NÚMERO 39 - MAYO 2006

Los diarios recuperados, un granito de libertad en la comunicación
COOPERATIVA DE NOTICIAS

En una fábrica de tornillos o bolsas plásticas, la recuperación puede modificar las relaciones entre los obreros, sus valores y la forma de administrar, pero en esencia el producto sigue siendo el mismo. ¿Y cuando se trata de un medio de comunicación? En dos diarios cordobeses y uno chaqueño, sus ex empleados formaron cooperativas para mantener el trabajo. La Pulseada indagó si la participación democrática y la mayor autonomía se plasman en el papel.

Por Daniel Badenes

“El estado de la prensa en la Argentina es deplorable. Viendo la película completa te encontrás con la concentración de los medios en los '90, después se les acaba la plata dulce y empiezan con los ajustes. Ahí el del diario trabaja también para la radio y para el canal. Se reducen las redacciones, y la calidad. La prensa primero fue concentrada, después fue ajustada, y ahora es una prensa berreta”, diagnostica Javier De Pascuale al grupo Lavaca. De Pascuale es el director de un diario recuperado llamado Comercio y Justicia, y Lavaca es un grupo de periodistas alternativos que, después de investigar a los “sin patrón”, se constituyó como cooperativa de trabajo.

En un panorama tétrico en el que la información es una mercancía en manos oligopólicas (La Pulseada Nº 33), el paso del cordobés Comercio y Justicia a manos de sus trabajadores es un logro nada desdeñable. Menos aún sabiendo que tras él anduvieron las garras del multimedios Clarín, el trío Hadad-Socolowikz-Spolski y el Grupo Vila.

La historia empezó tras la venta del diario a los editores de la Gazeta Mercantil de San Pablo. En 2001, insatisfecho por las condiciones económicas desfavorables, el grupo abandonó el diario, dejando en la calle a decenas de familias agobiadas por las deudas salariales. “Nos empezamos a juntar a ver qué podíamos hacer. Y sólo un compañero fue el que tiró la idea de cooperativa. No entendíamos mucho porque siempre habíamos trabajado en relación de dependencia, pero bueno, investigamos un poco, hasta que decidimos avanzar”, evoca Adrián Ochoa, encargado comercial del periódico donde hoy trabajan unas 60 personas. En abril de 2002 treinta ex empleados formaron una cooperativa y en mayo acordaron con la Justicia alquilar las instalaciones, o lo que había quedado de ellas: con los brasileños habían desaparecido generadores eléctricos, 45 computadoras, servidores de red y hasta el archivo fotográfico. “Más de uno llevó su máquina para rearmar esa redacción”, dice Ochoa al explicar como, finalmente, el 20 de junio de 2002 el diario resurgió.
Todo a pulmón. En el ínterin hubo intentos del grupo encabezado por Daniel Hadad para quedarse con la estructura del medio, al que no pretendía reflotar, sino aprovechar su clientela cordobesa para Infobae. Otros aparecieron seducidos por el remate, como el Grupo Clarín, que en Córdoba ya es copropietario –asociado con La Nación– de La Voz del Interior y el Canal 12. Sin embargo, los trabajadores perseveraron hasta conseguir un fallo histórico: la jueza a cargo de la quiebra dio prioridad de compra a la cooperativa que habían formado, y acreditó las deudas salariales como parte de pago. Con todos como dueños, afirmó De Pascuale, “cambia la lógica del trabajo, y todos ponen lo mejor de sí. Hubo un fuerte impulso para incrementar la calidad del producto, y estamos empezando a recoger los frutos, mientras otros diarios se están cerrando o están dejando de ser percibidos como medios importantes, prestigiosos o creíbles”. Salvo cuando otros trabajadores de prensa conjugan, también y tan bien, el verbo recuperar.

Así ocurría, desde unos meses antes, con El Diario del Centro del País, el primer periódico de Villa María en editarse de lunes a lunes, que fue obra de una Sociedad de Responsabilidad Limitada desde el 1º de abril de 1984 hasta el 13 de diciembre de 2001.

La anécdota es similar: empezó con demoras salariales y deudas previsionales y se agudizó ante la falta de respuestas. “Fue una batalla dura. El dueño no quería saber nada. Apostaba al desgaste. Quería negociar, arreglar que la gente se fuera”, cuenta Daniel Rocha, que trabaja hace 21 años como periodista del diario: “primero fui ´empleado fundador´, y después, socio fundador de la cooperativa”. 33 trabajadores, decididos por la alternativa autogestiva, con el apoyo de los sindicatos de prensa y gráfico y el padrinazgo de León Gieco y Víctor Heredia, negociaron la cesión de los bienes del diario: “la rotativa, todo el archivo del 84 al 2001, el sistema informático, los muebles y útiles que había, que no era mucho, y las pocas computadoras que quedaban. Lo que no nos podíamos quedar es con la casa. Y por supuesto, nos quedamos con el nombre”.

La autogestión fue un éxito: han superado las ventas que el viejo diario había tenido en su época de esplendor. “Está bien que antes teníamos un sueldo, y nosotros ahora como socios de esta cooperativa, hemos flexibilizado nuestra labor”, admite Rocha: “pero una cosa es que uno flexibilice el ingreso y el trabajo de algo que es propio, y otra cosa es que a alguien le flexibilicen el sueldo y el trabajo cuando crecen las ganancias del patrón”.

Además, administrar el diario en forma cooperativa incidió en lo periodístico: “antes el dueño le daba o le imponía la orientación que quería. Ahora opinamos todos, y tratamos de que el diario sea bien amplio, pluralista. Y creemos que el producto está saliendo bien. Tiene un profundo respaldo de la gente”.

“El apoyo de la sociedad hace que estemos hoy vivos y que nuestros proyectos sigan vivos”, coincide Marcos Salomón, jefe de redacción del Diario de la Región, de Chaco, el tercer diario recuperado por sus trabajadores. “Era un diario tradicional, como cualquiera: con más compromiso empresarial que periodístico, digamos. Y las condiciones laborales eran paupérrimas”, resume.

Salomón recuerda perfectamente el primer día de octubre de 2002, cuando un oficial de justicia llegó acompañado para fajar al diario quebrado. Él y sus compañeros se lo veían venir: en tres semanas, la planta de 90 empleados se había reducido a la cuarta parte. “Los que respondían a la patronal no querían dejar entrar a los oficiales de justicia, simplemente para dar tiempo para que el dueño termine de vaciar.

Nosotros les abrimos las puertas a condición de que nos dejen salir un día más. Fue lo único que pedimos en ese momento: un día más”. Luego, ante los síndicos, pidieron continuidad. Estos contestaron que era inviable, pues faltaban instrumentos y materias primas fundamentales para imprimir el diario. Todo dependía de conseguir esos insumos. “Así es que tenemos números en los que la tapa de es papel prensa y una parte del interior se hizo con papel calidad ilustración. Había pliegos de distintos tamaños y calidades... El compromiso que habíamos asumido, básicamente con la sociedad que nos apoyó, era que no íbamos a dejar de salir ningún día”. Lo lograron. Desde entonces reclaman a la Legislatura alguna medida que legalice el uso de la marca y las instalaciones del diario.

Claro que aparecieron detractores de la iniciativa, sobre todos los impulsores de un diario llamado Primera Línea, que surgió el mismo día que el casi-cerrado apareció editado por la cooperativa. Los jefes y el director del nuevo matutino eran los mismos que se habían fugado del Diario de la Región. El resultado de la maniobra incompleta fue la coexistencia de los dos medios: uno, creado por los empresarios con recursos económicos; el otro, autogestionado por trabajadores cuya maravillosa obstinación los dejaba sin sus últimos ahorros, bien escasos ya que cargaban con una deuda de doce sueldos y cuatro aguinaldos, además de los aportes sociales y vacaciones.

En síntesis, la treta de los amigos del poder falló: el diario cooperativo tiene más lectores. Acaso porque el periodismo no se hace sólo con plata.

Otro periodismo
“Incorporamos temas a la agenda de medios que no estaban: los viejos, la comunidad aborigen... hay que tener en cuenta que en el Chaco hay cuatro pueblos originarios, a los que están matando, masacrando, quitando las tierras, hacinando. Y otro tema puntal fue el de los derechos humanos”, explica Marcos Salomón, que lleva años investigando la masacre de Margarita Belén, ocurrida durante la última dictadura, que trascendió a nivel nacional cuando el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) denunció que el ex jefe del Ejército Ricardo Brinzoni había estado involucrado. A nivel local, el tema es más que ese nombre. Salomón recién pudo decirlo cuando el diario pasó a manos de los trabajadores. “Margarita Belén es la síntesis de la corrupción en el poder judicial enquistado. De hecho, dos de los funcionarios judiciales cómplices de la masacre hoy son fiscales federales en el Chaco. Nosotros luchamos contra eso. Y hasta que nosotros los mencionamos, ningún diario, ninguna radio, ningún canal de televisión decía con nombre y apellido quiénes eran los cómplices de los genocidas”, dice Salomón.

En otros casos los contenidos no variaron mucho, pues un medio especializado como el Comercio y Justicia está muy atado a lo que es y su nombre indica: un medio de información jurídica y empresarial, vendido por suscripción. De Pascuale asegura, no obstante, que hay decisiones editoriales por tomar: la defensa de la producción nacional y el mercado interno, las Pymes y las empresas asociativas. Así, la principal columna económica ya no está en manos de la cavallista Fundación Mediterránea.

De todos modos, fue el diario del Chaco el más arriesgado en el plano periodístico, y lo de Margarita Belén es sólo un ejemplo. También instalaron un debate sobre el problema de salud generado por las antenas de celulares, revelaron cómo la SIDE monitoreaba al gremio docente y demostraron que el ex jefe de Inteligencia santiagueño, Antonio Muza Azar, enseñó a torturar en esa provincia.
La valentía fue bien retribuida: de cuatro diarios chaqueños, se han convertido en el segundo más vendido, sólo superado por el matutino más tradicional, estilo El Día, de esos que muchos compran por costumbre.

“Nosotros no tenemos los intereses que tienen los diarios”, dicen. Por eso para salir adelante tuvieron que poner el cuerpo: “Digamos que nosotros tiramos el centro, cabeceamos, festejamos el gol y somos la tribuna”, grafica Salomón: “Yo supuestamente soy el jefe de redacción, y salgo con la cámara, hago notas, hago fotos, avisos publicitarios, barro si hace falta, y si a la noche nos quedamos a comer algo hago unos choripanes. El director del diario lo mismo, si tiene que salir a cubrir policiales, sale”.

En los otros dos diarios, en cambio, resolvieron –y pudieron– mantener la mayoría de los roles. “Decidimos que el que era secretario de redacción, siguiera coordinando el área; el que hacía policiales que siguiera en policiales; el que vendía publicidad... cada uno en su área”, dice el villamariense Daniel Rocha, y aclara: “Desaparecieron las figuras de director y jefe de redacción, y apareció la de los coordinadores de tres áreas: redacción, gráfica y administración. Por supuesto para afuera sigue existiendo ´la dirección´ y las cartas las encabezan ´señor director´”.
Adentro, el gran desafío es hacerse cargo de la gestión, y lograrlo con mecanismos democráticos. “El periodismo es verticalista... estamos aprendiendo”, cuenta Salomón: “tratamos de resolver todo a través de asambleas. Todos los miércoles hacemos asambleas donde se toman decisiones sobre la vida de la cooperativa y la marcha del diario”.

“Autogestionar no es un esfuerzo fácil, no es que uno lo tenga incorporado”, admite Ochoa, del Comercio y Justicia. Rocha coincide en señalar la dificultad: “Antes decidía un patrón. Es más complicado ahora porque somos muchos los que opinamos, y todos queremos que se nos escuche. Hay un mayor debate, es indudable”.

En las cooperativas conviven periodistas y gráficos, también vendedores de publicidad y administrativos. Todos son iguales y rotan en los cargos de gestión. En el diario del Chaco, cuenta Salomón, intentan “superar algunas barreras” entre sectores “que tradicionalmente estaban cada uno en su lugar y no compartían nada. Los del taller nunca se acercaban a la redacción, los de la redacción no iban más que a mirar cómo salía la impresión, a putear si la impresión no era la que ellos esperaban. Ahora logramos que haya intercambio. Y también que consideremos nuestro el lugar donde laburamos: antes era imposible pensar en quedarnos a hacer un asado y estar hasta las seis de la mañana hablando, jugando al truco, compartiendo. En eso cambió radicalmente”.

MUCHOS DESAFÍOS, POCOS REFERENTES
No son numerosos los antecedentes de diarios administrados en forma cooperativa por sus trabajadores. La referencia histórica de más peso es el mexicano Excélsior, creado en 1917 y transformado en cooperativa 15 años más tarde. Durante décadas fue el principal medio de su país. Su historia desde 1932 es compleja, pero siempre fue propiedad de sus trabajadores

En Argentina hay un caso, contemporáneo a los tres “recuperados”: El Independiente de La Rioja, un diario fundado en 1959 por una sociedad comercial, que en 1971 pasó a manos de una cooperativa de trabajo compuesta por sus periodistas, obreros gráficos, administrativos e incluso antiguos dueños, que trabajaban dentro de la empresa. Esa trayectoria de 35 años incluye etapas con dificultades económicas, presiones del Estado y convulsiones internas. Aún así, el diario autogestionado subsiste –su tirada actual ronda los 11.000 ejemplares– y procura ser fiel al artículo quinto del Estatuto Social de la cooperativa, que establece trabajar “con independencia total de los factores de poder” y “en un marco que asegure condiciones dignas de trabajo con participación y responsabilidad de sus asociados”.

Más ejemplos de medios de comunicación cooperativos pueden encontrarse fuera de la prensa diaria. El Porteño, un importante quincenario de los ´80 y uno de los gérmenes de Página12, fue uno de ellos. Fundado en 1981 por Gabriel Levinas y Miguel Briante, llegó a fines de 1985 con problemas económicos, y los trabajadores acordaron con su director –Levinas– conformar una cooperativa de trabajo que administró a ese medio de comunicación durante los años siguientes, hasta que cayó en desgracia. En el último número editado bajo el sello de una sociedad anónima, Levinas escribía que una de las cuestiones “que atentan contra la libertad de prensa es la relación económica patrón-trabajador. Relación que se establece aún en una revista como ésta; ella hace que una nota de su director sea más buena de lo que es en realidad o que la de un periodista sea más discutida de lo que debe ser. Tampoco ´El Porteño´ ha estado exenta de las arbitrariedades que, como director, indudablemente cometí”. Y agregaba: “es claro que ´El Porteño´ no es el ´Clarín´ pero para que realmente sea distinto su organización económica no puede ser la misma. Del mismo modo que no venceremos al poder utilizando su discurso, no seremos distintos del periodismo tradicional si copiamos sus mecanismos”.
En ese sentido, los casos de diarios autogestionados por sus trabajadores, alimentan la pregunta acerca de qué puede ser denominado comunicación alternativa, que motivó acalorados debates en los ´70 (La Pulseada Nº 13). Y no hay respuestas únicas y simples: las experiencias oscilan entre la inmersión en el sistema comercial y la libertad de trabajar sin patrón ni fines de lucro, que no es poco. “Tenés que competir en la lógica del mercado contra otros diarios que están organizados en una lógica capitalista, no podés escapar de eso”, reconoce Salomón: “No necesariamente hacés comunicación alternativa. Sí, por ahí, podés imponer una agenda alternativa, distinta a la que tienen los medios tradicionales y a la que se trata de imponer oficialmente, porque ahora la censura se llama publicidad estatal. Esa lucha hay que darla”.

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