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NÚMERO
43 - SETIEMBRE 2006
Compuesta por el ganador de un Oscar Luis Bacalov
LLEGA A LA PLATA LA ÓPERA DE LAS MADRES
En octubre del año próximo la temporada lírica del Teatro Argentino incluirá el estreno americano de Estaba la madre, una ópera del compositor argentino residente en Italia Luis Bacalov que constituye un conmovedor homenaje a las Madres de Plaza de Mayo.
Por Carlos Gassmann
Hace dos años, la Ópera de Roma decidió encargar una obra para ejecutar durante la Semana Santa. De esa solicitud nació Estaba la madre, una conmocionante ópera con música del argentino Luis Bacalov -el ganador de un Oscar por la banda sonora del filme El Cartero- y libreto del propio Bacalov, Carlos Sessano y Sergio Bardotti.
El Stabat Mater (“Estaba la madre” en latín) es un himno religioso del siglo XIII atribuido a Jacopone da Todi. El poema intenta reflejar el profundo dolor de la Virgen María ante la crucifixión de su hijo y fue puesto en música para ser interpretado durante las celebraciones de la cuaresma por innumerables compositores, entre los cuales se cuenta Pergolesi, cuyo Stabat Mater de 1736 es quizás el más célebre de todos, pero también Boccherini, Rossini o Verdi.
En una original vuelta de tuerca, Bacalov decidió componer un Stabat Mater laico que, considerando el valor paradigmático del dolor que siente María frente a la cruz, reflejase el profundo sufrimiento que en tiempos y lugares mucho más próximos padecieron otras madres: las de los desaparecidos en la Argentina durante la dictadura militar.
“Como argentino –declaró en vísperas del estreno Bacalov- no podía elegir otro argumento para un Stabat Mater. Estaba la madre de Cristo en la deposición del Gólgota en Jerusalén y estaban las madres que buscaban a sus hijos y que reivindicaron lo mejor de nuestro país”.
La obra consta de un prólogo, siete breves escenas y un epílogo. Además de solistas vocales, hay un coro que –como en las tragedias griegas- comenta y sufre Los personajes principales, asumidos por cantantes, son las madres llamadas Sara (madre judía del secuestrado Josele), Juana (maestra en una escuela provincial cuyo hijo, perito agrónomo, también fue arrancado de su casa), Ángela (progenitora de un cura obrero desaparecido), una cuarta mujer que permanece muda de dolor ante el crimen de su hija obrera, los comandantes del Ejército, la Marina y la Aeronáutica y un obispo. Completan el reparto, interpretados por actores y figurantes, un narrador, un juez, su secretario, dos periodistas, una obrera, una delegada sindical, un jefe de operativo y un infiltrado. También interviene un pequeño grupo de bailarinas de danza contemporánea.
Bacalov resume el contenido de la pieza: “José, el hijo de Sara, es uno de esos judíos azkenazis, medio pelirrojo, que no se mete con nadie. Yo los conozco bien porque soy uno de ellos. Lo secuestran y Sara entona un recitativo, Josele, en el que obsesivamente repite: Me dijo que no tenía nada que ver. La escena prosigue con tres uniformados que torturan a Josele. Uno de ellos lo mira y comenta: Imaginate si este judío de mierda no está metido hasta las patas. Los tres cantan, como defensores de la patria, la Balada de la Libertad. Encarnan la vergüenza de una clase militar que tomó el poder e hizo lo que quiso. La segunda madre, Juana, docente en una escuela de provincia, es activa y valiente. Va sola a increpar al gobernador y peregrina en búsqueda de su hijo. Como Ángela, la tercera madre, con su hijo sacerdote de los barrios obreros que se encuentra desaparecido. Va a ver al obispo, que conoce bien al muchacho porque fue su profesor en el seminario. Y el obispo le dice: Hijos de la Iglesia han cometido graves pecados. La cuarta madre no habla ni canta. Aparece porque su hija está con un grupo y todos son masacrados por un delator que le da el beso de Judas. Evoca al represor Alfredo Astiz. Un militar ordena tirar al río los cuerpos de todos. En cuanto a la chica, era la jefa, así que a esa me la cuelgan, dice. Y allí estaba la madre. Cuando la bajan, en la escena más dramática de la obra, la recibe como ocurrió con María con el cuerpo de Cristo. Es el momento culminante de los Stabat Mater. Que en este caso concluye con el epílogo en el que las Madres marchan con sus pañuelos blancos y se repiten las frases finales del informe Nunca más”.
“¿Qué música le cabe a esta tragedia? ¿Cómo se canta el horror?”, se pregunta el crítico Dino Villatico. Y añade: “Los autores han reducido la escritura teatral a lo esencial, a unas pocas frases, que se repiten casi como una letanía. Unos pocos hechos y momentos que condensan la experiencia trágica de un pueblo y de una generación. En cuanto a la música, si Bacalov se ha valido del tango para una misa, ¿por qué no habría de usarlo para un Stabat Mater? El tango puede ser de un tono enfáticamente trágico. En este caso se lo evoca mediante el sonido del bandoneón y a través de una orquestación que recuerda a los conjuntos de tango”.
El estreno se produjo el 1º de abril de 2004, en el Teatro de la Ópera de Roma, con el propio Bacalov como encargado de la dirección musical y Giorgio Barberio Corsetti como responsable de la puesta en escena. Las reminiscencias porteñas se hicieron presentes a través del bandoneón del argentino Carlos Buono.
Asistieron a la premiére el ex primer ministro italiano Massimo D´Alema, durante cuyo gobierno fueron juzgados y condenados, en ausencia, dos generales y cinco suboficiales argentinos por la desaparición de ocho ciudadanos de la península, y la titular de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela Carlotto. La excelente repercusión de aquellas primeras representaciones de 2004 llevó a las autoridades del coliseo de la capital italiana a reponer la obra en abril del año pasado.
Pero, paradójicamente, la pieza sigue sin conocerse en la Argentina. Para remediar esta falta, las autoridades del Teatro Argentino de La Plata anunciaron recientemente que Estaba la madre de Bacalov se montará en la Sala “Alberto Ginastera” el año próximo, como parte de la temporada lírica del primer coliseo bonaerense y en carácter de estreno para el continente americano.
En diálogo con La Pulseada, el joven régisseur Carlos Branca, quien se encargará de la puesta en escena, narró las circunstancias que hicieron posible que la obra llegara por fin a nuestra ciudad. “Conocí a Bacalov –dice Branca- a través de un notable barítono italiano, Paulo Coni, quien participó de las reposiciones de ‘Estaba la madre’ del año pasado. Yo ya tuve la suerte de montar óperas que trascienden el repertorio clásico. Pude, por ejemplo, trabajar con los propios compositores argentinos y estrenar obras como ‘Tlausicalpán’ de Ernesto Mastronardi o ‘El sueño de Ulises’ de Bruno D`Astoli. Es muy importante para un ‘régisseur’ trabajar en interacción con un compositor vivo porque le permite reafirmar que la ópera es teatro-musical. Quiero decir: que no es lo uno sin lo otro y que en esa dialéctica es como se convierte en un hecho auténticamente vivo. Cuando charlo con compositores argentinos, siempre les repito la misma pregunta, casi como una obsesión: cómo encontrar temas realmente propios que hagan posible una ópera verdaderamente nacional. Los clásicos son maravillosos pero a veces –y lo digo sin el afán de que nadie se sienta ofendido- los temas de las óperas tradicionales, analizados desde una perspectiva actual, son absurdos, banales y mueven a risa. Además, sé que los italianos hacen como ninguno la ópera italiana, que los alemanes son insuperables haciendo ópera alemana. ¿Cómo fundar, o refundar, una ópera argentina? Por un lado, hay que encontrar temas o argumentos argentinos. Y creo que, en ese sentido, nos sobran cosas para decir. Por otro lado, hay que buscar una fusión de lo lírico con, por ejemplo, nuestra música urbana. En el caso de Bacalov, este propósito está maravillosamente logrado. En ‘Estaba la madre’, lo lírico y la música ciudadana se fusionan de una manera exquisita. No solamente hay un tema nacional –el horror de la dictadura- sino también una música muy nuestra y muy bella. Cuando Bacalov me habló de esta obra y la escuché, me pareció una auténtica vergüenza que todavía no se haya estrenado en la Argentina. Me propuse traerla a nuestro país y para eso resultó fundamental la ayuda de Estela Carlotto, quien estuvo presente en el estreno en Roma y también tomó la cuestión como un proyecto personal. Finalmente, gracias a la predisposición del presidente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, Lic. Alberto Hernández, y del director artístico del Teatro Argentino, el maestro Reinaldo Censabella, la ópera se hará en La Plata, en lo que constituirá sin duda un verdadero acontecimiento político-cultural”.
Consultado acerca de las características que tendrá su versión en relación con la puesta que se efectuó en Roma, Branca señaló: “el regista italiano realizó una puesta realmente impecable, que tuve la suerte de apreciar a través de un registro en video. Fue un trabajo espléndido con mucho análisis de lo sucedido en la Argentina. Pero mi puesta será necesariamente diferente. Para Italia era indispensable un trabajo muy documentado, con abundante proyección de imágenes fílmicas extraídas de las crónicas de la época de la dictadura militar. Yo acá no necesito contar lo ocurrido y puedo concentrarme en subrayar el carácter de tragedia moderna -y, por consiguiente, en el valor universal- que tiene la pieza. Desde el punto de vista estético-teatral, es una obra netamente brechtiana, cosa que me entusiasma todavía más”.
¿Representa un gran desafío asumir la dirección escénica de una ópera como ésta? “Para un ‘régisseur’ –contesta Branca-, toda nueva puesta significa un desafío. Pero más en un caso como éste, dada la implicación política del hecho artístico. Me siento muy feliz de enfrentar el reto. Me considero un discípulo de Raúl Serrano porque trabajé quince años con él. Es uno de los hombres de teatro más importantes que he conocido y lo considero mi verdadero maestro. Entre los años 2000 y 2002 estuve a cargo de la cátedra de dirección teatral de la carrera de promotores teatrales de la Universidad de las Madre de Plaza de Mayo. Cumpliendo esa función, entre otras cosas, codirigí junto a Serrano la obra ‘La madre’, de Bertolt Brecht, inspirada en la novela de Máximo Gorki. Llevamos la pieza por todo el país en una época donde era inevitable que la representación se pusiese inmediatamente en diálogo con la realidad de un país en llamas. Era un verdadero hecho político-cultural. Poder llevar adelante ahora un proyecto como éste en el plano de la lírica significa cumplir con un sueño. Antes de estudiar la carrera de ‘régisseur’ en el Teatro Colón, durante casi veinte años, me dediqué al teatro de prosa. Y creo que la ventaja que generalmente tiene el teatro de prosa sobre el teatro lírico es su mayor posibilidad de diálogo con la realidad y su apertura a la experimentación. Eso es algo que en la lírica está muchas veces frenado por la llamada ‘tradición’. Pero afortunadamente no tengo con esta obra esa clase de limitaciones. A mí, como artista, me gusta encontrar mi deseo. Ese deseo que a veces está perdido dentro de uno y constituye el único lugar desde donde es posible trabajar. Ahora, con esta ópera, siento que por fin he encontrado mi deseo”.
Un autor ecléctico, prolífico y mundialmente reconocido
Pianista y compositor nacido en Buenos Aires en 1933, Luis Bacalov inició su formación musical a los 5 años de edad con Enrique Baremboim, el padre de Daniel, considerado hoy uno de los principales directores de orquesta del mundo. Desde muy joven comenzó a ofrecer conciertos, sea como solista o como integrante de un dúo junto a otro músico argentino de trascendencia internacional, el violinista Alberto Lisy.
En 1959 se trasladó a Europa, dispuesto a ganarse la vida con su oficio de músico. Empezó como arreglador para un sello grabador y en esa condición trabajó con los primeros cantautores italianos, como Sergio Endrigo y Michelino Pauli, además de escribir canciones que figuraron largo tiempo en la lista de temas más vendidos para ídolos populares como Gianni Morandi o Rita Pavone.
Bacalov cuenta de qué modo se convirtió en un compositor de música para cine: “Un director italiano, Damiano Damiani, me pidió que le compusiera una canción y un arreglo para una película basada en una novela de Alberto Moravia, ‘El aburrimiento’. Yo estaba un poco cansado de hacer ese trabajo y le pregunté por qué no me encargaba directamente que le escribiese la música de la película. ‘Porque no sabía que usted era capaz de hacerlo’, me respondió. Le dije que sí podía porque tenía una formación académica como compositor. ‘Déjeme que le escriba la música y, si no le gusta, se busca a otro’, le propuse. Lo pensó un momento y aceptó. Finalmente le gustó la música”.
Así se inició una extensa trayectoria como autor de bandas de sonido cinematográficas, tanto sea para realizaciones italianas o francesas como para producciones de Hollywood, donde Bacalov es hoy tan reconocido como su primo, Lalo Schifrin.
La lista de grandes directores con los que trabajó es impresionante e incluye entre muchos otros a Federico Fellini (se encargó, ya fallecido el gran Nino Rota, de la música de La ciudad de las mujeres), Pier Paolo Pasolini (efectuó arreglos de Bach para su obra maestra El Evangelio según San Mateo), Alberto Lattuada, Ettore Scola, Francesco Rosi y Lina Wertmüller.
Pero sus partituras no sólo estuvieron y están presentes en las obras del llamado cine de autor, sino también en innumerables comedias y largometrajes destinados a un público masivo. Algunas de sus composiciones para los denominados spaghetti westerns, las películas del oeste que se filmaban en Europa, se volvieron tan características que cuando Quentin Tarantino quiso homenajear al género en Kill Bill, eligió música de Ennio Morricone y del propio Bacalov.
Entre las diversas distinciones que obtuvo se cuentan el David de Donatello, el Globo de Oro, el galardón de la Academia Británica de Cine y Televisión y el Premio Nino Rota. Pero el reconocimiento que sin dudas le significó mayor popularidad es el Oscar que la Academia de Hollywood le entregó en 1996 por la música de la película El Cartero, dirigida por Michael Radford. Como se recordará, se trata de un filme basado en Ardiente paciencia, la novela del chileno Antonio Skármeta, que cuenta supuestos episodios vividos por Pablo Neruda durante su exilio italiano. El día de la ceremonia de entrega, un emocionado Bacalov declaró a la prensa: “Me considero medio argentino y medio italiano. Porque nací en la Argentina pero hace 35 años que vivo en Italia. En la música de El cartero traté de expresar mis dos mundos. La inspiración nació del tango argentino, un homenaje a mi primera patria, unida a la música de las bandas de pueblo italianas, que se encuentran incluso en las villas más pequeñas”.
Pero al mismo tiempo que trabajaba para la industria cultural, Bacalov no descuidó su vinculación con la música erudita. En condición de pianista o director de orquesta, recorrió las principales salas de Europa y de América ofreciendo composiciones propias, del repertorio tradicional y del contemporáneo, incluyendo la difusión de obras de grandes autores latinoamericanos.
Entre sus composiciones se destaca Misa Tango, para solistas, coro y orquesta, que fue grabada por el tenor español Plácido Domingo. Además, un disco suyo que registra versiones de tangos propios y de otros creados por Astor Piazzolla fue nominado a los Premios Grammy.
Actualmente suele presentarse junto a un cuarteto que integra él mismo en piano, Ulises Passarela en bandoneón, Giovanni Tommaso en contrabajo y su hijo Daniel en percusión. Con esta formación interpreta piezas de música étnica, aires urbanos y composiciones contemporáneas, lo cual expresa bien su tendencia al sincretismo y su concepción de la música como un punto de encuentro entre diversas culturas.
Además, está trabajando en la composición de una ópera-tango titulada Gardel y el compadrito, inspirada en un cuento suyo que sus colaboradores transformaron en un libreto dramático.
A lo largo de su extensa trayectoria, Bacalov ha conseguido el milagro de alcanzar masividad sin renunciar a la calidad. Se ha ubicado además en un fructífero y desprejuiciado lugar de cruces e hibridaciones, tanto sea entre las creaciones provenientes de diferentes lugares geográficos como entre la considerada cultura culta y la denominada cultura popular.
A la hora de definirse a sí mismo, dice: “Yo soy, por naturaleza y cultura, un ecléctico o un bastardo; mi música tiene la influencia de Villalobos y también la de Bach y la de Bartok”.
Un fragmento del libreto
Escena Sexta
(Se oye, fuera del escenario, como si viniera de alguna casa cercana, una milonguita alegre tocada por un pequeño grupito orquestal. También algunas risas y voces discretas en una fiesta. En el escenario vemos a un grupo de obreros y una sindicalista que discuten qué hacer frente a los hechos).
SINDICALISTA: Creo que deberíamos hablar de lo que está pasando en la fábrica. Están delatando a cualquiera que proteste y luego lo secuestran. Ya no podemos ni reclamar nuestros derechos.
OBRERA: Nos están cercando. Y a vos te tienen fichada como delegada.
SINDICALISTA: Ya lo sé. Estoy preocupada.
OBRERO: Yo también. Viniendo vi un Falcon verde rondando.
INFILTRADO: No es para tanto. Tranquila (le da un beso en la mejilla). Vuelvo enseguida.
SINDICALISTA: Bueno, volvamos a lo nuestro (Irrumpe un comando operativo y ametralla al grupo, matándolo).
(La milonguita se interrumpe)
JEFE DEL COMANDO (Dirigiéndose a uno de los hombres): Vos que lo viste, ¿a quién besó el que infiltramos?
UN HOMBRE: A ésta.
JEFE DEL COMANDO: Me la cuelgan como escarmiento.
UN HOMBRE: ¿Y con los otros qué hacemos?
JEFE DEL COMANDO: Tírenlos al río.
(Baja la luz)
Escena Séptima
(Vemos a la sindicalista colgada a la cual descienden un grupo de mujeres, entre las cuales se encuentra su propia madre):
SARA, JUANA, ÁNGELA, CORO (“Estaba la madre”):
Estaba la madre
lagrimosa, doliente,
temblorosa, gimiente,
mirando apenada
la cruz
de su hija.
La madre.
Madre, fuente de vida,
haz que tenga la fuerza
de llorar contigo.
Quién no lloraría
deshecho
delante
de tanto
suplicio.
Su muerte
he de llevar en mí
como una herida.
Por respeto
a su gente.
Para que no olviden.
Nunca más.
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* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
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