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NÚMERO
37 - MARZO 2006
La literatura nacional en tiempos sombríos
LETRAS DE LA RESISTENCIA
Para muchos que tenían a la literatura como una forma de vivir, el golpe la convirtió en un escape para sobrevivir y una actividad más solitaria que nunca. Aún así, varias novelas escritas durante los años de plomo se ocuparon del clima represivo, la hipocresía de “buenas familias” argentinas o la participación militar en negociados. Algunos autores sufrieron represalias, pero otros salieron indemnes. Para todos, escribir fue la forma de resistencia o catarsis en un contexto donde faltaba el aire.
Los actos de resistencia colectiva hacia la dictadura no fueron significativos hasta los últimos años del régimen. Al principio, los organismos de Derechos Humanos actuaron casi solos. Recién en los primeros años de la década del ´80 aparecieron grupos de oposición en el ámbito de la cultura: el de Reporteros Gráficos (ver páginas ¿?????) y Teatro Abierto son algunos ejemplos. Desde buena parte de la literatura argentina, la resistencia emergió en soledad y silencio, tanto por parte de autores exiliados como de los que se quedaron en el país. Desde 1982 hubo un aluvión de novelas sobre la temática de la represión. Esos textos, que constituían una fuerte denuncia de lo ocurrido, se habían forjado durante la dictadura.
Un oxígeno literario
Hubo libros que se publicaron en el país durante la dictadura y que abordaron temáticas relacionadas con el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional: algunos lograron eludir la censura y otros, los menos, fueron prohibidos. Una de las novelas más osadas para la época, que se prohibió apenas editada, en enero de 1977, fue El Duke de Enrique Medina. El protagonista era un boxeador que trabajaba para grupos parapoliciales y que, ignorante de tamaños peligros, fue eliminado por ese mismo grupo. El libro, flojo en cuanto a la narrativa y a la historia, se reeditó en 1984, participando así del aluvión de novelas publicadas desde dos años antes.
Medina ya venía con antecedentes de censura: su novela Sólo ángeles había sido prohibida por la Municipalidad en Buenos Aires antes del golpe de Estado. Pero este escritor, de buenas ventas y autor de Las tumbas, no se dio por vencido y publicó Perros de la noche (1978), un retrato de los sectores marginales y del negocio de la prostitución como única alternativa. También le cayó la censura. La novela, que tuvo una versión en cine en 1986, tal vez más cruda que la obra original, elige como escenario a las villas miserias del conurbano bonaerense, que serían luego una imagen recurrente para recrear las secuelas socioeconómicas de la dictadura. El mismo año de publicación de Perros de la noche, Medina decidió continuar sus días en Estados Unidos.
Ganarse la muerte (1976), de Griselda Gambaro, una novela con un nombre muy sugestivo para el año en que se publicó, le valió a la autora el exilio en Barcelona. Y la censura, claro. La obra toma como centro a una familia tipo de la clase media argentina, católica y defensora de las “buenas costumbres”, para exponer una hipocresía en la que muchas familias podían verse reflejadas. De inmediato, Gambaro formó parte de la larga lista de escritores que publicaron en otras tierras.
No hay dudas de que Respiración artificial, de Ricardo Piglia, la obra más citada por los muy buenos trabajos que estudiaron la literatura de la época, es la más ambiciosa y está repleta de elementos a analizar. La novela reúne una fuerte denuncia política y propone una relectura de los valores nacionales e históricos bajo una estructura narrativa de vanguardia. Esto último responde, como analiza la ensayista Beatriz Sarlo, a la intención de distanciarse del realismo que tenía la generación de Piglia
Editada en octubre de 1980, Respiración artificial inicia una investigación donde aparecen y reaparecen personajes ficticios y reales, se cuestiona la literatura del siglo XIX y la influencia de Borges, y se aborda el régimen de Rosas a partir del personaje de Ossorio. La búsqueda la inicia Emilio Renzi, el clásico investigador de los relatos de Piglia. Esas historias que van y vienen le restan a la narración una linealidad y, por momentos, se arrima al ensayo un tanto forzada: en ese sentido, por ejemplo, se incluye una escena donde unos parroquianos debaten en una pulpería sobre Borges como el último escritor del siglo XIX.
“Tiempos sombríos en que los hombres parecen necesitar un aire artificial para poder sobrevivir”, dice la contratapa del libro, que propone una búsqueda constante de la verdad y por lo tanto lo inútil que resulta tamaña empresa. El autor plantea una duda sobre la verdad consagrada, que se traslada a los años de su publicación. Audaz e inteligente, Piglia se las ingenia para que su investigador imite a muchos familiares y organismos de Derechos Humanos de la época, en la búsqueda de lo perdido eludiendo el discurso oficial.
Cita con el diablo
El académico José Luis de Diego eligió una frase de la novela de Piglia para titular su excelente trabajo sobre los intelectuales y escritores entre 1976 y 1986: “Quién de nosotros escribirá el Facundo”, refiriéndose a la obra de Domingo Sarmiento, de 1845. El trabajo de este doctor en Letras, prolijo, bien escrito y de investigación austera, resulta más ambicioso que otros que abordaron el tema, entre los que se encuentran los ensayos reunidos en Ficción y política (Alianza, 1987) o Las narrativas de la guerra sucia en Argentina, de Jorgelina Corbetta (Corregidor, 1999).
De Diego elabora una minuciosa lista de las obras literarias publicadas tanto en el exilio como en el país, y otra que repasa quiénes y adónde fueron los escritores exiliados. En la lista se destacan dos de las mejores novelas policiales en la producción nacional: El Cabeza, de Juan Carlos Martelli (1977) y Últimos días de la víctima, de José Pablo Feinmann (1979), ambas editadas en el país. La primera describe en primera persona el tráfico de drogas y contrabando en la frontera con Paraguay y Bolivia, un negocio en el que se ve involucrada gente del hampa con la complicidad de las Fuerzas Armadas. Esta excelente obra le debió al autor una citación de la Marina, en la que le preguntaron de dónde había rescatado los datos. Martelli mostró artículos periodísticos e informes de revistas y salió ileso, de la entrevista y de la censura.
Los primeros años de los ‘80, aprovechando cierto respiro que dio el gobierno militar, aparecieron en Argentina dos colecciones muy interesantes: una del Centro Editor de América Latina y otra en Editorial Belgrano, la colección “Narradores Argentinos Contemporáneos”.
El Centro Editor, junto con Ediciones La Flor, había recibido presiones más que hostiles desde el golpe de marzo del ´76. Pero 1982 fue un año muy prolífico: su colección de “Las nuevas propuestas”, dirigida por Susana Zanetti, editó una de las mejores novelas de Andrés Rivera, Nada que perder; la mejor de Carlos Dalmaso Martínez, Hay cenizas en el viento; y el mejor libro del rosarino Elvio Gandolfo, Las reinas de las nieves. A su vez, la colección abrió el camino a la edición de autores nuevos, como Rodolfo Fogwill y sus relatos de Ejércitos imaginarios o César Aira y La luz argentina. También habilitó la lectura para nuevas generaciones de escritores aparecidos en los años ’60, como Héctor Tizón, Humberto Constantini y Juan José Saer. Esas obras, editadas entre 1982 y 1983, anticipaban las temáticas que caracterizarán la literatura de la joven democracia.
La literatura argentina no hizo más que retratar los años duros y encajonar esos textos. En algunos casos, se publicaron fuera del país, en colecciones dedicadas a los autores exiliados, como las de Bruguera y Pomaire en España. La mayoría de esas obras llegaron al país tras la democracia.
La mayor parte de los escritores nacionales, mas allá de los grupos exiliados que realizaron actividades desde el exterior, resistieron a través de la escritura. Esa fue la elección del mendocino Antonio Di Benedetto y el riojano por adopción Daniel Moyano, que habían sido secuestrados el misma día del golpe, y una vez en libertad y exiliados no hicieron más que escribir y escribir. En 1981 Moyano publicó la novela El vuelo del tigre. Di Benedetto, también en España, editó sus Cuentos del exilio en 1983.
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