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NÚMERO
47 - MARZO 2007
Raquel Barreto, vice embajadora en Bolivia
LA REBELIÓN DESPUÉS DEL CARNAVAL
Es platense y desde hace un año y medio es la vice embajadora en La Paz. De paso por la ciudad, esta vieja militante habló con La Pulseada de la revolución democrática de Evo, del odio y de los enfrentamientos entre el país rico y el pobre, la escalofriante justicia por mano propia. Cuenta que los latifundistas esperan armados para que no les saquen tierras, pero explica que “no habrá guerra civil, sólo enfrentamientos entre los más radicales. Será después del Carnaval, porque cuando es Carnaval, es Carnaval”.
Por Javier Sahade
“Hablar de Bolivia es hablar de dos bolivias y la rica todavía no se banca que el Presidente sea un indio”, sintetiza antes de cualquier pregunta, incluso antes de sentarnos.
Pegado a la reja de calle, el ladrido sin ganas del perro cansado. El resto es calma y silencio de una siesta veraniega en el Barrio Mondongo, a metros de la cancha de Gimnasia.
“Generalmente vengo dos o tres veces al año, pero ahora voy a venir más seguido... Es año electoral”. Raquel Barreto nació, se crió, estudió y militó en La Plata. Tiene 58 años, cuatro hijos y diez nietos. Es periodista y antropóloga social. Su amistad con “Néstor” (Kirchner), a quien conoció en los años en que el Presidente estudiaba en esta ciudad, la llevó a ocupar el segundo cargo diplomático en Bolivia. Desde septiembre de 2005, cuando Evo Morales comenzaba a acercarse a la Presidencia, es la vice embajadora argentina en La Paz. De vacaciones en su ciudad, sentada en la planta alta de su casa, rodeada de algunos libros, cuadros y fotos, charló con La Pulseada.
“Yo había elegido Bolivia por los cambios revolucionarios; quería acompañar la transformación, ver ese fenómeno social. La asunción en las ruinas indígenas de Tiahuanacu fue espectacular. Una cosa de lo más emotiva. Ungirlo, despojarlo de ropas, ellos lo nombraban su Presidente... Fue muy fuerte”, dice Barreto acerca de aquella ceremonia en la que las diferentes comunidades indígenas que habitan Bolivia declararon Presidente al aymara Evo Morales. Fue antes de la ceremonia oficial, la de saco y corbata y en la que estuvo Néstor Kirchner.
“Para Kirchner –aclara- es importantísimo Bolivia; siempre quiso que le vaya bien. Néstor fue el primero que lo ayudó en el 2003 y se acercó a él cuando nadie se imaginaba que iba a ser Presidente de la República. Después vinieron los otros. De entrada se pegó al Evo y le ofrecimos todo en salud, agricultura, trabajo... Queremos y deseamos que le vaya bien”.
-¿Cómo nace su relación con Kirchner?
-Cuando vino a estudiar a La Plata, en el año 69 y se fue a vivir con el que fue mi primer novio. Eran épocas de discusiones y guitarreadas. Yo ya estaba militando, era madre y tenía algunos problemas por militar. Él era muy inquieto, con ganas de participar... Yo pertenecía a la Asociación de Trabajadores de la Universidad de La Plata (ATULP) en tiempos en que ser referente de aquel gremio era muy importante. Él me respetaba por eso. Haberme designado en su gabinete es un orgullo. Yo tengo claro que mi cargo es político, no diplomático, aunque quizás sea contrainteligencia política, ja.
Raquel Barreto vive con su esposo en La Paz, a pocas cuadras de la residencia de Evo Morales. Desde que está allí, mucho pasó en Bolivia: la asunción por primera vez de un presidente aymara en un país con mayoría indígena, el intento permanente de consolidar una revolución democrática, las inundaciones del Río Grande, la nacionalización de los hidrocarburos, la nueva ley de tierras, la trabada Reforma Constituyente.
“Bolivia –opina Barreto- son dos Bolivias: la Bolivia pobre del altiplano y la rica de la medialuna compuesta por Santa Cruz de la Sierra, Pando, Beni y Tarija. La historia secesionista es vieja, pero no se va a separar, los países no se separan. Bolivia es un país muy injusto, hay mucha desigualdad. Evo está cumpliendo con sus promesas de nacionalizar los hidrocarburos, pero el problema es que tiene que tocar los intereses de las zonas ricas”.
-La Asamblea Constituyente es otra de las promesas electorales.
-Es la madre de las batallas, la que permitiría el resto de las reformas... Pero es complicado porque la oposición no sede absolutamente nada. La convocatoria de la Asamblea Constituyente fue hecha sin discusión política en la calle, en los gremios, los partidos. Les va a llevar mucho tiempo porque todavía está trabada en el Congreso y no se ponen de acuerdo en si se va a aprobar con los dos tercios o por la mayoría absoluta. La ley de tierras que permitiría repartir territorios y combatir el latifundio, es el otro gran tema. La mayoría de los latifundistas son malavida, no pueden comprobar que son dueños. Fijate que en Bolivia menos del 30% de la población paga impuestos. Los grandes terratenientes esperan armados para que no le toquen una sola hectárea.
-Mucho se ha hablado de guerra civil en Bolivia.
-No va a llegar nunca a una guerra civil, estoy convencida. Hay muy duros enfrentamientos, eso sí, como los que hubo a fin de año entre los mineros que se tiraban dinamita. Ni EE.UU. que monitorea todo por su interés en la coca, ni Brasil, ni Chile, ni Argentina, quieren que Bolivia se destruya. No lo van a permitir y Bolivia depende mucho de la ayuda económica de estos países. Llegó muchas veces al precipicio, pero no se va a suicidar.
-Pero siempre aparecen conflictos sangrientos.
-Los que saben y conocen Bolivia, pronostican muchos conflictos para después de los Carnavales, para marzo o abril. Eso tiene que ver con la particularidad de los bolivianos: en épocas del Carnaval, sólo el Carnaval. Se divierten, se liberan. Tienen una mentalidad y un tiempo tan diferente. Todo aquel que está en Bolivia y no escribe... Ernesto, mi marido, se va solo por la calle, los bares, se va a los yungas con los cocaleros y escribe. El boliviano es muy particular. Hay que conocer sus tiempos. Te dicen “ahorita” y ese “ahorita” es peor que el de los mexicanos, ja. “Ahicito nomás” y seguro que queda bien lejos o “planito”, vaya que es “planito”. Es su vida misma, la altura en la que viven. Yo conozco un tipo que camina 16 horas de ida y 16 de vuelta para proveerse. Vive en el medio del altiplano, pastando su llama y sin luz ni nada.
-¿Qué se puede esperar para después del Carnaval?
-Partirse, Bolivia no se va a partir... Creo que van a tener que consensuar para que la Asamblea Constituyente deje algo y sino quedarse con la que estaba. Va a haber enfrentamientos, la gente va a salir a las calles y los más radicalizados se van a enfrentar.
-Le tocó participar en la ayuda humanitaria tras las inundaciones de enero de 2005.
-Si, una experiencia fuerte. Tuve la desgracia de estar cuando se inundó el Río Grande, Cuatro Cañadas, San Julián. Fuimos con los Cascos Azules y con el ministro de Salud, Ginés González García, a repartir colchones, medicamentes… Pero los chicos me pedían golosinas. Al otro día volví con bolsones de caramelos y chupetines acompañada de un ministro de Salud de allá que no es de escritorio. Se mete, vacuna... No sé lo que haría un sólo día en la Provincia de Buenos Aires. Los pueblos sumergidos en el agua y ellos esperando que les devuelvan sus tierras, no querían otras; ellos querían trabajar sus tierras... Están muy arraigados a su lugar.
A salvo de las calurosas ventanas que invitan al sol, la planta alta de la casa platense de Barreto, está vestida de una biblioteca colmada de libros, un escritorio con desordenados papeles y paredes con fotos. Una de ellas es la del Che Guevara, asesinado precisamente en Bolivia. “Uno de los interlocutores más válidos que tengo allá es Antonio Peredo, el senador de Evo en La Paz. Él peleó con el Che. Está grande, pero muy lúcido. Yo lo consulto permanentemente y me sirve mucho cuando cada 15 días envío informes al presidente Kirchner”.
-¿La gente en general todavía apoya al gobierno que ganó por alto margen las elecciones?
-Tiene todos los medios en contra. Abrís un diario y habla mal de Evo, prendés la radio y pestes... Salvo el Canal 7, todos los medios en contra. No hay política de medios.
-El Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido gobernante, no escapa a la polaridad boliviana, ¿no?
-No, para nada; la composición política del MAS es muy compleja. Tenés cocaleros, gremialistas, marxistas puros como Peredo o como el vice García Lineras. Hay grupos muy radicalizados y otros moderadamente radicalizados que están en permanente antagonismo. Unos quieren volver a la justicia comunitaria, la justicia por mano propia y de hecho lo hacen... A la gente la queman viva en las calles. Yo he visto mujeres pegarles a tipos como nunca en la vida vi, o a chicotazos (con látigo). En El Alto (algo así como nuestro Conurbano), hay lugares de peleas como si fueran peleas de perros: sangrientas, se arrancan las orejas. Yo lo vi filmado y me asustó. En el campo y en los alrededores de las ciudades faenan, a cielo abierto, burros, ovejas y hasta perros, delante de niños y mujeres, de manera torpe y despiadada. Eso es lo que aprendieron y eso es lo que le enseñan a sus hijos. Pero ellos tienen un concepto diferente al que tenemos nosotros de la palabra crueldad. Lo viven como una experiencia inevitable y punto. Nada de lágrimas o pesares. Desde los movimientos sociales pretenden que el gobierno defienda el sistema de la democracia directa en lugar de la liberal o burguesa que conocemos, tanto como sus resultados. Reclaman espacio para la comunidad, es decir, plantean privilegiar el grupo antes que el individuo. Política comunitaria, economía comunitaria, etc., pero la justicia comunitaria mete frío. Muchas personas han sido quemadas o ahorcadas y no siempre por causas serias. Por ejemplo, una vez un hombre fue sorprendido con dos garrafas de gas robadas. Lo golpearon, lo arrastraron por calles de El Alto y finalmente lo llevaron a un canchita de fútbol, donde lo colgaron al travesaño de un arco, atado de los pies y murió ahogado por su propia sangre. Una verdadera salvajada. “No tenemos dinero para pagar seguridad privada como los ricos y nos defendemos con lo que tenemos a mano”, decían.
-¿Cómo es la relación con los argentinos?
-Vos sos “kara”, blanco en su lengua quechua. Eso te dicen. Una chica que trabajaba en casa era chola, mujer de pollera, no de falda. Un día le estaba enseñando a hacer una tortilla y se le cae al piso. Hizo un gesto con las manos como si yo le fuera a pegar. “¿Luisa, qué te pasa?”, le pregunté. Allá en los trabajos te preguntan si es “con paga” o “sin paga”... A la gente les pegan; los bolivianos a los bolivianos. Ellos no quieren trabajar con bolivianos porque los extranjeros los tratan mejor y les pagan mejor. El boliviano que tiene plata es muy mala persona, con decirte que en la Universidad de Santa Cruz hay un bar de collas y un bar de cambas. En el bar de cambas, no dejan entrar a los coyas ni a tomar un refresco. Los cambas son ellos y sólo ellos. A veces me preguntan “¿cómo aguantás vivir con esos collas de miércoles, esos collas haraganes?”. Hay comunidades guaraníes donde viven en estado de esclavitud en los grandes latifundios, en las fincas. No hablan, son analfabetos, no les pagan, les tiran la comida en el piso. Lo vi con mis propios ojos...
“Bolivia es un país donde coexisten, sintetizando en extremo, dos culturas. –Agrega Barreto- La amazónica, cercana a las costumbres y vicios de argentinos y brasileños, y la altiplánica, propia de lo que aquí denominan pueblos originarios. Una se caracteriza por el ruido, los pasos acelerados y cierta velocidad mental. La otra, por el silencio, el tranco pausado y los razonamientos lerdos.
Los cambas son los que propician la secesión. Pertenecen a la Bolivia Oriental, la cercana al amazonas y su origen es hispano-guaraní. Se consideran superiores al resto de los bolivianos, tanto económica como culturalmente. Los más radicalizados, los que pertenecen al Movimiento Camba de Liberación, son muy racistas. “Evo Morales tiene por delante una tarea muy compleja. Debe construir un gobierno más justo e incluyente, capaz de satisfacer las legítimas demandas de sus bases, y atender los reclamos del resto de la población. Además de los radicales pedidos de la oposición, Evo se encuentra con las exigencias de sus bases. Los movimientos sociales, sus aliados, exigen definiciones rápidas. Un dirigente histórico del MAS, Román Loayza, lo definió en una frase: Presión, presión y más presión.”
“Es difícil gobernar Bolivia, -concluye- es difícil que te tengan confianza, no confían en nadie. Nosotros los ayudamos en todo, en el precio del gas, en todo. Para Néstor Kirchner era prioridad Bolivia y es prioridad; pero te tienen que dejar ayudar porque sino... Es complejo, es un país muy injusto y dividido entre clases. Por eso los ricos no se bancan un gobierno indígena. Yo quiero fervientemente que a Evo le vaya bien y que pueda terminar algo de lo que inició”.
Utopías
Raquel Barreto tiene una larga trayectoria militante y política. Estudió Periodismo (su padre fue director de la ex Escuela de Periodismo) y también se recibió de Antropóloga Social y hasta de directora teatral. Fue parte de la Asociación de Trabajadores de la Universidad de La Plata (ATULP), las Fuerzas Armadas Revolucionarias hasta su fusión con Montoneros y de la Juventud de Trabajadores Peronistas (JTP). “Me interesaba la lucha gremial, por eso nunca formé parte de la Juventud Peronista”, aclara. Soportó detenciones y secuestros, hasta que viajó a Italia con su hijo en lo que fue el inicio de varios años de exilio. Volvió al país en 1983. Trabajó en la Municipalidad de La Plata, en el diario La Razón y Página/12 hasta que dejó el periodismo para acompañar a Antonio Cafiero a la Embajada argentina en Chile. En 2002, siendo presidente Eduardo Duhalde, trabajó en el Ministerio de Desarrollo Social, se acercó a las comunidades indígenas y logró que muchas de ellas fueran hasta Olivos a plantear sus necesidades al Presidente. “Fue impresionante verlos con sus vestimentas, sus comidas... Logramos algunos avances y fue un trabajo muy importante para mí”.
Dice que abandonó completamente el periodismo y que se considera “política”. “Veo que hay una orfandad dirigencial muy fuerte. Una vez me invitaron a una fábrica en Lanús y pensaba hablarles de Economía... Terminé hablando de las luchas históricas, del trabajo, de la vida. Dije cosas viscerales y contuve a la gente, Ahí me di cuenta que falta contención a los grupos. Me hace mal ver cómo se maneja la política en mi ciudad, uno que estuvo acostumbrado a ver cómo se pone y no cómo se saca... Hay que eliminar esas prácticas; seguimos con lo mismo. Yo escuchaba, desde mi casa, el acto alakista de diciembre en la cancha de Gimnasia. Hay que recuperar la mística, la utopía, los sueños... Yo pienso en los jóvenes, ¿qué les dejamos?”.
* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
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