NÚMERO 39 - MAYO 2006

El compromiso de los intelectuales con las experiencias de autogestión
RETOS PARA LA ACADEMIA

La novedad de los obreros “sin patrón” generó curiosidad en documentalistas, periodistas, abogados, investigadores sociales y/o militantes que reflexionaron, filmaron y escribieron sobre las empresas recuperadas. Los libros publicados arman un rompecabezas para conocer más sobre el tema, aunque quedan respuestas pendientes. Y aparece el debate sobre el papel de los académicos frente a las necesidades de los movimientos sociales.

Por Daniel Badenes

IMPA, metalúrgica y cultural, de Carlos Mamud. Obreras en lucha, del grupo Alavío. Cerámica Zanón, de Contraimagen. Fábrica tomada, de Alejandro Virginillo. Historias recuperadas, de Alejandro Barrientos. Decenas de documentales son una muestra de cómo las empresas autogestionadas imanaron la atención de muchos. Los hubo de todo tipo: artesanales y profesionales, locales y globales, interesantes o apenas buenos intentos. La película más consagrada fue The Take (La Toma), de Avi Lewis y Naomí Klein, referentes “anti-globalización” cuyas firmas garantizaban de antemano la difusión. Y una de las más logradas la dirigió un documentalista platense: Abierto por Quiebra, de Carlos Castro (La Pulseada Nº 19).

Acaso tarde pero seguro, el mundillo intelectual pisó las fábricas y testimonió la novedad no tan nueva, iluminada por el clima de revuelta post-diciembre de 2001. Poco se publicó antes de 2004, el año del “boom textual” del tema. La primera piedra la lanzó José Sancha en septiembre de 2001, con un artículo en Realidad Económica titulado “Recuperación de fuentes de trabajo a partir de la autogestión de los trabajadores”, que no se convertiría en una referencia hasta bastante después, tras sucesivas versiones. En noviembre de 2003 el economista Eduardo Lucita publicó en Cuadernos del Sur “Fábricas ocupadas y gestión obrera en Argentina. Ocupar, resistir, producir”, texto introductorio que sería citado –o plagiado– en muchos posteriores. El tercer “clásico” es un material colectivo que salió de la cátedra de Relaciones de Trabajo, de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
Pero nada hay como un libro, con su solapa expuesta en una biblioteca. Y en eso, el primero –de una decena– provino del periodista Esteban Magnani y fue hijo del documental de Lewis-Klein. Su autor acompañó a los canadienses durante meses en entrevistas de las que el film sólo incluyó fragmentos. El cambio silencioso (Prometeo, 2003) se nutre de ese material y ofrece un pantallazo sobre empresas recuperadas en distintos planos: histórico, legal, social, económico. En el repaso de antecedentes es muy superior a otros libros publicados, aún pecando de algunas omisiones, como la textil CITA y otras verdaderas precursoras de lo que luego recibió el nombre de recuperadas. Más adelante, el entonces redactor de Hecho en Buenos Aires analiza cinco casos: la ceramista Zanón, la imprenta Chilavert, la metalúrgica Unión y Fuerza, la textil Brukman y el Instituto Comunicaciones.
Magnani priorizó la urgencia antes que la riqueza narrativa, a la que le juega en contra la trascripción “en crudo” de entrevistas. Siempre tendrá el mérito de haber sido el primero y apuntar a un resultado modesto: “un rompecabezas, un abrecabezas en el que, con un poco de suerte, el lector encontrará dudas que lo harán salir a investigar de la única forma que permite entender ciertas cosas: poniendo el cuerpo”.

Otro ámbito de reflexión fue el Centro Cultural de la Cooperación del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC), sostenido con fondos del banco Credicoop. De allí surgieron cuatro cuadernos de trabajo (los números 16, 25, 27 y 42, entre marzo de 2003 y mayo de 2004) en los que predominó una mirada jurídica sobre el tema, aportada por Alberto Rezzónico y Javier Echaide. En noviembre de 2003, trece investigadores coordinados por el sociólogo Gabriel Fajn publicaron Fábricas y empresas recuperadas: protesta social, autogestión y rupturas en la subjetividad (Ediciones del IMFC). Escrito en tono académico, el libro recorre varios tópicos, pero su gran aporte es una caracterización “macro” del fenómeno, a partir de un relevamiento nacional sobre 87 casos (estadísticas sobre distribución geográfica, tipos y niveles de producción, rasgos del conflicto inicial, formas de organización y remuneración). Otra contribución fue atender a la relación que se establece con los sindicatos.

Ya en 2004, la editorial Rumbos publicó Fábricas Ocupadas: Argentina 2000-2004, que no es más que una compilación de artículos del economista del Partido Obrero Pablo Heller. Panfleto en formato de libro, plasma la mirada de un sector de la izquierda partidaria. Pone todas las fichas a la estatización bajo control obrero y defenestra a quienes adoptaron la forma cooperativa. Su lectura es útil para conocer internas ideológicas –y personales– de la recuperación de fábricas.

Textos más apreciables aparecieron el mismo año. El colectivo Lavaca, que hace poco publicó Generación Cromañón (La Pulseada Nº 38), trascendió el periodismo cibernético (www.lavaca.org) y dedicó su primer libro a este tema. Con una diagramación bastante prolija, Sin Patrón no está vacío de reflexión teórica pero elude la terminología academicista, convirtiéndose en una lectura accesible y grata. Naomí Klein y Avi Lewis también están presente aquí, en una charla en la que proponen analogías con experiencias de otros puntos del planeta. La primera parte de Sin Patrón se completa con la palabra de los líderes de los dos “movimientos” de recuperadas y el relato de una decena casos, que repiten cuatro de los cinco comentados por Magnani. De todos modos, el gran aporte es la segunda parte: una completa guía que incluye datos sobre 162 empresas.

Mientras tanto, otros coincidieron con el equipo de Fajn en trazar un panorama estructural, más allá de lo casuístico y vivencial: Desobedeciendo al desempleo, del también sociólogo Julián Rebón (2004), y Las empresas recuperadas en la Argentina (2005), producto de un trabajo colectivo encabezado por Andrés Ruggeri, Carlos Martínez y Héctor Hugo Trinchero, que relevó 72 recuperadas, en el marco de dos programas de extensión de la UBA.

En Desobedeciendo..., Rebón comenta una rigurosa investigación basada en 26 casos porteños. Su libro también es interesante a nivel teórico, donde se esfuerza por articular un marxismo no dogmático en la explicación de este proceso social. Además, es noble al no idealizarlo y señalar sus riesgos y limitaciones; así como aclara que las recuperaciones no son una mera prolongación de la revuelta de diciembre de 2001, aunque pueda existir relación entre ambas. Asimismo, ofrece un buen repaso de las experiencias de metalúrgicas en los ´80 y propone un meticuloso racconto sobre la creación de movimientos y federaciones, que ya ha quedado algo desactualizado.

La pesquisa de Rebón no terminó ahí, y menos aún su divulgación. En septiembre de 2005 la actualizó en un documento del Instituto Gino Germani (UBA), publicado como libro digital (www.iigg.fsoc.uba.ar). Y este año escribió junto a Ignacio Saavedra el texto que la colección Claves para todos, dirigida por José Nun, dedicó al tema. Con él no dice nada nuevo, pero se expande en el espacio constituido por los libros baratos (o no tanto) vendidos en kioscos de revistas.

Superar el testimonio
En su primer libro, Rebón transcribe una ironía que le lanzaron: “Nosotros recuperamos 10.000 puestos de trabajo en las fábricas y 10.000 en el Estado y la universidad...”

El interés –tardío o no– de algunos intelectuales por estas experiencias abre un debate sobre ese rol. “Es importante que el mundo académico también se involucre en cuanto a la potencialidad de la transferencia que puede dar”, propone el economista Leonardo Pérez Candreva, que como becario de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) participa de un programa de asistencia a recuperadas bonaerenses: “eso depende de nosotros: de los universitarios, los docentes, los becarios, los investigadores”.

Fajn calculó que un 49% de las empresas carecen de vínculos con las universidades y, cuando los hay, suelen ser “inorgánicos” o “informales”. El compromiso con movimientos sociales parece ser de los académicos, más que de la academia. Aunque a veces se ha dado en un formato institucional, como el Programa Interdisciplinario de Transferencia Científico-Técnica con empresas recuperadas por sus trabajadores, en la UBA, o los Grupos Universitarios Interdisciplinarios de Apoyo (GUIA) formados por varias instituciones en acuerdo con los obreros de Zanón. También desde otros lugares se han promovido centros o asociaciones para asistir a empresas sociales.

“Esto implica que los académicos no se queden en la cuestión teórica, romántica, testimonial”, agrega Pérez Candreva: “Eso está bueno y nos ayuda tener memoria, pero también tenemos que resolver soluciones del presente, con miras al futuro”.
No es un reto fácil de cumplir. A veces la experiencia previa lleva a los trabajadores a resistir el vínculo con “intelectuales”. El economista presiente una razón: “están podridos de que se los tome como hechos de laboratorio, que venga un flaco de no sé dónde y les diga ´yo te vengo a estudiar, porque la revolución...´, cuando los tipos son mucho menos idealistas que eso”. Héctor Garay, de la Federación de Cooperativas de Trabajo, ofrece otra: “muchos le han llevado totalmente el atadero a lo que enseñan en la facultad. Al abogado le enseñan: ´ponete a las órdenes del patrón´. El que aprende para contador, ¿de quién? Del patrón, no de los trabajadores. Entonces cuesta mucho incorporar profesionales para cubrir las funciones que se cumplían en dependencia y a beneficio de patrones... Hoy les hablás a los compañeros de incorporar a un profesional y se les paran los pelos. Es cierto que hay algunos que cuando salen con el diploma abajo del brazo, piensan que están en deuda con la sociedad por haber estudiado en la Universidad, y se ponen a trabajar. De esos tenemos muy buenos ejemplos: los llamamos los profesionales aliados”.

CERÁMICOS POÉTICOS
En 2005 la editorial de Madres de Plaza de Mayo publicó Obreros sin patrón, compilado por Claudia Korol. Se trata de una “sistematización” de la experiencia de Zanón realizada por el Equipo de Educación Popular de la Universidad de las Madres. Tras dialogar con sus protagonistas durante su acampe en la Plaza de los Dos Congresos en 2004, el grupo organizó sus palabras en un relato que se complementa con la trascripción de charlas y discursos y una “cronología de la lucha”.

La cerámica neuquina Zanón, que fue un referente del sector asociado a la izquierda partidaria, es un polo de atracción para la intelectualidad. Tanto Magnani como el grupo Lavaca relatan el caso en sus libros, y varios documentalistas han filmado esa experiencia.

También el año pasado, los obreros editaron en 26 cerámicos una selección de poemas de Juan Gelman, como primera obra de una colección de libros-murales. La idea surgió de la editorial Limón de Neuquen. Una parte de la edición se destinó a colegios y comedores, para reemplazar con poesía cerámicos rotos de los baños y las cocinas.

MÁS ALLÁ DE ARGENTINA
Las tardías producciones argentinas ignoraron el carácter regional de la recuperación de empresas, acaso cegados por creer que se trataba de un “invento argentino”. Sólo Magnani y Lavaca avanzan un poco más al citar el antecedente brasileño de ANTEAG. Pero la mayoría, incluso en textos publicados después del Encuentro Latinoamericano de Empresas Recuperadas, no dedica ni una línea a lo que pasa más allá de las fronteras.

Para colmo, la desconexión editorial es fatal: conseguir los textos extranjeros es casi una misión imposible en las librerías. Hay que cruzar el charco para hacerse de Empresas recuperadas, entre la reflexión y la práctica, el resultado de un coloquio realizado en 2004 en Montevideo, compilado por Pablo Guerra, Juan Pablo Marti y Carlos Amorim

De reacción más rápida, ya en 1997 un grupo de la Universidad de la República (Udelar) encabezado por Guerra investigaba las incipientes experiencias. Aquello se plasmó en una publicación del Departamento de Sociología (Serie Investigaciones, Nº 18) titulado Crisis y empresas alternativas en Uruguay. Y la Unidad de Relaciones y Cooperación con el Sector Productivo de la misma Udelar trabajó a la par de las cooperativas nacientes, la central sindical y la federación que las nuclea.
En el coloquio de 2004, académicos de Uruguay, Argentina y Brasil –y también un alemán– reflexionaron sobre las “empresas recuperadas”; y varios obreros presentaron sus propias experiencias. También hubo un espacio donde representantes de los tres principales partidos uruguayos expusieron sus posturas. A esas exposiciones y debates, el libro suma un informe co-elaborado por investigadores de Udelar y la UNLP.

La editorial responsable, Nordan Comunidad, es la misma que en 2002 reeditó un brillante libro del chileno Luis Razeto Migliaro, Las empresas alternativas, cuyo análisis de las formas productivas solidarias sin olvidar aspectos socioculturales, constituye un gran aporte a la economía. “Antes de la relación de los hombres con los bienes económicos están las relaciones de los hombres entre sí...”, aviva Razeto Migliaro a colegas que, obsesionados con el problema de la propiedad, se olvidaron de todo lo demás.

La producción extranjera que La Pulseada pudo rastrear se completa con Fábrica quebrada es fábrica ocupada, fábrica ocupada es fábrica estatizada (2004), de la periodista Janaína Quitério do Nascimento, sobre el caso de las plásticas Cipla e Interfibra. En Francia, Éditions Alternatives anunció para este año un libro sobre La Argentina autogestionada, de los periodistas Cécile Raimbeau y Daniel Hérard.

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