NÚMERO 33 - AGOSTO 2005

Los zurdos crecen en un mundo hecho al revés
LA MINORÍA SINIESTRA


Hace no mucho se les ataba la mano izquierda para encauzarlos hacia el buen camino. Aún hoy padecen discriminaciones de los que la mayoría diestra se desentiende: el idioma, los abrelatas, las calesitas y el mundo entero está diseñado contra ellos. Pero los izquierdos están dejando de ser un grupo marginal. Ya existe un "Día Internacional del Zurdo", que este mes se conmemora por trigésima vez. La Pulseada los homenajea dedicándoles un artículo en el que el autor y todos los entrevistados son zurdos.
Por Daniel Badenes

"A mí me mandaron a una maestra especial que me ataba la mano izquierda atrás para que escribiera con la derecha", cuenta la antropóloga Adriana Archenti, que se crió en un pueblo chico en una época en la que ser zurdo era malo, muy malo.

"Antes de ir al colegio, me hicieron todo un aprestamiento para que pudiera escribir con la derecha. Por eso soy zurda contrariada. Es muy dramático que a una criatura le aten la mano para impedirle escribir naturalmente". Y que le reprochen tantas otras cosas, como sostener un cuchillo: "mi madre, de acuerdo a la ideología de la época, todavía piensa que es un signo de mala educación cambiar los cubiertos. De modo que ser zurda siempre fue una situación de alejarse de la norma social y de las buenas costumbres". Por eso la reivindicación: "sigo usando la mano izquierda a muerte, me resistiría a hacer cualquier otra cosa con la derecha que escribir; de hecho cuando me canso de escribir con la derecha escribo con la zurda, con ambas manos tengo mala letra... Además me di el lujo de tener dos hijos zurdos sobre tres, no sé hasta donde habré influido en eso".

El guitarrista Diego Vera, que tuvo que invertir las cuerdas de su instrumento, no padeció tanto su condición gracias a la comprensión de su padre: "En los talleres de guitarra que había en la escuela, jamás te daban vuelta las cuerdas. Aprendí música porque mi viejo también era zurdo. Si hubiese sido diestro, no hubiese aprendido a tocar, a menos que tuviera una inquietud muy grande". Hoy él mismo da clases de guitarra y cree que, también en la música, contrariar a un zurdo "limita su potencial, porque es un impulso del cerebro. No va a rendir lo mismo un zurdo que toca como zurdo, que uno que toca como diestro".

Distintas estadísticas dicen que los izquierdos representan el 13% de la población mundial. Y esos son los conscientes: también hay muchas personas que ni siquiera saben que son predispuestas-zurdas: fueron domesticadas por el mundo diestro, que los condena a vivir contra-natura. 13 es, también, el día de agosto en el que se conmemora el día mundial de los zurdos. Esa jornada, hace tres décadas, se fundó en Kansas la Organización Internacional de Zurdos. El primer impulso lo dieron los golfistas, para los que agarrar el palo con la izquierda era un verdadero problema. Pero con el tiempo otros fueron adquiriendo conciencia de que la sociedad los discriminaba y se sumaron a la movida.

"Distintas culturas identifican la izquierda con ciertos valores y la derecha con otros valores", explica Archenti: "el término 'siniestra' está representando todo lo oscuro que hay detrás de la zurdera. Se la asocia con las cosas naturales, con lo indómito, con la brujería, con aspectos interdictos de la cultura. En la India, por ejemplo, los intocables son los únicos que pueden tener contacto con las excrecencias del cuerpo, y ese contacto se realiza con la izquierda; además, el limpiarse determinadas partes del cuerpo se hace con la izquierda".

A contramano y a contrapié
A raíz de esas creencias, muchas veces los chicos propensos al uso de la mano maldita fueron obligados a ser "normales". Y cuando la diestra e incomprensiva sociedad logró su objetivo, el muchacho pasó a ser "ambidiestro". ¿Por qué no lo llamaron, en todo caso, ambizurdo? Sucede que la valoración negativa y la intolerancia de una sociedad diseñada conforme a derechos se extiende hasta el lenguaje. Por eso el zurdo, sinónimo de lo siniestro, es aquel que hace las cosas "al contrario de como se debían hacer". Una persona diestra, por el contrario, es hábil, sagaz, benigna, venturosa, prevenida y avisada (...avisada de que el mundo está hecho para esa mayoría intolerante).

Para algunos diccionarios ser zurdo significa ser torpe, inepto, tortuoso, descontrolado o engañoso. En ruso, la palabra equivale a "poco confiable". Débil es un sinónimo de "izquierda" en el inglés antiguo; falso en el italiano; sesgado en el francés; ilegal en el polaco; avergonzado o confuso en alemán; y sigue la lista.
En ese contexto, "levantarse con el pie izquierdo" no es, como aparenta, una frase sin sentido. El ensañamiento con la zurda deriva en una supuesta mala suerte si con ella se da la primera pisadita del día. También por eso es que "hacer las cosas por izquierda" es malo, en tanto concretarlas "por derecha" es lo justo, legal, razonable y legítimo. Por cortesía, en todos los encuentros -entre diestros y diestros, entre diestros y zurdos, ¡incluso entre zurdos y zurdos!- se saluda estrechando la mano derecha.

La sociedad, no obstante, ha ido evolucionando. Ya no se corre el riesgo medieval de ser arrojado a la hoguera. También se ha abandonado progresivamente el didáctico método de los docentes que ataban al pupitre la mano subversiva de sus alumnos desviados, enseñándoles que no hay peor cosa que ser como uno mismo.
Sin embargo, aún hoy los zurdos constituyen una minoría discriminada. El ingeniero Leandro Gailhac, integrante de ese grupo, opina que "hay discriminaciones que pueden ser evidentes, por raza, por color, por sexo… le hacen sentir al discriminado conscientemente eso. En el caso de la discriminación al zurdo, la gente ¿normal? ni se da cuenta de eso; para ellos es natural y no es fácil darse cuenta de que uno se tiene que adaptar constantemente a abrelatas, guitarras o miles de cosas que se nos presentan a diario". Para Gailhac, ser zurdo significó encontrar "dificultades cotidianas desde chico, con juguetes, utensilios, herramientas, e ir superándolas silenciosamente, ya que pocos se dan cuenta de que el mundo está hecho 'al derecho', salvo nosotros, los que encaramos las cosas desde el otro perfil".

Así es: todo el Universo es diestro, excesivamente diestro. "Los relojes, las galaxias, los electrones, incluso los genes del ADN giran hacia la derecha", escribe Rodrigo Fresán. Las que no giran como las agujas del tiempo son las calesitas, lo cual eso dificulta que los zurdos puedan agarrar la sortija, que está siempre a la derecha del caballo montado.

El rechazo se vive desde chiquito: las cucharas de bebés, torcidas rumbo a la boca de los diestros, van a contramano de la alimentación de los zurdos.
"Así como no hay rampas para sillas de ruedas en todos lados, tampoco se toma en cuenta al zurdo como se debería", opina Diego Vera.

La discriminación silenciosa
El mundo está diseñado a diestra y... diestra. Los ejemplos contrarios a la naturaleza zurda son impensados y se descubren con la experiencia. Archenti cuenta que cuando aprendió a conducir "cruzaba las piernas y pisaba el acelerador con la pierna izquierda". Y es lógico: los autos responsabilizan a la extremidad derecha de dos pedales que requieren una sensibilidad que no todos tienen de ese lado.

"Si muchos de los elementos cotidianos están pensados para diestros, la proporción es aún mayor cuando se trata de instrumental específico", dice Gailhac, de profesión ingeniero químico: "todo el instrumental de laboratorio, de precisión, está hecho para ser usado con la mano derecha. Muchas veces intenté dar vuelta buretas para poder hacerlas gotear con mi mano izquierda, pero las medidas me quedaban del lado de atrás; o tuve que calibrar una balanza o introducir muestras o dar cualquier tipo de órdenes a máquinas con mi mano derecha. Y eso hablando sólo de mi vida profesional... ya ha pasado con los pupitres como estudiante o en mi propia cocina...".

La lista es interminable: abrelatas, tijeras, sacapuntas, reglas, lapiceras estilográficas, pupitres, videogames, cierres de pantalones, cajas registradoras con palanca, teclados de computadoras, cámaras fotográficas, guitarras, violines, saxofones, molinetes del subte, palos de golf, cartas de póker...

Para combatir la discriminación de los objetos, han surgido comercios que venden artículos diseñados especialmente. Hasta ahora se han desarrollado en los países del Norte, aunque los argentinos pueden comprarlos por Internet. "Nuestros productos consiguen dar soluciones prácticas a problemas cotidianos con los que tienen que enfrentarse los zurdos", dicen desde Zurdolandia, una empresa española creada hace ocho años.

La existencia de esas tiendas quedó reflejada en octubre de 1991 en The Simpsons, cuando Ned Flanders dejó su trabajo para abrir una. Lo que resulta contradictorio es que esa iniciativa, propia de una zurdera militante, la haya tenido el vecino ultra-religioso de la serie de Fox: porque la Biblia, libro preferido de ese personaje, es completamente contraria a los proclives a la izquierda. En el Nuevo Testamento, San Mateo asegura que quienes se encuentren a la izquierda de Dios el día del Juicio Final, no serán escuchados: "entonces dirá a los de su izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles". Como muestran las pinturas del cristianismo y a esta altura resulta obvio, el Diablo usaba su mano más siniestra. Al contrario, las bendiciones y la señal de la cruz deben hacerse con la derecha.

Sin embargo, pese al ensañamiento de religiosos y laicos contra ellos, los zurdos han demostrado que pueden soportar la discriminación y ser tanto o más creativos, inteligentes y hábiles que los que creen ser como el diestro Dios manda.
El macedonio Alejandro Magno creó el primer imperio moderno y diseñó la primera ciudad planificada, y era zurdo. Lo fueron Carlomagno, Julio César, Juana de Arco, Napoleón Bonaparte, Simón Bolívar, Winston Churchill, Mahatma Gandhi y Neil Armstrong. Y en las mentes brillantes de Albert Einstein, Isaac Newton, Leonardo Da Vinci, Pablo Picasso, Lewis Carroll, Mark Twain y Franz Kafka también estaba esa tendencia.

Se viene el zurdaje
Hace un par de años, la señora que almorzaba en la tele preguntó si se venía el zurdaje. Tenía otros motivos, pero en algo acertó: el porcentaje de izquierdos crece día a día. "Los zurdos siempre estamos dispuestos a ver zurdos, y yo cada vez veo más", advierte Archenti: "creo que eso ha dependido de la prohibición y el levantamiento de la interdicción sobre la zurdera".

Y no sólo son más: encima, se destacan. El nuevo ídolo deportivo nacional, Manu Ginóbili, es tan zurdo como Diego Maradona y Guillermo Vilas. También lo es el pibe Lionel Messi, estrella del seleccionado sub-20.

Diego Vera adhiere a la idea de que hay actividades en las que los zurdos son mejores, "porque el impulso nervioso es más rápido; esto en el deporte se nota bastante". El otro ámbito privilegiado sería el arte. La lista de músicos zurdos es larga, e incluye desde Mozart y Beethoven hasta Jimi Hendrix, Bob Dylan, Charly García y Atahualpa Yupanqui. Entre los actores y actrices zurdos se encuentran Charles Chaplin, Woody Allen, Marilyn Monroe, Demi Moore, Jim Carrey, Tom Cruise, Robert De Niro, Robert Redford, Nicole Kidman, Peter Fonda, Greta Garbo, Julia Roberts, Brad Pitt, Keanu Reeves y siguen las firmas.

La antropóloga Archenti cree que si hay cierta superioridad es resultado del "esfuerzo de adaptación que implica aprender a manejarse en un mundo que no está hecho para nosotros". Por su parte, Gailhac sugiere que "en muchos casos ser zurdo puede provocar frustración... Quizá la clave pase por darse cuenta de la condición de zurdo y tomarla con humor".

Conscientes de que son cada vez más, los proclives a la izquierda guardan la esperanza de que algún día la tortilla se de vuelta. Entonces reirán con siniestras carajadas cuando un diestro desventurado pida ayuda para abrir una lata de arvejas.

La ciencia sin respuestas
A fines del siglo XIX, el historiador inglés Thomas Carlyle intentó explicar la superioridad numérica de los diestros con una teoría bastante curiosa: en las luchas de la antigüedad sostenían el escudo con la mano izquierda para proteger el corazón; entonces las armas se utilizaban con la diestra y así ésta se convirtió en la mano dominante.

Hasta mediados del siglo XX, ciertos médicos asociaban la zurdera a la demencia o la dislexia. La explicación científica en boga recién se extendió en las últimas décadas de ese siglo. "Cuando yo era chica, siendo mi padre médico, no había explicación a mano sobre por qué uno era zurdo; más bien parecía o un error de la naturaleza o del individuo. Parecía haber cierto empecinamiento en el zurdo en comportarse mal", cuenta Archenti y dice que la teoría actualmente aceptada "tiene que ver con esta preeminencia de uno u otro hemisferio cerebral. En los zurdos tiene preeminencia el hemisferio cerebral derecho y en los derechos, el hemisferio izquierdo". Ese hallazgo no hace más que trasladar la pregunta un poco más arriba: ¿por qué predomina uno u otro hemisferio? Ahí se acabaron las respuestas.

No obstante, la referencia al cerebro introduce una cuestión que la antropóloga zurda considera "valorativa", pues suele decirse que el hemisferio izquierdo controla la racionalidad, el pensamiento lógico y la capacidad de abstracción; en tanto el derecho se asocia con la creatividad y las emociones: "Así, por carácter transitivo, los zurdos seríamos los emocionales, los dados al arte y quizá no muy racionales".
Los estudiosos siguen arriesgando teorías, con sesgos discriminatorios variados. En 1992, Stanley Coren publicó El síndrome zurdo y asoció esa condición a traumas prenatales: para este psicólogo de la Universidad de la Columbia Británica en Canadá, los humanos son "diestros por naturaleza y la zurdera no es más que el resultado de alguna complicación durante el embarazo".

En síntesis, hasta ahora los científicos no han podido explicar fehacientemente las razones por la que un crío sale zurdo. En verdad, tampoco han justificado por qué los otros resultan ser diestros. Y aunque la preocupación siempre se centrará en los (supuestamente) anormales, es evidente que para los científicos una cosa es tan desconocida como la otra.

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