NÚMERO 32 - JULIO 2005

Red de Mujeres de la Federación Agraria Argentina

POR EL AMOR A LA TIERRA

Se animaron a dejar el lugar tradicional de colaboradoras del hombre para protagonizar la lucha por una vida digna en el campo. Fue una mujer, María Robotti de Bulzani, quien dio el "Grito de Alcorta" en 1912, cuando una huelga de pequeños productores explotados diera origen a la Federación Agraria Argentina. Es su ejemplo el que inspira a estas mujeres que hoy reclaman el derecho a vivir con sus hijos de y en la tierra que aman. Ellas encarnan una Argentina silenciosa y olvidada. Sin embargo, por ese mismo amor, respaldándose unas a otras, han encontrado una fuerza que no las deja darse por vencidas.

Por Daniela Godoy

"Mis abuelas me hacían tomar un puñado de tierra entre las manos para que sintiera su tibieza: es como el vientre de una madre". Susana Olego, Coordinadora de Nacional de la Red de Mujeres Federadas de la Federación Agraria Argentina (FAA), recuerda cómo aprendió siendo niña esa tibieza y cómo heredó de ellas, esas inmigrantes que amamantaron en el surco con dolor, el amor al suelo y la tenacidad para no bajar los brazos. Nació y creció en La Violeta, un pueblito próximo a Pergamino. Creció, se casó y tuvo hijas. Trabajó en el campo, codo a codo con su esposo. Habían logrado tener maquinarias, hasta que como ocurrió en la década del 90 con miles de pequeños productores, fueron excluidos y, lentamente, perdieron todo.

En ese entonces, agobiado, el marido de Susana le encomendó gestiones de las cuales nunca se había tenido que hacer cargo: "Culturalmente, las mujeres trabajábamos tanto como ellos, pero no sabíamos nada de nada. Ni los precios de lo que sembrábamos o lo que vendíamos, nada de los trámites del banco, nada de los mercados... ¡y por esa ignorancia nunca tomábamos decisiones! Si queríamos opinar, se nos respondía: '¿y qué sabés vos?' y se nos acallaba".

Preparadas para la casa y los hijos, para ayudar al hombre -como el modelo social manda-, aunque trabajaran a la par de ellos... Y al no tener conocimientos, las mujeres no podían decidir nada. El que manejaba todo era el marido. Susana tomó conciencia de esta desigualdad en el peor momento: "Cuando mi esposo comenzó a decirme '¿porqué no vas a la cooperativa, o a hablar con el gerente del banco?' me dije '¿qué pasa acá?'. Cuando reaccioné, ya era demasiado tarde. Sentí que eso no podía continuar y que necesitábamos capacitarnos, que si las mujeres teníamos obligaciones también teníamos derechos y derecho a hacerlos valer, derecho a opinar, a proponer...".

La semilla de la red
Una carta al por entonces Presidente de la FAA solicitando capacitación para las mujeres en contabilidad, liquidación, costos -todo lo que necesitaba saber quien trabajara en el campo-, y la favorable respuesta de la entidad instrumentando los cursos, permitió que muchas "Susanas" se fueran conociendo. Compartieron un proceso inédito para las mujeres rurales. Susana no quiso que a ninguna otra mujer le pasara lo que le había pasado a ella.

"Entre nosotras nos fuimos nucleando, y con mucha fuerza, porque desde ese momento ya no nos podían excluir de las discusiones: sabíamos de qué estábamos hablando. Los grupos de mujeres federadas nacieron en 1995. Costó y todavía cuesta, pero no aflojamos. Estamos en la FAA, pero tenemos nuestra autonomía. Nos comunicamos en la red, discutimos en grupo los temas y hacemos saber nuestra opinión a la entidad en lo que nos toca. Gestionamos a nivel comunal, provincial y nacional". A las mujeres, en su mayoría, no les cuesta incorporarse, y siempre hay algunas "que arremeten", dice Susana.

Dedicarse a la Red tiene sus costos, como no estar para los cumpleaños o para el primer día de clase de los hijos, pero vale la pena. Susana se emociona al recordar los primeros días: "Yo lo perdí todo, todo lo material, ¡pero he ganado tanto con lo que hemos logrado juntándonos! ¡Me siento tan enriquecida con el afecto de la gente! Y vamos creciendo, paso a paso. No pretendemos estar ni atrás ni delante de los hombres, sino a la par".

Unirse y pelear juntas también implica ganarle a la sensación de impotencia que se siente ante gobernantes indiferentes o ante la apatía de las personas quebradas que han bajado los brazos o se resisten a participar en un espacio de interés común.
Delegadas de todas las regiones del país donde se ha extendido la Red, se reúnen tres veces por año en la Mesa Coordinadora Nacional. Estos encuentros, además, permiten a muchas compañeras conocerse personalmente. El resto del año se mantienen en contacto por Internet y a través de Susana Olego, que viaja constantemente por las distintas zonas. Es en las reuniones nacionales donde se vivencia con más intensidad la diversidad de los problemas -y las semejanzas- y el espíritu de lucha de cada federada.

Muchas deben viajar hasta veinte horas para llegar a la sede de la reunión donde comparten los pesares y las alegrías de las distintas experiencias, donde cada una tiene el espacio para hablar de lo suyo para poder, juntas, pensar, aconsejar, opinar y planear acciones. Los desvelos por el trabajo y por la calidad de vida son los mismos, se trate de la región de la que se trate. Desde Salta, Jujuy, Mendoza, Córdoba, Chaco, Catamarca, Buenos Aires, Tucumán, Santa Fe, las delegadas representan un grupo promedio de diez a veinte mujeres.

La Red tiene una especial tarea de gestión de microemprendimientos productivos en función de las problemáticas de cada grupo, que obtienen financiamiento a través del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación (Programa Manos a la Obra), del Banco Nación y de otras entidades.

"Defendemos el arraigo y nuestra tierra. Por eso consideramos inaceptable el proceso de extranjerización de la tierra porque es la entrega de nuestro patrimonio nacional". En 2004 la Red participó en el Congreso de la Tierra en Buenos Aires y en el Foro Social de la Triple Frontera en Puerto Iguazú, donde la defensa de la soberanía nacional fue directamente vinculada con el status del agua como bien social y no como mercancía. El agua es un tema clave: "Empezamos abordando un problema de aguas contaminadas de una zona -en Catamarca, por el arsénico usado en las minas de oro-, y resulta que en Jujuy o en el Chaco, también hay tóxicos o residuos industriales que arruinan el agua. Siempre terminamos en algo grande; todo está relacionado... Intereses muy grandes nos afectan. ¡La calidad del agua y la contaminación son problemas comunes en todo el país!".

Como no se habla de esto en los medios de comunicación, es necesario concientizar de red en red. Además, la unión las fortalece y entonces no dudan en atravesar fronteras: "En el 2001 participamos en Montevideo de un encuentro con AMRU -Asociación de Mujeres Rurales Uruguayas- y tras la crisis estamos trabajando para concretar este año una segunda reunión en Argentina, con la Comisión Nacional de Fomento Rural y AMRU. El tema será el agua como bien a preservar y el intercambio de experiencias que fomentan el protagonismo de las mujeres de campo de cada país".

La paradoja del oro azul
Con los grandes recursos acuíferos que tenemos, en demasiadas regiones del campo argentino la escasez del agua es una realidad cotidiana que abofetea. Las federadas no necesitan leer estadísticas que hablan del crecimiento demográfico y del desequilibrado aumento del consumo -a una tasa tan grande que se calcula que en 20 años en 48 países habrá escasez del "oro azul"-, para que las federadas asuman la defensa del recurso como una cuestión de vida o muerte. Las cifras mundiales de los organismos que alertan sobre la defensa de los recursos naturales, aseguran que un 80% de las enfermedades se relacionan con el agua. "Adherimos a las campañas lanzada por distintos foros que impulsan una consulta popular, junto con las próximas elecciones, para declarar al agua potable como bien público y social y, por lo tanto, no privatizable, y al saneamiento como prioridad. Desde el año pasado, estamos difundiendo con mayor ímpetu que nunca la recolección de firmas, charlas y estamos en todas las actividades que podemos, luchando por nuestra soberanía y nuestro derecho a vivir", sienta posición la Red.

Ana María Vilela tiene unos sesenta y pico de años viviendo y trabajando incansablemente en Metán, Salta. Estaba vinculada a la FAA cuando se formó la Red de Mujeres y se unió con entusiasmo para poder salir adelante: con microemprendimientos para la fabricación de dulces, la producción de escabeches de cerdo y carne vacuna, pickles y explotación de frutales, su grupo intenta superar el estancamiento de la región. Los proyectos son financiados por el Ministerio de Desarrollo Social -programa "Manos a la Obra"- vía FAA. Según ella, Metán está peor aún que el resto del Noroeste Argentino. Sobre todo padece la falta de agua y, de la poca existente, la calidad es pésima: "Sufrimos muchas enfermedades. En el hospital, los médicos nos han informado que las piedras de la vesícula se deben al sarro del agua. Para colmo, la empresa prestadora quiere colocar medidores domiciliarios". Los fletes son imposibles de afrontar. "Cuando queremos tratar con los gobernantes locales o provinciales, no tenemos eco y además, si sos mujer, lo único que te puede abrir puertas es ser una cara bonita".

Amelia e Hilda Ledesma vienen del sur del Chaco, tierra rodeada de ríos pero donde el agua escasea a tal punto que en Villa Ángela el suministro de agua es cortado doce horas para abastecer a otra localidad vecina. Hilda vive en zona urbana y Amelia en el campo, donde la electricidad le cuesta casi un 50% más: 80 pesos por mes y sin tener instalaciones. El mayor de los seis hijos de Amelia se resistió, como tantos otros, a dejar el campo y quiere, con ella, seguir intentando. Cuentan con Proyectos pro Huerta, otros del INTA -Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria- y proyectos del Ministerio de Desarrollo Social para pelear la subsistencia trabajando su tierra. Amelia dice que hay gente que se acerca "sólo cuando salen los proyectos" y que no consiguen organizarse en cooperativas para abaratar los costos de los fletes. "La gente no cree más en nada", suspira. Pero no se desanima: se han aprobado varios de los proyectos que permitirán instalar criaderos de cerdos, confecciones textiles y producciones hortícolas para Villa Ángela. El año anterior, la sequía había arruinado la producción que llevan a la Feria Franca Municipal, pero eso no fue lo más grave: "Alternando con la sequía, las inundaciones han contaminado el suelo; plantamos zapallitos y salieron con hojas blancas, debido a los agroquímicos que dispersaron las aguas desbordadas". Amelia lamenta no haberlos fotografiado, pero sus compañeras no lo precisan, conocen el problema en su propia tierra.

Han sido las mujeres las que aportaron a la FAA la inquietud por el mal uso de los agroquímicos, que está provocando muchas enfermedades: "Si hay que convivir con estos productos, tenemos que cuidarnos. Insistimos en el triple lavado de los recipientes, porque la toxicidad permanece por mucho tiempo. Se recorre cada casa o se organizan encuentros en algún campo para hablar con varias familias. Los equipos más modernos traen una aparatología que aísla el material de las manos, pero la mayoría de los pequeños productores no los tienen y los recipientes se reutilizan. Trabajamos contra la contaminación del agua y de la tierra en todas las regiones" explican.

Para impulsar el reciclado de residuos y la conservación del suelo, las federadas de Bragado, en la provincia de Buenos Aires, recorrieron toda su zona timbreando e insistiendo mucho con la gente que arroja pañales en las calles, no recicla las pilas, etc. Dan charlas sobre el biosistema y sobre el triple lavado de los recipientes de agroquímicos.

Silvia Pascual vive en Colonia El Toro, partido de Carlos Tejedor. Allí han organizado, con alumnos de la escuela, una "junta de bidones de glifosato", un herbicida muy poderoso que sólo es resistido por la soja transgénica que diseñó la misma empresa que vende el glifosato. "El fumigador avisa dónde los dejó y dónde trabajó, pero, ¿y si no lo hace?" y recuerda que "antes se agujereaban para que no se volvieran a usar, pero el veneno queda igual. Por algo en los equipos más modernos, el matayuyo va directo del tanque a la mochila".

Perder la tierra, perder el alma
La Coordinación de la Red realiza capacitación sobre impuestos por todas las regiones, dada la imperiosa necesidad de los productores que ignoran cuántos son, cuánto cuestan y cómo liquidarlos. Esto se relaciona directamente con la falta de escrituras de las tierras y las diferencias de las reglamentaciones catastrales y de rentas de cada provincia que ocasionan infinidad de problemas para pagar impuestos y establecer legalmente la propiedad de los condominios. Los no entrenados en la burocracia retorcida, no llegan a titularizar su parcela o campo; tampoco, a la hora de pagar los impuestos que corresponden, dividir un condominio, porque la división es cara.

La delegada santafesina de Gregoria de Denis habla con indignación del problema de la tenencia de la tierra: "No podemos consentir que nos sigan pisoteando de esta manera" y relata que en Fortín Olmos apareció, de un día para otro, un particular que reclamaba ser "el dueño del pueblo". En los papeles, lo era: el pueblo figuraba adosado a la escritura de su campo. Liliana Vidoret, en cambio, dice: "En San Martín, Mendoza, si quiero puedo escriturar una sola hectárea dada la legislación de condominio, pero en San Luis, por ejemplo, un campo en sucesión es uno, pero figura como 20 campos distintos que pagan diferente". La representante de Villa Hernández, ubicada en la bonaerense Henderson, describe cómo terminan mal vendidas las tierras de los condominios a quienes aprovechan los problemas de escrituración de los productores o grupos que, con 10 hectáreas, cada uno con título de propiedad, no saben cómo hacer si los impuestos están indivisos. En los hechos el sistema favorece la relatifundización.

"Hay que exigir que se ordenen entre sí los organismos que intervienen en la titularidad de los campos, que tengan un solo padrón" dicen todas, aunque saben que ese descalabro tiene mucho que ver con el manejo feudal de las provincias.
Liliana, la mendocina, cuenta que en su zona tuvieron que llevar adelante estrategias "de presión" que aprendieron sobre la marcha, para destrabar los financiamientos acordados el año pasado a distintos proyectos de microemprendimientos que habían sido aprobados, pero que no se habían pagado: "Parece que se quedan en el camino, o algo turbio los frena. Y al tener que reenviar los proyectos con los mismos montos, perdés porque si el año pasado podías comprar tres cosas, ahora podés comprar dos, o una". Es largo el camino que recorre un proyecto desde su elaboración, su presentación ante el organismo correspondiente, hasta la resolución: las federadas van poniéndose al día con el seguimiento, con la persistencia en los reclamos y, a los tumbos, se van haciendo expertas en una burocracia que relacionan con la desigualdad. Además de esto, en el departamento de San Martín están abocadas a apoyar una fábrica de dulces recuperada y el grupo va creciendo: "Las más decididas de nosotras son las que han tenido que asumir el rol de jefas de hogar".

Soberanía alimentaria
La semilla que dio origen a la Red fue la capacitación que demandó una mujer para otras mujeres. Y como saber es poder, un eje central son los cursos sobre la legislación y sobre otros aspectos necesarios para producir: costos, redes de comercialización de los productos, leyes sobre la conservación del suelo y la recuperación de la capacidad reproductiva de la tierra. Entre otros temas, conocen de biotecnología: las federadas combaten el virtual "arrendamiento de semillas" -las regalías extendidas-, una virtual privatización de los recursos genéticos vía patentamiento en vegetales como la soja transgénica.

La FAA denunció a Monsanto Company por violar la legislación nacional ante la Unión Europea cuando a principios de este año, la empresa amenazó con embargar las exportaciones de granos de soja Argentina en el exterior alegando un derecho de propiedad. Pero la semilla transgénica no fue patentada por Monsanto Argentina sino que fue introducida en 1996 por una empresa vía el sistema de licenciamiento. Las multinacionales obtentoras de semillas reclaman el retorno de la inversión en programas de mejoramiento genético -que dan al productor mayor rentabilidad- y pretenden el cobro de regalías de las semillas que obtiene el productor (por eso se denominan "extendidas", cobran derechos más allá de la primera venta). La ley nacional 20.247, vigente en la actualidad, consagra a su vez el derecho del agricultor al uso propio de semillas, aunque una reglamentación del 1996 plantea algunas restricciones, en tanto que existen anteproyectos de ley de semillas ambiguos en cuanto a los desafíos que plantea la introducción de la biotecnología. Por otra parte, tratados internacionales como el de Recursos Filogenéticos para la Alimentación y la Agricultura consagran el derecho del agricultor a guardar semilla de su cosecha para que la siembre en su explotación como un factor de equilibrio entre los países ricos en biodiversidad y recursos genéticos básicos y los países ricos en tecnología. Otro ejemplo es el Convenio sobre Diversidad Biológica, ratificado por Argentina en 1992 y que garantiza a los estados derechos soberanos sobre los recursos genéticos, lo que implica el imperativo de garantizar el acceso a los mismos. El problema es que existen normativas fuertes de protección de la propiedad intelectual (como el Acuerdo TRIP's) y este conflicto se convierte en un tema de soberanía alimentaria a nivel mundial. "Hay que tener abogados amigos y estudiar las leyes, que cuando uno más sabe, menos lo joden" apunta la veterana Rosa Menna, de Villa Minetti, Santa Fe.

80 kilómetros
Rosa no afloja en sus gestiones para equipar el hospital de su zona, donde más de una mujer se baja del caballo a parir en el patio. Sueña con un mamógrafo y un equipo de rayos X y no se resigna a recorrer 80 kilómetros hasta la localidad santafesina de Tostado, donde está el quirófano más cercano. "¿Por qué no podemos tener nosotros cómo suturar una herida cortante? Dicen que hay que ir a Tostado, pero nosotros vivimos en Villa Minetti, no en Tostado". Es una de las más fervorosas integrantes del grupo; su humor y su aparente inocencia, esconden el torbellino que en realidad es. Recibió recientemente la Mención Margarita de Ponce de la Unión de Mujeres de la Argentina en reconocimiento a su lucha social. Cuando empezaba a viajar por las actividades de la red, no podía evitar marearse en los colectivos… y en un año, recorrió miles de kilómetros entre una reunión y otra, animando a la creación de otros grupos. "Estar en Buenos Aires para recibir ese premio junto a personalidades tan importantes, fue como un sueño, pero se lo debo a todo lo que compartimos juntas con mis compañeras". Se le llenan los ojos de lágrimas cuando les dedica la estatuilla.

Logró con años de gestiones e insistencia instalar un hogar para la tercera edad y, lejos de quedarse tranquila, participa de reuniones con representantes del Ministerio de Desarrollo Social para conseguir el hospital… aunque las reuniones se realicen en Tostado.

Susana Melicia de Berratarán, Córdoba, pertenece a un grupo que nació de una cooperativa agropecuaria y que actualmente está realizando una función social en la zona, en la cual hay un serio éxodo de las mujeres del campo a la ciudad. A varias de las que quedan, la resistencia de los maridos les dificulta acercarse al grupo. "El año pasado, un curso de panificación que hicimos permitió que un lindo grupito de mujeres se reuniera, y en la actividad se dio el espacio para plantear otras cosas… Pero este año cuesta mucho más; muchas se fueron". Susana, que supo ser maestra rural, piensa insistir casa por casa.

Noemí del Valle Sánchez es de San Pedro, cerca de la Quebrada de Humahuaca, Jujuy. Por trabajo se trasladó unos meses a otra provincia y su grupo se fue dispersando. Si los proyectos de financiamiento "Manos a la Obra" se aprueban este año, cree que la gente reaparecerá en las reuniones. Con el canto de baguala de su voz se lamenta: teme que lo poco que consiguieron no alcance para todos. Las dificultades para tomar responsabilidades muestran el quiebre de los sectores excluidos del trabajo que fueron perdiendo iniciativa y dignidad, acostumbrados por la política de las limosnas disfrazadas de planes. Norma detesta ese clientelismo que nunca rescata de la miseria. Por eso los proyectos que salieron para explotar miel de caña y derivados -entre otros- son el fruto de un esfuerzo que al mismo tiempo se gana enemigos: "¿Cómo podemos elegir a los destinatarios?". Deben resolver ahora la falta de espacio para sembrar: "Antes nos cedían 2 hectáreas por dos años, ya no. El Ingenio La Esperanza, que es el dueño de San Pedro, no cede ni un centímetro, les pedimos 30 hectáreas y nada. Vamos a acudir a la Fiscalía del Estado para explotar el costado de las rutas". La Red solicitará -vía la FAA- apoyo al gobierno provincial jujeño.

Los muertos son de nosotros...
En San Pedro los transformadores cancerígenos de PCB y el comportamiento contaminante de la industria tabacalera, matan a los maridos de vecinas de Noemí. Madres enfermas terminales -sin haber cumplido veinte años- dejarán cuatro o cinco criaturas huérfanas y agonizan con una paupérrima atención médica en la zona. Una propuesta de la red consiste en reformular un proyecto de dos años atrás -una sala móvil de medicina preventiva que tenía financiamiento de una fundación española- para la atención médica en San Pedro y la Quebrada. El drama no cederá, sin embargo, si persiste la letal contaminación y la indiferencia oficial. "Uno de los transformadores está instalado frente a la estación del INTA -ubicada a 10 cuadras de una usina- como desafiándonos, porque allí concurren muchas personas y sabemos que nos está matando… Resolvimos redactar una carta exigiendo a las autoridades el retiro del transformador cancerígeno, pero el jefe de la estación del INTA no quiso firmarla". La Coordinación Nacional de Mujeres Federadas resolvió hacerla circular por distintas organizaciones para reactivar el reclamo.

Amelia Ortega, está formando un grupo en Colonia del Valle, una territorio productivo a 30 kilómetros de San Fernando del Valle de Catamarca, con aproximadamente diez a quince mujeres, distribuidas en un área de 15 kilómetros, que se dedican a las hortalizas. Muchas como ella salen a las 4 de la mañana a vender en la Feria. "Aprendimos lo importante que es el mercado preparado: no sembrar sin saber cómo está el mercado, es un error". Está convencida de que los subsidios fomentan la vagancia porque la gente ha perdido, abandonada, la cultura del trabajo. "De mi parcela, alimento a los hijos de una vecina que tiene 8 chiquitos; les doy verdura, pero cuando les he ofrecido la changa de ayudarme a escarillar, no venía ni el más grande de los nenes… He hablado hasta el cansancio con la gente para construir pozos para enterrar la basura. En una extrema miseria, ¡mucha gente usa y quema la ropa que le dan!" Amelia parece abatida por este retroceso tan profundo que atribuye a los políticos, a quienes más de una vez fue a increpar por su cuenta a la Legislatura catamarqueña. "Una vez le dije a un diputado si sabía que a dos cuadras de su despacho la gente está viviendo en casas de nylon, y me miró extrañado… ¿por qué no recorre? ¡Fíjese!". Cuenta que Catamarca trae gente de Jujuy y de Chaco para cosechar algodón, y que, a un hachero chaqueño lo atraen porque le pagan $2,50 el día, un dineral comparado con lo que cobra en su tierra.

Relata todo esto pero sabe sonreír con esa alegría con la que habla de la Fiesta del Poncho en la que expondrá como la artesana que es. Cree que hay que unirse y continuar, y lo que le duele le duele porque es más consciente. "Tenemos que trabajar por recuperar el agua… ¡En la zona del Farallón Negro y Rojo, las minas de oro provocan la contaminación con arsénico! Y se sabe que de ese oro, se llevan toda la ganancia y nos dejan el veneno y las enfermedades a nosotros".

Se refiere concretamente a la mina Alumbrera, que representa una explotación de dos millones de onzas de oro. Las empresas que lo explotan, diluyen las regalías que deberían pagar (un 3%) en una serie de exenciones y beneficios impositivos. El 100% del oro extraído se exporta; el 100% de las divisas se liquidan en el exterior. La legislación no aplica retenciones. Además de la mina de Agua Rica también catamarqueña, hay minas en San Juan, Santa Cruz, Salta y Río Negro. Mientras todas esas riquezas son arrancadas del vientre de la montaña argentina, el pago para los argentinos es la muerte. Una ganga… para las empresas.

María… En todas partes viva
Estas mujeres son inquietas. Sueñan y pelean por la tierra que aman, por la dignidad que no pierden. Su lucha también pretende que otros argentinos dejen de vivir y pensar a espaldas del país interior, algo que desde los inicios de nuestra historia no ha cambiado mucho: mirar al Atlántico ignorando nuestra extensión, entregando nuestra riqueza, desdeñando a nuestra propia gente.

Son mujeres que anduvieron un camino personal para hoy, en orden y en desorden, resistir el éxodo, defender la tierra y la vida para todas, sin más muertes silenciosas. Anhelan que sus hijos puedan elegir si quieren vivir en el campo. Conquistando el uso de Internet para comunicarse a pesar de las distancias, viajando para reunirse, estudiando con dedicación, sentándose con funcionarios sin sentirse intimidadas, crecen y se descubren. Entre ellas, se sienten amigas, pasan el mate, toman nota, se consultan, se indignan por los mismos motivos. La riqueza de cada una, esa que alguna vez estuvo oculta para un día develarse y mostrarse con toda su fuerza como aquella María de Alcorta, es la semilla y la cosecha constante de la experiencia colectiva de la Red de Mujeres Federadas.

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