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NÚMERO
40 - JUNIO 2006
Omar Maraury muestra Challacó
LO QUE SE OLVIDARON DE TAPAR
Es de hablar sencillo... Lento y apasionado. En casi todas sus frases utiliza la palabra “bárbaro”, ya sea para elogiar a los pobladores de Challacó, para graficar el estado en que quedó la ciudad, para recordar los momentos en que se trataba de una zona pujante, de un país con presente, o para describir a los culpables de la destrucción... También para ilustrar la actitud que asumen los chicos que ven sus fotografías.
Omar Maraury nació en Plaza Huincul y a mediados de los ’70, “con todo el ideal del modelo de país que pensábamos en los primeros años de la década”, vino a La Plata a estudiar Derecho. “Me bancaba la carrera con las fotos y casi me recibo; me quedaban materias de cuarto y quinto año cuando abandoné para volver a Neuquen a hacer lo mío: la fotografía”.
“Todo lo que yo pensaba que iba a hacer desde el Derecho, lo fui volcando a través de la imagen para mostrar el país que perdíamos, la dictadura... la Patagonia y su abandono; la decadencia de nuestros pueblos originarios. Era la forma de defender mis ideales”, explica a La Pulseada durante una de sus visitas a La Plata donde mostró sus fotos tomadas en una perdida población ubicada cerca de Plaza Huincul.
“Un día caí en Challacó y vi el abandono”, recuerda Omar y prosigue: “ahí estaba YPF con su planta de bombeo y se fue; estaba el tren y dejó de pasar; estaba la Universidad y la sacaron... Pero encontré a mi amigo Rondanina, El Ronda, y pensé que estaba en el lugar justo para mostrar, como me dijo un hombre, lo que se olvidaron de tapar... Es como que el sistema se olvidó de tapar Challacó. En otros lugares de la zona, sí pasaron la topadora para que no se vea todo el efecto de la privatización porque ellos ya sabían qué iba a pasar”.
Pese a que las imágenes son una muestra de la destrucción del país, Maraury no tiene una visión pesimista: “Lo notable de esto es que se va el ferrocarril, se va el personal y quedan los puesteros, que son identidad y cultura; es gente de la tierra, gente del Sur; son mapuches, gringos que habitaron la Patagonia con su cultura de trabajo: crianceros... Crían animales”.
En Challacó viven cinco familias, pero las perspectivas son de crecimiento: “Carlitos –cuenta Omar- se juntó con la nieta de Don Napal y esperan un bebé... Dicen que van a vivir en Challacó, así que ahora habrá seis familias”.
Omar Maraury muestra sus fotos con orgullo y habla de Challacó como si fuera un hijo en el que deposita todas sus esperanzas y por el que lucha para que tenga un futuro mejor: “La universidad es el próximo proyecto que tenemos. Estamos trabajando para saber más, para contactarnos con ex estudiantes porque acá estaba la Facultad de Ingeniería, algo básico para YPF que, como también era estatal, hizo un asentamiento para los estudiantes que no pagaban alquiler y tenían hasta la comida. Era otro proyecto de país, otro proyecto de educación”.
Carlos Sahade
La grandeza de la dignidad
La pertenencia de estos hombres a lo simple y cercano, creo que se acentúa más en la vejez. Cuando uno se va despidiendo de los proyectos, más se acerca a la tierra de la infancia, y no a la tierra en general, sino a aquel pedazo de tierra donde transcurrió la niñez.
No aspiran a grandes cosas sino a pequeñas y modestísimas cosas, pero que adquieren increíble magnitud en ellos. Por eso, a pesar de las desilusiones y frustraciones acumuladas, no descreen en el valor de las gestas cotidianas, ya que simples y cotidianas, generan una nueva narración de la historia... Porque quien no ama su pequeño lugar, su propia casa por pobre que sea, mal puede respetar a los demás, ya que no son las paredes, ni el techo, ni el piso lo que individualiza a la casa sino esas personas que la viven, con sus conversaciones, sus risas, con sus amores y odios; seres que impregnan la casa de algo inmaterial pero profundo como es la misma sonrisa en el rostro.
Estos hombres han encontrado en la misma crisis la fuerza para su superación. Ellos lo demuestran con su tenacidad y valor. No se permiten desperdiciar los pequeños momentos de libertad, gozan de una mesa compartida con la gente que quieren, caminan entre los pocos árboles del lugar, se emocionan cuando pare una chiva, se entristecen cuando una mula cae al canal y luego se enorgullecen de haberle podido salvar la vida, se aferran al calor del fogón, al mate y a las tortas fritas.
Para algunos, estos serán simples hechos. Para mí, estos hechos los hacen DIGNOS. Ellos sí que saben hacer de los obstáculos nuevos caminos, porque a la vida le gasta el espacio de una grieta para renacer. Lo hacen al haber decidido quedarse en Challacó. Ellos atravesaron momentos de esplendor en el pasado y sufrieron con entereza los cambios. Han tenido la capacidad de luchar y de no resignarse, ya que resistieron el poder de la destrucción y no han renunciado a sus valores.
Por Claudia Modugna
LA FACULTAD
La Facultad de Ingeniería comenzó a funcionar en Challacó el 1 de abril de 1965 con tres especialidades: Petróleo, Minas e Industria. Dependía de la Universidad provincial del Neuquen. Su primer decano fue el Ing. Armando Paris, que también era Jefe de los Talleres de YPF y Director reorganizador de la Escuela Nacional de Educación Técnica de Plaza Huincul.
La colaboración de la empresa YPF resultó fundamental: cedió el campamento con los edificios correspondientes y permitió que profesores, empleados y alumnos usaran los servicios asistenciales de la empresa, instalaciones deportivas y las proveedurías.
En sus inicios concurrieron 90 alumnos, de los cuales 36 eran internos y 6 eran mujeres, el plantel docente contaba con cerca de 20 profesores, la mayoría de los cuales vivía en la región.
La fábrica de ladrillos que existió en Challacó era un emprendimiento de la Facultad, una especie de planta piloto. Las máquinas fueron diseñadas y construidas por los estudiantes y los ladrillos se cocían en un horno que todavía existe.
Una anécdota, que refleja las inquietudes del estudiantado, fue el lanzamiento, el 2 de julio de 1968, de un cohete experimental. Se realizó con la colaboración de un experto de Puerto Belgrano, pero la fabricación de todas sus piezas y componentes estuvo a cargo de los alumnos.
La primera promoción de ingenieros se produjo en 1970. Ese mismo año alumnos de Challacó paró el tren de carga con un camión de la fábrica de ladrillos y le hicieron pintadas a favor de la nacionalización de la Universidad. El tren llevó las consignas hasta Buenos Aires.
Al año siguiente se promulgaría la Ley de creación de la Universidad Nacional del Comahue, que comenzó a funcionar el 1 de enero de 1972 con sede central en la ciudad de Neuquen. A fines de 1973 Challacó se quedó sin su Facultad de Ingeniería ya que fue trasladada a Neuquen.
Fuente: www.challaco.com
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