 |
NÚMERO
30 - MAYO 2005
¿No aprendemos más?
Vaivenes
de la educación
Seis de
cada diez chicos menores de 13 años son pobres y tres de
cada diez son indigentes. En este contexto, la escuela se ha convertido
en uno de los más importantes ámbitos de contención:
más de un millón de chicos reciben alimento en las
aulas bonaerenses... Pero la educación se sigue deteriorando,
lo que ahonda las diferencias: hay profesionales de excelencia y,
al mismo tiempo, estudiantes que fracasan en la Universidad; tenemos
alumnos con un nivel educativo similar al de los países desarrollados
y chicos que no alcanzan el pobre nivel de los países africanos
más pobres. Hablar de educación es hablar de la Argentina.
Ni más ni menos.
Por Sabina Crivelli
Mediodía.
El olor a guiso envuelve todo el edificio de la escuela 59. El último
grupo de alumnos corretea entre la montaña de pupitres y
sillas rotas que yacen en el hall central. Esperan que les llegue
el turno para almorzar. "La biblioteca le cedió el lugar
al comedor", señala Alejandra Giribaldi, directora del
establecimiento. Y, aunque podría ser una metáfora
del sistema educativo, cuando lo dice describe una situación
concreta. En 122 y 604, en un predio frío en invierno y caluroso
en verano, donde las paredes se caen, las puertas se cierran sin
bisagras y las ventanas sin vidrios son la regla, funcionan los
tres ciclos de la EGB. Y mientras no se desplome, como en tantas
escuelas del país, a partir de las 11 de la mañana
se sirve el almuerzo en varias tandas. De 604 alumnos del turno
mañana, 580 dependen de lunes a viernes de esa comida. "La
mayoría de los chicos tienen las necesidades básicas
insatisfechas", dice Alejandra casi sin asombro. Por eso justifica
la decisión del traslado de la biblioteca a un rincón
inhabitable del edificio.
Y las metáforas del sistema educativo se multiplican. Sin
ir más lejos, el Consejo Escolar tiene designadas seis personas,
entre cocineros y ayudantes, pero a pesar del requerimiento de la
directora, no hay bibliotecaria. "Nunca asignaron ninguna.
En el 2003 mandé una nota, pero no fue suficiente. Necesitaban
más detalles del barrio y de la escuela", explica desde
la oficina de la dirección, que según dictaminaron
los responsables de Infraestructura y Mantenimiento de la cartera
educativa, está en peligro de derrumbe. "La escuela
está cumpliendo una función asistencialista. Los conflictos
en la cocina me llevan a que no pueda acompañar al docente
en lo pedagógico", explica Giribaldi, como convencida
de estar diciendo algo obvio.
Alejandra tiene 39 años y desde 2003 es directora de la escuela
59 de Villa Montoro. Vive cerca del Estadio Único y todos
los días toma dos colectivos para llegar a su trabajo. "Todavía
sueño con la escuela ideal y con los maestros que van a enseñar
para formar personas autónomas, responsables al votar".
Y recuerda los días en que jugaba a ser maestra. "Éramos
muy pobres. Vivíamos en una casilla, pero mis viejos lucharon
siempre y salieron adelante con el trabajo. Mi mamá limpiaba
casas, mi viejo cortaba el pasto. Había días que teníamos
el café con leche y nada más. Pero la educación
era diferente y si bien mis padres tenían sólo la
Primaria, ellos se preocuparon para que nosotros estudiáramos",
cuenta Alejandra. "Yo siendo pobre me pude educar. Por eso
pongo mucha esperanza en todos estos pibes".
Claro que la de su infancia era otra Argentina, la que todavía
permitía la movilidad social y donde la educación
era una vía de ascenso. El deterioro fue vertiginoso: en
1991 el 16 % de la población tenía las necesidades
básicas insatisfechas; al concluir la década, en 1999,
el número se había incrementado al 23,4 %.
Alejandra se encuentra todos los días con esas cifras: "Los
chicos vienen con muchas carencias. Las madres ya están mal
alimentadas en el embarazo y los nenes vienen con retrasos neurológicos.
Les cuesta más aprender. Se suma que están mal nutridos,
tienen la atención dispersa y muchos problemas de conducta".
Además, la mayoría de los alumnos no tiene útiles.
"Se los da la escuela. Las maestras deben hacer un relevamiento
para entregar guardapolvos y zapatillas. Por todo eso el ritmo de
aprendizaje es muy lento. Tenemos que adaptar los contenidos y fijar
nuestras pautas de promoción. Hay que hacer la planificación
curricular en base al conocimiento de los alumnos, y promovemos
en base a eso", explica la directora.
Un 10 en
desigualdad
Fernanda Silveti también es maestra pero en el colegio Cooperativo
San Simón de La Plata. Desde hace siete años, y junto
con otros compañeros del magisterio, da apoyo escolar en
el comedor El Charquito de 52 y 162. De esta experiencia ensaya
un promedio: "De alrededor de 250 nenes que pasaron por ahí,
sólo dos empezaron el Polimodal. Por ejemplo, un adolescente
de 15 años, de chico no aprendía y ahora comenzó
la educación para adultos. El hambre lo afectó en
lo neurológico. Se suma además que los nenes salen
de la escuela y se van a laburar con el carro, o sea que tampoco
tienen tiempo para hacer los deberes... Y también están
cansados porque trabajan de noche", relata.
Silveti no puede evitar la comparación: "En el colegio
privado tengo un montón de problemas resueltos. Los nenes
van todos los días habiendo desayunado en su casa y se llevan
las galletitas para la mitad de la mañana". Pero además,
Fernanda señala las diferencias entre las escuelas estatales:
"Un chico de una escuela de clase media, y uno de una escuela
pobre... Ambos van a la escuela pública, pero tienen contenidos
diferentes. Hay un defasaje total. Un nene de cuarto grado que va
al comedor El Charquito -agrega- aprende lo mismo que uno de segundo
de una escuela de clase media. Los pobres aprenden a leer y escribir
recién en cuarto grado. Además, los chicos pasan de
grado sin saber lo mínimo. Las maestras tienen que adaptar
los contenidos a la realidad. Esas son directivas que baja el Estado",
explica Silveti.
Y sobre la desigualdad educativa es la actual diputada del ARI y
ex secretaria general de Cetera, Marta Maffei, quien arroja un dato
alarmante: "La última evaluación de la UNESCO
se hizo en base a niños de 46 países desarrollados
e incluyó a varios de los llamados 'en vías de desarrollo'
(Chile, Argentina, Brasil). Se demostró que, además
de ocupar uno de los últimos lugares, Argentina es de todos
los países evaluados el que muestra mayores niveles de desigualdad
educativa", cuenta Maffei. Y agrega: "Tenemos niños
y jóvenes que respondieron con el nivel educativo de Francia
o de Finlandia y otros que no alcanzaron el nivel de los países
africanos pobres".
Sube la cantidad,
baja la calidad
Por ahora, en la provincia de Buenos Aires, la desigualdad educativa
no parece tener solución a corto plazo. No, por lo menos,
desde la cartera educativa. Según Adriana Puiggrós,
asesora del Director General de Educación Mario Oporto e
investigadora principal del Conicet, "desde el punto de vista
pedagógico no está tan mal el primero y el segundo
ciclo". Y por eso explica que en los niveles iniciales de la
EGB la Provincia trata simplemente de mejorar la retención.
"De hecho tenemos como meta principal 'Todos a la escuela'.
Pero lograr la retención no quiere decir que el chico llegue
a la escuela sino que pueda permanecer, y ahí hace falta
una política social que acompañe. No puede depender
solamente del sistema educativo. Tiene que haber una política
económica que permita que las familias se sostengan organizadamente.
Y sostengan a sus hijos en la escuela. Es una cuestión muy
compleja", aclara Puiggrós.
Un dato para no perder de vista es que desde la reforma educativa
hay un millón de alumnos más en el sistema educativo
bonaerense. Y no hubo un crecimiento demográfico importante
en la provincia. Lo cual se traduce en que hay más pobres
que van a la escuela. Sin embargo, también reconocen desde
la misma cartera educativa provincial que "un chico que pasó
por la escuela hace 10 años sabe más que su hermano
que pasó el año pasado por la misma escuela y con
la misma docente", ejemplifica Jorgelina Seminario, directora
de Planeamiento de la Dirección General de Educación.
Pero Seminario no se anima a precisar las causas de esta enmarañada
realidad del sistema educativo provincial que contiene al 38,7 %
de los alumnos argentinos.
Y lo cierto es que la educación parece estar entre las prioridades
del gobierno bonaerense. Basta sino echar un vistazo al presupuesto
de la provincia. La tercera parte se destina a educación.
Y el 90 % de ese monto se utiliza en los sueldos de los docentes.
Pero a la hora de definir políticas, Adriana Puiggrós
encuentra que la falencia más grave de la que puede hacerse
cargo el sistema educativo está en el nivel medio: "Hay
que articular el tercer ciclo con el Polimodal. Tenemos que hacer
modificaciones en los planes de estudio para que tengan una continuidad.
La deserción fuerte se produce alrededor de los 15 años.
Y ahí tenemos que poner muchas becas. Hay que restablecer
articulaciones con el trabajo. Es decir, debemos buscar formas para
que el que está trabajando, también pueda seguir estudiando".
Primero la
primaria
"Para achicar la desigualdad lo que hay que fortalecer con
todo desde el Estado es la primaria. No sirve fortalecer la secundaria
si la primaria fue poco desarrollada porque así se colabora
con la desigualdad social", asegura Dora Riestra, que es doctora
en ciencias de la educación e investigadora en la Universidad
Nacional del Comahue. Desde su punto de vista, los que van a terminan
el secundario son de un sector social favorecido. Agrega que, "la
escuela primaria pública argentina tenía un efecto
igualador entre los ciudadanos". Y Fernanda Silveti desde su
experiencia coincide: "Como maestra veo que si bien para la
clase media la educación primaria es importante, lo principal
se aprende en la casa. Por el contrario, para los que tienen varias
generaciones de deterioro y pobreza, el único lugar en el
que pueden aprender es en la escuela".
Por eso, Riestra considera que en el ciclo inicial "hay mucho
por hacer desde el sistema educativo. Las escuelas primarias deberían
funcionar en edificios de una calidad similar a los de los años
50, tener doble escolaridad y los docentes deberían ser profesionales
valorizados socialmente por sus intervenciones educativas. Esto
sería una política de Estado".
Justamente ese es uno de los requerimientos del Ministro de Educación
de la Nación a partir del proyecto de ley de organización
y financiamiento del sistema educativo. La idea de esta iniciativa
es incluir a la población escolar, especialmente a los sectores
más pobres, en un sistema de doble escolaridad de 8 horas
diarias y de jornada extendida de 6 horas. Por lo menos así
lo expresó el licenciado Daniel Filmus: "La única
forma de mejorar la calidad de vida de los alumnos más pobres
es con más horas de clases. Es necesario que los chicos estén
en la escuela. Queremos asegurarnos un piso mínimo del 30
% de establecimientos que ofrezcan doble escolaridad".
Ocurre que las 4 horas de clases por día que hoy cursa el
95 por ciento de los chicos en las escuelas primarias del país,
resultan escasas si se comparan con las seis horas diarias que se
dictan en la mayoría de los países de Europa y de
Estados Unidos. Y esto sin contar el tiempo destinado al almuerzo
en gran parte de los establecimientos argentinos.
Los cimientos
de la educación
Otro aspecto en la mira es la formación de los maestros.
Fernanda Silveti reconoce que muchos de sus compañeros ingresaron
al magisterio como una salida laboral rápida "En seguida
cobran 350 pesos y tienen obra social. Pero podrían elegir
magisterio como ser policía. Está desvalorizada esta
profesión ya desde el momento en que es una carrera terciaria
y dura 3 años", dice Silveti, que además es muy
crítica de la formación que recibió: "Estudié
en el Instituto 9, de 44 entre 5 y 6. Aprendí muy poco. En
general la formación es muy pobre. Las didácticas,
por ejemplo
. Uno va aprendiendo cuando sale a trabajar. No
te dan herramientas para enseñar y transmitir cómo
aprender a leer y escribir". Y precisamente por eso confiesa:
"Este año por primera vez me toca primer grado. Y estoy
desesperada. No es extraño que la educación esté
como está. Las maestras -agrega- tenemos una formación
de muy poco conocimiento. Esto es parte de un plan estratégico
de sociedad. Creo que la idea es que cada vez sepamos menos para
cuestionar menos".
Por su parte, Riestra encuentra que la formación docente
es la punta del iceberg. "Este ámbito formativo es tan
importante como la Universidad. En el sistema educativo, el secundario
es una consecuencia de esas dos puntas", explica Dora, que
además fue profesora durante 12 años en el nivel medio
y ahora es titular de Lengua en un instituto de formación
docente. Por eso cree que, "si en la Universidad se forman
buenos profesionales y para la primaria se forman buenos maestros,
no habría que gastar en fortalecer el secundario. Pero la
solución debe venir de la mano del Ministerio de Educación
de la Nación que tiene que hacerse cargo de lo que hoy está
diversificado en las provincias. Si no, son retoques cosméticos".
Puiggrós coincide con que no hay todavía una política
de formación docente desde Nación. "Y eso hace
falta hacerlo a nivel nacional. Por lo pronto -dice la asesora de
Oporto- está pensado que en la provincia de Buenos Aires
los terciarios pasen a ser de 4 años desde el 2006. Eso es
importante para darles una fuerte formación de base a los
docentes".
Achicar y
descentralizar
Cualquier argentino que haya vivido los '90 lo sabe. Había
que ajustar. Y si hay algo que nadie discute es que a partir de
esa década se consolidó una nueva organización
en el sistema educativo argentino. Como en otras esferas del Estado,
la palabra mágica para achicar gastos fue "descentralización".
Aunque también hay quienes prefieren hablar de "federalización",
lo cierto es que la educación fue delegada a la órbita
provincial.
Riestra dice que aún hoy esa es la política que permite
obtener los préstamos del Banco Mundial. "Y gracias
a eso se igualaron, en estos últimos 20 años, los
sistemas educativos en América Latina. Son políticas
totalmente dirigidas para todo el continente. Ahora tenemos la educación
organizada como en Bolivia, Uruguay, Brasil, etc, con la aplicación
de un modelo externo. Antes teníamos una organización
educativa que producía una buena formación".
Uno de los peores aspectos de la política educativa regionalizada,
según Riestra, es la desigualdad que se generó entre
cada provincia. "Los ingresos de cada una son diferentes; entonces
probablemente un chico de Jujuy tenga una educación con menor
calidad y presupuesto que uno de Capital Federal".
Según la investigadora, esto genera diferencias en los contenidos,
lo que constituye un punto crítico: "en algunos casos
no hay equivalencias de diseños curriculares entre provincias,
lo que impide planificar una política propia y decidir en
qué y cómo invertir. No hay posibilidad de una planificación
nacional ya que hay que usar las partidas para lo que asignan los
organismos de crédito". Y tira un conocido ejemplo:
"llegan computadoras a escuelas que se caen a pedazos, o que
tienen otras necesidades y nadie sabe qué hacer con ellas,
pero como la partida era para eso
En la década pasada
las reformas se hicieron según el signo político.
No fueron pensadas como una política integral nacional".
Por eso insiste: "el Estado se ha despreocupado del diseño
cultural de las personas, es decir, qué ciudadanos quiere
formar".
Adriana Puiggrós no está totalmente de acuerdo. Según
la asesora provincial, la descentralización neoliberal que
a partir de la ley de transferencia pasó la responsabilidad
educativa a las provincias, estuvo mal, pero no cree que el problema
sea la descentralización en sí misma. "Que el
sistema educativo fuera federal y no unitario es una necesidad que
está en las demandas de orden democrático. Cuando
se hizo la descentralización, el criterio fue achicar y quitarle
responsabilidades al Estado Nacional con un criterio neoliberal.
La transferencia de las escuelas aumentó la carga de las
provincias sin garantizar los recursos necesarios y sin la articulación
del sistema educativo nacional".
Riestra por el contrario cree que cualquier descentralización
en nuestro país es negativa. "En la práctica
en la Argentina es imposible lograr la igualdad educativa transfiriendo
la responsabilidad a las provincias. Los feudos provinciales son
un dato concreto. La única forma de asegurar entonces la
igualdad en Salta y en la Capital, es con una política centralizada
en el Estado Nacional".
De Onganía
a Kirchner
Existe un consenso generalizado sobre la primera embestida. La Noche
de los Bastones Largos, en el 66, durante la dictadura de Onganía,
es un punto de inflexión. Desde entonces empieza a dársele
la espalda a la tradición que tenía nuestro país
por la ciencia, la cultura y la educación.
Riestra opina que fueron las dictaduras militares las que abrieron
las puertas a la descentralización en educación: "Delegaron
a las provincias los sueldos y la construcción de escuelas.
El objetivo era que el BID pudiera controlar el dinero prestado.
Al mismo tiempo, con el deterioro de la educación pública
comenzó a fomentarse la educación privada". La
investigadora recuerda que cuando los militares emprendieron la
retirada, el gobierno de Alfonsín convocó al Congreso
Pedagógico Nacional para reconsiderar la educación
e introducir los valores democráticos en el sistema. Pero,
desde su punto de vista, la iniciativa no tuvo mucho alcance:"Quedó
en la nada porque no se planteó como política de Estado".
En seguida vino la hipnosis menemista. Y, según explica,
continuó vigente la misma política heredada de los
gobiernos militares, pero con un agravante: "fueron contratados
sectores, muchos de ellos progresistas, que le hicieron el juego
al Banco Mundial. Es el caso de algunos técnicos de la FLACSO,
-Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, una institución
reconocida por los organismos de crédito. Y como el Banco
Mundial busca un control sobre lo que presta, algunos técnicos
de la FLACSO fueron funcionales en la producción teórica
y de diseños que sustentaron las políticas aplicadas
en educación, lo cual implicó la desarticulación
del sistema educativo y un control ideológico de derecha
desde un discurso de izquierda", enfatiza Riestra.
Sin embargo, la diputada Maffei rescata algo positivo de la segunda
década infame: "La lucha de los docentes y de la comunidad
evitó la privatización del sistema. Esta fue la única
privatización resuelta por la dupla Menem/Cavallo y acordada
con el Banco Mundial que no llegó a concretarse". Para
Maffei, esto se debe a que la larga tradición de la educación
pública en nuestro país "derivó en una
suerte de conciencia educativa nacional. Desde fines del siglo XIX
se generalizó una educación estatal caracterizada
como laica, gratuita y obligatoria. Fue toda una avanzada en América
y hasta en el mundo", dice la diputada.
Riestra coincide pero también pone el ojo en la lucha sindical:
"El error de los gremios fue haber atacado las consecuencias
y no las causas. No se cuestionó la descentralización.
Y creo que éste es el problema estructural que hoy sufrimos
en la educación".
Por lo pronto, Adriana Puiggrós parece no querer seguir haciendo
leña del árbol caído: "La ley de transferencia
cumplió con todo lo que se proponía, que no eran buenos
propósitos. Pero esa ley, la principal de la reforma menemista,
ya no tiene vigencia porque era para transferir escuelas. Lo que
hay que hacer hoy es una ley de organización y financiamiento
del sistema educativo nacional".
Pero la ley nacional de financiamiento a la que se refiere Puiggrós
todavía es sólo un ambicioso proyecto. Mientras tanto,
las escuelas a las que asisten los pobres -que en algo se parecen
en toda la geografía- se seguirán confundiendo con
los comedores. La directora Giribaldi seguirá repartiendo
su tiempo entre cocineras y maestras, y en Salta ya tendrán
muchos menos días de clases que en Buenos Aires. Por ahora,
lo único que va quedando de igualitario en la educación
pública argentina es el uso de los guardapolvos blancos.
El proyecto
de ley propuesto por el Gobierno Nacional.
La Ley de Financiamiento Educativo que el Gobierno envió
al Congreso prevé una inversión adicional de 9000
millones de pesos en el área educacional en todo el país,
en cinco años. La suma incluye los recursos del gobierno
nacional y los presupuestos provinciales. Se intenta llegar así
a una inversión conjunta del 6% del PBI en todo el país.
El borrador prevé los siguientes objetivos:
· Educación inicial. Si bien la ley establece que
los chicos que tienen cinco años deben ir al preescolar,
eso no ocurre en todo el país por la falta de establecimientos
escolares. La iniciativa pretende crear nuevos jardines de infantes
y cargos docentes.
· Para EL 2010 todos los chicos de 17 años deben tener
completado los 9 años de la educación general básica
(EGB). Se pretende universalizar el Polimodal aumentando los recursos
en todas las jurisdicciones.
· El proyecto incluye la extensión de la jornada escolar
de las cuatro horas de clases por día que hoy cursa el 95%
de los chicos en las escuelas primarias del país. Está
pensado, sobre todo, para los sectores más pobres. Se pretende
un sistema de doble escolaridad por lo menos para el 30 % de las
escuelas del país.
· Se prevé universalizar la enseñanza de un
segundo idioma y de informática.
· Otro objetivo está vinculado con el financiamiento
de la investigación, seguimiento y evaluación de los
núcleos de aprendizaje prioritarios (NAP). Son los conocimientos
mínimos que cada estudiante debe tener al concluir un ciclo
escolar.
Repaso educativo
+ En 1978 se sancionó una ley que transfirió las escuelas
primarias nacionales a las provincias.
+ Cuando llegó la democracia, el planteo fue revisar la educación:
entre 1985 y 1987 se realizó el Congreso Pedagógico
Nacional.
+ En 1989 asumió Menem y para 1991 se sancionó la
ley 24.049, de transferencia de servicios educativos. Esta norma
estableció el pasaje de las instituciones secundarias y terciarias
no universitarias (esto incluye los institutos de formación
docente) a las provincias. Pero recién entre 1992 y 1994
se llevó a cabo la descentralización de los servicios
educativos, completando la tarea iniciada por el gobierno militar.
+ En 1993, se sancionó la Ley Federal de Educación
que regula todas las instancias de la educación.
+ En 1995 llegó la Ley 24.521 de educación superior.
Informe negativo
de la UNESCO
Desde una mirada global, el saldo de la transferencia de los servicios
educativos no parece ser positivo. Así lo expresa un informe
de la UNESCO del 2001 sobre educación en la Argentina, donde
se hace un balance del período y sus consecuencias. Según
surge del informe, "la descentralización, desconcentración
operativa y financiera depositó en las provincias la responsabilidad
de proveer los recursos para la prestación directa del servicio
educativo. De esta manera el impacto fue diferente según
la capacidad pedagógica, técnica y financiera de cada
provincia. Es notable la heterogeneidad e inequidad a lo largo del
país de los sistemas educativos como consecuencia de la descentralización".
Qué
educación y qué país queremos
No hay duda de que el modelo educativo responde a un proyecto o
a un "des-proyecto" de Nación, pensado por sectores
poderosos del propio país o impuesto desde afuera. La educación
actual no es fruto de la reflexión criteriosa de los "actores
educativos" que la ponen en marcha y le dan vida todos los
días, sino que responde al modelo neo-liberal impuesto en
los '90 por el FMI y que provocó la fragmentación
de nuestra sociedad. En la provincia de Buenos Aires, junto a esto,
se tomó como referente el modelo educativo español,
sin pensarlo en clave latinoamericana y/o argentina, de acuerdo
a su población, posibilidades y necesidades. No se tuvo en
cuenta nuestro peculiar y complejo contexto. Así, sin capacitación
seria y de un día para el otro, nos encontramos con una nueva
"estructura del sistema educativo", con todos los cambios
que ello implica hacia adentro del mismo y sin saber con claridad
qué era lo que se buscaba con la reforma.
Por eso, la mayoría de los docentes sigue reproduciendo el
modelo educativo anterior, conviven paradigmas educativos distintos
(y hasta opuestos) en una misma institución, con distintas
concepciones de la enseñanza, del aprendizaje, de los modos
en cómo se construye el conocimiento, etc. Y el que padece
esto es el alumno.
Esto se ve claramente con la creación del 3° ciclo, que
provocó un "aniñamiento" en los adolescentes
de los últimos años de la EGB, ya que la mayoría
de los colegios no tenía la estructura edilicia ni humana
necesarias.
Hoy esto se está comenzando a "repensar". El separar
definitivamente el tercer ciclo es un paso. Pero ¡ojo!, que
puede ser un parche más si no nos sentamos a pensar seriamente
qué país queremos y qué modelo educativo responde
a ese proyecto.
Antonio Daniel Fenoy (docente) y Vanesa Jurado y Natalia Macey
(Equipo de Orientación Escolar) del Sagrado Corazón
de Jesús
La escuela en la selva
¿Qué podemos esperar del sistema educativo en un país
en el que se destruyó la producción y se condenó
a la mayoría de la población a vivir en la miseria?
¿Es posible tener calidad educativa cuando no hay calidad
de vida? ¿Podemos hablar de calidad educativa sino incluimos
a todos? ¿Incluir a todos va en desmedro de la calidad?
En la década del 80, cuando se retiró la dictadura
que arrasó con el país, uno de los problemas más
graves que tenía el sistema educativo bonaerense era el de
los terceros turnos: 200 mil chicos tenían sólo 2
ó 3 horas de clase porque no había escuelas. Hoy ese
problema no existe.
En el comienzo de esta etapa democrática, asistían
alrededor de 2 millones de alumnos y había 7.400 establecimientos
educativos. Actualmente todo se duplicó: en la provincia
de Buenos Aires hay 4 millones y medio de alumnos y 14.000 escuelas.
Podríamos decir que ahora todos están incluidos, aunque
en un sistema educativo deficitario, pero todos están incluidos,
lo que no es poco.
El Servicio Alimentario Escolar que brinda el Ministerio de Desarrollo
Humano bonaerense, le da comida a más de un millón
de chicos y está previsto que el año que viene la
cobertura alimentaria abarque a toda la matrícula del EGB.
La diputada Marta Maffei dice que "la escuela pasó a
ser el espacio más extendido de contención social.
Sin presupuesto, sin perfeccionamiento, con niños hambreados,
sin material y con familias destruidas, fueron convertidas en grandes
guarderías que ubican a los chicos como en una playa de estacionamiento
y donde los docentes dejan de ser 'enseñantes' para transformarse
en una especie inédita de asistente social nutricionista-
psicólogo- madre, que procura contener a niños y jóvenes
antes de que su egreso/expulsión/abandono, los ponga indefensos
en medio de la ley de la selva".
Afortunadamente estuvo y está la escuela para actuar en esta
emergencia nacional, porque de qué hablamos cuando hablamos
de hambre, de miseria, de exclusión, de desnutrición.
Carlos Sahade
volver
* Se autoriza la reproducción total o parcial del contenido,
citando la fuente y remitiendo un ejemplar de la publicación
a La Pulseada.
BAJAR
LA NOTA(70kb)
|