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NÚMERO
36 - NOVIEMBRE / DICIEMBRE 2005
Edición especial en homenaje a Carlos Cajade.
JUNTO A AYELÉN
Por Estela Pini *
Al padre Cajade lo conocí antes de que José (uno de sus hijos de 14 años) entrara al Hogar y, cuando pasó lo de Ayelén (su hija de 9 años que murió el pasado 22 de febrero a causa del hantavirus. Ver La Pulseada 29), tuve algunas charlas en las que aprendí a conocerlo desde más adentro.
La primera de las conversaciones la tuve cuando sentía que José estaba desbarrancado. Andaba todo el día en la calle, se me escapaba, no hacía caso y había entrado a una casa a sacar cosas por primera vez. Yo no estaba en todo el día por el trabajo y no lo podía cuidar. Estaba desesperada... No sabia qué hacer con él, dónde ubicarlo. Como trabajo en la Comisión por la Memoria pude hablar con el Padre; me contó sobre la Obra y aceptó que José estuviera allí. Me dijo que había educadores, que iba a trabajar en una panadería. Lo hablé con José y me contestó que le parecía bien, porque no quería estar más en la calle. Al poco tiempo, ya empecé a notar que estaba contento, que había cambiado un montón. Ahora trabaja y está muy hombre. Tenía un trato bastante cercano con el cura, jugaban al fútbol juntos. El Padre me decía que José le pegaba patadas jugando y que estaba muy contento porque lo veía bien, re grande.
Me gustaría que mis otros hijos formen parte de la obra de Cajade. Conozco a los educadores, a los coordinadores, conozco a los demás chicos porque han ido a casa y sé que estaría todo bien.
Hablar con el Padre es como una paz, no sé cómo explicarlo. Me sentí siempre re cuidada, re segura.
Cuando pasó lo de Ayelén, el Padre se acercó al velatorio. Hizo como una pequeña misa. Ahí, en el barrio El Retiro lo quieren mucho. Y después, cuando se cumplieron tres meses de que la nena no estaba con nosotros, se fue hasta la copa de leche de al lado de casa y armó una misa para ella. Fue muy linda. Contó todo lo que le pasó a él, cuando falleció su mamá y su papá. Nos dio fuerzas. Hablamos bastante... Yo estaba llena de dudas. Le preguntaba si ella estaría bien, cómo es arriba, dónde estará, si tendría frio, hambre… Todas esas cosas. Entonces él me decía que ella estaba re bien y que le pida, que le pida por todos porque ella era una santa, era un angelito… Me dejaba tranquila, re tranquila… No me sacaba el dolor pero me lo aliviaba.
Nos quedó una charla pendiente. El me dijo que un día nos íbamos a sentar a sacar todas esas dudas que yo tenia, pero no pudo ser. Hoy siento que me quedé sola. Yo creía en él, en lo que me decía. Confiaba en él, le confiaba todas mis cosas. Para mí no hay otro, no hay otras iglesias; él me dejaba tranquila, me iba contenta. Hablar con él era otra cosa. Cada vez que me volvía a caer, me levantaba, me hablaba y me dejaba bien. Hoy le sigo pidiendo a él, que me de fuerzas.
Como dije, José lo re quería al cura. Ellos hablaron varias veces de la muerte de la hermana (Ayelén) y eso a José también le hizo muy bien. Cuando el curita murió, José me dijo: “Viste mami, falleció un 22, el mismo día que Ayelén. Capaz que está con Ayelén, ¿no? Seguro, le contesté. A mí me parece mentira lo que pasó, es como estar en un sueño y no poder despertar.
Hay tanta gente mala que te da mucha bronca lo que pasó. Porqué es así, se quedan los malos haciendo maldades y Dios se lleva a los más buenos… Es injusto.
Hoy lo tengo en casa. Tengo su foto junto con las cosas de Ayelén, con sus fotos. Con lo que más quiero.
* Empleada de la Comisión por la Memoria y mamá de José, Lucas, Ayelén, Carlitos, Agustín y Emiliano
UN IMPRESCINDIBLE QUE TE ABRÍA LA CABEZA
Por Hugo Godoy *
Carlitos instaló una ética en la forma de militar. No sólo una ética personal o una moral inquebrantable, sino que en los años de resistencia contra el concepto de que había una sola ideología o que convenía salvarse solo, instaló una prioridad en la sociedad. La prioridad de los pibes. Por lo tanto, estableció la discusión de un modelo de sociedad y eso es lo más fuerte que rodea su accionar. Yo tuve el privilegio de compartir muchos momentos, pero hay dos en los que más recuerdo su presencia. Fue el cura de la Marcha Grande, en el 2000, y allí instaló una consigna que nos referenciará por siempre. Esa que dice que detrás de cada chico de la calle hay un padre desocupado. Desde allí se entendió que para priorizar la necesidad de los pibes hay que recuperar el pleno empleo, el trabajo digno, la reconstrucción del núcleo familiar. Carlitos nunca pensó su Hogar como el fin permanente. Siempre lo entendió como un espacio de amor, pero sólo transitorio, mientras se luchaba por recuperar el espacio natural de la familia.
Su relación con la pobreza, con los sectores más explotados y desprotegidos, le permitió tener una mirada integral. El mayor mal de la sociedad son nuestros pibes que padecen hambre y abandono, pero con ellos no hay que tener sólo una mirada bondadosa o piadosa, sino que hay que resolver el problema de fondo que provoca que estén como están. Hay que construir una sociedad más justa y Carlitos lo supo ver siempre de esa manera y nos llevó a todos a mirarlo así.
En esa dirección, su accionar resultó fundamental en el armado de la primera Comisión Directiva de la CTA, cuando como secretario de Derechos Humanos, ingresó en la conducción con el Movimiento de los Chicos del Pueblo. Quienes tenemos pasión por la defensa de los derechos sindicales, de alguna manera mostramos una mirada corporativa ante los problemas de la sociedad. Nuestras prioridades son las de los sectores que representamos. Está bien, tiene lógica. Y en ese ámbito, Carlitos instaló un prioridad más abarcativa, más integradora de toda la secuencia del drama social: la prioridad de los niños. Aquel chico con hambre era el eslabón final del problema de nuestros trabajadores. Carlitos te abría la cabeza con esa forma de ver la cuestión. Desde la integración. Y también desde la integralidad de la cuestión.
Carlitos es un imprescindible. Durante los últimos 20 años su presencia tuvo un protagonismo inusual. Siempre le decía que no tenía conciencia de lo que significaba en todo el país. Es un personaje nacional, mirado desde muchos lugares como referencia. Un tipo que con su práctica, su predica y su conducta, fue marcando un camino y una ética durante los años 90, los más nefastos de nuestro país. Y si fue fundamental ayer para resistir en el desierto, en una época en la que nos querían imponer que lo nuestro era una estupidez, o como decía Germán Abadala –otro imprescindible- época en la que teníamos que cruzar el desierto con las anchoas en la mano, imagínense lo indispensable que es hoy y será siempre.
Esos tipos que construyeron sobre ideas firmes en aquel desierto, son más imprescindibles que nunca en tiempos, como hoy, en los que seguimos debatiendo qué sociedad queremos construir.
Ahora lo tendremos que hacer nosotros. Y sólo lo podremos hacer si somos capaces de levantar su ejemplo. De que Carlitos sea nuestra bandera.
* Secretario general de ATE de la Provincia de Buenos Aires
GRACIAS CARLI...!
Por Juan Carlos Gulino *
Gracias por tu vida, entregada a la niñez postergada.
Gracias por hacernos ver en los chicos, “los ojos de Dios”.
Gracias por hacernos comprender “lo divino” desde lo “humano”.
Gracias por enseñarnos a entender a los pobres, desde los pobres.
Gracias por tu sonrisa y tu ternura, en los momentos dulces y alegres.
Gracias por tus broncas, tu obstinación, y tu llanto ante las injusticias y los tiempos duros.
Gracias por dejarnos compartir con vos los buenos momentos y los otros.
Gracias por rodearte de amigos, que hoy te extrañamos y cuidamos todo loq ue nos diste.
Gracias por ser tan grande y tan pequeño como un “chico en la calle”.
Gracias por mostrarnos que hay una Iglesia que es Santa y Madre.
Gracias por marcarnos una de las maneras de vivir el Evangelio.
Gracias porque siguiendo los pasos de Jesús, al fin lo alcanzaste para ir junto al “Padre”.
Gracias porque antes de irte nos diste todo. Tesón
Gracias por dejarme ser tu amigo y meterte en mi corazón.
Gracias por dejarme llamarte Carli... Hoy te rezo para alcanzar algunas de tus gracias.
Gracias por ese niño que siempre llevaste adentro.
* Uno de tus amigos, gracias a Dios
LA OPCIÓN PREFERENCIAL
Por Monseñor Miguel Hesayne
Carta al Padre CARLOS CAJADE
Dirección: el Cielo
Querido Carlos:
Siento tu ausencia. Porque has entrado en el túnel oscuro de la muerte. Pero una tristeza de la separación con la certeza de la plenitud de tu gozo actual
Certeza… porque Jesús es fiel y todos los actos de tu vida de amor servicial surgieron por tu Fe inquebrantable en Jesús de Nazaret, en Jesús amigo de los pobres y de modo especial de los niños rechazados por los adultos… en ese Jesús que te ha dado el abrazo eterno y llamándote por tu nombre como lo tiene prometido en su Evangelio (Mateo 25,31 y ss): ¡¡¡Carlos!!! Entra al “cielo nuevo y tierra nueva” y ocupa un lugar privilegiado en esta felicidad eterna “porque tuve hambre y me diste de comer, estaba desnudo y me vestiste, enfermo y me cuidaste, no tenía hogar y me lo construiste… Todo y mucho… muchísimo que has hecho por tantos niños y niñas… jóvenes y aún ancianos… Carlos querido mío… a mí me los hiciste… Ven bendito de mi Padre Celestial y quédate para siempre… Para siempre por la eternidad feliz, al lado mío”.
Querido Carlos, amigo y hermano en el Sacerdocio de Jesucristo, ¿no es cierto que ya vives así ¡¡¡Feliz!!! junto a Jesús a quién serviste en el “pobre”?
Hasta tanto nos reencontremos, yo vivo con esta certeza de Fe que animó tu vida… que nos abre a la firme Esperanza del re-encuentro en la Casa del Papito Dios. Carlos, ruega por todos nosotros… tus niños y tus pobres… tus familiares… y tus amigos… Y también, ruega a Jesús por los que te pusieron “palos en la rueda” para que se conviertan a su Evangelio y tomen en serio la opción preferencial por los pobres, excluidos y desheredados de una sociedad consumista y cruelmente injusta.
Querido Carlos, hasta encontrarnos en el Cielo junto a Jesús y su Santísima Madre y Madre nuestra, María de la Visitación!!!
Azul, octubre de 2005
EL ESTADO DEBE ASUMIR LA BANDERA DE CARLITOS
Por Juan Pablo Cafiero *
Tengo un contacto histórico con la obra de Carlitos Cajade. Su trabajo social está vinculado desde siempre con el área de Desarrollo Humano y venimos trabajando juntos en varias ideas. Por ejemplo en el proyecto “Adolescente” y en todo el sistema de becas, una serie de vínculos importantes con la organización. Estoy seguro que todo eso, no sólo continuará, sino que se profundizará. Debemos hacerlo.
Durante el curso de este año, dos acciones legislativas han colocado al caduco Patronato en el pasado: tanto la reforma nacional de la Ley Nacional de Derecho del Niño, como su correlato en la provincia de Buenos Aires, con la sanción de la Ley 13.298, han sabido recoger y plasmar todas las experiencias por el ejercicio efectivo de los derechos de la infancia, en el marco de una verdadera ciudadanía social.
Eso nos permite poner al niño no como un objeto, algo que desplazamos o podemos depositar en un lugar, sino dentro de una ciudadanía social, reconociéndole los derechos sociales que tiene. Y al reconocerles esos derechos que tiene, como la educación, la cultura, la libertad de expresión, a pensar y expresar ese sentimiento, le damos un rol de sujeto de derecho.
Ambas leyes dan un espacio muy interesante a la familia, no tanto desde el punto de vista del concepto moral, sino como organización social y como lugar más apropiado sobre el cual el Estado debe depositar las acciones más importantes para que cuando se producen situaciones de desarraigo dentro de la familia, podamos revincular al chico con
esa familia. Hacer todo un trabajo para evitar situaciones de familias sustitutas o de situaciones que lo desplacen de este ámbito natural de socialización.
Son leyes que avanzan en el reconocimiento de derechos sociales y ahora hay que hacer grandes cambios en las prácticas del Estado y de las organizaciones sociales que trabajan con la infancia. Cambios que son culturales.
Hay una desventaja inicial desde el propio nacimiento de los chicos y eso está dado por el contexto social y familiar en el cual nace ese pibe. Habría que distinguir cómo vamos a trabajar en la primera infancia, apuntar todo el esfuerzo estatal y de las organizaciones para transitar bien por esa etapa de los chicos que define mucho el futuro. Está muy estudiado que los aspectos cognoscitivos, de la inteligencia y de la memoria, se desarrollan en esos primeros meses de vida y todo lo que hagamos ahí, en materia de alimentación, de intervención nutricional, de crianza, de afecto, de crear todas las condiciones para un buen crecimiento, será determinantes para un cambio profundo.
Hay una desigualdad profunda y en esto Carlitos tenía una mirada que conversamos varias veces. El la militaba y transpiraba esa camiseta de luchar por la igualdad social, él no desvinculaba la lucha por los chicos del contexto social y económico que vive la patria, y eso es muy importante, porque podemos tener nosotros una mirada solamente contemplativa de los chicos, que nos lleve a tener una visión de pobres chicos vamos a acercarnos y ver qué hacemos, pero despreocuparnos de las causas de esa situación. Lo importante de Cajade es que luchaba por el conjunto de la situación social del país, peleaba por la patria y por los chicos que no tienen quien los represente. El representante de esos chicos tiene que ser el Estado, que tiene también la obligación de achicar la brecha de desigualdad que tienen desde la concepción misma, que se juega en esos primeros meses de la infancia y que después se sigue jugando en cada uno de los momentos de la vida. Trabajar en esa dirección es defender la bandera de Carlitos.
* Ministro de Desarrollo Humano de la Provincia de Buenos Aires
EL ADIÓS DE LOS JUANITOS
Organización Barrial Juanito Laguna
Cuando no se pueden multiplicar los panes ni los peces, hay que enseñar a pescar y a amasar, hay que meter los pies en el barro, sentir el frío del invierno en las paredes de chapa y escuchar el sufrimiento de los que no tienen voz. Todo esto, para llevarse como única recompensa el beso y el abrazo de un pibe con la cara sucia de mocos y tierra .
La perdida de un luchador del campo popular, como lo era el padre Carlos Cajade, no pasa sin hacer mella en el espíritu de una enorme cantidad de compañeros que desde distintos lugares y con diversos métodos luchan por una misma causa.
Desde el Hogar y la revista La Pulseada, Cajade brindó un aporte fundamental para pensar en una sociedad más justa.
En nuestro caso, la venta de la revista nos permitió comenzar con la construcción y la puesta en marcha de la Biblioteca Popular Juanito Laguna en Villa Argüello, así como también desde ella se nos dio la posibilidad de difundir las actividades que realizamos y la lucha que libramos día a día. Porque, como él, creemos que el problema no pasa por realizar o no un milagro multiplicador, sino por conseguir un reparto más justo.
Cajade era la cara visible de un enorme número de hombres y mujeres, de jóvenes y adultos, que día a día trataban (o mejor dicho tratan) de construir un mundo más igualitario, donde todos tengamos derecho a una vida digna.
Su presencia no desaparecerá, porque nos dejo su obra. En la continuidad de ésta cobra sentido su esfuerzo, su lucha y toda su vida.
A todos los Carlos Cajade, a todos los luchadores, a los chicos y jóvenes del Hogar y a los compañeros que hacen La Pulseada, les enviamos nuestro abrazo cargado de profundo respeto y admiración. Sabiendo que la lucha continúa, ahora más que nunca. Convencidos de que un mundo mejor es posible.
Democracia, libertad, justicia
Trabajo, dignidad y cambio social.
EL ALUMNO
Por Jonatan A Lunge *
Padre Cajade:
¿Te acordás cuando nos conocimos? Fue un enero de 2002 cuando me llevaron a misa y después me anotaron para tomar la comunión. Después de venir unos domingos a misa me empezó a gustar porque vos explicabas la misa como nadie. Lo hacías de una forma que los chicos la entendíamos.
Un día me preguntaste si yo quería ser tu monaguillo y yo te dije que sí y ahí empezamos a conocernos más. Voy a extrañar nuestras charlas, las preguntas que yo te hacía y que nunca dejaste de contestarme ninguna, y los consejos que me dabas.
Vos me regalaste una vez una Biblia y me dijiste que cuando necesite alguna respuesta, la leyera. Tengo muchas preguntas sin respuestas que sólo vos me las podés responder. (Esas respuestas me las debés para algún día, cuando volvamos a encontrarnos)
¿Te acordás cuando me invitaste a ir a la cancha de Estudiantes o cuando hablábamos de fútbol y vos me decías que Estudiantes era mejor que River?
El sábado 22 de octubre, cuando sonaron las campanas de la parroquia, sabía que era porque te habías ido al cielo junto a Dios.
Yo nunca me voy a olvidar de vos y cuando seas más grande voy a ayudar al que necesite, como vos nos enseñaste.
Ahora tengo 10 años, pero el tiempo va pasando y voy a ser un hombre de bien, como vos me pediste y siempre voy a recordar nuestras charlas, nuestras anécdotas y todos los momentos feos y lindos que vivimos.
Gracias Padre Cajade por vivir para los niños.
* Jony, tu monaguillo que nunca se va a olvidar de vos
DESDE EL ALMA
Por Alberto Morlachetti *
Si alguien -como escribe Gelman- nos hizo ver a Dios como un sueño clandestino de los desamparados o una belleza que se parece a cualquier hombre o mujer, fue Carlitos Cajade que supo -como pocos- que el amor es una cuestión de semejantes. Profundamente humano sabía que si se dividen los que creen en el cielo y los que no, perdemos la tierra. Esa tierra donde creyó con alegría que se podía construir el paraíso.
Dos días antes de partir estuvimos hablando -en la madrugada de una terapia intensiva- con la voz que le quedaba -un sonido pequeño y acurrucado- con su ternura y dignidad invicta, de quien ha cumplido el propósito de vivir y está pagando el precio de amar una esperanza, tan propia y tan nuestra, en los “países hermosos” que crecían en su alma.
Carlitos se domiciliaba entre sus pibes, en los trabajadores, en los hambrientos y en los perseguidos -su mayor legado- manteniendo activo el diminuto carbón que alimentaba su pasión condenando al capitalismo desde su más íntimo latido.
La vida que tiene la indomable libertad de irse cuando quiere le resta a la condición humana un militante incomparable que luchó y amó para que no haya niños que nazcan inútilmente ni adultos que no colmen sus años como manifestaba lejanamente su querido Isaías.
Nos duele el alma alojar este dolor, esa precaria y efímera señal de un hombre germinal que no quiso dejar el corazón de a pie.
* Titular del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo
ESTRELLA LUMINOSA
Por el Padre Heriberto *
Desde que supe de tu enfermedad, te he tenido presente muchas veces y he rezado por ti. En estos días me has acompañado interiormente y recordé interiormente tu canción, que tanto me gustó: ‘Aquí está la juventud...Todos tomamos tu cruz’.
Recuerdo tantas experiencias hechas en común desde que nos conocimos en el Seminario de La Plata. Siempre me llamó la atención tu modo de ser tan bondadoso y religioso a la vez. Es tu carisma: la gente se siente bien en tu presencia. Tienes algo del padre Kentenich, en cuya presencia la gente se sentía enaltecida, valorada, ennoblecida, dignificada y mejor.
Esto pude observarlo especialmente al visitarte en tu casa de niños. El modo de hablar de ellos, de luchar por ellos, el modo en que te acercabas a ellos y ellos a ti, incluso me ha causado algo casi como envidia. Ser tan querido y saber querer tanto. Pero te es totalmente natural. Y por supuesto, a la vez, es el resultado de un trabajo incansable y de mucha entrega y de muchos obstáculos vencidos. La validez del dicho de que el amor todo lo vence lo pude experimentar en mi visita a tu fundación. Junto con tu natural bondad, te es propio un espíritu religioso totalmente espontáneo; te sale con toda naturalidad y a los chicos y chicas, como también a tus colaboradores, resultó totalmente normal participar en tu espíritu religioso y mariano. El poder de contagiar que tiene una personalidad llena de Dios y a la vez tan humana como la tuya, siempre me ha hecho pensar.
Te agradezco las muchas conversaciones que pudimos tener y la estima y el cariño para conmigo que me regalaste en tantas oportunidades. Y estoy orgulloso de contarte entre los discípulos del padre Kentenich. Su pedagogía te ha inspirado y la has sabido aplicar y elaborar creativamente. Su pedagogía de libertad y de confianza, sobre todo, te ha impresionado y te admiro por la creatividad y fidelidad con que has vivido esa pedagogía. Te percibo como una estrella muy luminosa en el cielo schöstanttiano y el cielo en general.
* Pocos días antes de fallecer, Carlitos recibió esta carta desde Schönstatt, Alemania
SU PERSONALIDAD PRODUCE MOVIMIENTO SOCIAL
Por Martha Pelloni *
Lo conocí a Carlitos en Florencio Varela, cuando yo buscaba a Rocío Belén, la beba que había sido vendida en Goya a un matrimonio de Florencio Varela.
Junto a Calitos Cajade y sus pibes de la granja, estaba Alberto Morlachetti y el grupo de pibes de Pelota de Trapo. Eran un “grupazo”.
Pasaron diez años y los recuerdo como una gran organización en favor de los niños y adolescentes. Los talleres que los forman y educan, la convivencia y el trabajo junto a la recreación y el deporte, son parte de la programación que realizan en un sistema integrado, pocas veces visto.
Carlitos es un cura diocesano, comprometido con el evangelio de Jesús en favor de los más desprotegidos y vulnerables: los niños y los adolescentes. Su compromiso es sinónimo de donación de la vida: que es generosidad, entrega incondicional al amor, sacrificio y lucha por la dignidad humana.
Su personalidad es de bajo perfil; sencillo y muy relacional. Amante de la pesca en Corrientes, sus vacaciones tan queridas.
El impacto de su personalidad activa y organizadora, produce movimiento social y político de buenas relaciones humanas y con un claro perfil en la defensa de los valores humanos y evangélicos. Es fuerte y tesonero para conseguir lo que necesita para sus chicos.
Su presencia es amistosa, de trato afable y con una autoridad firme en la opción por los pobres.
Ambos participamos de la Comisión por la Memoria de la Plata y juntos fuimos a visitar la cárcel de Campana ¡Qué aguante ¡ Desde las 9 de la mañana hasta las 17 estuvimos dentro de la cárcel, sin parar un instante.
Fue deprimente encontrar en los llamados “buzones”, hasta cuatro personas en celdas construidas para una sola. Se turnan para dormir, porque solo cabe un colchón.
Hemos encontrado un preso con fractura de cadera desde hace un mes y que aún no había sido atendido. Permanecía en la enfermería.
Hemos escuchado como los castigan; como duermen los expedientes en los cajones de la fiscalía. Todos tenían mucha sed, no sólo de agua sino de justicia. Había muchos jóvenes. Con Carlitos compartimos el diálogo en uno de los pasillos sobre el gran dolor de ver tanta juventud que está allí adentro purgando por aquello que nuestra generación no les ha dado: educación, trabajo digno... Muchos de ellos además de victimarios son víctimas de su propia historia de pobreza social y familiar.
Salimos del penal abatidos...con bronca pero con ganas de pelearla por ellos y por todas las cárceles del país.
Carlitos Cajade, junto a otros curas como los hermanos Olmedo en Jujuy o Francisco Nazar en Formosa, son imprescindibles ante una Iglesia que aún no tiene participación en las bases junto al pueblo que sufre y clama por ayuda. Un pueblo que necesita ser escuchado y ayudado...Como lo hacía Carlitos.
* Presidenta de la Fundación "Santa Teresa" para el campesinado de la Ciudad de Goya y miembro de la Comisión Provincial por la Memoria
RAZÓN Y CORAZÓN
Por Eduardo Zamorano
Soy un tipo racionalista, devoto de la ciencia, el intelecto, el pensamiento libre en fin, como los motores del progreso de la humanidad. De allí que me cuesta trabajo comprender todo aquello que trascienda esta esfera. Sin embargo no soy invulnerable, y mi encuentro tardío con Carlos, un mes antes de su muerte, podría “interpretarse” como un ¿mensaje? para que flexibilice mi rigidez intelectual y genere algún espacio más amplio para los sentimientos.
Si los pedidos a Carlitos para que le de una manito a algún agnóstico incorregible no dan resultado, no hay que preocuparse. Ello por cuanto el agnóstico ya tiene en su disco rígido, a partir de su conocimiento del “Cura”, varias cosas importantes: un ejemplo de vida que le aporta fuerza; una ética inquebrantable que lo reconforta; un amor por el prójimo que lo avergüenza al sentirse un miserable pero, al mismo tiempo, lo empuja a mejorar; y el recuerdo de una sonrisa transparente que -al evocarla- le transmite sensación de paz.
Por eso, en lo que a mí respecta, el milagro ya está hecho...
De todas formas, estoy seguro de que Carlitos consideraría más importantes muchas otras cosas que mi agnosticismo o conversión.
Quiero aportar, desde mis posibilidades y limitaciones, a la Obra que dejó Carlitos. Es la manera “agnóstica” de homenajear a un JUSTO.
UN HOMBRE EXTRAORDINARIO
Por Felipe Solá *
Hay que hablar de la obra extraordinaria del padre Cajade, pero también de él, que era un hombre extraordinario y, además, un hombre duro, que no conciliaba… Me recuerda en ciertas cosas al padre Carlos Mugica.
Era un hombre de una enorme solvencia moral y con gran conocimiento sobre la asistencia a los menores. Para nosotros era una palabra muy importante.
Él no podía entender cómo lo amparaban, cómo lo cuidaban los médicos, las enfermeras, la gente… Estaba sorprendido por las muestras de cariño que estaba recibiendo, pero sintió que eran una devolución de afecto. Y es bueno que lo haya sentido así.
Murió con la paz que sienten los hombres muy creyentes.
Me comprometí ante los hermanos de Carlos Cajade y ante la sociedad a apoyar con todo la Obra que dejó este ser extraordinario.
* Gobernador de la Provincia de Buenos Aires
GRACIAS A VOS
Por Cecilia y Francisco
En el último número de la revista vos, Carlitos Cajade, nos decías “GRACIAS A TODOS”. En realidad, somos nosotros los que te debemos decir eso a vos; a vos que desde esa noche de Navidad diste el SÍ grande a nuestro Padre Dios y decidiste acortar tu camino al cielo dándote por entero a aquellos que nuestro Dios ama con preferencia. Nos mostraste el camino que tanto nos cuesta mirar, ése que nos indica que si queremos ser hombres de verdad la cosa no está en darnos de a poco, tibiamente, sino darse de una vez para siempre. Eso es lo que nos enseñaste.
Para nosotros no te fuiste, simplemente estás junto a nuestro Padre, para seguir desde allí, pidiendo e intercediendo por los pibes, como los de Magdalena, que venden tu revista.
“Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley? Jesús les respondió: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el primero y el más grande mandamiento. El segundo es semejante al primero: amarás a tu prójimo como a ti mismo. De éstos dos mandamientos dependen toda la Ley y los profetas”. (Mt. 22.36-40)
EL PUENTE
Por Walter Vargas *
La primera vez que hablé con Carlitos Cajade (verano de 1974, en Tandil) me impresionó por la sutil firmeza de un tono capaz de apaciguar a las fieras más hambrientas. Era un muchacho de veintitantos pero transmitía la convicción de quien, sin sentirse a la vuelta de nada, ha sabido aprehender las verdades esenciales de la vida.
La última vez que hablé con Carlitos (invierno de 2004, en La Plata) hacía rato que él era un Padre Cajade hecho y derecho y que yo había dejado de ser un creyente de padrenuestro y esas cosas. Cuando medio en broma, medio en serio, me disculpé por haber reclamado mi ateísmo en las mismísimas páginas de La Pulseada, sonrió con su mejor cara de tipo bueno, apoyó una mano en mi hombro y fue al grano: “Dejate de joder, Walter. ¿Ateo? ¿Agnóstico? Vos creés en el hombre, y si creés en el hombre sos tan creyente como el que más. Decí lo que quieras, ponete la etiqueta que quieras, pero ése es tu problema”.
La última vez que vi a Carlitos estaba en esa caja que ya sabemos. Cuando lo besé en la frente y le dije que lo quería, y sonaba una guitarra, y unos cuantos cantaban mientras lloraban y otros tantos lloraban mientras cantaban, sentí que me estaba despidiendo de una de las personas más bellas que he conocido en mis 47 años. Y sentí, también, que haberlo conocido representó un privilegio que (lo sé) no he merecido.
En fin, si a alguien le importara saber qué opino de Carlitos le diría que lo registré como un tipo piadoso con los débiles, severo con los fuertes y demoledor con los hipócritas; que aún siendo sacerdote no abundaba en la prédica de las buenas obras porque antes que predicarlas prefería gestarlas; que fue (que es), por decirlo así, un maravilloso puente entre el mundo que le tocó y eso que vagamente damos en llamar “un mundo mejor”.
* Hoy, periodista de Olé y Radio Provincia; antes, un pibe de Villa Argüello
IDENTIFICACIÓN
Por Beatriz Moreno de Vázquez *
Me resulta sumamente difícil poder expresarme, pues comparto el dolor que están sintiendo por la irreparable pérdida de un ser excepcional como lo fue el Padre Cajade. Ustedes no me conocen, tampoco conocí al padre Cajade, sino sólo a través de amigos comunes y por medio de la revista La Pulseada, que llega mensualmente a mis manos y de la cual soy asidua lectora. Oré mucho por la salud del padre; es más, ese sábado que murió y creo que a la misma hora, yo me encontraba peregrinando en Salta camino a la Virgen de los tres cerritos, como la llaman; llevé una revista donde está su foto y la presenté para pedir por su salud. Cuando llego a Santa Rosa, me dan la infausta noticia. Sinceramente no sé qué decirles. Aprendí a querer al padre, pues me identifico con su pensamiento, sus editoriales en la revista sumamente criteriosos y acertados... En fin, la impronta que ha puesto en todo lo que hacía. Yo trabajé en un hogar de menores primero y en una guardería infanto-juvenil después, ambos dependientes del Consejo del Menor de Córdoba. Es por ello que me identifico con el padre y los que hacen la revista, sólo que ustedes tenían el patronato, totalmente diferente a nuestros institutos de menores, pero de ello ya charlaremos en otra ocasión. Sólo quería estar con ustedes aunque sea a la distancia y decirles que sigan adelante con el Hogar y las actividades que se desarrollaron siempre, que sin lugar a equívocos el padre Cajade desde el más allá los estará guiando. Un abrazo a la distancia.
* Desde Santa Rosa de Calamuchita
AL MAESTRO
Por Guillermo Ferreira *
Los convoco para que desde su lugar despidamos a uno de los maestros de la vida, de la solidaridad, ayuda al prójimo, dar lo que no tiene y entender a cada uno que se cruzaba... Hoy la solidaridad está de luto.
Al Padre Cajade lo recuerdo como a los grande que nos han dejado con una sonrisa... Seguirá con nosotros siempre cuando le des una mano a alguien, cuando veas que alguien se está fijando en los chicos, como él lo sabía hacer.
Tuve la suerte de vivir en un barrio donde él alguna vez fue párroco y los recuerdos que tengo son imborrables. Nunca se olviden de él.
* Chemo
EL PESEBRE DE LOS POBRES
Por Jorge Luis Moviglia *
La barba y el pelo enmarañados, barrigón y con un corazón tamaño familiar. Los amigos, su debilidad, y la vida su gran amor. La guitarra, los amigos, el Pincha, por ahí andaban sus pasiones. Su debilidad, aquello por lo que se jugó hasta dar la vida, sus pibes…
Carlos Cajade, Carlitos, o el Cura (como lo llamaban sus chicos), con miles de sueños en la mente y otros tantos en el corazón. No dejó nada por hacer. Armó, desarmó, caminó, luchó, perdió, ganó, amó, cantó, VIVIÓ. Sueños, ideales, fuerza, calidez, honestidad, entrega, solidaridad, amistad, fidelidad, firmeza, sencillez, revolución, solo un poco de lo que su persona reflejaba. Nunca quiso ser otro, sino que fue él con esa autenticidad que era inevitable admirar.
El pibe que se crió en Villa Arguello, el que se prendía en los picaditos, el familiero, el de los asados, el de la simplicidad de lo cotidiano. En sus palabras, en sus reflexiones, en cada paso iba dejando lo que era. Sonrisa para los pibes, justicia y dignidad para los excluidos…
El cura que estableció un vinculo con el Dios de los pobres, apostando a seguirlo dejando él también su vida por los que amaba.
Su fe puesta en la Iglesia “Popular”, aquella que fundó en la mirada del pueblo. La Iglesia de los vínculos, de la familia, de la amistad, del trabajo, del pan, del amor…
Dando su “Pulseada”, mientras tuvo aire. Siendo confianza para los pobres, enseñándoles que la esperanza era lo único que nadie les podría robar. Aquel de las marchas y no de los escritorios. Aquel de las obras y no los discursos, aquel que vivió en Dios y en cada hombre que a su paso cruzó.
Una vida fundada en el amor. Luchando por los pibes de la calle, salvando la infancia perdida. Un militante de la vida, un hombre que comprendió de qué se trataba eso de estar vivo…
Tal vez demasiado justo para este mundo de injusticias y desigualdades. Tal vez demasiado honesto para este mundo de corrupciones y opresiones. Tal vez demasiado soñador para este mundo de realidades desiguales. Tal vez su locura de amor no aceptó ver cómo se desvanecía su deseo de una humanidad humanizada. Hizo todo lo que podía y debía, por el mundo que él quería.
Ahí andará en algún lugar, haciendo de las suyas… Charlando con algún Santo, moralizando algún político arrepentido, amando más de cerca a María. A los abrazos, debe andar con el “Barba”. Jugando al fútbol con los pibes, tomándose unos mates, disfrutando de un buen asado, escuchando algún tema de Sabina, tocando alguna canción en la guitarra. Viviendo amando, y amando viviendo, rodeado de chicos como a él le gustaba. Me parece que Dios necesitaba de alguien así por allá. Por eso se lo llevó, un ratito, hasta que nos volvamos a encontrar…
La verdad es que uno lo extraña, se hace difícil no pensar en su imagen, pues su impronta es demasiado grande y maravillosa. Considero que la mejor manera de recordarlo es ayudarlo a cumplirle su sueño, que creo que es también el mío y el de muchos otros, “construir desde lo pequeño y anónimo de todos los días, el sueño de tener: un país como un gran hogar; un país como una gran familia; un país con infancia; un país con papá y con mamá; un país con la abuela y el abuelo; un país con trabajo y con trabajadores; un país solidario; un país con justicia, que tenga que ver con el pan y no con las balas; un país con dirigentes que sean padres, hermanos y amigos; un país con remedios y guardapolvos; un país con el Dios verdadero y no con su caricatura.”
Veamos en nuestra Argentina, en los pibes de la calle, en nuestras vidas a ese hombre que nos enseño a vivir y cómo hacer de nuestros sueños la vida, y cómo hacer de la vida un gran sueño.
* 17 años
MUCHO LABURO POR DELANTE
Por Oscar Taffetani
I
Leo un poema de Juan escrito en Roma, circa 1978: “un día vi pasar a la muerte / no iba a caballo / chillaba como las golondrinas alrededor de santa maría maggiore”.
Habla el poema de una mala muerte, de una muerte que no vale nada.
“Por empezar, no era necesaria / no tenía aventura ni corajes / no cantaba / no era capaz de hacer cantar / no usaba medias azules / sus ojos / chillaban como golondrinas cortando la tarde / alrededor de santa maria maggiore...”
Carlitos Cajade recibió a la muerte tras 42 días de agonía, mientras una parte del país evaluaba qué boleta poner en una urna, para respaldar a no se qué candidato.
La otra parte, con el silencio de siempre y las lágrimas secas de siempre, rezaba por él. Madres-niña y niñas-madre rezaban por él.
Carlos Cajade no tuvo esa muerte que dice Juan. Tuvo otra. Con aventura y corajes. Otra que cantaba. Que canta. Que es capaz de hacer cantar.
Rezamos-cantamos hoy, por Carlitos. Candela, María, Ariel, Kako, Alejandro, Olguita, Paula y Alberto, Laurita, yo. Rezamos-cantamos, todos, por Carlitos.
“Que la tristeza nunca sea asociada a mi nombre”, dijo Julius Fucick. Que la tristeza nunca sea asociada a nuestro nombre, deseo.
Tengo una visión: el país de las boletas y las urnas se aleja, se aleja, se aleja. Y nosotros nos quedamos cada vez más cerca de Carlitos.
II
Recuerdo que estábamos en la Granja Azul, despidiendo el Año Viejo.
Llegaron las doce y se oyeron algunos cohetes, para el lado de los bolivianos.
Y salimos a mirar, pero lo único que vimos fue un cielo oscuro, el de siempre, tachonado de estrellas.
De pronto pasó un globo de papel iluminado. “Es un farol chino”, te dije. “Cuánto que ha viajado...”, me comentaste sonriendo. Tenías en tu cara la luminosidad de un niño.
Sé que te despidieron con gritos, con aplausos, con puteadas.
Es así: los nuestros no pactan nunca con la muerte. Ni con las buenas ni con las malas muertes. Los nuestros no pactan, nunca.
Te despido con un hasta luego, hermano mío. Hay que terminar un laburo, nada más. Tenemos que ayudar a los pibes.
¿Que si vamos a ver la patria liberada?
¿Que si vamos a jugar con los pibes, hasta que caiga el sol, hasta que no quede un pibe sin jugar, en la noche del mundo?
Te releo un pasaje del Antiguo Testamento: “Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos y creyéndolo, y saludándolo y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra...”
Mirándolo de lejos y creyéndolo. Mirándolo de lejos y creyéndolo. Hasta que no quede un pibe sin jugar, en la noche del mundo.
III
Quise saber por qué la Virgen era una madre “tres veces admirable”. Lo averigüé Carlitos; buscando en libros viejos, lo averigüé.
Fue una visión de Juan Damasceno en el 749. Él la vio milagrosa (admirable), por ser Virgen, por ser Madre y por ser la Madre de Dios.
Y averigüé también, Carlitos, que la primera imagen de la Virgen con el Niño en brazos está en una iglesia muy vieja de Roma, llamada Santa María Maggiore.
Allí nació la Mater Ter Admirabilis. Allí, en ese mismo lugar donde Juan tuvo una visión de la muerte.
Entro en la iglesia, Carlitos. Entro en tu iglesia esta mañana. Me arrodillo a los pies de la madre y de su niño. Y luego me pongo de pie, levantado por tu sonrisa, invencible. Me pongo de pie porque hay mucho laburo por delante.
Hay que ayudar a los pibes. Mirándolo y creyéndolo. Hasta que no quede un pibe sin jugar, en la noche del mundo.
¿Y AHORA?
Por Julieta Albano
Después de todo lo triste ocurrido con Cajade, me pregunto: ¿y ahora qué? ¿Ahora qué pasa con toda su obra?
Creo que todos ahora nos preguntarnos eso y la mejor forma de demostrar que lo que él hacía valía la pena, es haciendo algo y poniendo a prueba su frase: “La vida se hace fruto si la das”.
Este es mi llamado a la reflexión y un pedido silencioso para todos ustedes: acerquémonos a 643 entre 12 y 13 (Hogar de la Madre Tres Veces Admirable) y preguntemos qué se necesita y de qué manera ayudar. Sigamos, pero esta vez nosotros, bregando para que en nuestra región nunca más un niño llore injustamente.
TRANSFORMAR LA TRISTEZA EN ACTOS
Por Analía Depetris
A este ser maravilloso que fue el cura, lo elegimos para bautizar a Lautaro y Juan Manuel, nuestros hijos, porque a pesar de su aparente indiferencia de recientes adolescentes creímos que el mensaje que pudiera darles iba a ser hondo y claro. De hecho lo fue y que de alguna manera llegó a sus corazones.
Es enorme la tristeza que tuvimos al enterarnos que ya no está con nosotros; una puede decir con certeza que fue un gran hombre! Ayer me decía Lautaro: “¿Qué va a pasar ahora con los chicos? ¿No hay otro cura bueno como él?”. Las respuestas fueron suposiciones que me llevaron a pensar que esta tristeza debiera transformarse en actos y es por eso que desearía ponerme al servicio de la Obra, porque es muy fuerte lo que nos dijo Carlitos con su paso por este mundo.
TERNURA
Por Gabriela Klala Domián
Hemos perdido a un imprescindible... Una persona conmovedora y entrañable, que con su obra solidaria ha burlado la muerte logrando trascender; un Gran Ser Humano que quedará en la historia de todos los que afortunadamente lo conocimos. Es mi deseo más profundo que su empeño, fortaleza y amor hayan logrado los propósitos buscados y bien merecidos. Con un sentido dolor les envío desde aquí un fraternal abrazo y toda la ternura que en este gesto se pueda reunir.
BUENA SEMILLA
Por Aldo M. Etchegoyen *
"En cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mi me lo hicisteis". Jesús
Querido Carlos, gracias por tu vida y comprometido ministerio en favor de los más débiles y marginados, niños, niñas y adolescentes muy pobres.
Estoy absolutamente seguro de que habrás leído en el Evangelio aquellas viejas y siempre nuevas y desafiantes palabras de Jesús referidas a los "pequeñitos" como Él los llamaba. Dijo más aún: "si no fueras como niños, no entraréis en el Reino de los Cielos".
Nos dejaste pronto Carlos, muy pronto y, con toda seguridad, hoy una nube de testigos de tu vida y fructífero ministerio lloran tu ausencia que no será fácil de cubrir. No tuve la grata oportunidad de conocerte más profundamente, sólo cuando te incorporaste a la Comisión Provincial por la Memoria, ese grupo de personas que hemos optado por la verdad, la justicia, la ética y la dignidad humana porque creemos, como tu también creíste, que es necesaria una limpieza de tanta mancha y basura que tiene nuestro querido país. Tu franca sonrisa, tus comentarios llenos de contenido y experiencia, tu manera de ser, transparente y auténtica, nos enriqueció. Nos queda tu recuerdo pero tus obras te siguen, siguen en la vida de tantos "pequeñitos" que recibieron tus enseñanzas y ejemplo, tu pasión por el bien y tu entrega sin condiciones.
Carlos, tu vida fue siembra de buena semilla, esa calidad de semilla que no siempre se siembra... Lamentablemente, de la otra hay tanta. Buena semilla que ya ha dado frutos y, con segura esperanza, seguirá dando. Tu sabías que la muerte no tiene la última palabra porque su poder fue vencido en aquella luminosa mañana cuando Aquel que fue crucificado se levantó de la tumba. Gracias a Dios tenemos esa gran esperanza por la cual, los que creemos y todavía estamos en este mundo podemos mirar hacia adelante sin temor. Tu llegaste a la meta, descansas ahora de tantos afanes y trabajos. Confío que la buena semilla que supiste sembrar, siga creciendo. En la distancia, te envío un fuerte abrazo lleno de gratitud por lo que fuiste.
* Obispo metodista y miembro fundador de la APDH
HASTA SIEMPRE
Por la Fundación SES *
Para recordar al “padre Carlos”, con quien alguna vez hemos tenido la posibilidad de compartir un mate, hacemos nuestra una frase de su última editorial en la revista La Pulseada: “…seguir trabajando para que esta región pueda seguir siendo un poquito más humana y un poquito más feliz”.
Hasta siempre, amigo, compañero y padre Carlos Cajade.
* Alberto Croce, Alejandra Solla y José Luis González de la Fundación SES (Sustentabilidad – Educación – Solidaridad)
SEGUIREMOS PELEANDO
Por Roberto López Park
Quiero hacer llegar el pesar que nos embarga a quienes conocimos a nuestro cura del pueblo, "Carlitos", como lo llamábamos los que más hemos compartimos con él vivencias y tareas. Su llegada al reino del Señor, seguramente será con el más maravilloso de los recibimientos, pero los que en esta tierra seguimos viviendo nos hemos quedados con una parte de nuestro corazón vacío.
Que Jesucristo lo bendiga para siempre y que Dios lo tenga en la gloria por los siglos de los siglos.
Seguiremos peleando por la justicia y por los pibes del pueblo, con todo el fervor con el cual él lo hiciera en su momento. ¡Siempre estarás en nuestras oraciones sacerdote Carlos Cajade! Amén.
AMOR SIN CAMISETA
Por Pepe Lobo
Aunque sabemos que desde el punto de vista de amores por la camiseta de futbol no somos afines, siempre le hemos tenido admiración por todo lo hecho en su vida. En todos nosotros (amigos del barrio de Villa Argüello) ha dejado un gran recuerdo. Carlitos Cajade, de chico, en la adolescencia y cuando emprendio el sacerdocio, siempre dejó su marca de ser una ejemplar persona en pos de ayudar a todos los necesitados .
Es por ello que acompañamos con nuestro sentido dolor a todos aquellos que hoy pasaron a ser su gran familia (Chicos del Hogar del Padre Cajade).
UN POCO MÁS SOLOS
Por Cecilia Urrutia
Siento la necesidad de rendirle un sentido tributo, a quien vivió profundamente aquello del amor al prójimo, a quien hizo de la solidaridad su modo de vida; comprometido con los derechos humanos, en su más amplio sentido; enamorado de la vida; fiel a sus creencias. Fue lo que dijo ser y dijo lo que era, con una amplitud de criterio que le hizo ganar amigos de las más diversas ideas, pensamientos y credos.
Te vamos a necesitar en estos tiempos inciertos, estimadísimo Carlos Cajade.
Nos dejaste un poco más solos a todos.
En realidad creo que esta tristeza tiene que ver con la necesidad de tenerte siempre cerca. Estabas ahí. Te sabíamos un poco de todos nosotros. Nuestro referente. Nuestro amigo. Nuestro Carlos Cajade.
Hasta siempre querido amigo.
EL MUNDO ES UN POCO MEJOR
Por Olga M. de Helling *
“Vivir es obrar, obrar es luchar, luchar es vibrar y hacer vibrar a los demás”. Con esta frase podríamos traducir lo que fue la vida y la obra del Padre Carlos Cajade: sencilla y humildemente entregada en cuerpo y alma al servicio de sus hermanos porque entendió como nadie esta premisa: “el amor al prójimo es una puerta a través de la cual es necesario pasar para encontrarse con Dios”.
Él acaba de traspasar esa puerta…
Para todos aquellos que sintieron el gozo de ser sus colaboradores más cercanos, para todos aquellos a quien tendió sus manos amigas, para toda la comunidad platense, sabemos del dolor que los embarga por su desaparición física.
Él marcó un camino; otros lo deberán continuar porque él así lo desearía, porque su ejemplo de vida debe mover con fuerza espíritus y corazones, allí donde anida ese gran mandamiento que nos dio el Señor: “amar al prójimo como a ti mismo”.
Nos unimos en oración a la gran comunidad platense que hoy llora la pérdida de ese ser de luz, de bondad y de gran desprendimiento que fue el Padre Cajade, cuyo recuerdo permanecerá por siempre para que todos aquellos que continúen su obra puedan hacer efectiva la frase: “Tienes que lograr que después de ti el mundo sea un poco mejor, porque tú has pasado”.
Para finalizar, quiero compartir una vieja oración irlandesa:
Que el camino venga a tu encuentro,
Que el Sol te caliente la cara
Que el viento sople siempre a tu espalda
Que la lluvia caiga con suavidad sobre tus campos y,
Hasta que volvamos a vernos,
Que Dios te sostenga en la palma de la mano.
* Liga de Madres de Familia, Sec. Sta. María del Carmen de Necochea
EL EJEMPLO A SEGUIR
Por Liliana Centena
Quiero encontrar las palabras exactas para hablar de vos. No son palabras de despedida las que busco, no son palabras de consuelo las que intento hallar.
Los grandes Hombres trascienden y perduran más allá de la materia, a través de sus pensamientos, de sus canciones, de sus acciones, de su OBRA. De eso quiero hablar.
Hoy tomé CONCIENCIA, en el mismo instante que tus hijos te despedían, de la INMENSIDAD de tu obra, del AMOR que entregaste, del compromiso de tu ser. De esas lágrimas que desde el cielo cayeron y que se transformarán en vida nueva, de ese germen de semilla que dejaste en cada uno de tus chicos, de los chicos de la calle, de los chicos de la vida, de los chicos del camino, de los chicos del pueblo. Son ELLOS los que seguirán tu obra porque nadie que no haya pasado hambre, soledad, desamparo, sabe el VALOR de tu entrega, de tus sueños. Tu sueño, que ya es de ellos, porque COMPRENDIERON que un mundo menos cruel es posible, con amor, con educación, con trabajo, con fe.
Porque no tiene que haber más un niño en la calle,
porque no tiene que haber más un niño que muera de hambre,
por eso, hoy sólo puedo decir… hasta que ese día llegue…
hasta que no haya más un chico con hambre…
ese es el camino… la pulseada será el desafió y la lucha, la herramienta
Y vos, mi querido amigo, el ejemplo de vida. ¡¡¡Gracias!!!
ESTRELLA LUMINOSA
María Cristina Mércuri
Y entonces te fuiste,
con tu rostro de ángel
y tus cabellos rebeldes,
con tu sonrisa ganadora
y tu palabra segura,
con tus hijos pegados
a tu amor paterno,
con tu mirada lejana
no obstante los obstáculos.
Te fuiste a tu sendero de luz
con el viento de la esperanza
che te acaricia la frente,
que guía tus pasos de hombre fuerte.
Te fuiste, iluminado
por aquel sol de amor,
que para toda la vida
había brindado calor
a tus sueños, hechos realidad.
Nos has dejado aquí, a todos nosotros,
pequeños y grandes,
sentados en esta tierra,
arrancándonos el corazón,
llevándonos contigo,
mientras, como niños fascinados,
fijamos en la noche
tu luminosa estrella.
Aquella estrella que sabrá
conducirnos -cada uno por su camino-
hacia tu corazón inmenso,
hacia aquel camino de amor
del que tantas veces hablabas,
por el que tantas veces soñabas,
aquel camino que te transformaba viviendo,
aquel camino que nos regalaste muriendo.
TE LLAMABAN CARLITOS
Por Stella Maris Pérez Romero
Naciste en un hogar humilde
como nacen los grandes
El amor fue tu cuna
la lucha por los desposeídos
tu bandera.
Humilde entre los humildes
grande entre los grandes.
Te tildaron de zurdo
por defender los derechos
de tus semejantes.
Tuviste un amor de barrio
y lo dejaste por otro amor.
Un sentimiento más sublime
el gran amor al Señor.
Una nochebuena nacieron
tus primeros hijos
y no llevaron tu sangre
En la puerta de la parroquia
esperaban por tí, porque eras el Padre
Les diste un hogar, alimentos y abrigo
eran tus hijos, los chicos de la calle.
Sin ser político movilizaste a la gente
colas interminables con pancartas
pedían vencer a la muerte.
Con cadenas de oraciones
suplicaban al Señor
Pero tu suerte estaba echada
te había convocado Dios.
Y así sin poder hacer nada
a su lado te llevó.
Te llamaban Carlitos
eras un siervo de Dios.
EL CAMINANTE
Por Víctor de Gennaro
Hablar de la muerte me cuesta, y la muerte de Carlitos, además, me duele, me rebela. Cuando fue la muerte de un amigo como Carlos Casinelli, él nos consolaba diciendo, con toda esa fe que tenía hasta los huesos, que Dios a veces necesita fortalecerse con los buenos para dar la batalla en otro lugar. Ahora me cuesta mucho pensar qué clase de batalla estará dando Dios para necesitar llevarse a Carlitos.
Para mí no hay muertes dignas. Hay vidas dignas, y Carlitos la tuvo. Se entregó todo, desde su fe y sus manos. Siempre me acuerdo de la Marcha Grande que compartimos durante quince días desde Rosario, cuando nos iluminaba cada mañana diciendo que Dios caminaba con nosotros. Ahora es él, sin lugar a dudas, el que camina con nosotros para siempre.
En los momentos de mayor ilegalidad, cuando arreciaba toda la política de entrega de un poder que decía que se había acabado la Historia, no dudó en ponerse, con cuerpo y alma, al servicio de un proyecto siendo secretario de Derechos Humanos de la CTA, sabiendo lo que significaba y los problemas que podía traerle con algunas jerarquías. A mí me tocó conocerlo bien en esos años y era impresionante, desbordaba fuerza y alegría; estaba siempre corriendo de un lado a otro. Así como recorría el país con ese gran amigo que es Alberto Morlachetti, con quien en estos días nos hemos encontrado mucho para recordar tantas anécdotas, acordándonos cómo brillaba y va a seguir brillando para demostrar que hay otra Iglesia, que es la Iglesia que camina junto al pueblo.
* Secretario general de ATE y de la CTA
ACCIÓN INCLAUDICABLE
El Instituto de Derechos del Niño quiere compartir con nuestra comunidad educativa la tristeza enorme que siente por la muerte del Padre Carlos Cajade a quien recordará como defensor inclaudicable de los derechos del niño en la mejor de sus formas posibles: con la acción concreta en el cuidado de los más vulnerables.
Ernesto E. Domenech (director)
JUGARSE POR EL OTRO
Por Alicia Kirchner *
Hace dos años y medio fui a La Plata a conocerlo. Quería encontrarme con el hombre que había fundado el “Hogar de la Madres Tres Veces Admirable” en La Plata y que había creado el “Movimiento de Chicos del Pueblo”. El “curita” –como le decían los más allegados–, el que había nacido en un hogar humilde de Ensenada, un origen que lo había llevado tempranamente, a los catorce años, a trabajar como obrero de un frigorífico. Como a muchísimos otros, esas circunstancias lo llevaron a ser un militante activo de la “Resistencia Peronista” enrolado desde la “gloriosa juventud”. Fueron aquellos ideales de un mundo más justo y fraterno –como él solía decir y, sobre todo, propagar– los que crearon para siempre su identificación como un miembro vitalicio de la Juventud de los setenta. Porque lo vitalicio, como para muchos de nosotros, no fue sólo su pertenencia política sino sus ganas de cambiar lo injusto.
Fue al conocerlo que sentí la inmensa necesidad de sumarnos y trabajar juntos. Siempre me impacto su simpleza llena de contenido y la fuerza que ponía en su tarea de todos los días. Formaba parte de los hombres que trabajan todos los días, los indispensables, los que no siempre son comprendidos. No pocas veces obligados a luchar al interior de las propias instituciones que los forman al abrazar sus ideales superiores.
Nos encontramos las veces suficientes como para entender que era una brújula veraz para identificar situaciones vulnerables a las que recurrí sin dudarlo. La despedida fue inolvidable como lo será su recuerdo también. Hace dos meses atrás, en un acto de un barrio de La Plata, nos reencontramos con un fuerte abrazo y eso me movilizó tanto como para sentir que compartíamos el compromiso de trabajar juntos y con el otro. Y también percibí que nos acompañábamos en ese camino. Pese a esa fuerza indescriptible que nada le pudo sacar, no tuve la noción de lo que significaba ese momento... no lo iba a ver más.
En cada ser humano hay un momento, una experiencia que te cambia y te influye para siempre en los caminos de la vida. Carlos me contó la primera vez, mientras compartíamos pan y salame en una austera mesa, su historia de compromiso con la obra que todos conocemos y eso me movilizó tanto como para seguir ratificando como meta en mi vida, el camino junto con el otro.
El padre Carlos Cajade fue un ejemplo en la lucha contra las burocracias. Porque cuando las instituciones se cristalizan, terminan neutralizando su visión de la realidad y pierden de vista sus propios objetivos. Por eso a hombres como Carlos Cajade se los recuerda siempre, aunque increíblemente terminan siendo combatidos hasta el hartazgo. Sin embargo, él supo luchar contra eso para ver de cara a la gente. Porque nunca olvidó que lo importante es el prójimo.
Lamentablemente, la vida se lo llevó cuando todavía lo necesitábamos. A veces eso suele ocurrir con los grandes hombres. Queda su obra y este ejemplo lo convertirá en eterno para cada chico que él salvó de la exclusión y para aquellos que siguen soñando con los mismos ideales en los que él se inspiró.
Gracias Carlos por haber podido conocerte.
* Ministra de Desarrollo Social de la Nación
UN HIJO DEL PUEBLO
Por Osvaldo Bayer *
Era una persona muy amable, siempre tenía buen carácter y se podía dialogar con él sobre muchos temas. La primera vez que nos encontramos fue cuando compartimos una mesa redonda sobre Derechos Humanos en Buenos Aires. Yo sabía de su actuación, de toda la vida que había hecho. Él había leído mis libros. Así que enseguida nos hicimos amigos.
Ha sido una gran pérdida para todos nosotros. Cajade era un verdadero “hijo del pueblo”, como los obreros y luchadores de antes llamaban a sus héroes populares. Fue un hombre que realmente entregó su vida a lo más precioso que tiene el ser humano: los niños.
Siempre va a ser un símbolo: un hombre que da su vida por la solidaridad, que es tal vez la palabra más ética que tenemos en todos los idiomas. Él tenía las dos condiciones: la solidaridad y la ética.
* Escritor y periodista
“ALGO HE CAMBIADO”
Por Pony
Espero que tu obra solidaria sea ejemplo eficaz para el Estado. Que entiendan el por qué del sacrificio, el dar sin recibir nada a cambio. Pudiste decir, como pocos, “algo he cambiado”.
Que todos los humanos se enteren de que existió un ser llamado Carlos, cura padre, amigo, o Carlitos, según las circunstancias de tu arraigo.
Fuiste para mí más que un amigo porque con tu humildad me diste espacio para aportarte mil ideas que tu, con decisión, siempre has plasmado.
Pusiste en tu agenda, de por vida, estar con cada uno de tus pares. Lograste, Carlitos, ser ejemplo, pero ejemplo de imitar constantemente.
Hoy Dios te llamó desde el Cielo para que puedas mirar a toda tu gente: aquellos que dijeron cosas malas, aquellos que te amaron sin tapujos, aquellos que ayudaron a tu obra sin querer ser nombrados.
Me duele el corazón por tu partida, pero si Dios te quiere allí a su lado, será para que así descanses de la vida.
COMPAÑERO DE MILITANCIA
Por Roberto Baradel *
La militancia de Carlos Cajade representa el compromiso de la no resignación. Es uno de esos imprescindibles que aparecen de tanto en tanto y que, en su caso, en ese estar junto a los chicos, simboliza la decisión de no aceptar lo dado como lo único posible y pelear siempre para transformar las situaciones existentes. Se trata esta de una realidad absolutamente injusta y que ningún pibe de nuestro país, o del mundo, se merece vivir. La exclusión, la marginación social, la violencia y todo lo que ello genera, hace de Carlos, para todos nosotros, un referente inclaudicable en la lucha por los derechos de la niñez y la adolescencia. En suma, por la lucha por la justicia social, de la que tantos hablan pero tan pocos combaten. Y que Carlitos combatía a cada minuto.
Es una inmoralidad y es un crimen que esto ocurra y, lamentablemente, el discurso del poder, que en estos últimos tiempos plantea algo así como que “pobres hubo siempre”, intenta ganarnos la cabeza culturalmente para que todos aceptemos esta situación absolutamente indigna. Buscan que los ciudadanos naturalicemos una situación que, por el contrario, es incomprensible y contra la que todos debemos luchar. Porque en un país que produce alimentos para 300 millones de personas -de las que los argentinos somos apenas algo más del 10 por ciento-, que tengamos a un 70 por ciento de los chicos por debajo de la línea de pobreza y más del 25 por ciento por debajo de la línea de la indigencia, es totalmente inaceptable. Carlos no se resignaba a ese discurso y nos enseñaba el camino a seguir.
Pienso en Carlos y, de inmediato, me aparece la mirada y la ternura que tenía cuando veía a un chico. La verdad es que ese gesto que vi en Carlitos no lo había visto antes. La intensidad de esa mirada tierna que tenía ante cualquier pibe que se le acercaba, cuando marchábamos con el Movimiento de los Chicos del Pueblo o cuando recorríamos cualquier barrio. También me acompañará la profunda sinceridad, solidaridad y amor que transmitía cuando hablaba con todos nosotros, sus compañeros de militancia. La comprensión que nos demostraba, interpelándonos incluso, pero siempre buscando los consensos necesarios para que todos entendiéramos la necesidad de estar fuertes y juntos, para poder darle pelea a aquella situación.
* Secretario general del SUTEBA
AMOR Y CORAJE
Por Hugo Cañón *
El amor sin coraje, resulta estéril, y el coraje sin amor, sólo sirve a los vanidosos.
Vos, Carlitos Cajade, conjugaste con entrega esos dos valores: el amor y el coraje. Brindaste tu vida militante, ayudando, reparando, cobijando, pero siempre dando la confrontación fuerte y necesaria contra quienes ejercen el poder para oprimir y beneficiarse a costa de los más desamparados: los pobres, los niños, los marginados, los presos, las mujeres, los diferentes de todo tipo.
Ponías el pecho, mientras dabas el fuerte abrazo fraterno para andar juntos el camino, sumando fuerzas para enfrentar al poderoso.
Y así llegaste a nuestra Comisión Provincial por la Memoria; te hiciste miembro y compañero en los momentos más difíciles. Nos apuntalaste y sostuviste con la palabra serena pero cargada de protesta y nos diste una mano firme para ayudar a sostener nuestra posición comprometida con valores y nunca sometida al poder.
Eran tiempos muy difíciles cuando te sumaste a nosotros. Habían apostado entonces a doblegarnos, a domesticarnos, a quitarnos independencia, con una pretendida intención de que fuéramos una oficina burocrática más que adornara al Estado sin molestar. Pretendían que no metiéramos las manos en el barro para desnudar la inmundicia.
Y vos, Carlitos, allí estuviste dentro de esta Comisión por la Memoria, para ayudarnos a trabajar no sólo con el pasado doloroso, sino para confrontar con este presente de injusticia, abuso e intolerancia. Juntos, con vos, pudimos dar LA PULSEADA e impedir de ese modo el intento de sometimiento y sumisión.
No puedo olvidar tu rostro al visitar la cárcel de Campana junto a Martha Pelloni. Lo decían todo tus ojeras, tu crispación, tus ojos vidriosos y enrojecidos, al visualizar tanto dolor, sometimiento y desamparo de esos pobres enjaulados en las peores condiciones. "Son pibes como los míos", dijiste, mientras recorríamos los pabellones poblados de jóvenes pobres, enfermos, abandonados al filo del despeñadero. "Con trabajo y estudio pueden salir, se los puede ayudar a recuperarse. Esto es criminal", afirmaste, en conclusión cargada de ese amor corajudo que mencioné al principio.
Los valores, los principios que sostienen la dignidad del hombre, de todos los hombres, no son negociables.
Y la defensa de ese criterio compartido, querido Carlitos, la sostendremos tus compañeros de la Comisión por la Memoria como la mejor manera de tenerte con nosotros para dar la pelea por la vida.
Con tipos como vos, otro mundo es posible, y hacia allá vamos... Con vos en la memoria.
* Co presidente de la Comisión Provincial por la Memoria
SE TOMÓ EN SERIO LA PALABRA DE JESÚS
Por Rubén Capitanio *
Aunque me hace bien la invitación a escribir algo para La Pulseada sobre nuestro entrañable Carlitos Cajade, no puedo hacerlo, no me sale nada, me cuesta levantarme del golpe que recibimos el sábado 22 de octubre por la tarde.
Esa noche necesité buscar las fotos que una amiga querida me había mandado de cuando concelebramos la Misa de los 25 años, el año pasado... Cuando las encontré, descubrí la que parecía elegida para esa noche de dolor: Carlitos en primer plano, inundado de luz, compartiendo la Comunión, el Pan de Vida para nosotros los cristianos... Detrás en el mismo plano, también dando la Comunión, el otro hermano querido Mario Ramírez. Apenas se notan personas que están frente a ellos; no se ven rostros, simplemente gente, hermanos sin rostro pero hermanos, compartiendo el Pan de la Vida. Desde el 22 por la noche no pude sacar esa foto de mi mesa habitual en casa... donde trabajo, escribo, como y comparto el mate con mi gente... y ahí está, corrida hacia la punta cuando tiendo el casi mantel para comer mi pan de cada día; compañía cariñosa cuando el mate se hace fraternidad con quien se sienta para compartir un dolor o una alegría; presencia cómplice cuando leo el diario o escribo algo o realizo algún trabajo... Ahí está Carlitos sonriendo, con su presencia luminosa desde esa foto que pasó a ser querida y como necesaria en mi mesa cotidiana. Cuando la encontré, la besé con cariño de hermano y la dejé un instante ahí; enseguida pensé en guardarla como recuerdo, en ponerla debajo del vidrio de esa misma mesa donde tengo fotos también queridas... pero no sé, no puedo sacarla de ahí arriba, compartiendo el dolor de estos días, a veces con miedo a que se ensucie, pero no sé, ahí está, insistidora en su querer estar, como diciéndome de nuevo tantas cosas que siempre he pensado de Carlitos y que ahora en estos días se empapan de ausencia fresca y de lágrimas fraternas...
Siempre pensé que Carlitos tenía una irresponsabilidad vital. Esa irresponsabilidad que los estúpidos confunden con defecto y que es la cualidad necesaria para aceptar el desafío de hacer cosas que te superan en todo sentido. A Carlitos su propia criatura lo superó desde la gestación... pero pudo parirla, criarla y enseñarle a andar, por esa irresponsabilidad vital que siempre admiré en él; porque esta irresponsabilidad vital es una rara característica de los hombres y mujeres destinados a ser grandes para amar.
Siempre pensé que Carlitos era un cristiano fiel. Que por esa irresponsabilidad vital, no se conformó con creer; necesitó y quiso hacer de esa fe un estilo de vida y un servicio generoso. Por eso, no era "devoto", era creyente. Su forma de creer era amar, su forma de amar era su mejor manera de decirle a Dios "soy tuyo y porque soy tuyo me regalo a los demás, a los que más sufren, a los que vos haces predilectamente tuyos porque nosotros no los hacemos nuestros.
Siempre pensé que Carlitos era verdaderamente un hombre de Iglesia, porque era un hombre del pueblo. No era un "profesional" de la religión, era un Sacerdote, y como tal celebraba la Vida que intentaba sembrar a cada rato. Por eso, estoy seguro de que le dolía que más hermanos de la Iglesia no compartieran su huella. Le dolía la indiferencia enfermiza y el desprecio prolijo que le brindaron sus superiores. Aunque doloroso, era lógico: Carlitos celebraba siempre una Presencia, la de Jesús... Mientras que quienes lo desprecian celebran ritos vacíos y tratan de ocultar con las pomposas ceremonias que realizan, el sin sentido de sus vidas llenas de ornamentos por afuera pero totalmente huecas por dentro. Cómo no necesitar despreciarlo quien había decidido ser garante judicial del victimario, si Carlitos estaba siempre optando por las víctimas de ese o cualquier otro opresor. Siempre pensé que esto le dolía y siempre aprendí de él que a pesar de este dolor siguió amando la Iglesia y por eso la siguió haciendo desde el pueblo y con el pueblo.
Siempre pensé que Carlitos tenía muchos defectos, casi tantos como virtudes. Y siempre me alegré que así fuera, porque de esa manera nunca se la creyó, nunca se sintió especial, y así era capaz de comprendernos a quienes tenemos más defectos que virtudes. Al fin y al cabo -como recuerdo comenté en la Misa de los 25 años- Carlitos no había sido consagrado como ejemplo, sino como servidor, y por eso estuvo al servicio de todos como sacerdote de Jesús.
Siempre pensé que Carlitos era un profeta. No porque tuviera cualidades extraterrestres, sino porque tenía claro lo que valía la pena; tenía la suficiente alegría para cantar aunque todavía no lograra lo que era urgente, y era todo lo cabeza dura que hacía falta para seguir insistiendo en la lucha que se hace necesaria. Así son los profetas.
Siempre pensé al revés de los que piensan muchos: ciertamente Carlitos les regaló la vida a sus pibes y a tantos... pero estoy seguro de que fueron esos tantos y sobre todo sus pibes, quienes le regalaron sus vidas a él: ellos lo parieron como hombre de fe, ellos le enseñaron a caminar por las inseguridades propias de un sistema que te voltea a cada rato, ellos lo sentaron a la mesa del verdadero amor, aquel que da hasta la vida por el otro. Ello le revelaron el Dios verdadero, el que no está en el culto, sino en el Evangelio; el que se hace también auténtica Comunión cuando abrazás a los pobres descubriéndolos como hermanos queridos.
Carlitos se abrió a esta vida con todo. Sus pibes le dieron tanta vida que no le alcanzó su cuerpo y estalló en eternidad.
Mientras escribo estas líneas, vuelvo a mirar la foto de mi mesa...y me sonríe pícaro y luminoso mientras sigue entregando el Pan de la Vida a hermanos sin rostro. Y entonces, desde mi fe de cristiano, yo también le sonrío y siento que nos abraza una presencia más allá de su sonrisa fotografiada y mi dolor por su no estar, y miro sus manos y siguen repartiendo el Pan de la Vida... y pienso que así fue Carlitos: quien siempre repartió el Pan de la Vida, el de Dios para los que creemos y el que Dios quiere para todos.
Y vuelvo a pensar que este Carlitos -que tantas veces nos desconcertó con su manera de vivir- se salió con la suya, y cuando en la tarde del sábado 22, casi de improviso llegó al Reino, Jesús al abrazarlo muy fuerte le dijo: “Carlitos, gracias por tomarte en serio mi Palabra”: "vení bendito de mi Padre, porque tuve hambre y me diste de comer, estaba desnudo y me vestiste, en la calle y me alojaste, abandonado y me recibiste, sin el amor que merecía y vos me amaste"... (Evangelio de San Mateo , Cap. 25, 34 -el Juicio Final).
Y al volver a besar su foto, que sigue acomodándose en mi mesa y que todavía no sé qué destino tendrá en mi casa, pero siempre cerca, me surge una plegaria, la misma que escribieron en la Capilla del Hogar: “Carlitos, Padre nuestro que estabas en la tierra, no nos desampares ahora desde el Cielo”.
* Cura párroco de Villa La Angostura
POR LA MISMA SENDA
CECIM La Plata
Hace muy pocos días la familia de ex combatientes de la ciudad perdió un gran compañero a causa de una enfermedad terminal, similar a la que nos ha llevado a Carlos Cajade, este cura que al igual que monseñor Angelelli tenia una oreja en el pueblo y otras en sus convicciones religiosas. Con él compartimos el compromiso de cambiar la desigualdad, la injusticia, el desamparo y la solidaridad con los que menos tienen. Con él aprendimos del amor a los chicos de la calle, a vencer la resignación y enfrentar la adversidad de un sistema desigual. Nos mostró una Iglesia diferente, solidaria, humana, ética, y revolucionaria.
Carlos era de los hombres que siempre recordarán los pueblos y que nosotros, los combatientes de Malvinas, sentimos el honroso placer de haberte conocido y compartido.
Chau compañero de la vida, de la militancia social y la esperanza en la utopía. En nuestra memoria queda tu querida presencia.
COMPAÑERO
Los compañeros y compañeras del Frente Popular Darío Santillán
Queremos solidarizarnos con el Hogar de la Madre Tres Veces Admirable y con el equipo de la revista La Pulseada ante la desaparición física del compañero Carlos Cajade, quien siempre desde esos espacios estuvo acompañando las luchas que llevamos adelante, difundiendo desde notas y editoriales la realidad que muchos medios masivos deforman o sencillamente ignoran.
También destacamos su participación en las diversas luchas que desarrolla nuestro pueblo, entendiendo que más allá de las diferentes visiones, juntos compartimos un campo de búsqueda por recuperar los derechos que son de todos.
Por eso, por la mano tendida en todo momento y lugar, al compañero hoy le decimos...
¡Hasta la victoria siempre! ¡No muere el que lucha. Vive en la memoria del pueblo!
LA ANTORCHA
Por Elizabeth Rivas *
Estoy desolada, pero hoy quiero decirles a todos ustedes, lo que no sé por qué no le dije nunca a él: los quiero mucho, entrañablemente. Son los hermanos que la sangre me negó, pero la vida me regaló.
Los nuestros también, a veces, mueren en una cama. Pero cada uno nos entrega su antorcha al partir, y es nuestro compromiso, no sólo mantenerla ardiendo, sino generar la condiciones para que siempre haya quienes nos releven el día en que debamos entregarla, porque ella es la vida misma. Un muy fuerte abrazo, y por favor, hoy denme el coraje que se necesita.
* Babiche
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