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NÚMERO
32 - JULIO 2005
Red de Mujeres
de la Federación Agraria Argentina
POR EL AMOR
A LA TIERRA
Se animaron
a dejar el lugar tradicional de colaboradoras del hombre para protagonizar
la lucha por una vida digna en el campo. Fue una mujer, María
Robotti de Bulzani, quien dio el "Grito de Alcorta" en
1912, cuando una huelga de pequeños productores explotados
diera origen a la Federación Agraria Argentina. Es su ejemplo
el que inspira a estas mujeres que hoy reclaman el derecho a vivir
con sus hijos de y en la tierra que aman. Ellas encarnan una Argentina
silenciosa y olvidada. Sin embargo, por ese mismo amor, respaldándose
unas a otras, han encontrado una fuerza que no las deja darse por
vencidas.
Por Daniela
Godoy
"Mis abuelas
me hacían tomar un puñado de tierra entre las manos
para que sintiera su tibieza: es como el vientre de una madre".
Susana Olego, Coordinadora de Nacional de la Red de Mujeres Federadas
de la Federación Agraria Argentina (FAA), recuerda cómo
aprendió siendo niña esa tibieza y cómo heredó
de ellas, esas inmigrantes que amamantaron en el surco con dolor,
el amor al suelo y la tenacidad para no bajar los brazos. Nació
y creció en La Violeta, un pueblito próximo a Pergamino.
Creció, se casó y tuvo hijas. Trabajó en el
campo, codo a codo con su esposo. Habían logrado tener maquinarias,
hasta que como ocurrió en la década del 90 con miles
de pequeños productores, fueron excluidos y, lentamente,
perdieron todo.
En ese entonces, agobiado, el marido de Susana le encomendó
gestiones de las cuales nunca se había tenido que hacer cargo:
"Culturalmente, las mujeres trabajábamos tanto como
ellos, pero no sabíamos nada de nada. Ni los precios de lo
que sembrábamos o lo que vendíamos, nada de los trámites
del banco, nada de los mercados... ¡y por esa ignorancia nunca
tomábamos decisiones! Si queríamos opinar, se nos
respondía: '¿y qué sabés vos?' y se
nos acallaba".
Preparadas para la casa y los hijos, para ayudar al hombre -como
el modelo social manda-, aunque trabajaran a la par de ellos...
Y al no tener conocimientos, las mujeres no podían decidir
nada. El que manejaba todo era el marido. Susana tomó conciencia
de esta desigualdad en el peor momento: "Cuando mi esposo comenzó
a decirme '¿porqué no vas a la cooperativa, o a hablar
con el gerente del banco?' me dije '¿qué pasa acá?'.
Cuando reaccioné, ya era demasiado tarde. Sentí que
eso no podía continuar y que necesitábamos capacitarnos,
que si las mujeres teníamos obligaciones también teníamos
derechos y derecho a hacerlos valer, derecho a opinar, a proponer...".
La semilla
de la red
Una carta al por entonces Presidente de la FAA solicitando capacitación
para las mujeres en contabilidad, liquidación, costos -todo
lo que necesitaba saber quien trabajara en el campo-, y la favorable
respuesta de la entidad instrumentando los cursos, permitió
que muchas "Susanas" se fueran conociendo. Compartieron
un proceso inédito para las mujeres rurales. Susana no quiso
que a ninguna otra mujer le pasara lo que le había pasado
a ella.
"Entre nosotras nos fuimos nucleando, y con mucha fuerza, porque
desde ese momento ya no nos podían excluir de las discusiones:
sabíamos de qué estábamos hablando. Los grupos
de mujeres federadas nacieron en 1995. Costó y todavía
cuesta, pero no aflojamos. Estamos en la FAA, pero tenemos nuestra
autonomía. Nos comunicamos en la red, discutimos en grupo
los temas y hacemos saber nuestra opinión a la entidad en
lo que nos toca. Gestionamos a nivel comunal, provincial y nacional".
A las mujeres, en su mayoría, no les cuesta incorporarse,
y siempre hay algunas "que arremeten", dice Susana.
Dedicarse a la Red tiene sus costos, como no estar para los cumpleaños
o para el primer día de clase de los hijos, pero vale la
pena. Susana se emociona al recordar los primeros días: "Yo
lo perdí todo, todo lo material, ¡pero he ganado tanto
con lo que hemos logrado juntándonos! ¡Me siento tan
enriquecida con el afecto de la gente! Y vamos creciendo, paso a
paso. No pretendemos estar ni atrás ni delante de los hombres,
sino a la par".
Unirse y pelear juntas también implica ganarle a la sensación
de impotencia que se siente ante gobernantes indiferentes o ante
la apatía de las personas quebradas que han bajado los brazos
o se resisten a participar en un espacio de interés común.
Delegadas de todas las regiones del país donde se ha extendido
la Red, se reúnen tres veces por año en la Mesa Coordinadora
Nacional. Estos encuentros, además, permiten a muchas compañeras
conocerse personalmente. El resto del año se mantienen en
contacto por Internet y a través de Susana Olego, que viaja
constantemente por las distintas zonas. Es en las reuniones nacionales
donde se vivencia con más intensidad la diversidad de los
problemas -y las semejanzas- y el espíritu de lucha de cada
federada.
Muchas deben viajar hasta veinte horas para llegar a la sede de
la reunión donde comparten los pesares y las alegrías
de las distintas experiencias, donde cada una tiene el espacio para
hablar de lo suyo para poder, juntas, pensar, aconsejar, opinar
y planear acciones. Los desvelos por el trabajo y por la calidad
de vida son los mismos, se trate de la región de la que se
trate. Desde Salta, Jujuy, Mendoza, Córdoba, Chaco, Catamarca,
Buenos Aires, Tucumán, Santa Fe, las delegadas representan
un grupo promedio de diez a veinte mujeres.
La Red tiene una especial tarea de gestión de microemprendimientos
productivos en función de las problemáticas de cada
grupo, que obtienen financiamiento a través del Ministerio
de Desarrollo Social de la Nación (Programa Manos a la Obra),
del Banco Nación y de otras entidades.
"Defendemos el arraigo y nuestra tierra. Por eso consideramos
inaceptable el proceso de extranjerización de la tierra porque
es la entrega de nuestro patrimonio nacional". En 2004 la Red
participó en el Congreso de la Tierra en Buenos Aires y en
el Foro Social de la Triple Frontera en Puerto Iguazú, donde
la defensa de la soberanía nacional fue directamente vinculada
con el status del agua como bien social y no como mercancía.
El agua es un tema clave: "Empezamos abordando un problema
de aguas contaminadas de una zona -en Catamarca, por el arsénico
usado en las minas de oro-, y resulta que en Jujuy o en el Chaco,
también hay tóxicos o residuos industriales que arruinan
el agua. Siempre terminamos en algo grande; todo está relacionado...
Intereses muy grandes nos afectan. ¡La calidad del agua y
la contaminación son problemas comunes en todo el país!".
Como no se habla de esto en los medios de comunicación, es
necesario concientizar de red en red. Además, la unión
las fortalece y entonces no dudan en atravesar fronteras: "En
el 2001 participamos en Montevideo de un encuentro con AMRU -Asociación
de Mujeres Rurales Uruguayas- y tras la crisis estamos trabajando
para concretar este año una segunda reunión en Argentina,
con la Comisión Nacional de Fomento Rural y AMRU. El tema
será el agua como bien a preservar y el intercambio de experiencias
que fomentan el protagonismo de las mujeres de campo de cada país".
La paradoja
del oro azul
Con los grandes recursos acuíferos que tenemos, en demasiadas
regiones del campo argentino la escasez del agua es una realidad
cotidiana que abofetea. Las federadas no necesitan leer estadísticas
que hablan del crecimiento demográfico y del desequilibrado
aumento del consumo -a una tasa tan grande que se calcula que en
20 años en 48 países habrá escasez del "oro
azul"-, para que las federadas asuman la defensa del recurso
como una cuestión de vida o muerte. Las cifras mundiales
de los organismos que alertan sobre la defensa de los recursos naturales,
aseguran que un 80% de las enfermedades se relacionan con el agua.
"Adherimos a las campañas lanzada por distintos foros
que impulsan una consulta popular, junto con las próximas
elecciones, para declarar al agua potable como bien público
y social y, por lo tanto, no privatizable, y al saneamiento como
prioridad. Desde el año pasado, estamos difundiendo con mayor
ímpetu que nunca la recolección de firmas, charlas
y estamos en todas las actividades que podemos, luchando por nuestra
soberanía y nuestro derecho a vivir", sienta posición
la Red.
Ana María Vilela tiene unos sesenta y pico de años
viviendo y trabajando incansablemente en Metán, Salta. Estaba
vinculada a la FAA cuando se formó la Red de Mujeres y se
unió con entusiasmo para poder salir adelante: con microemprendimientos
para la fabricación de dulces, la producción de escabeches
de cerdo y carne vacuna, pickles y explotación de frutales,
su grupo intenta superar el estancamiento de la región. Los
proyectos son financiados por el Ministerio de Desarrollo Social
-programa "Manos a la Obra"- vía FAA. Según
ella, Metán está peor aún que el resto del
Noroeste Argentino. Sobre todo padece la falta de agua y, de la
poca existente, la calidad es pésima: "Sufrimos muchas
enfermedades. En el hospital, los médicos nos han informado
que las piedras de la vesícula se deben al sarro del agua.
Para colmo, la empresa prestadora quiere colocar medidores domiciliarios".
Los fletes son imposibles de afrontar. "Cuando queremos tratar
con los gobernantes locales o provinciales, no tenemos eco y además,
si sos mujer, lo único que te puede abrir puertas es ser
una cara bonita".
Amelia e Hilda Ledesma vienen del sur del Chaco, tierra rodeada
de ríos pero donde el agua escasea a tal punto que en Villa
Ángela el suministro de agua es cortado doce horas para abastecer
a otra localidad vecina. Hilda vive en zona urbana y Amelia en el
campo, donde la electricidad le cuesta casi un 50% más: 80
pesos por mes y sin tener instalaciones. El mayor de los seis hijos
de Amelia se resistió, como tantos otros, a dejar el campo
y quiere, con ella, seguir intentando. Cuentan con Proyectos pro
Huerta, otros del INTA -Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria- y proyectos del Ministerio de Desarrollo Social para
pelear la subsistencia trabajando su tierra. Amelia dice que hay
gente que se acerca "sólo cuando salen los proyectos"
y que no consiguen organizarse en cooperativas para abaratar los
costos de los fletes. "La gente no cree más en nada",
suspira. Pero no se desanima: se han aprobado varios de los proyectos
que permitirán instalar criaderos de cerdos, confecciones
textiles y producciones hortícolas para Villa Ángela.
El año anterior, la sequía había arruinado
la producción que llevan a la Feria Franca Municipal, pero
eso no fue lo más grave: "Alternando con la sequía,
las inundaciones han contaminado el suelo; plantamos zapallitos
y salieron con hojas blancas, debido a los agroquímicos que
dispersaron las aguas desbordadas". Amelia lamenta no haberlos
fotografiado, pero sus compañeras no lo precisan, conocen
el problema en su propia tierra.
Han sido las mujeres las que aportaron a la FAA la inquietud por
el mal uso de los agroquímicos, que está provocando
muchas enfermedades: "Si hay que convivir con estos productos,
tenemos que cuidarnos. Insistimos en el triple lavado de los recipientes,
porque la toxicidad permanece por mucho tiempo. Se recorre cada
casa o se organizan encuentros en algún campo para hablar
con varias familias. Los equipos más modernos traen una aparatología
que aísla el material de las manos, pero la mayoría
de los pequeños productores no los tienen y los recipientes
se reutilizan. Trabajamos contra la contaminación del agua
y de la tierra en todas las regiones" explican.
Para impulsar el reciclado de residuos y la conservación
del suelo, las federadas de Bragado, en la provincia de Buenos Aires,
recorrieron toda su zona timbreando e insistiendo mucho con la gente
que arroja pañales en las calles, no recicla las pilas, etc.
Dan charlas sobre el biosistema y sobre el triple lavado de los
recipientes de agroquímicos.
Silvia Pascual vive en Colonia El Toro, partido de Carlos Tejedor.
Allí han organizado, con alumnos de la escuela, una "junta
de bidones de glifosato", un herbicida muy poderoso que sólo
es resistido por la soja transgénica que diseñó
la misma empresa que vende el glifosato. "El fumigador avisa
dónde los dejó y dónde trabajó, pero,
¿y si no lo hace?" y recuerda que "antes se agujereaban
para que no se volvieran a usar, pero el veneno queda igual. Por
algo en los equipos más modernos, el matayuyo va directo
del tanque a la mochila".
Perder la
tierra, perder el alma
La Coordinación de la Red realiza capacitación sobre
impuestos por todas las regiones, dada la imperiosa necesidad de
los productores que ignoran cuántos son, cuánto cuestan
y cómo liquidarlos. Esto se relaciona directamente con la
falta de escrituras de las tierras y las diferencias de las reglamentaciones
catastrales y de rentas de cada provincia que ocasionan infinidad
de problemas para pagar impuestos y establecer legalmente la propiedad
de los condominios. Los no entrenados en la burocracia retorcida,
no llegan a titularizar su parcela o campo; tampoco, a la hora de
pagar los impuestos que corresponden, dividir un condominio, porque
la división es cara.
La delegada santafesina de Gregoria de Denis habla con indignación
del problema de la tenencia de la tierra: "No podemos consentir
que nos sigan pisoteando de esta manera" y relata que en Fortín
Olmos apareció, de un día para otro, un particular
que reclamaba ser "el dueño del pueblo". En los
papeles, lo era: el pueblo figuraba adosado a la escritura de su
campo. Liliana Vidoret, en cambio, dice: "En San Martín,
Mendoza, si quiero puedo escriturar una sola hectárea dada
la legislación de condominio, pero en San Luis, por ejemplo,
un campo en sucesión es uno, pero figura como 20 campos distintos
que pagan diferente". La representante de Villa Hernández,
ubicada en la bonaerense Henderson, describe cómo terminan
mal vendidas las tierras de los condominios a quienes aprovechan
los problemas de escrituración de los productores o grupos
que, con 10 hectáreas, cada uno con título de propiedad,
no saben cómo hacer si los impuestos están indivisos.
En los hechos el sistema favorece la relatifundización.
"Hay que exigir que se ordenen entre sí los organismos
que intervienen en la titularidad de los campos, que tengan un solo
padrón" dicen todas, aunque saben que ese descalabro
tiene mucho que ver con el manejo feudal de las provincias.
Liliana, la mendocina, cuenta que en su zona tuvieron que llevar
adelante estrategias "de presión" que aprendieron
sobre la marcha, para destrabar los financiamientos acordados el
año pasado a distintos proyectos de microemprendimientos
que habían sido aprobados, pero que no se habían pagado:
"Parece que se quedan en el camino, o algo turbio los frena.
Y al tener que reenviar los proyectos con los mismos montos, perdés
porque si el año pasado podías comprar tres cosas,
ahora podés comprar dos, o una". Es largo el camino
que recorre un proyecto desde su elaboración, su presentación
ante el organismo correspondiente, hasta la resolución: las
federadas van poniéndose al día con el seguimiento,
con la persistencia en los reclamos y, a los tumbos, se van haciendo
expertas en una burocracia que relacionan con la desigualdad. Además
de esto, en el departamento de San Martín están abocadas
a apoyar una fábrica de dulces recuperada y el grupo va creciendo:
"Las más decididas de nosotras son las que han tenido
que asumir el rol de jefas de hogar".
Soberanía
alimentaria
La semilla que dio origen a la Red fue la capacitación que
demandó una mujer para otras mujeres. Y como saber es poder,
un eje central son los cursos sobre la legislación y sobre
otros aspectos necesarios para producir: costos, redes de comercialización
de los productos, leyes sobre la conservación del suelo y
la recuperación de la capacidad reproductiva de la tierra.
Entre otros temas, conocen de biotecnología: las federadas
combaten el virtual "arrendamiento de semillas" -las regalías
extendidas-, una virtual privatización de los recursos genéticos
vía patentamiento en vegetales como la soja transgénica.
La FAA denunció a Monsanto Company por violar la legislación
nacional ante la Unión Europea cuando a principios de este
año, la empresa amenazó con embargar las exportaciones
de granos de soja Argentina en el exterior alegando un derecho de
propiedad. Pero la semilla transgénica no fue patentada por
Monsanto Argentina sino que fue introducida en 1996 por una empresa
vía el sistema de licenciamiento. Las multinacionales obtentoras
de semillas reclaman el retorno de la inversión en programas
de mejoramiento genético -que dan al productor mayor rentabilidad-
y pretenden el cobro de regalías de las semillas que obtiene
el productor (por eso se denominan "extendidas", cobran
derechos más allá de la primera venta). La ley nacional
20.247, vigente en la actualidad, consagra a su vez el derecho del
agricultor al uso propio de semillas, aunque una reglamentación
del 1996 plantea algunas restricciones, en tanto que existen anteproyectos
de ley de semillas ambiguos en cuanto a los desafíos que
plantea la introducción de la biotecnología. Por otra
parte, tratados internacionales como el de Recursos Filogenéticos
para la Alimentación y la Agricultura consagran el derecho
del agricultor a guardar semilla de su cosecha para que la siembre
en su explotación como un factor de equilibrio entre los
países ricos en biodiversidad y recursos genéticos
básicos y los países ricos en tecnología. Otro
ejemplo es el Convenio sobre Diversidad Biológica, ratificado
por Argentina en 1992 y que garantiza a los estados derechos soberanos
sobre los recursos genéticos, lo que implica el imperativo
de garantizar el acceso a los mismos. El problema es que existen
normativas fuertes de protección de la propiedad intelectual
(como el Acuerdo TRIP's) y este conflicto se convierte en un tema
de soberanía alimentaria a nivel mundial. "Hay que tener
abogados amigos y estudiar las leyes, que cuando uno más
sabe, menos lo joden" apunta la veterana Rosa Menna, de Villa
Minetti, Santa Fe.
80 kilómetros
Rosa no afloja en sus gestiones para equipar el hospital de su zona,
donde más de una mujer se baja del caballo a parir en el
patio. Sueña con un mamógrafo y un equipo de rayos
X y no se resigna a recorrer 80 kilómetros hasta la localidad
santafesina de Tostado, donde está el quirófano más
cercano. "¿Por qué no podemos tener nosotros
cómo suturar una herida cortante? Dicen que hay que ir a
Tostado, pero nosotros vivimos en Villa Minetti, no en Tostado".
Es una de las más fervorosas integrantes del grupo; su humor
y su aparente inocencia, esconden el torbellino que en realidad
es. Recibió recientemente la Mención Margarita de
Ponce de la Unión de Mujeres de la Argentina en reconocimiento
a su lucha social. Cuando empezaba a viajar por las actividades
de la red, no podía evitar marearse en los colectivos
y en un año, recorrió miles de kilómetros entre
una reunión y otra, animando a la creación de otros
grupos. "Estar en Buenos Aires para recibir ese premio junto
a personalidades tan importantes, fue como un sueño, pero
se lo debo a todo lo que compartimos juntas con mis compañeras".
Se le llenan los ojos de lágrimas cuando les dedica la estatuilla.
Logró con años de gestiones e insistencia instalar
un hogar para la tercera edad y, lejos de quedarse tranquila, participa
de reuniones con representantes del Ministerio de Desarrollo Social
para conseguir el hospital
aunque las reuniones se realicen
en Tostado.
Susana Melicia de Berratarán, Córdoba, pertenece a
un grupo que nació de una cooperativa agropecuaria y que
actualmente está realizando una función social en
la zona, en la cual hay un serio éxodo de las mujeres del
campo a la ciudad. A varias de las que quedan, la resistencia de
los maridos les dificulta acercarse al grupo. "El año
pasado, un curso de panificación que hicimos permitió
que un lindo grupito de mujeres se reuniera, y en la actividad se
dio el espacio para plantear otras cosas
Pero este año
cuesta mucho más; muchas se fueron". Susana, que supo
ser maestra rural, piensa insistir casa por casa.
Noemí del Valle Sánchez es de San Pedro, cerca de
la Quebrada de Humahuaca, Jujuy. Por trabajo se trasladó
unos meses a otra provincia y su grupo se fue dispersando. Si los
proyectos de financiamiento "Manos a la Obra" se aprueban
este año, cree que la gente reaparecerá en las reuniones.
Con el canto de baguala de su voz se lamenta: teme que lo poco que
consiguieron no alcance para todos. Las dificultades para tomar
responsabilidades muestran el quiebre de los sectores excluidos
del trabajo que fueron perdiendo iniciativa y dignidad, acostumbrados
por la política de las limosnas disfrazadas de planes. Norma
detesta ese clientelismo que nunca rescata de la miseria. Por eso
los proyectos que salieron para explotar miel de caña y derivados
-entre otros- son el fruto de un esfuerzo que al mismo tiempo se
gana enemigos: "¿Cómo podemos elegir a los destinatarios?".
Deben resolver ahora la falta de espacio para sembrar: "Antes
nos cedían 2 hectáreas por dos años, ya no.
El Ingenio La Esperanza, que es el dueño de San Pedro, no
cede ni un centímetro, les pedimos 30 hectáreas y
nada. Vamos a acudir a la Fiscalía del Estado para explotar
el costado de las rutas". La Red solicitará -vía
la FAA- apoyo al gobierno provincial jujeño.
Los muertos
son de nosotros...
En San Pedro los transformadores cancerígenos de PCB y el
comportamiento contaminante de la industria tabacalera, matan a
los maridos de vecinas de Noemí. Madres enfermas terminales
-sin haber cumplido veinte años- dejarán cuatro o
cinco criaturas huérfanas y agonizan con una paupérrima
atención médica en la zona. Una propuesta de la red
consiste en reformular un proyecto de dos años atrás
-una sala móvil de medicina preventiva que tenía financiamiento
de una fundación española- para la atención
médica en San Pedro y la Quebrada. El drama no cederá,
sin embargo, si persiste la letal contaminación y la indiferencia
oficial. "Uno de los transformadores está instalado
frente a la estación del INTA -ubicada a 10 cuadras de una
usina- como desafiándonos, porque allí concurren muchas
personas y sabemos que nos está matando
Resolvimos
redactar una carta exigiendo a las autoridades el retiro del transformador
cancerígeno, pero el jefe de la estación del INTA
no quiso firmarla". La Coordinación Nacional de Mujeres
Federadas resolvió hacerla circular por distintas organizaciones
para reactivar el reclamo.
Amelia Ortega, está formando un grupo en Colonia del Valle,
una territorio productivo a 30 kilómetros de San Fernando
del Valle de Catamarca, con aproximadamente diez a quince mujeres,
distribuidas en un área de 15 kilómetros, que se dedican
a las hortalizas. Muchas como ella salen a las 4 de la mañana
a vender en la Feria. "Aprendimos lo importante que es el mercado
preparado: no sembrar sin saber cómo está el mercado,
es un error". Está convencida de que los subsidios fomentan
la vagancia porque la gente ha perdido, abandonada, la cultura del
trabajo. "De mi parcela, alimento a los hijos de una vecina
que tiene 8 chiquitos; les doy verdura, pero cuando les he ofrecido
la changa de ayudarme a escarillar, no venía ni el más
grande de los nenes
He hablado hasta el cansancio con la gente
para construir pozos para enterrar la basura. En una extrema miseria,
¡mucha gente usa y quema la ropa que le dan!" Amelia
parece abatida por este retroceso tan profundo que atribuye a los
políticos, a quienes más de una vez fue a increpar
por su cuenta a la Legislatura catamarqueña. "Una vez
le dije a un diputado si sabía que a dos cuadras de su despacho
la gente está viviendo en casas de nylon, y me miró
extrañado
¿por qué no recorre? ¡Fíjese!".
Cuenta que Catamarca trae gente de Jujuy y de Chaco para cosechar
algodón, y que, a un hachero chaqueño lo atraen porque
le pagan $2,50 el día, un dineral comparado con lo que cobra
en su tierra.
Relata todo esto pero sabe sonreír con esa alegría
con la que habla de la Fiesta del Poncho en la que expondrá
como la artesana que es. Cree que hay que unirse y continuar, y
lo que le duele le duele porque es más consciente. "Tenemos
que trabajar por recuperar el agua
¡En la zona del Farallón
Negro y Rojo, las minas de oro provocan la contaminación
con arsénico! Y se sabe que de ese oro, se llevan toda la
ganancia y nos dejan el veneno y las enfermedades a nosotros".
Se refiere concretamente a la mina Alumbrera, que representa una
explotación de dos millones de onzas de oro. Las empresas
que lo explotan, diluyen las regalías que deberían
pagar (un 3%) en una serie de exenciones y beneficios impositivos.
El 100% del oro extraído se exporta; el 100% de las divisas
se liquidan en el exterior. La legislación no aplica retenciones.
Además de la mina de Agua Rica también catamarqueña,
hay minas en San Juan, Santa Cruz, Salta y Río Negro. Mientras
todas esas riquezas son arrancadas del vientre de la montaña
argentina, el pago para los argentinos es la muerte. Una ganga
para las empresas.
María
En todas partes viva
Estas mujeres son inquietas. Sueñan y pelean por la tierra
que aman, por la dignidad que no pierden. Su lucha también
pretende que otros argentinos dejen de vivir y pensar a espaldas
del país interior, algo que desde los inicios de nuestra
historia no ha cambiado mucho: mirar al Atlántico ignorando
nuestra extensión, entregando nuestra riqueza, desdeñando
a nuestra propia gente.
Son mujeres que anduvieron un camino personal para hoy, en orden
y en desorden, resistir el éxodo, defender la tierra y la
vida para todas, sin más muertes silenciosas. Anhelan que
sus hijos puedan elegir si quieren vivir en el campo. Conquistando
el uso de Internet para comunicarse a pesar de las distancias, viajando
para reunirse, estudiando con dedicación, sentándose
con funcionarios sin sentirse intimidadas, crecen y se descubren.
Entre ellas, se sienten amigas, pasan el mate, toman nota, se consultan,
se indignan por los mismos motivos. La riqueza de cada una, esa
que alguna vez estuvo oculta para un día develarse y mostrarse
con toda su fuerza como aquella María de Alcorta, es la semilla
y la cosecha constante de la experiencia colectiva de la Red de
Mujeres Federadas.
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* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
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