NÚMERO 33 - AGOSTO 2005

Miguel Trafipán, músico mapuche
HOMBRE DE PALABRA

"No se comporten como indios" nos retaba la maestra, ignorando la masacre, el destierro y el desprecio que hacia ellos se ha cometido. Varios pueblos originarios han resistido a los ideales hegemónicos de nuestros "próceres" que han escrito y han borrado con el codo la otra historia.
Baruyo charló con el músico mapuche Miguel Trafipán, quien corrigió a la maestra: "Traten de ser un poco más indios"

Hace unas semanas participamos de la fiesta del Sol aborigen (ver recuadro) que marca el inicio de un nuevo año medido en lunas. De aquella experiencia surgieron las ganas de ahondar en el tema. Pero como todo, se fue derivando y las preguntas no se agotaron.

-¿Qué otras fiestas existen además de la del Sol?
-Ceremonias para cuando hace falta algo, con cánticos religiosos y danzas rituales dedicadas a una rogativa. Se le ruega a un ser supremo que no tiene ni el nombre ni la forma de Dios, se piensa en un ser supremo, sea el Sol, la Luna o algún astro. Kamaruco es una rogativa que se hace cuando hay sequía: se ruega por buen tiempo, por agua. Se hace en cualquier momento, cuando hace falta hacerlo. Después, anualmente, sin una fecha definida, se hace el Nguillatún que es cuando se agradece a la tierra por lo que nos da.

-¿Y a la lluvia?
-Yo soy bastante escéptico con las cosas muy milagrosas, pero siempre que se hace alguna ceremonia, llueve. Esa fiesta dura tres días con sus noches y sin parar se danza en un lugar sagrado que se elige. Se hace un pocito en la tierra donde se va a ir depositando todo lo que la tierra nos da. Se tiene todo cortadito en unas vasijas. Es la forma simbólica de devolverle a la tierra lo que nos dio.

-Yo he visto marchas indígenas reclamando por tierra con imágenes cristianas, como una virgen.
-Sí, claro; se ha producido un sincretismo, una mezcla entre lo pagano y lo religioso. Nosotros festejamos el año nuevo ahora, pero sabemos que el Sol no se mueve con todo el universo. Sabemos que el Sol, respecto de la Tierra, no se mueve.

Pueblo aguerrido
-Los grupo indígenas, ¿tienen lenguajes diferentes?
-No. Hay regionalismos como en cualquier idioma, tonadas. Acá había diferentes naciones: la más grande era la Mapuche, que quiere decir "tierra y gente". Pero estaban los diaguitas, comechingones, tobas. Muy pocos usaron la palabra Mapuche históricamente. A nosotros se nos denominó araucanos. Nos lo puso Valdivia en 1519 cuando llegó a Chile, lugar que también ocupábamos. Nosotros nos autodenominamos Mapuche. Dentro del mundo indígena siempre hubo peleas. Por ejemplo, entre Aoniken y Mapuche. Tal es así que aquel grupo ha desaparecido y se lo ha estudiado como Tehuelche, que en realidad es el nombre que le puso despectivamente el mapuche. Quiere decir "bruto", "tosco".

-¿Y el nombre de los tobas de dónde viene?
-Se ganaron ese nombre porque para no obedecer a los españoles se hacían los que no entendían. Toba significa "piedra", como algo duro. Los Incas fueron una nación imperialista; ellos siempre sometieron a los pueblos a tal punto que en el norte de Argentina hicieron desaparecer a muchos de ellos. El pueblo mapuche ha sido bien aguerrido. El Imperio Inca cayó muy pronto, si se lo compara con la nación Mapuche... Nosotros hemos resistido 400 años.

-¿Cuál es el nombre verdadero de América para ustedes?
-Nosotros no teníamos una noción de América como tal. Ocupábamos un lugar de la Patagonia que llegaba hasta acá cerca en la provincia de Buenos Aires.

-¿No sabían que existía todo esto?
-No, no se sabía. Ni Colón sabía que esto era América. Si los Incas pusieron algún nombre, no definía a toda América. El inca no sabía que más allá del Canal de Panamá había tierra.

-¿Tienen algún animal sagrado?
-Tenemos adoraciones a la serpiente, a la culebra y animales mitológicos como el tigre. Hay una leyenda muy linda que cuenta de animales. Cuando uno va a Esquel pasa por un cerro que se llama "Nahuel Pan". Nahuel es tigre y Pan es apócope de pangui, que es puma, entonces el cerro se llama tigre, puma. El cerro es un elemento muy práctico para el paisano, para el indio. Es muy útil para saber cómo va a estar el tiempo con tan solo mirar si esta cubierto de nieve, de nubes, etcétera. Este cerro es altísimo y desde la cima hasta la mitad, es rojo. La leyenda cuenta que empezó a aumentar la cantidad de gente y no había espacio para transitar libremente. Deciden que el puma o el tigre debían desaparecer. Ahí, en el cerro más alto, se pelean. Cuando se desgarran, la sangre cae. El puma fue el vencedor y el cerro quedó de color rojo.

"A fuerza de pólvora y látigo"
-¿El cristianismo llegó a prohibir ceremonias?
-No lo han conseguido. Lo que si han logrado es ir matando la cultura. Perito Moreno, de quien hay muchas calles con su nombre, ha sido uno de los tipos más traidores. Él y Valentín Sayhueque (el cacique más bravío que había en el valle de Río Negro) eran compadres. El cacique le dio a su hijo mayor de ahijado, entonces Francisco Perito Moreno vivía en las tolderías de Sayhueque. Hizo anotaciones de todo lo que le mostraban, en particular lo relacionado con el territorio. Gracias a eso, el ejército de Roca pudo matar al cacique. Al resto de los indios los llevaron a pata durante cuatro meses. Más de mil kilómetros, hasta un puerto en el sur y de allí a la zona de la Boca. Ahí descargaron a los indios y los encerraron en los galpones del ferrocarril y al poco tiempo empezó la repartija de indios para el trabajo. Los tenían encerrados, les tiraban comida hasta que los repartían. Todo esto pasó en 1885. Muchos fueron al sótano del Museo de La Plata en donde funcionaba un especie de "campo de concentración". Si bien la esclavitud había sido abolida, se repartían a las mujeres para la servidumbre, a los hombres para las estancias de los tenientes, generales y sargentos... También se repartían a los chicos, pero a todos por separado: ninguno quedaba con su familia y si a algún teniente se quedaba con varios hermanos, hacían que no se conozcan entre ellos.

Todos ganaron su botín de guerra. Desmembraron las familias. También se recompensaba económicamente a los que mataban indios. Para comprobarlo, debían llevar las orejas, pero al ver indios sin orejas, comenzaron a pedir como prueba, los testículos. Encarnizada tarea de aniquilar.

Si me preguntan si soy chileno o argentino, digo que soy mapuche... Y si me han obligado a usar documento, es sólo por fuera. No te pueden cambiar la sangre. Yo tengo los pies bien puestos en la tierra, sé que hablar de corrido el idioma de mis ancestros es muy utópico, pero sí se puede mantener algunas cosas. Es mucho lo que se borró y a fuerza de pólvora, de látigo.

-¿Es una pelea eterna la de mantener su cultura?
-Sí, a veces le doy tanta razón a Marx cuando dice que la religión es "el opio de los pueblos", porque la religión aplacó mucho al guerrero. En el sur el mapuche mantiene parte de su cultura, pero mezclada con el cristianismo. Hay algo que se llama "memoria ancestral". Yo la tengo. Tengo una memoria que si me pongo a hablar parece que me volví 500 años atrás, y me revelo contra Valdivia que en vez de venir a hablar, vino a matar. Recuerdo muy claro lo que me decía mi viejo: que tengamos mucho cuidado porque no se podía hablar la lengua mapuche. Estaba prohibido y si alguien la hablaba no faltaba el puestero que iba a buchonear. Esa fue una forma de hace callar y que se olviden los idiomas.

La tierra, divino tesoro
-¿Marcelo Tinelli compró tierras que eran de su familia?
-Él compró un campo y la mitad era de mi bisabuelo y de mi abuelo. Pero la culpa no es de Tinelli... Él tiene plata. La culpa es el Estado. El Estado está con Benetton, un tipo que compró kilómetros de campo. El Estado no pone límites a la cantidad de tierra que uno puede tener. El tipo compró una parte tan grande de tierra que quedaron dentro un montón de estancias chicas y una estación del tren Trochita Angosta. Él se quedó con la estación y en el casco de una estancia armó un museo indigenista. ¿Pero qué hace al mismo tiempo? Desaloja a los indios. Los quiere únicamente en el museo. Sin embargo, había un matrimonio mapuche que todavía vivía ahí y comenzó a ser defendido por un abogado que yo conozco. La orden de desalojarlos estaba firme y el matrimonio es sacado de su lugar. Benetton, como "es bueno", los deja vivir en lo que era la estación. De paso, los turistas los pueden ver, porque la estación queda frente al museo. También pide que se saque la casa, una chocita de adobe. Y el Estado, así como le prestó en un momento a Gendarmería, le cedió Vialidad Nacional y la voltearon. Quedó una especie de lomita larga. Nadie puede imaginar que alguien vivió allí muchos años. Los gobiernos de Chubut y de Río Negro declararon a Benetton ciudadano ilustre.

-Cuando usted iba al colegio, y le mostraban parte de la historia que tiene que ver con la realidad de los indígenas, ¿qué sentía?
-Cuando era chico no sabía. Hay una cosa que yo debo contar: mi bisabuelo era un solitario; mi abuelo siguió la misma costumbre de vivir solo con su familia, hasta que en 1937 nace en Esquel lo que se llamó Gendarmería, "centinela de la Patria". Gendarmería desaloja a indios y a comunidades mapuches enteras a pedido de los fundadores de Esquel, ya que las tierras son muy buenas. El Estado mandó la Gendarmería a desalojar y al que se negaba, lo prendían fuego con rancho y todo. Muchos, como no había alambrado, se fueron con chivo y todo. Varios murieron en el camino y el resto se fue más para el lado de la cordillera. En el 37 desalojaron a mi abuelo. Nunca se supo qué hizo el Estado con la tierra; teóricamente eran para el Ejército argentino, porque si hay algo que sobra son los milicos. Ellos se encargaron de desalojarlo. Yo recuerdo: era muy pequeñito cuando llegó; yo crecí y había un viejito que era mi abuelo.

-¿Y su familia?
-Mi padre fue puestero desde los 15 años y también vivía solo en el campo con su mujer. En el 78, en el tiempo de los milicos, en el diario El Cordillerano salió una noticia que a mí me llamó la atención, que decía "Anteproyecto Trafipán 2000". Figuraba un mapa en el diario y la laguna "Trafipán". Se llamaba como mi bisabuelo porque antes los lugares tenían el nombre de quien vivía ahí. ¿Qué era el Trafipán 2000? Un cerro de 2000 metros de altura que no tiene ni una roca, ni un árbol, ni nada, liso, lleno de nieve, ideal para hacer una pista de Sky. No se llegó a hacer, pero todavía recuerdo cómo me sorprendió ver esa noticia.

Hay que ser un poco más indio
-¿Alguna vez se sintió discriminado?
-Cuando era chico en la escuela había una maestra que no me quería, me discriminaba. Ella decía en clase que no había que comportarse como un indio. Cuando yo llegaba tarde o me mandaba alguna macana, la maestra se aprovechaba de eso y los chicos se reían.

-¿Qué le diría a la gente?
-Lo que le digo a los chicos es que traten de ser un poco más indios. Hay que amar a la naturaleza. El mundo la está pasando mal... ¿Cuánto más va a durar? Lo que me queda de la memoria antigua, ancestral, que me enseñó mi padre, es el respeto y la idea de que siempre hay que hacer algo, que no hay nada mejor que ganarse lo que uno come. Yo de chiquito ya era peón de patio, ese era mi cargo. Y en el campo, el patio es grande. Tenía que juntar huesos, mantener todo limpio. Cuando nos sentábamos a la mesa le sentíamos un sabor especial a la comida, porque sentíamos haberla ganado.

Una vez al mes había que sacar los yuyos del arroyo, limpiarlo, porque el agua salía de un manantial y de ahí iba por el arroyo. A la mañana, con ese agua bendita, bendita para nosotros, nos lavábamos la cara. Haber nacido con la idea de que el agua era bendita, nos daba mucha fortaleza.

Otra costumbre que teníamos era la de elegir, de chicos, un árbol. En cuántos menos años nos pasaba, mejor augurio. El árbol tiene que demostrarte que creció y en muy pocos años pasa la altura de los hombres, por más de que uno elija uno pequeño, que solo le llega a las rodillas. El poder es lo que mentaliza a la gente. Cuando la gente está solitaria, como mi bisabuelo o abuelo, transmite otra cosa.

-¿La cultura mapuche no tuvo escritura?
-No. El sentido de no tener escritura, dicen los más viejos, es que el hombre tiene que valerse de sus palabras. El hombre tiene que ser de tal madera que la palabra tiene que valer más que el papel. Donde aparezca la escritura, es muy probable que aparezca la trampa. Y sí, con la escritura apareció la trampa. Una de las cosas que yo digo es que no nos guiemos tanto por los papeles, y que cumplamos con lo que decimos. Quiero que confíen: yo voy a hacer esto. No me pidan que lo firme, yo lo hago. Eso es tratar de rescatar con hechos, con actos. Antes existía la ley de la palabra. Tenés palabra, sos un hombre de palabra. Yo lo soy. Hoy soy un hombre urbano, a tal punto que toco instrumentos musicales que no tienen nada que ver con lo mapuche, pero no dejo de serlo. Y tengo que subsistir. Si hay algo que quiero dejar bien en claro, es que es mentira que los indios sean atrasados. Sentimos de otra forma. En cualquier lugar del país se dice, por ejemplo, "compórtense bien, parecen indios". Yo soy indio.
Entrevista: Alejandro González, Iván Donaires López y Mario Miño

FIESTA DEL SOL ABORIGEN
Alrededor del fuego, distintas comunidades aborígenes celebraron en la semana del 21 al 25 de junio el Año Nuevo Aborigen y Fiesta del Sol. La ceremonia consiste en esperar al Padre Sol en vigilia para que retorne con nuevas energías a fecundar la Madre Tierra. Nosotros estuvimos ahí, compartiendo comida originaria, música y reflexionando mientras esperábamos el alba.

El frío de esa noche no frenó nuestra inquietud de ir a ver algo que, sólo en películas y en libros conocíamos. Estar ahí, alrededor del fuego, que parecía eterno, en una práctica prehispánica nos daba una sensación desconocida, que no éramos de ahí, que invadíamos, que estábamos solos. Pero el mismo calor de la fogata nos fue uniendo, sacando la timidez para empezar a charlar en grupo. En el transcurso de la noche hubo un casamiento mapuche y algunos se bautizaron tomando nuevos nombres de la etnia. Quizás el año que viene, nosotros también nos bautizemos.

Disfrutamos de sus historias y cantos, entramos en una sensación totalmente nueva, extraña: que el sistema o el hombre blanco estaban apoyados sobre tierras originarias que no les pertenecían, cosa que siempre sucede al revés. Entendimos lo importante que es valorar y cuidar la naturaleza; sentimos la necesidad de volver a vivir en ella. Ellos tienen la costumbre de agradecer a la Madre Tierra, enterrando en un pocito, como convidándole a ella lo que van a comer. Pero lo más importante para nosotros fue la fogata, que nunca falta en una comunidad aborigen. Esa fogata se lucía, era grande, dueña, eterna, fuerte, luminosa. En un momento nos dieron ramos de laureles; había que tirarlos al fuego y ahí nomás se consumirían todos nuestros males. También es ejemplo de grandeza, de crecimiento, porque apunta hacia arriba, busca crecer.

Pensar que en esa semana en todo el continente renacían, despertaban esas chispas de luz y calor que la conquista había apagado. Sentimos, también, lo importante que es para ellos ver ese fuego encendido que reúne a la gente en comunidad, en solidaridad y respeto para mezclarse en una historia en común. Porque, aunque no nos demos cuenta, todos en latinoamérica somos los nuevos indios del siglo XXI, oprimidos por "el hermano menor". Ellos al hombre blanco no lo ven como un personaje hegemónico; simplemente es "el hermano menor", al que todavía le falta crecer, que no entiende el mal que le hace a la Madre Tierra y a sus hermanos. Baruyo aprendió muchas cosas nuevas en esa noche alrededor del fuego.
Alejandro González

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