-¿Te fletó?
-En ese tiempo tenías que tener una buena cuña... Ahora no, agarrás a un chico de 9 años y lo metés en cualquier lado, aunque juegue mal.
-Te quedó el potrero, para ser figura...
-Jugábamos en la Plaza de la Iglesia San Miguel de Arcángel (63 y 124); jugábamos en el Dardo Rocha, donde ahora hicieron unas casitas; o jugábamos acá en Villa Argüello.
-¿Cómo te definís como jugador?
-Un estilo Alonso, pero más rapidito parece que era...
-¿Contextura física?
-Mediano, 1,69, estilo Maradona.
-¿Qué le aconsejarías a cada pibe de tu barrio, que hoy patea una pelota?
-Que aproveche la posibilidad de jugar al máximo, aparte de estudiar. Que persevere y triunfará. Y lo principal, que no se drogue. Pueden tomar alcohol, como cualquier persona, porque tomás un vaso y mañana se te va, pero la droga, te pasa hoy, te pasa mañana...
-Lo decís y lo sufrís mucho.
-No sé, nunca tomé droga. A mí lo que me arruinó fue el alcohol. Pero la droga te hace peor, sin ninguna duda. Es de terror.
Ladran los perros. En la radio suena "Chiquitita dime por qué". Es el mediodía.
-De tu camada, ¿qué cracks recordás?
-Estaba Trebucq, el Muerto Pedrazza, Trobbiani, Sabella, el Bocha Ponce.
-¿En serio vivías de joda?
-Yo no era de ir mucho al baile. Iba del boliche al cabaret, me gustaba ese ambiente. Encontré buenas personas. Yo iba al baile y no duraba mucho, disparaba, ya me picaba el cerebro.
-¿Tuviste algún regalo del fútbol?
-Varios, pero no tengo ninguno, porque he andado de un lado pa’l otro como un linyera. Tenía de todo. Ahora que no tomo me doy cuenta.
-¿Un ídolo?
-Maradona, sin pensarlo. Y creo que después de Maradona, Bochini.
-¿Del ascenso te vinieron a buscar, de la Liga, de Villa San Carlos?
-No, no fui nunca yo ahí. Fui a Villa Albino, no me gustó y me fui a Gimnasia. Me pusieron de adelante, pero no me gustaba mucho chocar, aunque sí que me golpeen cuando uno tiene el fútbol en los pies, ¿me explico? Me gusta tenerla y que vengan a golpearme; los iba a hacer pasar de largo seguro. Aparte yo era muy sucio para usar el codo, pegaba y ni cuenta se daba el referí. ¡Palabra! Preguntale un día a Walter, a Duarte, a Camote... Usaba el codo y "vení, marcame, puto". Y ahí nomás, el codito al pecho. Jugar en cancha de 7 es más difícil que en la de 11: s más rápido, es como el fútbol 5, lo tenés encima y tenés que ser como una avispa.
-¿Conocés algún estadio de Primera?
-El de Gimnasia. Iba con Horacio D'Amico, un hombre que murió hace tres años; cuando yo vivía en 64 entre 121 y 122, me llevaba; era un pendejo yo.
-Siendo un chico que venía del interior, ¿sabías que Estudiantes tenía un Pabellón en el estadio para quedarte ahí?
-No. Con el tiempo me enteré que lo tenía Ferro, cuando estaba Timoteo. Pero yo te repito, no me calenté por tener un porvenir.
LOS PROTAGONISTAS
PIPE
Arturo Felipe Bazán es tucumano del pueblo de Acheral, donde nació en 1950 y nunca regresó. Tampoco quedaron parientes, pues se corrieron a Montero y a Concepción. "Donde vivía yo no queda más nadie, pusieron cañas, cítricos. Borraron la cancha, ahora todo es producción. Ya eché raíces acá, tengo 56, así que hace 45 que no vuelvo. Y mirá que tuve plata para viajar”, detalla con memoria de gran precisión.
Sus padres murieron: Josefa Aurora y José Manuel. Tiene dos hermanos: Rosa y Antonia "la gordita", casada con El Tingo. Está lleno de sobrinos, y sobrinos nietos, son “como veinticuatro y no sé si me quedo corto".
WALTER
Walter Vargas nació en Villa Argüello, (“Mi patria”, le dice), en 1958. Es escritor, periodista y psicólogo social. Ha publicado los poemarios "Regreso del llanto" (1988) y "Perchas flojas" (1991). Su relato "La nueva soledad" fue seleccionado en la antología 10 relatos cinematográficos (1998) y su cuento "Uno menos", incluido en De Puntín (2003). Su ensayo "Fútbol: opiniones y merodeos" participó en la compilación deportiva Jugados (1999). Actualmente se desempeña como columnista del Diario Olé, en las agencias de noticias Télam y en Radio Provincia de La Plata, es comentarista de boxeo de ESPN y coordinador de la Tecnicatura Superior de Periodismo Deportivo en City Bell. Hace muchos años se subió a un camión que repartía vaya a saber qué cosa desde Berisso a Capital, golpeó las puertas del periodismo y allí se quedó.
EL REENCUENTRO
Apenas se editó el libro “Diario Intimo de un Chico Rubio y Otras Historias Futboleras”, El Pipe no sabía nada. Hasta que entró a hacer unas compras al almacén El Barba. En el interior del comercio se encontró con Gerez (el verdadero Gerez del barrio, porque en el libro se le nombra a Pipe con ese apellido).
-¿Qué hacés Gerez? Ahora vos te llamás Gerez –le dice el vecino a Pipe.
-¿Por?
-¿Qué, no te dijeron nada del libro de Walter?
-No, no.
-¿Tampoco te dijo nada Marisel? (la prima de Walter). Te escribió una historia en el libro que sacó recién.
-¿¡No!?
-Yo ya lo leí, decile a Marisel que te lo preste.
“De la página 41 a la 49 estoy yo, con cosas buenas y con cosas malas. Yo no estoy arrepentido de lo que dice, pero tampoco quiero que me escriba todas bellezas. Está como lo que es uno en la vida, realmente. Lo único que aparece con el nombre de Gerez, como para poner el nombre de un personaje”.
-Quizás Vargas no se acordaba de tu apellido…
-Sí, cómo no, si íbamos a marchar juntos con los peronistas cuando estaban los milicos. El se acuerda cuando cantábamos “Perón Perón que grande sos… Y yo decía "Degenerao' cuanto valés". Hijo e' p... cómo se acuerda! Esa parte la publica.
-¿Qué cosas te vienen a la mente del cuento?
- Lo que pasa que no lo quiero leer siempre, me emociono. Cuando hay otra persona, por ahí sí, pero yo acá estoy solo solo...
-En el libro nombra a gente de todo el barrio, no sólo a vos...
-A los Barreto, al Nene Pérez, a Catín, al Negro Bocha, a los Duarte que son primos de él, hasta a Mario Cajade, hermano del cura. Y está la historia de Walter, que también está escrita bastante triste.
-Cuando nombra a 12 de Setiembre, ¿es el mismo club que está hoy al lado del antiguo Rancho de Goma, en 122 y 58?
-Sí, y había buenos equipos, la mayoría en torneos de 7, con cancha de tierra.
Desde que salió el libro, los chicos lo ven pasar por la calle y no le gritan más ni Pipe ni Arturo, "Chau, Gerez", le dicen.
Pipe había intentado conseguir el libro cada vez que iba a una marcha a Capital y se mandaba a los kioscos. “¿No tenés el libro tal y tal? No, se me agotó. No, no lo tengo”, cuenta.
Una tarde se produjo el reencuentro. Fue en la biblioteca Juanito Laguna, en 127 y 63, al lado de la huerta, donde piensan hacer una canchita con el popular “Chino”, militante del barrio. Walter Vargas, en la biblio, frente a los pibes del barrio, leyó emocionado el cuento. "Dio cátedra" –afirma Pipe-, también lo acompañó "un hombre con muletas, periodista", Carlos Fanjul. Ese día le dedicó el libro.
La dedicatoria que Vargas le escribió dice: “A Gerez o a Bazán. Pues no es lo mismo pero es igual: hermano de la vida, con sincera gratitud, con enorme emoción, Walter, el Laucha. 1-9-05”.
MA’ QUÉ BOTINES
“Qué botines ni ocho cuartos, con zapatillas se jugaba. Y mas de una vez se le salía una uña con zapatilla agujereada y todo”, escribe Vargas en su joya literaria.
¿Así jugabas vos, Pipe? “Siempre en zapatillas. Una sola vez usé Sacachispas, los empecé a usar en el Colegio Militar, cuando hice la colimba en El Palomar. ¡Salimos campeones!
DE PINTOR A PIQUETERO
"El Pipe" tuvo un laburo que le dio placer: pintor. “Nada que ver a cuando estuve hombreando bolsas en el puerto”. Pero en el trabajo de pintura sufrió accidentes. “Me caí tres o cuatro veces, pero no borracho, porque yo cuando tenía ese trabajo tomaba un poco al mediodía: un litro entre cuatro”.
“Era contratista –continúa-, tenía tres personas trabajando conmigo, era responsable. Pasa que me caí, me dio miedo y fui dejando. Ganaba 100 pesos por día. Después pasé a ganar 50, después 30, después casi nada y dejé, aunque me arrepentí de haber dejado”.
Trabajó de floricultor en Villa Elisa y en Gorina. "Estoy agradecido a Dios lo que me dio, lo que soy. Ojalá que siga así con salud. Pucha, dirán que tuve la posibilidad de ser millonario, tener una buena posición, pero a lo mejor Dios no quiso. A lo mejor Dios dijo "no, vos te mereces esto; o si me hubiera dado plata, quizás ya hubiera muerto".
"No tengas miedo de venir al Movimiento", dice. El Tucumano integra el Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, dentro del Frente Popular Darío Santillán. Realizan marchas; pone sus horas en proyectos de tambos y huertas, donde las manos de "Pipe" se posan con amor en la acelga y la lechuga. “Sembramos, y los que necesitan se llevan. La tierra es media mala, con arcilla. Pero...”
LA CLAVE DE LA HISTORIA
Un punto importante en el cuento es “el día de la final”, que el autor describe así:
“… Esa mañana no abrieron kioscos ni almacenes; el lechero y el hielero hicieron su recorrida más temprano, todo el mundo fue a ver aquella final...
-¿Recordás algo de aquella final?
-Sí, era una final contra Dardo Rocha. Yo para Villa Argüello.
(Sigamos buceando en la prosa del escritor. Recordemos que Bazán, o “Gerez” según el cuento, hacía goles espectaculares, de chilena, de cuarenta metros, era el Maradona del barrio).
… Hasta que le queda picando la pelota en la línea del arco. Ahí está Gerez, de frente. Ahora sí, es gol, es gol y campeonato. Gerez la mide, la mide, la mide, se acomoda y le da con alma y vida. Se va lejos del travesaño, lejísimos, pega en el portón de la iglesia y cuando vuelve la pelota,termina el partido. Los de Dardo Rocha hacen una montaña humana en medio de la cancha. En la gente de Villa Argüello, el velorio imaginable. Gerez no dice ni una palabra. Se sube al carro de Carucha Palomba que le dice "te arrimo, Felipe" y se van. Del partido, pero más que del partido de ese segundo final, del inexplicable yerro de Gerez, no se habló más que por lo bajo durante seis meses.
-La tiraste feo... –le consultamos-
-Dice por ahí que por una mina... Y bueno...
El cuento se hace misterioso en el final… Frases entrecortadas. Hipótesis que jamás se desarrollaron. Retazos de explicaciones místicas, religiosas, de psicología casera o vulgares. Si hasta no faltaron los rumores de que después del 4 a 4 el Chueco De Zarza lo había querido sobornar ofreciéndole a la hermana. "Si parás acá, la Marta es tuya", decían que le había dicho el Chueco. Y eso lo habría perturbado de lo lindo a Gerez porque la Marta era por lejos la mina más espectacular del otro barrio, de Dardo Rocha, y Gerez se moría de ganas de darle bomba. Pero cuando alguien le rozaba el tema, Gerez lo paraba en seco: "Lo pasado pisado" decía. Hasta que un día, en medio de un mus en la casa del Tano Federici, Cachito Pereda se animó y fue hasta el hueso: "Decime, Pipe", lo preparó, "¿qué te pasó en la canchita de la Parroquia, por qué la colgaste?”. Gerez relojeó sus cartas, dijo va y va, se mandó un trago de cerveza, lo miró fijo a Cachito, se hizo un silencio de monasterio y cuando todos creían que ahí se plantaba, manoteó un maní y dijo "ese no era un gol digno de mí, lo hacía cualquier caído del catre".
-¿Fue así, no lo hiciste porque iba a ser un gol de miércoles?
-Estaba medio “sucundiado” también.
-¿Ah si?
-Bastante
LAS COSAS DEL QUERER
Por Walter Vargas
Gerez, o Bazán, que no es lo mismo pero es igual, se corresponde con esos héroes que gestamos y modelamos en la niñez. Héroe, en este caso, necesariamente vinculado con las destrezas futboleras, por cuanto así lo establecen los imperativos geográficos. Hablo de la Argentina, donde es infrecuente que nos subyuguen los ajedrecistas, por decir algo. Gerez-Bazán, pues, héroe futbolero y héroe de Villa Argüello, que en cuanto a mí equivale a eso que damos en llamar patria. Si la patria es la infancia, mi patria fue Villa Argüello, mi norte fue el fútbol y el corazón de mi norte el tucumano de las patas flacas, la sonrisa canchera y la zurda portentosa. Luego, mucho más luego, las devociones literarias, la remota esperanza de escribir algo más o menos aproximado a un aceptable libro de relatos futboleros, la fragua de unas cuantas noches de partir palabras, y palabras, y más palabras, con suerte diversa y desencantos en ciernes, hasta que las palabras devienen historias, las historias convencen a un par de editores amigos, el texto se hace libro y el libro fecunda lo que fecundan todos los libros todos: milagro, azar, pánico, dicha y rareza, y todo eso que comporta desnudarse ante quienes pondrán su rúbrica con ávida mirada, implacable cadena asociativa, frondosa imaginería.
Después, una tarde lluviosa en la biblioteca Juanito Laguna, una ronda de mates, el reencuentro con el héroe, la generosa compañía de Carlitos Fanjul y Javier Sahade, y del oficiante del taller literario y de sus alumnos (hijos de mis amigos de aquellos remotos tiempos de los berretines primeros) y el relato malamente dicho (cuando talla la emoción los buenos modos de la oratoria reciben penitencia).
Y en el centro de la escena, La Pulseada, una de las tantas flores regadas por Carlos Cajade, ese hombre bondadoso de toda bondad que nos mira desde el aleph celestial.
Son las cosas del querer.
* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
BAJAR
LA NOTA(50kb)
|