 |
NÚMERO
34 - SEPTIEMBRE 2005
Olga Arédez, a 29 años del Apagón de Ledesma
LA HORA SIN SOMBRA
No pudo participar de la última Marcha en memoria de La Noche del Apagón, cuando secuestraron a 400 personas, de las cuales 32 todavía están desaparecidas. Sin embargo, estuvo presente. Olga Márquez de Arédez, que había organizado cada una desde el '83, murió en marzo por la bagazoosis, enfermedad que provoca el bagazo, ese desecho de la caña de azúcar que tizna Ledesma. Y sabía que moriría, por eso antes de irse decidió presentar el primer amparo de la historia contra la empresa y el gobierno de Jujuy donde denuncia las causas de su propia muerte y pide que se eviten otras como la suya.
Por Verona Demaestri
Enviada especial a Libertador General San Martín, Jujuy
"Es comprensible -no justificable- que por las características de la naturaleza humana los menos dotados se consideren injustamente tratados, e intenten sustituir a los mejores dotados. Esto es lo que con toda razón se ha llamado la envidia igualitaria".
Carlos Pedro Blaquier, Presidente de Ledesma S.A.A.I.
Carta de Lectores, La Nación.
20 de enero de 2001
Quienes conocen la historia azucarera de la Argentina saben que, en nuestro Norte, alrededor de cada Ingenio nació un pueblo. Algunos agregan que esos pueblos injustamente tratados están compuestos por menos dotados... Al menos así es como califica Carlos Pedro Blaquier, presidente del Ingenio Ledesma -el más grande de Latinoamérica-, a quienes se niegan a padecer su trato injusto.
La empresa, como otras tantas en la larga Noche del Apagón argentino de los 30 mil desaparecidos, puso a disposición sus camiones y su pista de aterrizaje para los aviones que llevaban secuestrados, pasó listas negras, y apagó su usina eléctrica para dejar en las sombras el operativo de julio de 1976 que junto al Ejército, la Gendarmería y la Seguridad del Ingenio desapareció al menos 32 estudiantes, obreros, villeros, profesionales, en una zafra que arrancó a 400 personas de sus casas jujeñas. Desde el fin de la dictadura, se lo repudia en marchas de 10 kilómetros, desde Calilegua hasta Libertador General San Martín.
Año a año, el número de marchantes fue in crescendo. El 28 de julio pasado, alrededor de diez mil personas dijeron presente. Varias fueron las razones para tanta convocatoria, pero quizás la más significativa fue la ausencia de Olga Márquez de Arédez, la Madre que había organizado cada Marcha desde 1983 en memoria de los desaparecidos del Apagón, la luchadora que murió el último marzo peleando contra el Ingenio Ledesma que contamina el agua, la tierra y los pulmones. Hasta el final, Olga se negó a padecer ese trato injusto al que refiere Blaquier en su carta: Llegó a presentar a la justicia jujeña un recurso de amparo sin precedentes donde culpa a la empresa por las enfermedades de la población, y por las razones de su propia muerte.
Genealogía del monstruo
Los sobrevivientes recuerdan más de un apagón aquel mes de julio de 1976. Sin embargo, según analiza Ludmila da Silva Catela en su estudio "Apagón en el Ingenio, escrache en el Museo", fue la referencia que del hecho trágico hizo el libro Nunca Más la que se instituyó, y “La Noche del Apagón” se volvió emblema: representa para la memoria obrera lo que "La Noche de los Lápices" a los estudiantes desaparecidos o "La Noche de las Corbatas" a los abogados que no están. Bisagras de un historial que no comienza o termina en una noche; continúa hoy en Ledesma, con los que enferman por culpa del Ingenio, sufren el poder económico de sus dueños, los Arrieta-Blaquier, y son cautivos del monopolio laboral que los vuelve ledesmadependientes.
Antes del Apagón, eran muchos de esos 400 secuestrados los que padecían el mal que Blaquier diagnostica en su carta a La Nación como envidia igualitaria. Un mal extendido que venía de lejos y hace tiempo, cuando esa familia de la oligarquía aún no mezclaba su linaje con los Wollman-Arrieta, que a pesar de ser dueños de un Ingenio con ganancias exorbitantes gracias al azúcar, papel, miel, alcohol, y a costa del sudor y la sangre regada en sus cañaverales desde el siglo XIX, estaban faltos de la cuña porteña que les daría la cruza con los Blaquier. Hicieron negocio al asociarse en matrimonio, y despegó la industria.
Ese mal venía de lejos: eran miles los indígenas-cañeros que debían marchar a pie 150 kilómetros durante dos meses desde la región chaqueña, proveedora de mano de obra estacional, hasta los ingenios en Salta y Jujuy. Y los que lograban llegar debían trabajar más de 14 horas sin descanso... Entonces muchos morían por el cólera, la diarrea o el paludismo. Cuentan que quienes sobrevivían y habían llevado cinco hijos para trabajar el surco, volvían con dos.
Y venía de hace tiempo: no es nueva la metodología de los apagones; hubieron otros anteriores a los del '76, en el que desaparecía algún cañero por protestar: se habían quedado sin el río, la tierra de sus antepasados, la caza y la pesca... La primera industria pesada del país demandaba mano de obra cautiva.
Se sabe que los había rebeldes, pero casi todos los indígenas "iban al trabajo como podrían ir a cualquier sacrificio, serenos, resignados, imperturbables", según la observación del Inspector del Departamento Nacional del Trabajo, José Elías Níklison, en 1917.
"Hoy nos preguntamos: ¿Dónde están los matacos, los chaguancos, los verdaderos dueños de la tierra? No los mató solamente la contaminación; ellos amasaron la fortuna de estas empresas, y recibieron castigo. Hablamos del Apagón de Jujuy y los desaparecidos de Ledesma, pero ¿por qué la historia no registra este hecho?", el micrófono amplifica la voz de Carlos Cardoso, colega del médico Luis Arédez, esposo de Olga, desaparecido desde 1977. En su calidad de pediatra del Ingenio, Luis había denunciado la contaminación que generaban ya entonces los desechos de la empresa. Y había llegado a ser Intendente de Libertador General San Martín en 1973. Desde ese cargo logró lo que parecía imposible: que el Ingenio tributara al Municipio por primera vez en la historia. Aunque lo hizo sólo un mes de los ocho que resistió Arédez en la Intendencia antes de que lo tildarán de marxista y lo intervinieran.
"Ahí enfrente, en la Municipalidad, Luis convocaba al pueblo para cada decisión... Convocaba cabildos abiertos. Eso es lo que no registra la historia. Por eso, la lucha no terminó", concluye Cardoso desde el palco de oradores sobre la Plaza de Libertador General San Martín. Y se oyen miles de aplausos en el cierre de la Marcha del 28 de julio pasado, en su memoria y la de tantos otros en Ledesma.
Horas antes, Ernesto Rueda, quien también sufrió la dictadura, había ofrecido en Calilegua un locro popular con el que decenas de invitados ganaron calorías suficientes para marchar los 10 kilómetros hasta la plaza de Libertador General San Martín donde sería el acto de cierre y sepultarían las cenizas de Olga Arédez.
La casa de Ernesto es la pintoresca Estación de Trenes del pueblo cerrada a fines de los '70. Él cuenta que por allí pasaban los ferrocarriles que venían de Capital Federal y terminaban en la frontera boliviana, pasando por Pocitos.
La ex-Estación de piedra está emplazada en medio del verde furioso y subtropical por el que se paseaban franceses y capitalinos, bonaerenses, y guaraníes en una babel autoconvocada que sólo dejó el locro para escucharlo: "Olga se sumó a la lucha de sus antepasados, era descendiente de wichis por parte de madre. Acá en Calilegua la historia no comenzó en los '50, '60, '70. A 50 metros de aquí los hermanos guaraníes resistieron contra las corporaciones de la época. Pelearon semanas hasta que los derrotaron. Cuenta la leyenda que nuestro cacique Calilegua trepó hasta la cima del cerro, y cuando estaban por atraparlo se tiró como símbolo de que no sería esclavo. No estamos solos, nadie está solo en la lucha. Lo importante es sumar". Dora Weisz, cuyo marido fue uno de los primeros desaparecidos por organizar a los trabajadores de la empresa Ledesma desde el combativo Sindicato del Azúcar en los '50, asintió en silencio.
Efecto Mariposa
Hacia Pueblo Ledesma los cerros se desdibujan y su contorno parece de carbonilla, tiznado por un gris sucio. Tras la estación de servicio en la entrada al Pueblo, las columnas de humo ascienden hasta perderse y se diluyen en el cielo.
Junto a las chimeneas hay un médano de bagazo, el desecho de la caña que deja el Ingenio al descubierto. Lo recorren pequeños ríos como afluentes, es el licor biológico para el tratamiento de la celulosa y del papel. Sus esporas vuelan y contaminan todo. Es mucho peor que la situación que se vive en La Plata con la Destilería, porque ni siquiera en la noche más despejada, el cielo está limpio. Hacia el sector del Ingenio se ve a lo lejos una nube amorfa, una bruma gris ratón, una especie de frente de tormenta que nunca llega.
Calilegua, Libertador y Pueblo Ledesma forman un triángulo geográfico en la punta de la bota jujeña. Libertador está unido a Pueblo Ledesma (barrio donde viven los trabajadores de la empresa) por un continuo de población... Y a Calilegua, por 10 kilómetros de la ruta 34. Son esos 10 kilómetros los que caminaban sobre la banquina de la ruta bordeada por cañaverales, medio centenar de trabajadores en los '80. Desde entonces, la Marcha en memoria de La Noche del Apagón se llamaba "La Semana Trágica de Ledesma".
Federico es el hijo de Hilda Figueroa. Tiene 19 años, la misma edad que tenía ella cuando la secuestraron en los furgones del Ingenio y pudo volver de los sombríos campos de concentración jujeños. Pero cuando volvió ya no era la misma: quedó discapacitada y nunca más pudo volver a caminar sin ayuda.
Hace años que Hilda participa de la Marcha; desde su combi sigue a la multitud. Para Federico es la primera vez, pero conoce bien el recorrido Calilegua-Libertador porque de niño lo transitaba ida y vuelta en bicicleta. "Esa es 'la Sala', allí se reúnen a tomar el té los Blaquier", explica frente al paredón infranqueable. Un cartel que prohíbe la entrada está tachado con aerosol.
A la derecha se alzan los cañaverales de cinco metros de altura. Algunos marchantes se pierden dentro y salen con un par de cañas cortadas de las que extraen el jugo para aguantar el solazo. A la izquierda, el Valle del Alto Calilegua se extiende en sus tornasoles.
Avanzan las banderas, y las piernas a paso firme. En cada usina eléctrica se detienen para pegatinar afiches contra "ese monstruo grande que pisa fuerte", como bautizó al Ingenio un ex alumno del Normal en donde Olga Arédez daba clases de Historia.
Y atrás quedan los cerros del Alto Calilegua y siguen su marcha los Aba, guaraníes que reclaman sus tierras usurpadas por ese otro Ingenio, San Martín del Tabacal, que fuera de "El Patrón" Costas como lo llamaban sus trabajadores, y ahora está en manos de Seabord Corporation. Avanzan Rosa Bru, la madre de Miguel, y Miriam Medina, la mamá de Sebastián Bordón; Susana Verón, otra madre del Dolor que lleva a su nieta de la mano; las organizaciones sociales, políticas, sindicales, de Derechos Humanos; los trabajadores desocupados de la CCC, de la Tupác Amaru; la Universidad de Madres de Plaza de Mayo; las murgas que no se cansan de murguear... Hasta los perros marchan.
Y la Marcha parece un fotomontaje. Lejos está Ledesma de ser Tilcara, Purmamarca, o Humahuaca. Su atractivo no es turístico, lo que la embellece entre tanto cañaveral y tierra arrasada son los miles y miles llevando colores, que han venido desde tantos lugares para hacer tanto ruido y música y baile, que cantan y ríen frente al dolor y la ausencia, que comparten la ruta un sólo día al año; cuando Ledesma se viste de fiesta en una Marcha de siete colores, y se despabila embroncada por tanta injusticia durante décadas.
"Ledesma, cagones, ustedes contaminan y secuestran en furgones", canta la Marcha entera. Adelante, una Ranger abre paso guiando el canto con megáfono. Las Madres primerean con la bandera azul y blanca: "Madres de detenidos-desaparecidos. Pdo. de Ledesma, Jujuy" a la altura de la panza y sobre los pies que se asoman intermitentes y pasan por los galpones de fruta de los Blaquier, por un canal de riego, por un mega monumento al Gauchito Gil; enfilan derecho, hacia la Plaza de Libertador para el cierre de la Marcha y el entierro de Olga.
Y cuando llegan todos se agolpan: quienes acompañaron a Olga desde un inicio y quienes se suman ahora. Luis, uno de los cuatro hijos de los Arédez, toma la urna con sus cenizas y las vuelca en absoluto silencio junto a una Santa Rita, muy parecida a la que crece en el fondo de la casa de su madre. Y el "Olga Arédez... ¡Presente!, Olga Arédez... ¡Presente! , Olga Arédez... ¡Presente!" da cierre al ritual.
Finalizado el acto en la plaza, una de las Madres platenses, Edna Copparoni de Ricetti, decide salir a caminar, quiere volver a la plaza. Lleva tres marchas encima, y había conocido a Olga. "Nunca salgas sin este", le había dicho en su primera marcha al entregarle el barbijo para protegerla de la contaminación.
A Edna la acompaña una compañera, las dos van en silencio. "Llegamos", dicen al unísono una vez en la plaza. Entonces la compañera comienza a caminar el círculo de los pañuelos pintados, despaciosamente Edna se acerca a la tumba. Cree oír la voz de Olga y se queda largo rato. "Me voy", se escucha. Y se sienta a la sombra de un árbol.
Bajo el árbol parece repasar mentalmente la carta que desde Catamarca envió para el acto Adriana Arédez, una de las hijas de Luis y Olga: "cuenta una leyenda del pueblo azteca que cuando un guerrero muere su alma se transforma en mariposa. Entonces te llamaré mariposa, compañera que has cubierto tu cabeza de blanco". Edna mira lejos, hacia la entrada de Ledesma, y cree ver que ese cielo tiznado que amenazaba tormenta, ahora se muestra amplio aunque sin estrellas, a la hora sin sombra.
"Perdí el trabajo, pero gané en salud"
"Ustedes pueden ver las villas de emergencia, es incomprensible para nosotros que a medio kilómetro esté la empresa más grande de Latinoamérica. Olga decía que la única solución era la expropiación de tierras a Ledesma". Ricardo Arédez, uno de sus cuatro hijos de Olga, hace referencia al contraste entre los que tienen todo gracias a los que no tienen nada en Ledesma.
Las villas miseria se engrosaron tras los despidos masivos por parte del Ingenio. Entre 1200 y 1300 trabajadores quedaron desocupados en los '90. Cada uno de los dos mil que sobrevivieron a los despidos está obligado a realizar el trabajo de tres, en épocas de pleno empleo, a cambio del salario más bajo en 40 años.
"Si el salario básico para una familia es de 1800 pesos, los que quedan en Ledesma se alegran cuando les ofrecen 800 o 900 pesos", dice Eduardo Martínez empleado de Ledesma entre el '66 y 1990. "Aporté con mi salud, mi dinero, mi trabajo hasta que me echaron sin aviso... y no podré jubilarme".
En San Martín del Tabacal y San Isidro de Salta, los trabajadores de los ingenios lograron jubilarse por envejecimiento prematuro y agotamiento, justicia que llegó a través del decreto 4257 del '68 que reconoce que los trabajos en las industrias de azúcar, celulosa y papel son riesgosos e insalubres. Los ex trabajadores de Ledesma toman estos casos como testigo. "Empezamos a hacer denuncias en la Dirección Provincial del Trabajo pero no nos llevaban el apunte así que decidimos hacer cortes de ruta y manifestaciones", explica Martínez.
"En Ledesma, sacando a los comerciantes y algunos finqueros, el resto es ledesmadependiente. Si vos te metés contra el Ingenio, tus hijos no entran a trabajar y si están trabajando, los echan. Si les hacés juicio y les ganás, te avisan que echarán a tus parientes que están en la empresa". Eduardo Martínez resume el mapa laboral de la zona, pero no se lamenta: "cuando me echaron me hicieron un favor: gané en salud. Hoy estaría enfermo como mis compañeros".
El amparo que necesita Ledesma
"Acá los corticoides corren como aspirinas. En un polo de contaminación como este, tener una farmacia es un gran negocio", dice Hilda Figueroa quien desde hace décadas vive en Libertador General San Martín. En el centro comercial de Libertador, llama la atención el número de farmacias por cuadra. En ciertas esquinas se cuentan por cuatro.
Olga Arédez, que murió por la contaminación que abulta los dividendos farmacológicos en la zona de Ledesma, no quiso ser indemnizada por su enfermedad aunque pudo haberle iniciado juicio al Ingenio por daños y perjuicios. En lugar de dinero, prefirió que la Justicia abriera una causa contra la empresa por contaminación ambiental. Por eso, antes de morir presentó ante los Tribunales de Jujuy un recurso de amparo contra Ledesma por violación del derecho a la salud. Si la causa prospera, la empresa se verá obligada a realizar las obras de infraestructura necesarias para evitarle a otros la bagazoosis (enfermedad que afecta las vías respiratorias por la inhalación del bagazo, desecho de la caña), que Olga sufrió.
Tras la muerte de Olga, es el Comité para la Defensa de la Salud, la Ética Profesional y los Derechos Humanos (CODESEDH) quien se encarga de llevar la causa a partir de su amparo, el primero presentado ante la justicia jujeña. Ninguno de los vecinos de Libertador General San Martín se había animado antes a litigar contra la única fuente de trabajo de la zona. Hoy, al CODESEDH tampoco le está resultando fácil la tarea.
La peña de cierre de la Marcha por el Apagón realizada en la noche del 28 de julio en el Club Herminio Arrieta, del barrio Herminio Arrieta en Libertador, iba menguando. Muchos ya se habían ido; sólo quedaba un par de grupos en ronda. Alarmado, se acercó Ricardo Arédez, uno de los hijos de Olga y contó que al CODESEDH "en la ruta a San Salvador les robaron las pruebas".
Los profesionales de esa Ong habían partido para la capital jujeña tras el cierre de la Marcha. Llevaban las fotocopias de toda la documentación de la causa contra Ledesma. En mitad de la ruta "les sustrajeron varios elementos de importancia bajo circunstancias bastante extrañas", según la Secretaría de DDHH, CTA, La Plata; y les robaron las fotocopias de la documentación.
Tras el hecho, el CODESEDH decidió efectuar la denuncia ante las autoridades policiales de San Pedro, la localidad más próxima al escenario del episodio, y solicitar la investigación del delito y su posible conexión con el desarrollo de ese proceso judicial con el que le rinden homenaje a Olga.
Instantáneas en marcha
Son las 9.30 y el jueves es luminoso. En el patio central del Normal en el que Olga Arédez daba clases, Olga Morales cuelga como ropa en tendedero las fotos, reverso con reverso. Va armando la muestra de fotografías y los chicos en guardapolvos se van agolpando para verlas.
Las fotos son un derrotero en instantáneas de las distintas machas del Apagón: Olga marchando con el puño en alto; la mamá de Sebastián Bordón, Miriam Medina, en la marcha de 2003; banderas y banderas de HIJOS, de la Comisión de Apoyo a las Madres de detenidos desaparecidos de Ledesma en Buenos Aires; una montaña de bagazo con hombres en la cima como alpinistas, entre esa especie de arroyos que chorrean hacia la base el químico que debe desintegrarlo.
"Mi gran sueño es hacer una mega exposición de fotos el año que viene, que comience en México y baje hasta Tierra del Fuego, y a la vez ir documentando movimientos sociales y DDHH", dice Olga Morales que se autodefine como fotógrafa documentalista, por su compromiso y el homenaje a los que no están.
"Viví 15 años añorando la pizza de Güerrin, el sabor de las Cerealitas, el dulce de leche Gándara", recuerda de su exilio en Suecia durante los '70. "Cuando volví, ya Güerrin había cambiado de dueño y no tenía las mismas pizzas, las Cerealitas no tenían ni grasa ni manteca, y el dulce de leche de cualquier marca era parecido". Dice que en Argentina vivirá siempre escindida, como en dos lugares a la vez.
Ahora está en Venezuela mostrando sus fotos. Y antes, sus fotos estuvieron por Brasil, Chile, India, Suecia, Uruguay... con un único objetivo: llevar a cada rincón las experiencias de lucha de este lado del Ecuador.
PODER CON OLOR A BAGAZO
Por Yamile Socolovsky *
Los pocos kilómetros de marcha entre Calilegua y Ledesma bastan para sintetizar cómo el poder económico se articuló con el represivo durante la última dictadura militar. En estos pueblos la vida económica, política y cultural fue marcada a fuego por la explotación de una única empresa. Resulta brutalmente evidente cómo el aparato represivo del Estado dictatorial ejecutó un plan para quebrar toda posibilidad de resistencia frente al modelo de acumulación del capital pretendido por los sectores dominantes, que transformó radicalmente la estructura económico-social.
Mientras estuvo cerrada la posibilidad de actuar penalmente contra los represores, las investigaciones realizadas y los testimonios reunidos permitieron echar luz pública a esta trama de complicidades. Casos como el de la Mercedes Benz, la Ford, los Astilleros Astarsa en Tigre y Río Santiago en Ensenada, demuestran que esta trama no se urdió por azar.
Crecía la movilización de masas, acompañada por un desarrollo de las organizaciones populares. Amplios sectores pretendían un mundo mejor y más justo. Frente a estas mayorías, el designio de las minorías sólo podía cumplirse a sangre y fuego. La alianza represiva se construyó entre todos los actores que vieron amenazados sus privilegios y estaban dispuestos a poner a nuestro país en sintonía con las transformaciones operadas a nivel mundial: la reconversión del modelo de expansión capitalista, la cruzada contra cualquier pretensión de una política autonomista y popular en países de la periferia.
La conducción eclesiástica, las sindicales burocráticas, y parte de la política, fueron cómplices del plan represivo. Los grupos económicos locales concentrados, las multinacionales, los bancos y los organismos financieros internacionales, fueron quienes cobraron los beneficios.
Son estos que en Libertador tienen nombre y apellido, los Arrieta - Blaquier, y los otros pocos que quisieron construirse un país a medida, despojando a los otros muchos. Estos que se beneficiaron de la persecución, el asesinato y la desaparición de miles, tienen que dar cuenta de estas y otras muertes: las de la represión, pero también las que dejó el hambre, el desamparo y la desesperanza.
La anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final ha permitido comenzar a desandar el camino de la impunidad. Pero para avanzar en la lucha contra el poder económico y político responsable del saqueo de la Argentina, debemos construir una fuerza popular aún mayor. Porque ellos todavía están allí...
En las calles de Libertador, la presencia opresiva del poder del Ingenio se respira en el aire quemado que envenena los pulmones, en su olor aceitunado, en el silencio que se torna audible cuando es quebrado por el testimonio. El paso de la marcha parece hacer aflorar las voces que vuelven a hablar de un crimen que no cesa. Por esas voces volvemos, como siguiendo los pasos de una Madre que dio vueltas en la plaza, una y otra vez, desafiando a ese poder desmesurado.
* Secretaria de DDHH CTA La Plata-Ensenada
Pactos de sangre
"Contra un cine que hoy se cree liberado, para el que nada es tabú... excepto la lucha de clases". Con esta fraseprologa su documental "Diablo, Familia y Propiedad", Fernando Krichmar del Grupo de Cine Insurgente. Un travelling frenético por cañaverales lo inicia. Es quizás la cámara subjetiva que representa a El Familiar, mito del Norte argentino que toma forma de pájaro, perro, gato, viborón, mujer, un hombre alto con sombrero vestido de negro... según dicen quienes escucharon sobre él. Y cuentan que El Familiar "recorre Orán en forma de gendarme o policía en camioneta, y eso es sugestivo", cierra su intervención con una mueca irónica en plano americano el antropólogo Gastón Gordillo, y continúa el documental.
Entonces algunos lugareños aseguran que El Familiar sale en mitad de la noche, cuando se apaga la luz en la fábrica, para desaparecer a una o dos personas. Sale del sótano de ingenios norteños como Ledesma o San Martín del Tabacal, donde cuentan que vive. "Hay una relación de continuidad histórica entre los apagones de El Familiar y el Apagón de Ledesma", subraya Gordillo .
Eran sólo tres o cuatro los integrantes del Grupo de Cine Insurgente cuando en el '96 comenzaron con la producción de "Chunyajai" (Nuestra manera de hacer las cosas) y decidieron viajar por primera vez al Norte en el auto que puso un amigo porque "tenía que ablandarlo". El objetivo era registrar la lucha de wichis, chorotes, tobas y chiriguanos por las tierras de dos lotes fiscales del Chaco Salteño. Allí, entre los ancianos, escucharon hablar de El Familiar y del pacto entre el Diablo y los patrones de los ingenios en el que acuerdan que deben alimentarlo con sangre de los trabajadores para que la cosecha sea buena.
Fue entonces, y frente al desconcierto de Fernando por lo que había encontrado sin buscar, que un indígena le sugirió que todo eso debía tener que ver con la represión, que habría que ir a un pueblo donde hubiera habido represión, un pueblo como Ledesma. "Y es lo que hicimos. Así nació 'Diablo, Familia y Propiedad'".
Ya son 14 personas las que integran el grupo de Cine Insurgente, "pero todavía nos bancamos vendiendo los videos. A veces reinvertimos en el grupo lo que ganamos de nuestros propios trabajos".
Fernando Krichmar es psicólogo además de realizador: "La clave de la Psicología es la escucha. Como decía Yupanqui: ´Las cosas se cuentan solas, sólo hay que saber mirar. Es un poco eso, mantener la capacidad de asombro´", piensa lo que dice Fernando. Y hace lo que piensa: "Estudié en la Escuela Provincial de Cine y TV de Rosario, que es una de las pocas de tradición documental, que sigue la escuela de Fernando Birri de los '50. Cine Insurgente toma esa línea porque creemos que el medio audiovisual puede provocar modificaciones de conducta y de conciencia, y las provoca".
Fernando recuerda la reacción de los espectadores al ver "Diablo..." en las villas del Gran Buenos Aires: "siempre hay alguien que nació en el Norte; levanta la mano y dice que todo es como dice la película". Hoy, prácticamente no hay círculo de militantes por los Derechos Humanos o de personas interesadas en lo que sucede en el interior, que no haya sentido nombrar el documental.
Y para Fernando, haber elegido un tema poco tratado, tiene un su saldo positivo. "En Ledesma tuve un escenario privilegiado: una fábrica de 380 mil hectáreas, 50 mil habitantes y un solo dueño, la lucha de clases esta clarísima".
volver
* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
BAJAR
LA NOTA(60kb)
|