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NÚMERO
45 - NOVIEMBRE 2006
Cajade volvió a su Hogar
Y SU VOLUNTAD SE HIZO
“Que se haga su voluntad”. Eso es lo que querían todos los que lo amaron y hoy extrañan a Carli. Y lo hicieron. Desde ahora y para siempre el cura cuidará a sus pibes desde la ermita cobijada por el calor del Hogar de la Madre Tres Veces Admirable. Un año hubo que esperar para sacarlo de un frío panteón del cementerio.
Por Verona Demaestri
Lloraban de bronca y puteaban los pibes del Hogar, puertas afuera del Cementerio. Menguaba aquel octubre de 2005 en el que Carlitos se había ido. Sus restos habían sido llevados al Panteón del Clero donde, no sólo para los pibes, nunca debió haber estado. Puteaban y lloraban de bronca: lo querían con ellos, como él había pedido, y por eso se negaron a entrar al cementerio.
Y por eso también sólo atravesaron voluntariamente aquella puerta casi un año después: el pasado miércoles 18 de octubre. Y puertas afuera, lo llevaron entre todos. Alegres y tristes, más alegres que tristes, empuñaron el féretro directo hacia el Hogar. "Dejen que los pibes vengan a mí", exige la inscripción del altar sobre el que descansa el ataúd. En ese lugar de cara vidriada, ubicado en su sitio preferido en el Hogar, desde ese miércoles, día de la Mater -la virgen de Schöenstatt-, Carlitos, por fin, descansa.
LA LARGA MARCHA
Son las 11.30 de aquel miércoles. Primero los pibes dejan sobre el coche lustroso y fúnebre al ataúd cubierto con flores y con una pechera celeste del Movimiento de los Chicos del Pueblo-CTA.
Luego suben a la trafic del Hogar y salen. Una inmensa caravana va con ellos. A paso lento y perseverante se trasladan desde el Cementerio, en 72 y 131, hasta 7 y 90. Allí, a los pies de la inmensa cruz sobre la rambla, cientos esperan para comenzar la procesión hacia el Hogar, en 643 entre 12 y 13, con Carlitos a la cabeza. Muchos preparan sus banderas para recorrer los seis kilómetros a pie. Las despliegan y permiten leer: "Queremos un mundo donde todos, desde el momento de nacer, puedan vivir con dignidad. Movimiento de los Chicos del Pueblo". O piden con fondo de arpillera: "Padre nuestro que estabas en la tierra, no nos desampares ahora desde el cielo". O dan las "Gracias por enseñarnos a ser como somos. Los panaderos. Escuela de Lucha. Chicos del Hogar". O conmueven: "Con ternura venceremos. Casa de los Bebés".
Entonces, a la hora sin sombra, comienza la marcha. Primerea el rastrojero con parlantes que lleva a los “animadores” de la procesión con el “Tony” Fenoy como guía, y los chicos de la Parroquia Nuestra Señora del Valle. Detrás va el coche brillante que lleva al féretro. Lo sigue de cerca La Porteñita, el trencito colorido de Plaza Moreno, por cuyas pequeñas ventanas se asoman los más chiquitos para saludar.
"Esta marcha es un símbolo de que nos comprometemos a seguir trabajando por aquello que él soñó. Que ningún pibe llore más de hambre y que sigamos construyendo un país donde los papás lleguen a sus casas con el pan ganado por el esfuerzo de su trabajo", tensa las cuerdas vocales el Tony, megáfono en mano. Y al rato, otros “animadores” refrescan el pensamiento, la ideología y als palabras de Carlitos: "Si a los pibes los recibimos en el país del hambre, la desnutrición, el frío y la intemperie, ¿cómo pretendemos que nos traten cuando sean adolescentes? Si sabemos que el niño se hace humano en condiciones humanas y salvaje en condiciones salvajes, la solución no pasa por bajar la edad de imputabilidad; lo que tenemos que bajar es el riesgo que corre la vida de estos chicos. Para resolver el problema de la seguridad nuestra, vamos a tener que construir un país que resuelva primero el problema de la inseguridad de ellos".
El sol cae sin permiso sobre las más de 500 cabezas. El número va in crescendo cuando se suma la murga del Hogar y, a fuerza de percusión, le gana a las lágrimas.
Al paso de la caravana sobre Avenida 7, a la altura del Aeropuerto, los vecinos se asoman desde las tranqueras de sus campos o las puertas de sus casas. Todos observan, algunos se deciden a meterse en la larga columna, otros saludan desde el borde del gentío. Un obrero de naranja interrumpe su trabajo para ver, otros tantos de overol se quedan sin palabras arriba del camión que espera el paso. A todos los sorprende algo nunca visto: una procesión en medio del campo, en la periferia platense, con música, oraciones, aplausos y hasta una murga.
"¡¡Vamos que llegamos!!", motiva el Tony a las mujeres con gorro, a los hombres de sport o trajeados, a los chicos en bici, a las madres con sus cochecitos, a la anciana de pelo canoso y anteojos para el sol que lleva colgando en su mano derecha un rosario blanco y en la izquierda una botellita de agua y el monedero de rigor, al hombre vestido de camisa verde y pantalón caqui que carga al hombro una imagen de la virgencita enmarcada en madera, a los hermanos del cura, a los amigos, a Fito Aguirre, a Hugo Yasky, a Roberto Baradel, a Hugo "Cachorro" Godoy, a Miriam y a otros dirigentes de la CTA, a Martha Pelloni, a todos. "No va a haber derecho de nuestros niños si no hay derechos de los trabajadores, de sus padres. Por eso también estamos con la Central de Trabajadores Argentinos", dice la voz de Cajade desde los parlantes del rastrojero.
Un caballo trota tras un alambrado. A la derecha del camino la brisa mece los eucaliptos y se cuela por sus largas hojas verdes contra el cielo azul. Algunos sacan fotos con sus celulares. Pero aquello no puede aprehenderse, salvo por la memoria emotiva, única capaz de grabar a la vida en movimiento.
Y son cerca de 800 cuando a las tres menos cuarto pasan la tranquera del Hogar. "¡Carlitos, estás en tu casa!", se desahoga un compañero. "Carlos Cajade, ¡presente!... ¡Ahora y siempre!". "Carlos Cajade, ¡presente!... ¡Ahora y siempre!", gritan todos antes de la oración del padre Alejandro Blanco, de Nuestra Señora del Valle. Los pibes del Hogar rodean el féretro, a los pies del caminito semicircular de piedras cuadradas que conduce a la ermita donde lo llevaron...
HASTA SIEMPRE
"Tal vez la crisis más grande de hoy es la crisis de sensibilidad. La sensibilidad está cubierta de cenizas", dice por la tarde el brasileño Leonardo Boff, uno de los padres de la Teología de la Liberación, tras 12 años de ausencia en Argentina. Lo dice el mismo día que fueron trasladados los restos de Carli. La charla, en Capital Federal, no tiene que ver con la semana de homenaje a Carlitos, pero para algunos educadores y pibes del Hogar, que asistieron tras la larga marcha, es como si lo tuviese. Mientras lo escuchan con detenimiento quizás recuerden tantos fueguitos encendidos por Cajade bajo tanta ceniza.
"Si no decimos el pan nuestro con el padre nuestro, no podemos decir amén. El capitalismo está en la fase pre humana, es la política del chimpancé", continúa Boff.
“Carlitos fue un hombre que entendió el mensaje de Jesús. Sobre todo cuando dijo que si a Dios no lo buscamos desde los pobres, no buscamos a Dios. Y que el camino para llegar a Dios es el hermano, sobre todo el hermano pobre”, había manifestado por la mañana Antonio Puigjané, que ahora también escuchaba.
En el darwinismo en que vivimos, el cura iba a contracorriente, cuidando a los más débiles. Y esos que ahora son más fuertes, hoy lo cuidan a él. Por eso ya no gritan y putean, toman su cajón y lo devuelven a su hogar, dejando atrás aquella procesión que recordaba a las grandes procesiones de la historia. Esas que seguían a los líderes populares. Allí donde estaba el pueblo, creyendo.
Dicho al pasar
Martha Pelloni
“Tengo la sensación de plenitud, de presencia en el espíritu... A la gente por ahí se le cae una lágrima, pero se vive la alegría del reencuentro. Tantos recuerdos lindos tenemos que no se puede estar triste. Prevalece la alegría”.
Antonio Puigjané
“Hoy, viendo tanta gente, me pareció que la rúbrica de Dios estaba aquí. Realmente Carlos hizo la obra del Señor, que es acercarse a los que sufren más. Aquí vino el pueblo, y sin ninguna coacción ni nada. Estoy feliz viendo que Carlos sigue presente”.
Miguelito Cabrera
“No puedo decir que es una alegría porque... lo llevo en un cajón. Pero como la Obra era su vida, él tiene que estar en la Obra. Yo todavía no entiendo cómo lo llevamos ahí, cómo dejamos que vaya ahí (al Panteón del Clero). Yo, un poco como hijo de él, había pensado que iba a terminar de otra manera. Que la Obra iba a ser un museo histórico. Y yo siento que me quedó el legado de cumplirlo. Sueño con que un día todos los chicos estén con sus familias y la obra quede como un símbolo de las personas que, como el cura, lucharon para eso”.
Carlitos, su persona, su obra
LA HUMILDAD DEL SABIO
Esa es la humildad que trasluce el que mantiene intacta la actitud de aprender, la capacidad de la escucha, el corazón abierto, y el hombro dispuesto. Esa era la condición de Carlos Cajade, y también la de los cuatro panelistas que lo recordaron a su modo en la charla organizada en su homenaje. El Padre Mario Ramírez, la hermana Martha Pelloni, Rosa Bru y el Fiscal Hugo Cañón ofrecen, generosos, la palabra a sala llena.
Por Verona Demaestri
Una mujer en la segunda fila se persigna. Acaban de colgar en el panel del escenario la gigantografía de Carlitos con la inscripción: “Si el mundo no se piensa desde el pobre, se construye contra Dios”. Ya pasan las 18.30 del 19 de octubre en el Auditorio de la Sociedad Odontológica de calle 13... Y todavía no comienza la charla, a pesar de haber sido convocada para esa hora. Parece no importar, después de todo Carlitos siempre había sido impuntual, ¿por qué hacer la excepción en la semana de su homenaje?
Poco a poco, se va llenando el salón que termina repleto para cuando entran los panelistas. La hermana Martha Pelloni se detiene antes de subir la tarima. Con una ancha sonrisa saluda uno a uno a los pibes -muchos ya adultos- del Hogar. Martha Pelloni, la religiosa comprometida, emblema de la lucha contra el poder feudal de las provincias. Recordada por sus marchas en las que sobraban las palabras en Catamarca, antes; y en su pelea diaria y silenciosa en Corrientes, ahora. Como fue Carlitos, Martha también es miembro de la Comisión Provincial por la Memoria.
Junto a ella, el Fiscal Federal Hugo Cañón, que preside la Comisión, no sólo comparte con ella ese espacio: también, acompañados por Carli, han recorrido las cárceles bonaerenses conservando la capacidad de asombro.
Rosa Bru, símbolo de la lucha a partir de la desaparición de su hijo, el estudiante de periodismo Miguel Bru, es la última en llegar. Como otras madres paridas por el dolor de la pérdida de sus hijos, convirtió ese dolor en lucha y en esperanza. Así comprobó que Miguel había sido secuestrado y torturado por la Policía Bonaerense en plena democracia. Pero no se detuvo y creó la Asociación Miguel Bru con la que Cajade venía trabajando por los niños y adolescentes.
El padre Mario Ramírez, acomodado ya en el panel como preparado para una larga mateada, fue quien de todos los panelistas, mejor conocía Carlos. Como lo hiciera el propio Cajade, Mario también opta por los pobres; como él, fue el resultado de la misma Iglesia, y de aquella Argentina en la que se discutía política en cada sobremesa, se hacía en la calle, y predicaba en las parroquias.
Mario levanta la mirada, acomoda el micrófono...: "Pensaba que esto iba a ser una reunión de mate, pero la sala está llena… Lo que ha suscitado Carlitos entre nosotros siempre es más grande que nosotros". Es él quien rompe el silencio, y durante su relato hipnotiza. Quizás porque hay personas que se ven mejor, otras que se leen mejor; Mario se escucha mejor, y eso es indescriptible en palabra escrita.
Lo secunda Rosa Bru; se la nota nerviosa, las palabras cuestan, se piden permiso unas a otras, y le salen sin filtro, despacito. Quizás el gran respeto y admiración hacia Carli hace que esas palabras, todas, cada una, no alcancen para expresar tanto tan grande en un cuerpo tan pequeño.
Martha Pelloni es la tercera. Se entusiasma con Mario al escucharlo y asiente. En distintos puntos de esta inmensa geografía argentina han comulgado en la misma Iglesia, han luchado por las mismas ideas, que ahora les permite compartir el mismo panel.
Hugo Cañón elige hablar desde Hugo más que desde la figura de fiscal. Parece impermeable frente a tanto tan terrible que seguro ha visto, y respetar eso de endurecerse sin perder la ternura, y desmentir eso de la neutralidad a pesar de todo.
A continuación, los cuatro retoman la palabra, para mostrarla a los que no han podido estar el jueves 19 de octubre en aquella charla. Pero que pueden hacerlo ahora hojeándola en letra de molde.
Padre Mario Ramírez: CON LOS PIES EN LA TIERRA
LOS ’60. Con Carlitos hicimos los últimos años de la primaria en Villa Argüello. Luego empezamos a participar en la parroquia del barrio a fines de los ’60, en un momento maravilloso de la historia argentina y de la Iglesia. Una Iglesia que vivía muy fuerte los sueños, los ideales del Concilio Vaticano II. Cuento esto para entender de dónde surge un personaje como Carlos. No surgió por generación espontánea, atrás estaba la familia, con una madre muy santa, muy sabia, un papá que murió cuando él era chico y que había sido una gran persona, que enorgullecía a Carlitos, estaban sus hermanos…
Tener fe, para nosotros, era comprometerse con los demás; no con los pobres, porque el barrio era pobre... Nosotros éramos crotos. Eso se traducía a todos lados: “Nada de estar en la parroquia. ¡A los barrios!”, nos decía el curita de nuestro barrio.
Y una de las cosas que organizamos por el ’68 fue una semana de la juventud. El tema era “Perspectiva política para el mundo de hoy”. Y ahí entraba el peronismo, el comunismo: la idea era empezar a plasmar este mundo nuevo que proponía el Concilio Vaticano II, porque para nosotros la Iglesia existía en los sueños que nos prometía.
Después, empezó toda la ebullición política en La Plata, las primeras persecuciones… Fíjense cómo lo pensaba Carlitos. Él estaba comprometido en uno de los barrios, y en su sector habían muchos tiros entre grupos. Estaba la guerrillita que se había formado por un lado, los Montoneros por otro. Carlitos decía: “Son unos tontos, se van a poner en contra a la gente”. Entonces no había un enfrentamiento entre Iglesia y sectores políticos. La militancia política iba de la mano con nuestra evangelización.
LA DECISIÓN. Hicimos juntos el seminario. Cuando Carlitos tuvo que decidir, habían muchos que querían que fuera sacerdote. Una noche le digo: “¿Cómo te pinta esto del sacerdocio?”. Me dice: “Mirá, a todos les pinta bien, pero yo lo tengo que pintar con Dios; no quiero que nadie me joda con eso”. Listo, punto. Y llegó el final del seminario, y Carlitos empieza unos agotamientos muy fuertes, estrés que era fruto de una búsqueda interior muy angustiosa de la voluntad de Dios. “Tengo que tomar una decisión, tiene que ser de una fuerte espiritualidad”. Llamaba la atención que ante momentos de conflictividad tan grandes, en vez de achicarse, Carlos da otro paso. Siempre después de una gran crisis, hay un salto, un crecimiento. Y decide.
LA OBRA. La Obra no nace diciendo: “Voy a hacer una obra”. No, estos pibes tienen hambre, yo los puedo recibir. Punto. No se preocupa ni por estatutos, ni nada. Y los recibe en su casa, con su tiempo, con su afecto y su dinero... Con lo suyo comerían todos. Eso fue un tiempo hasta que le agarró una hepatitis. Ahí empieza a soñar una casa para más pibes. La Obra no era beneficencia con los chicos; era solidaridad con los chicos. Pensaba: “Compartimos la misma historia y de ellos aprendo algo”. Pero además, había que romper la fábrica de pobreza, y tal vez el gobierno no pudiera atender algunas necesidades, pero no debía crearlas.
LOS CINCO CARLITOS. Primero, era un tipo carismático. Eso es lo original de esta Obra. Hacer lo que le da el cuero y ponerlo todo. Segundo: Él planteaba ‘nunca’ hacer beneficencia, porque siempre ha estropeado la vida de los demás e incluso del que la hace. Por eso nunca en su casa admitió a nadie, tenga el puesto que tenga, que participe de la fábrica de pobres. Tal vez si hubiesen entrado, cada casita sería un edificio. Pero no, lo que debe haber es justicia. Tercero: Vivir con lo que se elige. Y dar la vida en ello. Cuarto: “Desde aquí se puede cambiar el mundo”, decía. Quinto: Fue un hombre de Iglesia y tuvo algunas responsabilidades, siempre bajas, ¿no? Y nunca enfrentó a un Obispo... Motivos de sobra tenía. Pero todo lo que él gestaba, su manera de vivir y pensar era un reproche muy claro, era un grito… De hecho, no participaron muchos sacerdotes ni el día de la muerte, ni ayer en el traslado de los restos, eran muy poquitos… Lo cual me alegra.
Rosa Bru: CODO A CODO
Nosotros conocimos al Padre después de la desaparición de Miguel. Yo me negaba a que dé una misa por Miguel porque sentía que si dábamos una misa, teníamos que reconocer que Miguel no volvía. Él se encargó de hacerme ver que no era así. Y empecé a conocer a Carlos desde un lugar distinto, de lucha, de alegría, donde veía toda la pasión que ponía en todo lo que hacía. Ahí comenzó la admiración por él. Lamenté no poder tener más contacto. Siempre recuerdo cuando íbamos a votar. Yo iba a última hora y me puse contenta porque el último que llegó fue el Padre: no era yo la última. Y cuando hicimos el recital con León Gieco, también todos esperándolo. Si no tuviera que hacer tanto por la causa de Miguel, me gustaría participar en la casita de Cajade. Lo admiré mucho, lo amo mucho, lo amamos.
Martha Pelloni: POR LA MISMA SENDA
Lo conocí a Carlitos hace unos 12 años. En esa época buscaba a una nena que habían vendido en Corrientes. Estaba participando de un seminario teológico en Florencio Varela… Un chico se acercó y me preguntó si yo buscaba a Rocío Belén. En los diarios era público: hacia 20 días que estábamos con la noticia. El chico me dice la tenía el panadero de la esquina de su casa. Y encontramos a la chiquita. Entonces me presentaron a Carlitos, junto con Alberto Morlachetti con quien tenían toda esta obra del Movimiento de los Chicos del Pueblo. Ellos se acercaron a darme una mano.
Para mí Carlitos es un modelo de opción por la vida, y la vida de los más pobres, y de ellos, los niños excluidos. Por eso fue capaz de vivir como vivió con esa pobreza a la que hacia alusión Mario. Con esa entrega. A él no le interesaban las estructuras. Empezó a vivir y se llevó a los pibes a la casa porque está la felicidad del amor, y la felicidad de las cosas. Pero el que da amor, el que aprendió a amar, ama la vida dando la vida, en lo que esté, en lo que haga. La vida es para darla. Por eso vivió así. Para mí fue un ejemplo porque yo soy una religiosa llena de estructura (Martha hace un silencio, y todos se la quedan mirando, saben que no es así)… aunque libre, porque supe liberarme.
Y el amor es, sustentado en la fe. La fe va unida al amor. No puede haber una fe grande y sólida si no tiene el sustento de lo que te va a hacer generoso, solidario… ¿Porque qué es lo que persuade? La coherencia. Carlitos fue coherente. Y la esperanza, no dejo de nombrarla…. La esperanza activa, dinámica, del hoy.
¿Qué fuerza conocí en Carlitos? Alguien ayer me decía que era un místico. Ese “yo arreglo con Dios” era una frase de un místico. En una oportunidad estaba con Carlos y con Alberto Morlachetti para hablar de la niñez y también de la política... Nos preocupaba mucho la política social, el hambre de los chicos; discutimos mucho el tema de si la CTA entraba o no el Movimiento de los Chicos del Pueblo. Carlitos fijaba puntos de fundamentación, el que hablaba era Morlachetti. Y no se definieron... Carlitos creía que a eso había que madurarlo. Después ya no hablamos del tema. Morlachetti fue el gestor del Movimiento en la CTA. Y a Carlitos prácticamente no se lo vio, y yo pensaba: “Qué ubicado: él con el rol de cura, Alberto en su rol de gestor social”.
La última vez que estuvimos juntos fue en un programa en la TV. A mí me hizo llorar. Tanta verdad dijo, sobre el hambre que es un crimen, que el que no entendió cómo es el crimen de este sistema que mata, es un necio. Y sólo si se es carismático uno puede entrar en el corazón de cada persona con un pedazo de verdad.
Se fue pero nos dejó la Obra, un pueblo que lo sigue, lo quiere, lo ama porque es un ejemplo. En mi vida de religiosa no conocí una experiencia de vida tan fuerte y testimonial como la suya.
Hugo Cañón: UNO DE NOSOTROS
La gente de Tribunales me había hablado de un cura que se salía del marco al que estamos acostumbrados. Luego comprobé que era verdad. Él tuvo un gesto de generosidad muy grande al incorporarse en un momento muy difícil de la Comisión Provincial por la Memoria. Estábamos en medio de un tiroteo simbólico. Fue una llegada salvadora de alguna manera, y un abrazo muy profundo que nos impulsó a seguir. No por casualidad la revista que editan se llama La Pulseada. La pulseada es permanente, es una pulseada con el poder. Esta pulseada tiene que ver con la Iglesia, entre esa Iglesia coherente con el Evangelio y la otra Iglesia estructural, burocrática, oficial, que se abraza con los poderosos, con los reyes. Hay pequeños hitos en la vida que demuestran que esa coherencia es posible. Uno es Carlitos: El ser humano, no el héroe endiosado. No el que se diferencia del contexto creyendo “el puede ser y yo no”, sino uno de nosotros que demuestra que puede ser, y que por eso demuestra que es camino posible.
Rescato para mí una experiencia muy fuerte. Hicimos un video para registrar el trato de los pibes en las cárceles. Un video que mostramos, por ejemplo, al Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas que quedó estupefacto suponiendo que eran las cárceles de la dictadura y no las de la actualidad. Fue en mayo del año pasado cuando visitamos, con Martha (Pelloni) y Carlitos, la cárcel de Campana. Recuerdo la imagen de la cara de Carlitos con sus ojos enrojecidos de emoción y de bronca. La población carcelaria en su mayoría está compuesta por pibes de menos de 30 años, pobres, morochitos, marginados, los que no están invitados a la mesa. Carlitos decía: “Estos pibes son como los míos. Es cuestión de darle la oportunidad y salen y los tienen enjaulados acá adentro. La mayoría es recuperable”.
Foro Provincial por los derechos de los pibes
FUTURO SE ESCRIBE EN MINÚSCULAS
La inauguración en nuestra ciudad del Encuentro Provincial por los derechos de la niñez, la juventud y la adolescencia se tiñó con el recuerdo de Carlos Cajade.
Por Juan Eduardo Ruiz Colella
Mil personas acudieron el viernes 20 al hall central del Pasaje Dardo Rocha, incluidos los 300 niños que expusieron sus dibujos del hogar del Barrio San Carlos y que finalmente se organizaron y fueron a jugar a Plaza San Martín, en un día soleado. Esto sucedió al mediodía, en las postrimerías del acto que comenzó con el reclamo de aparición con vida de Julio López. El punto central fue un sentido homenaje al Padre Carlitos Cajade, fundador del Hogar de la Madre Tres Veces Admirable y uno de los integrantes de las primeras e incipientes reuniones del Foro por los Derechos de la Niñez, allá en el año 2002. Hablaron quienes lo conocieron, los que compartieron su pan y su trabajo, y aquellos que, sin tratarlo personalmente, tomaron su ejemplo como parte de la lucha por un futuro digno. Recobró la palabra en una carta suya, y también en la proyección de parte del DVD que fue ideado por los pibes y educadores del Hogar para su homenaje y recuerdo. El coordinador del Hogar de Cajade, Marcelo Ponce Núñez, nos decía después que sintió un particular orgullo al ver a tantas personas de pie aplaudiendo durante más de un minuto. El video también mantuvo a los chicos atentos por un buen tiempo. También a una pareja de estudiantes que pasaba por el Pasaje, que preguntó qué había allí, y que al cabo de las dos horas que duró el acto terminó cortando la calle para que los chicos invadieran los jueguitos de la Plaza.
El Foro trató de articular, precisamente, el recuerdo con el presente y el futuro. Retomando conclusiones del encuentro de 2004 y de la Declaración de La Plata, el eje de los paneles de trabajo fue la derogación a nivel nacional de la ley de Patronato, la implantación de la ley de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes, considerada de las más avanzadas en la materia, la urgente necesidad de implementar un nuevo procedimiento en materia penal para la provincia y la transformación del fuero de familia. También se decidió comenzar a trabajar para que, en forma urgente, se reforme la ley penal juvenil a nivel nacional, que está vigente desde la época de la dictadura.
La bonaerense 13.298 de Promoción y Protección de los Derechos de los Niños, se ajusta a lo estipulado por la Convención Internacional por los Derechos del Niño, en la cual Abuelas de Plaza de Mayo, también fundadoras del Foro, introdujo los tres incisos referidos a la problemática de la identidad, los llamados “artículos argentinos” que, vale recordarlo, integran la Constitución nacional. Estela de Carlotto fue, justamente, la encargada de cerrar la inauguración de las dobles jornadas: “Nuestra lucha está signada por la búsqueda y la protección de la infancia, y de este encuentro tiene que salir una firme voluntad por parte de las organizaciones, pero sobre todo del estado, de que los chicos deben ser protegidos por una política nacional prioritaria”.
Una buena muestra de la posibilidad del cambio la dio Hugo Oreja, intendente de Roque Pérez. En este pequeño y rural partido de la Provincia de Buenos Aires se da uno de los primeros y más interesantes trabajos en el marco de la nueva norma. “Nosotros tenemos los problemas típicos del campo, es decir mucha disgregación y violencia en las familias, y la Ley de Patronato de Infancia, además de judicializar a la infancia, no reconoce las situaciones particulares de cada contexto. Por eso decidimos readaptar el viejo instituto y convertirlo en un centro comunal, en el que trabaja un equipo de profesionales, desechando por supuesto cualquier tipo de encierro”. ¿Y con qué concepto orientaron el Centro Comunal? El intendente respondió que “el objetivo prioritario es que los chicos no emigren de Roque Pérez ante la falta de contención en el hogar. Ellos tienen que crecer con su pueblo. El municipio debe evitar, o en todo caso suplir esa falta, y otras tantas. Por eso queremos ver si podemos abrir otro hogar el año que viene”. La respuesta del intendente Oreja a la pregunta sobre los costos de todo el proyecto, fue irrisoria.
También asistieron, entre otros organizadores, Víctor de Gennaro, Juan Pablo Cafiero, Hugo Yasky y Martha Pelloni, que aprovechó para pedir que “el Foro y el ejemplo de Carlos Cajade sirvan para enseñarnos, justo en estos días, que la única construcción seria no se da sino con el trabajo de todos los días, y no con la violencia de unos pocos”.
Celebración ecuménica en Plaza Moreno
EL ÚNICO DIOS VERDADERO
Representantes de distintas religiones se congregaron en un homenaje a Carlitos, en nombre de un “único Dios defensor de la vida”. Y fue con música, con sol y al aire libre, como más le gutaba al homenajeado.
Por Pablo Antonini
Tarde de sol en la plaza, mates en el pasto, un escenario en el Centro, de espalda a la Catedral. Una carpa con stands de las obras y emprendimientos, fotos pegadas en cartulina, frases garabateadas a fibrón rojo, negro o azul. Alrededor, la murga, chicos, grandes, educadores, amigos, banderas de toda Latinoamérica. Mucha música, guitarra, baile, palmas, 24 temas y oraciones fotocopiadas en el cancionero que circulaba de mano en mano.
En una época donde la disputa por la representación exclusiva de Dios genera o disfraza tanta guerra, exclusión y miseria, Carlitos volvió a generar un momento de encuentro. Ahí estuvo el pastor Arturo Blatezky de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, coordinador del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos y también integrante del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo; el diácono Rubén Azar, de la Iglesia Siriana ortodoxa; el padre salesiano José María Barbano. Y aunque no pudieron estar presentes, las adhesiones del pastor metodista Marcelo González, y la pastora Andrea Báez de la Iglesia Luterana, entre otros. Además, por supuesto, del padre Alejandro Blanco, actual consejero espiritual del Hogar, infatigable y presente en cada día de homenaje, que tuvo a cargo la apertura.
Pasó el grupo folclórico Tupa-hué, nacido en la Casa de los Niños de Barrio Aeropuerto, que tocan y bailan con la leyenda “Carlitos Vive” junto a su foto estampada en las camisolas. Subió al escenario Santiago, guitarrero criado en el Hogar Bethel de City Bell. Subieron los chicos del Hogar, Nahuel, la Negri, Zulma, Mara, Ariel, Erica, Betsabé, a relatar otra vez, uno por frase, el sueño de Carlos Cajade. “Eso es lo que quieren los chicos”, subrayó Tony Fenoy, ungido en animador de la jornada, “y por eso vamos a repetir: “Carlitos, compartimos tu sueño. Y ojo que esto no es joda. Esto es para intentar vivirlo, esto es para intentar hacerlo”.
“Yo creo en vos, compañero / Cristo humano / Cristo obrero / de la muerte vencedor”, sonó el “Credo” nicaragüense.
“Miren que habremos estudiado Don Bosco”, exclamó a su turno Barbano, “miren que nos han enseñado a practicar sus reglas. Pero yo quisiera ver en Carlitos un modelo para los salesianos, por lo que él pudo, se atrevió y nos enseñó a hacer”. Después eligió dirigirse a la gente reunida en la plaza, recordando “la manifestación grandiosa cuando lo velamos, lo enterramos, la presencia de tantos y tantos de ustedes que también lo acompañaron en estos días… Yo creo que ustedes nos han dado una lección muy grande, porque nos han dicho con toda claridad cómo quieren que sea la Iglesia hoy. Cómo quieren que seamos los curas hoy. Cómo quieren que sea nustra iglesia platense y cómo quieren que sea la iglesia latinoamericana. Por esta lecciòn que nos dieron, que nos están dando, muchas gracias”.
“Qué triste integridad llegar a viejo / con el alma y las manos sin gastar / que triste integridad la del pellejo / del que nunca se jugó por los demás”, sonó la “Polea del hombre nuevo”, compuesta por el padre correntino Julián Zinni allá en la década del ’70.
En el cierre, Blatezky instó a “aprender de Carlos el valor de la resistencia contra el sistema. Todos los que lo conocemos sabemos que Carlos no era un benefactor, sino alguien que luchaba por el derecho y la dignidad de los chicos y las chicas, que es una gran diferencia. Porque beneficencia hacemos muchos, pero Carlos era de los que ponen la cara por la justicia que se merecen los chicos y las chicas, que no es algo que les damos de gracia sino que se lo merecen de Dios. (…) No es el Dios encerrado en las iglesias, sino el defensor de la vida hoy, el que da la vida a los chicos y que los defiende, ese es nuestro Dios. Entonces podemos estar felices en la vida y en la otra vida que sigue estando presente. Y yo sé cuánto luchó Carlos, cuánto lucharon ustedes con él, cuánto se merece descansar de esas luchas y va a estar presente con su bendición, porque hace presente la santidad de la dignidad de la vida. La dignidad de todos los que nos antecedieron y siguen estando con nosotros”.
Y al final, un gesto propio de Carlos en cada marcha, en cada misa, en cada acto de su vida: compartir el pan. Un cesto repleto de panes frente al eswcenario, hecho por las mismas manos de los chicos que tomaban posiciones mientras Tony recordaba esa frase que el cura siempre repetía: “vivimos en el país del pan mal repartido”.
“¡A ver la murga que no se la ve… Vamo, vamo!”, alentaba Tony mientras los chicos repartían el pan entre la gente, refrescando ya la tarde, adelantando el baile previsto para la noche, al ritmo de otro clásico en las jornadas de homenaje.
“Vienen, vienen cantando / Llegan, llegan soñando / Son los chicos del pueblo / quieren vivir”, sonó para cerrar, por los parlantes, la marcha de los chicos.
Oración
En nombre de todos los chicos de la calle, en nombre de los desprotegidos, de los desamparados, te pido Señor por Calitos Cajade.
En nombre de las víctimas inocentes de este sistema capitalista inhumano, en nombre de los desocupados y subocupados, de los que no pueden alimentar, educar, vestir o curar a sus hijos, te pido Señor por Calitos Cajade.
En nombre de los desaparecidos y asesinados por la dictadura y de todos los que luchan por la memoria y la justicia, te pido Señor por Calitos Cajade.
En nombre del amor familiar y fraterno, en nombre de la verdadera hermandad entre los seres humanos, te pido Señor por Calitos Cajade.
En nombre de este mundo sin el hombre que se construye contra Dios, te pido Señor por Calitos Cajade.
En nombre de esta querida Arquidócesis de La Plata, te pido Señor por éste, tu hijo amado y hermano nuestro querido. Amén.
Oración escrita el año pasado por el padre Carlos Gómez
Algunos sueños de Carlitos
Un país como un gran hogar
Un país como una gran familia
Un país con infancia
Un país con papá y mamá
Un país con la abuela y el abuelo
Un país con trabajo y trabajadores
Un país solidario
Un país con justicia que tenga que ver con el pan y no con las balas
Un país con dirigentes que sean padres, hermanos y amigos
Un país con remedios y guardapolvos
Un país con el Dios verdadero y no con su caricatura
LA FIESTA DE CARLITOS
Por Carlos Sahade
En la tarde del domingo 22 de octubre, a un año de la muerte de Cajade, nos volvimos a encontrar en el Hogar de Carlitos. Estábamos todos, aún los que no pudieron ir, como el Padre Rubén Capitanio que brilló pese a su ausencia, con una carta en la que nos contó que en la ciudad neuquina de Centenario, madres del Centro del Niño habían tomado la Municipalidad porque allí “la injusticia se hace hambre y falta casi todo para nuestros chicos”. “Necesito, debo y quiero estar junto a los que sufren. Pero esta presencia acá me impide estar ahí, celebrando con ustedes la fiesta de la vida de Carlitos”.
Y a esta “fiesta”, “creo que venimos a buscar un calor muy lindo que teníamos hace un año… Un calor de cariño, el calor del dolor junto con la esperanza”, apuntó Mario Ramírez en el comienzo de su cálida, sincera y afectuosa homilía que nos cobijó a todos. Porque nos habló a todos y a cada uno de nosotros: comprendió a los pibes que se ven invadidos por caras extrañas; se ubicó como un extraño más para estar cerca de los que frecuentan de vez en cuando el Hogar; elogió a los adolescentes por la forma en que laburaron en la peña de la noche anterior; nos regaló optimismo: “hoy nos une, un poquito más que el dolor, que sigue, la esperanza, la esperanza de algo que no sabemos qué es pero que va surgiendo en nosotros y entre nosotros”; nos ilusionó con sus ilusiones: “el gran amor a la vida va triunfando sobre la muerte”. Mario Ramírez dialogó con “Lamparita” y dialogó con todos; mencionó a Miguelito, a Alguita, a los hermanos de Carlitos, a Tony, a Antonio Puigjané, a Marcelo Santillán, a Rosa Rru… y nos mencionaba a todos. Es que, como dice Alejandro Blanco, “todos somos Carlitos”, y Mario Ramírez habló de Carlitos y de todos nosotros… Y hasta nos hizo sentir orgullosos, importantes: “Me gusta esto que se va generando entre nosotros desde el afecto, de haber entrado en sintonía con Cajade y lo que se va generando en nosotros y entre nosotros, que somos la herencia…”. Pero nos medió presión, una linda presión: “tenemos que hacer lo mismo que Carlitos hizo por nosotros. Muchos que se vieron cobijados, hoy pueden cobijar; muchos que se vieron comprendidos por Carlitos, hoy pueden comprender… Tenemos que hacer lo mismo que Carlitos hizo por nosotros: hacernos sentir vivos”. Tal vez así logremos que sean ciertas las últimas palabras de su homilía: “Un mundo nuevo se va gestando”.
Seguir andando
Antonio Puigjané. Sencillo, modesto, como pidiendo permiso, pero convencido, aseguró que “pese a tantas cosas feas, injustas y horribles que hay, se puede seguir andando. Hay que recordar que el mismo Dios no vino a hacerse servir sino a servir a todos y a dar la vida por los demás. Eso es lo que hizo Carlos y por eso lo sentimos presente. Ojalá seamos capaces de hacer lo mismo”.
El valor del encuentro
Alejandro Blanco escuchó el trinar de los pájaros, vio el cielo luminoso, miró la multitud y comenzó: “Cuánto fruto hay cuando se da la vida… Cuántos frutos que ha dejado Carlitos que ha dado la vida. Él ha sido muy fecundo y la muestra de su fecundidad está en nosotros, está acá… Está pasando algo nuevo y algo bueno entre nosotros. Carlos era un sembrador y sembraba mucho en el corazón de los amigos… Despertó mucha amistad. Él vivía un mundo de amigos y eso fue una semilla que me parece que está brotando y esto nuevo y esto bueno que está pasando. Creo que hay mucho de Dios en esto: éramos todos amigos de Carlos y desde hace un tiempo nos estamos encontrando. Y si nos encontramos… Ah, si nos encontramos… Ahí la cosa cambia. Si nos encontramos realmente podemos hacer algo distinto. Le pido a Dios y a la Virgen que este milagro se haga cada vez más fuerte, porque de esa manera Carlos va a estar más presente y la vamos a regalar una alegría enorme”.
La importancia de reír
“Nunca me gustó el cristianismo dolorista. Con Cajade aprendí a reírme y a contemplar la belleza de Dios en la historia”, aseguró Leonardo Belderrain que contó una anécdota en la que Carlitos “explotó de la risa”.
“Por lo único que vale la pena dar la vida –agregó- es por los chicos, por los enfermos, por tu propia gente. En esa gente, en ese compromiso está la posibilidad de disfrutar de todo lo hermoso que hay en la creación sin sentir envidia de nadie. Eso es hermoso”
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