NÚMERO 41 - JULIO 2006

Germán Leder, en la vida y en el ring
LA LUCHA

Un pedazo de Asia hizo ecos de puños y patadas: Kung Fu, Laij Contact, Kondo Kuón, Sandá, San Show, Kick Boxing, Karate Kempo. Fue durante un domingo perezoso en la ciudad de La Plata y en el marco de un torneo provincial de artes marciales. Lo organizó el panadero del Hogar del padre Cajade y profe Germán Leder, quien desde hace un tiempo les busca motivaciones a jóvenes con caminos cortados. El periodista amigo de La Pulseada, Gabriel “Colo” López, estuvo ahí, viendo cómo Germán y los pibes del Hogar dan una mano... en los dos sentidos.

Por un agujerito del techo del gimnasio "Manuel García", de Unión Vecinal de La Plata, el sol dominguero se mete a chusmear. Afuera, la pereza de una ciudad con fiaca. En la manzana se nota que hay actividad: combis y autos llegados de Morón, Clayole, Partido de la Costa, José León Suárez, Longchamps y Capital Federal. El Torneo Abierto de Artes Marciales armaba la fiesta.

El organizador, por si fuera poco, es un amigazo. Un tipo surgido de la calle y de proponerse metas todos los días. Así llegó al Hogar de Carlitos Cajade, para ayudar en la panadería y en poco tiempo crear su propio gimnasio para los chicos. Eso que ya imaginaba a los 17 años cuando por primera vez se puso un kimono. Un muchacho que tuvo sopapos de la vida pero que no le hicieron retroceder. "Que el miedo no te haga retroceder cuando debas seguir adelante", es un frase que me permito refrescar en esta nota para La Pulseada. Y que a veces la saco al viento cuando "uno no gana nada, pero al fin y al cabo... uno gana cuando pierde".
Con Germán Leder quería ocupar todo este espacio de la revista. Amigo que cada tanto voy a ver para regar una semilla que necesita de... ¡verse!, para que no muera la amistad.

Ocuparé este espacio con lo mismo que me enseñó: sudor en los huevos y emoción en el corazón. Fue "La Cobra" Leder el que organizó el Torneo. Con esos ojos de loco, y culito inquieto y veloz, él y un grupo de colaboradores recibieron a más de 300 humanos, en un mediodía que se hizo de carrera larga.
Recorramos otra vez ese gimnasio de Unión Vecinal, vestido de colores mágicos, de indumentaria blanca y guantines rojos.

Una pibita lindísima me hace frenar. La encaro con el grabador de periodista y me dice "soy Bárbara, vengo de Morón". Flaca, vos peleaste sin protector, sin pechera, ¿no sentiste miedo? Me dice: "El profe se lo olvidó y le dije que me deje pelear igual". La guapita ganó en su competición de patadas y manotazos.
El deportista debe comer de todo y bien. ¿Y éstos sabandijas, se cuidarán? A ver vos, chabal: "Yo papeo de todo", contesta mientras se agarra el tobillo con cara de esguince.

Miren qué personaje. El "Twetee", el gurrumín que jugaba en Chacarita Platense y Fletes, el rubiecito Martres, con su papá Gordo y mamá fana de Deportivo Morón. Entre sanguchitos y vasos de jugo, me cuentan que el hijo les pidió “cambio”. Y así salió "fútbol infantil"; entró "artes marciales", con nuevos amigos y con un cinturón karateca que, ni hablar, en el barrio provoca que los más bravos lo miren con respeto.

Tres enanitos salen del buffet. Son de José León Suárez: Osvaldito, Joaquín y Walter. ¡Felicitaciones Joaco! "Salí 2do en forma" me dice en castellano, aunque en sus presentaciones hablaba serio y raro como un coreano.
No estamos en el Luna Park. Estamos en el barrio de la estación Circunvalación, con el romanticismo de las paredes pintadas "Barrio Tripero" y un lobito cada dos esquinas que alegra a los niños. Rocky, mi acompañante Pincha, se enoja. “Divide el fútbol, che.” Nos perdemos cada uno por ahí. Observo que en una colchoneta hay pelea pareja. Lucha Olímpica. Tras el tremendo combate me intriga conocer al que le levantaron la mano como vencedor.

-Sos un hombre de hierro, le comento.
-No, no, conozco otros hombres de hierro... Yo no lo soy.

Su nombre es Favio y su apellido Enrique. Son 14 hermanos y una historia que debe saberse: pasó de la casa a la calle, de la calle al Hogar de Cajade, y del Hogar al Cenard, el Centro Nacional de Alto Rendimiento, donde hoy vive y entrena con famosos como el nadador José Meolans, o alguna de las Leonas del seleccionado de Hockey. "Le agradezco esta chance que tengo a Germán Leder", dice sin que le preguntemos.

San Show. Conocemos otro arte combativo. Visten como boxeadores pero con el terror de que las patadas se cuelen también, en cualquier parte. Acá nadie dice "no vayas a estropearme el peinado". Pero de un golpe te pueden peinar por última vez. Esto es "ey flaco, levantate y anda".

Otro muchacho. “Mucho gusto, Facundo Sosa”. Se pagó el viaje desde El Palomar, la cuota para competir y debutó. Al terminar, con triunfo, el apodo se lo pongo yo: "El Salvaje, así te tienen que llamar a vos.” Se dedica a la albañilería. Y antes de entrar a alguna obra, primero sale a correr, de madrugada. Al mediodía le mete un poco más, alguna abdominal. Y a la noche lo espera el gimnasio y su maestro de defensa personal, un tipo que lleva 40 años en artes marciales y que paró durante 10: "dejé cuando me casé; volví cuando me divorcié".

Un país lujoso es un país que trabaja y se esfuerza. No aquel que luce edificios ricos. Y entre tantos deportistas que te dejan con el corazón en la garganta, seguimos en Unión Vecinal con mi grabador en mano: "tarde o temprano, en un momento de la vida, uno se encuentra con uno mismo", se escucha de alguien que pasó por la falopa.

Un ring sin cuerdas. Colchonetas azules y verdes. Griterío desgarrador. A uno le falta aire, pero quiere seguir. Germán, pide un médico por el micrófono. Vuelve Enrique, el muchachito del Chispita de Los Hornos, hoy deportista que está en Capital Federal y nos presenta a un amigo que conoció allí en el Cenard. Un pibe de Merlo, de 18 años, luchador olímpico. "Yo, gracias a la lucha, pasé de ser callado a un pibe que puede hablar con cualquiera. Me cambió la personalidad".

-¿Cómo es un día en el Cenard?
-A las 8, arriba; de 9.30 a 12, entrenamiento; de 13 a 18 vamos a la escuela a estudiar; de 19 a 21, el último turno de entrenamiento, Ja. ¿Algo más?, contesta

-¿Como va todo, Germán? -Bien, viento en popa.
Germán transmitía el buen humor y la voluntad de siempre, pese a que en las últimas horas la vida le había jugado una carta inesperada. Nos enteramos dos días después del torneo, porque en ese momento no nos dijo nada.

Han pasado cuatro o cinco horas. Faltan un par de competiciones y la entrega de trofeos. Estos trofeos que, me dicen, los fue a comprar Germán en tren a Florencio Varela y los armó con su propias manos y paciencia artesanal. De estos trofeitos, dos se llevó el pitufito Sebastián, hijo de Daniel Aquino, el dueño del gimnasio de 25 y 33. También lo veo feliz al maestro Andrés Ferreyra, de Chaca Platense, que está a poco de ir al Mundial de Karate Kempo en Río Tercero, con sus pequeños del suburbio sureño. Me llega un mate como si fuese un corner, me estiro a buscarlo en la tribuna con un poco de sueño. El mate, presente en todo evento, la excusa que acerca a las gentes, y me deja el cuerpo tibio para emprender el regreso. Pa' casa, en un domingo en que el Pincha era local en Quilmes, y el Lobo creo que en un Estadio que nada tiene que ver con el aroma del bosque eterno. Yo me escapé del fútbol, le canté como un gallo al domingo y busqué por ahí un mundo nuevo, un hijo nuevo, que sea lo bastante fuerte y con poco negocio. Busqué y encontré un hijo como Favio o su hermano Matías, que nunca doblan la espalda cuando deben erguir el pecho. Que no van por el camino cómodo sino por el camino áspero de las dificultades. Que se dominan a si mismos antes que pretender dominar a los demás. Que se echan a reír pero que también saben llorar. Que avanzan hacia el futuro sin olvidar el pasado.
Gabriel "Colo" López

www.germanleder.com.ar


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