NÚMERO 47 - MARZO 2007

El sacerdote Von Wernich llega a juicio oral
LA INJUSTICIA TIENE CURA
Por primera vez un miembro de la Iglesia será juzgado por delitos de lesa humanidad en la Argentina. En la Justicia esperan que grupos católicos intenten interrumpir el juicio. Los recaudos, los temores y la firmeza de testigos y funcionarios frente a los próximos procesos penales.

Texto: Lucas Miguel

El presidente del tribunal que juzgó a Miguel Etchecolatz, Carlos Rozanski, es contundente: “Que los juicios van a continuar, van a continuar”. Rufino Almeida, de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos que el año pasado vio cómo condenaban a uno de sus verdugos –Julio “el turco Julián” Simón– piensa que “los juicios están políticamente más firmes que nunca”.

Después de los juicios de Etchecolatz y Simón realizados el año pasado, el 2007 arrancará en La Plata con el juzgamiento del sacerdote Christian Von Wernich y seguirá en Buenos Aires con los represores que participaron en la “Masacre de Fátima” –la ejecución de 30 prisioneros y la voladura de sus restos en un descampado de Pilar– y en la ESMA. Y si los tiempos de la Justicia se acortan, podrá haber un caso Etchecolatz II, cuando el reo ex comisario deba responder ante el mismo tribunal que lo condenó el año pasado, por el secuestro, las torturas y el homicidio del fiscal Antonio Bettini y su suegra, María de las Mercedes Hourquebie.
El juicio a Von Wernich se espera para los próximos meses. El sacerdote llega acusado en dos expedientes por la privación ilegal de la libertad y las torturas de 41 personas, y los homicidios de siete de ellas en distintos campos del denominado “Circuito Camps”. “Existen elementos suficientes para considerar que Von Wernich concurría asiduamente a algunos de los centros clandestinos del circuito, accedía a las zonas en las que se encontraban ilegalmente privadas de su libertad las víctimas, mantenía contacto directo con ellas, realizaba más que considerables aportes para mantener esa situación y, además, imponía tormentos principalmente psicológicos y morales a los prisioneros que, conjugados con las condiciones torturantes de detención y los padecimientos físicos, terminaban por constituir un cuadro decididamente horroroso”, acusó el fiscal Sergio Franco al pedir la elevación a juicio oral y público de las dos causas contra el cura.

Con Von Wernich, preso desde 2003, será la primera vez en nuestro país que un miembro de la Iglesia Católica sea juzgado por su presunta participación en crímenes de lesa humanidad.

Durante la dictadura, Von Wernich revistó como oficial de policía en la Dirección de Investigaciones con el cargo de capellán y en ese rol, según se pudo determinar hasta el momento, concurría a los centros clandestinos que funcionaron en las brigadas de investigaciones de La Plata y Quilmes, la comisaría 5ª, el Destacamento de Arana, la subcomisaría de Don Bosco, conocida como Puesto Vasco, y el Destacamento Caminero de Martínez.

Con recaudos

La desaparición de López, el secuestro de Gerez y las amenazas recibidas por funcionarios y testigos imponen un cuadro diferente para afrontar los juicios que vienen. El presidente de la Cámara Federal platense, Leopoldo Schiffrin, habla de “informes” que mencionan la posibilidad de que grupos católicos se movilicen en defensa de Von Wernich: “Es una situación bastante alarmante que hay que tener presente. Creo que el próximo juicio tiene que realizarse con medidas muy grandes de precaución”. En enero, Schiffrin resolvió que el público se registre al ingresar a los tribunales federales. Además, se instalarán detectores de metales y se construirá una cerca perimetral sobre las calles 8, 50 y 51.

Para Schiffrin, el proceso contra el sacerdote “tiene una carga muy distinta del de Etchecolatz porque implica a un sector de la Iglesia, por lo menos. Entonces, se pueden esperar reacciones de otro tipo”. Se intentará mantener el orden en el edificio “porque estos juicios también sirven en la medida en que son un lugar de reflexión para el desarrollo de la memoria”. El camarista, que con su voto confirmó la prisión preventiva del cura y encaminó la causa a juicio oral, sostiene que “es necesario lograr un ambiente de cierta calma y orden para poder reflexionar sobre ese pasado que está atrás de la figura de Von Wernich, que en su indagatoria dijo que recibía directivas de monseñor (Antonio) Plaza”.

Otra cara del nuevo escenario tiene que ver con las garantías a los testigos: que no tengan miedo de hablar ni se guarden información; y que se les garantice su seguridad personal y familiar.

Schiffrin reconoce que hacia el final del año pasado “algunos testigos, muy pocos, se borraron” del Juicio por la Verdad. Ello ocurrió en forma paralela a la concurrencia de una decena de víctimas a los tribunales federales platenses y a dependencias del Poder Ejecutivo provincial para solicitar protección y contención, incluso en casos en los que no habían sido intimidados.

Nilda Eloy, sobreviviente de la represión ilegal y querellante contra Etchecolatz, recibió múltiples amenazas y hoy dos policías federales la siguen a donde vaya: “El miedo no se va. Nunca va a terminar... Lo que sí podés hacer es que no te paralice. Ya nos dejamos dominar y paralizar con el terror. Y así nos fue. Así nos va. ¿Nos previno de algo? ¿Nos amparó de algo? No”, dice como mensaje para otros testigos.
Almeida sostiene que los represores no tienen “la capacidad ni política ni operativa como para poder hacer cosas en gran escala”, pero vaticina que “nos van a joder, van a golpearnos: nos han golpeado durante más de 30 años. Y nos seguirán golpeando, por eso son el enemigo del pueblo y de la clase trabajadora”.

El más visto

Si bien las partes aún no solicitaron la prueba, se estima que el juicio a Von Wernich contará con más de cien testigos y largas audiencias. Sobre el sacerdote pesan imputaciones directas de prisioneros que lo padecieron en las celdas. En el sistema de represión clandestina, donde los secuestrados permanecían engrillados y con los ojos vendados, el sacerdote fue, sin duda, el represor más visto. “Quitate la venda y mirame a los ojos”, les decía a los desaparecidos, ante quienes se presentaba con vestimenta sacerdotal. Gracias a la Conadep y a publicaciones periodísticas, muchos sobrevivientes pudieron identificarlo.

Entre los hechos que se le imputan se encuentra el secuestro y las torturas de los periodistas Jacobo Timerman y Rafael Perrota, de ex funcionarios provinciales y de empresarios del grupo liderado por Juan Graiver, a quienes la dictadura “investigó” por “subversión económica”.

Pero el rol más siniestro que se le conoce está relacionado con la desaparición del denominado “grupo de los siete”. El periodista Hernán Brienza describió, en Maldito tú eres. El caso Von Wernich (Marea, 2003), que ese grupo “fue un experimento de ‘recuperación’ de detenidos monitoreado espiritualmente por Von Wernich. Sus integrantes señalaban militantes de izquierda en las calles, participaban de interrogatorios y ayudaban en las tareas domésticas (de la brigada platense). A cambio, recibían el sueño de la libertad que nunca llegó”. Las víctimas son Domingo Moncalvillo, Liliana Galarza, Susana Salomone, Cecilia Idiart, María del Carmen Morettini y los hermanos María Magdalena y Pablo Joaquín Mainer. Las pruebas vinculan al sacerdote en distintas fases de ese “experimento”. Fue él quien ofició de nexo entre los represores y las familias de los prisioneros para que los jóvenes pudieran ser visitados en su régimen “especial” de secuestro. De acuerdo con testimonios de familiares, el propio Von Wernich se encargó de ir casa por casa recaudando los dólares para financiar la prometida liberación que tenía como destinos Uruguay, Brasil y Chile.

Las pruebas indican que a fines de noviembre del ‘77 intervino en los homicidios de los siete junto al médico Jorge Bergés, el cabo Norberto Cozzani y otro grupo de represores. El policía Alberto Emmed relató a la Conadep que, terminada la masacre en Puesto Vasco, “fuimos a asearnos y cambiarnos de ropa porque estábamos manchados de sangre. El padre Von Wernich se retiró en otro vehículo”. Rato después se lo encontró en la Jefatura de Policía: “Me dice que lo que habíamos hecho era necesario, que era un acto patriótico y que Dios sabía que era para bien del país”.

La periodista “Mona” Moncalvillo, hermana de uno de los desaparecidos, relató en el Juicio por la Verdad que, como no tenía noticias de Domingo, fue a reclamarle a Etchecolatz: “Y bueno, qué quiere, han vuelto a la clandestinidad”, le contestó el represor.

Brienza resume la actividad de Von Wernich: “Infligía el más fino de los suplicios: el de la esperanza”.

 

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