NÚMERO 46 - DICIEMBRE 2006

EDAD Y AUTORIDAD

Ante un pedido que me hicieron para que escriba la editorial de este número de La Pulseada, sumado a mi propio interés, me pareció oportuno establecer una relación entre la edad y la autoridad, a partir del análisis de distintas circunstancias de la hermosa vida que compartimos en familia con Carlitos.

Yo soy Raúl, el segundo en orden cronológico de los hermanos Cajade. Carli era el tercero, cinco años menor.

La edad trae como consecuencia directa la ejercitación de un liderazgo no muy democrático, que uno lo practica simplemente por eso, por ser mayor. En nuestro caso, esta potestad se potenciaba ya que como hermanos mayores (José o yo) debíamos ejecutar acciones o evidenciar actitudes que nos daban chapa para ejercitar ese especial liderazgo, relegando a Carli a la función de “dependiente obligado”

Así, por ejemplo, todos los días debíamos acercarlo, en el caño de la bicicleta, a la escuela Anexa, donde hacía el primario. Cuando terminó el secundario logré hacerlo ingresar como aprendiz electricista a la fábrica de envases de hojalata en el frigorífico Swift, donde yo trabajaba desde hacía algunos años. Eran épocas duras donde todos debíamos colaborar con la economía familiar. Luego, como operario, buscaba mi ayuda para interpretar y conocer circunstancias de la cultura de un ámbito laboral al que rápidamente se adaptó. Estas circunstancias parecían fundamentar y justificar la condición de mayor con autoridad.

Lamentablemente no analicé que autoridad cronológica mantenida en el tiempo, desacredita y menosprecia el crecimiento natural que se produce en la persona menor. Yo no entendí este análisis y me creí con autoridad para influir en la formación de la opinión de Carli. Por supuesto, comenzamos a disentir en temas relacionados con distintos aspectos de la vida. Filosofía política, función social de la Iglesia, enfoque para analizar la inserción del país en el mundo y muchos otros más. Eran temas de disenso que siempre generaban respetuosos y coloquiales cambios de opinión.

Con el tiempo mis afirmaciones fueron perdiendo sustento y tengo que decir que hoy analizó nuestras diferencias originales y compruebo cuánta sabiduría yo había despreciado. Cuántas cosas el hermano menor, le estaba enseñando al mayor.
Este primer año sin él, ha sido muy difícil para todos. Sin Carlitos para liderarnos –no es casual que utilice ese término-, debimos apelar conjuntamente a unirnos más que nunca y a aportar lo que cada uno pudiera para sostener su Obra. Creo que pudimos hacerlo y que vamos bien, y creo también que el año venidero será mejor todavía porque, juntos, algo estamos aprendiendo de sus enseñanzas.

Ya llega otra Navidad y, como hace más de 20 años cuando decidió quedarse para siempre con los chicos, Carli estará allí junto a ellos. En el Hogar que es su símbolo del “país con infancia”, que pretendía. Y con la sabiduría y la autoridad, que nos sigue regalando. Como si fuera el hermano mayor. El más grande.

                                                                       Raúl Cajade


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