30 años buscando la ternura

Los integrantes del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo se encontraron en Avellaneda a tres décadas de su formación. La Pulseada estuvo presente a través de uno de los integrantes de nuestro programa de radio, que cuenta cómo fue la experiencia

 

Por Damián Lambusta
Fotos: RS Estudio Digital

Hace treinta años en una capilla de Florencio Varela un conjunto de organizaciones decidían conformar el Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo. De la mano de Alberto Morlachetti y Carlitos Cajade, el sueño de “un país con infancia” se materializaba en una herramienta nacional para articular las luchas que día a día libraba cada organización en su cotidiano, luchas contra un sistema que condenaba (y condena) a millones de pibes y pibas al crimen del hambre.

Esa es la historia que a través de fotos, afiches y documentos se encuentra retratada al subir las escaleras de la biblioteca de Pelota de Trapo en Avellaneda, donde se realizó el 15 y 16 de julio el Encuentro de Organizaciones de Niñez.

“Estamos acá para celebrar, para compartir la alegría de encontrarnos, de sabernos compañeros de camino en estos 30 años”, dijo Darío, integrante de Pelota de Trapo, en sus palabras de bienvenida.

Durante las dos jornadas organizaciones de diferentes lugares del país que conformaron el Movimiento, y otras que en los últimos años surgieron para dar respuesta a los mismas problemas, compartimos un espacio de reflexión y debate acompañados por el activista y pensador uruguayo Raúl Zibechi. Las dudas, experiencias, preocupaciones y certezas fueron encontrando un hilo conductor a partir de las claves compartidas por Raúl. Eso permitió comprender nuestra época y la compleja trama que nos toca construir todos los días. Una de las certezas: ser parte de la historia, crear junto a nuestros pibes y pibas ese mundo nuevo que soñamos, ese cielo en la tierra que predicaba con su ejemplo el cura Carlitos Cajade.

Raúl Zibechi: «Nuestros emprendimientos tienen que ser fuertes porque tienen que permanecer en el tiempo»

“Soñar, crear ese mundo nuevo es nuestra tarea, la ha sido de estas organizaciones en todos estos años. Creo que tenemos que tener sentido del momento histórico, creo que estamos en la etapa final del capitalismo y por eso esta crisis civilizatoria que atravesamos. Por eso es importante tomar dimensión de los tiempos. Tengamos en cuenta que el paso del feudalismo al capitalismo llevó entre 5 y 7 siglos. Esto no va a cuajar en algo nuevo en 20 días, ni después de las PASO”, consideró Raúl.

 

El dirigente añadió que “si las transiciones han llevado siglos, con esto no quiero decir que no debamos resolver las cuestiones del corto plazo, hay que tener un ojo puesto sí o sí en el largo plazo, porque estamos en el comienzo de una nueva transición, por eso nuestros emprendimientos tienen que ser fuertes porque tienen que permanecer en el tiempo. Que un partido político dure poco no me genera problemas porque están atados a lo efímero de los tiempos electorales, pero que nuestras organizaciones no se mantengan sí me preocupa. No debemos perder de vista que lo hacemos para parir esa nueva sociedad. La revolución es la partera de la historia, decía Marx, pero para parir primero hay que crear. No se puede parir lo que no existe. El parto es el momento de fuerza, pero el mundo nuevo ya está ahí, en el seno”.

El mate pasa de mano en mano, una bandeja circula repleta con facturas elaboradas en la panadería de la obra, un cuaderno que se cae y deja ver un puñado de anotaciones tomadas ligeramente para no perder nada de lo que se dijo y poder compartir al regreso con el resto de los compas en la organización. Una mano alzada pide la palabra y retoma un debate, se pregunta, se contesta con una certeza que a mitad de camino se vuelve pregunta otra vez.

Es sábado por la tarde y después de unos exquisitos ravioles compartidos en la Casita de los Niños nos damos tiempo para profundizar el intercambio en grupos divididos según las décadas de creación de nuestras organizaciones. En la planta baja de la biblioteca se reúnen las nuevas generaciones del año 2000 en adelante y en la planta alta aquellas organizaciones surgidas durante los ’80 y los ’90. A partir de ejes disparadores, la palabra circula y el análisis macro planteado por Zibechi durante la mañana se hace carne en la realidad de nuestros territorios. ¿Por qué surgieron nuestras organizaciones, con qué objetivos? ¿Cuáles eran las problemáticas de nuestros pibes y cuáles son las de ahora? ¿Con qué actores nos toca compartir/disputar el territorio?

“Las disputas en el territorio, antes eran con las estructuras político-partidarias, ahora también tenemos una disputa con el negocio de la droga, con el narco, la policía, la justicia como legitimadora. Las disputas son con nuestras organizaciones, pero ojo, también nos afectan las disputas entre ellos”, reflexiona José Luis, integrante del Centro de Participación Popular Angelelli, una organización que cuenta con más de veinte centros comunitarios en Florencio Varela.

Claudia y Quique, fundador del Movimiento junto a Morlachetti y Cajade

Los balances y experiencias compartidas llevan a pensar que a pesar de haber ganado una gran batalla para echar por tierra el sistema del Patronato, muchas de las vulneraciones que sufrieron nuestros pibes y pibas desde los inicios del Movimiento aún siguen golpeando con la misma fuerza en nuestros barrios.

 

Manuel, de la Granja Siquem, llegó desde Rio Cuarto y considera que no hay que enfocarse en los peores escenarios. “Yo quisiera saber si de todos los que estamos acá, cuando comenzamos, alguno soñó con la realidad de las organizaciones que tenemos, que hemos construido. Al principio arrancamos con muy poco y hoy tenemos todo esto…entonces tan mal no estamos”, explica. La granja es un emprendimiento de unas 70 hectáreas que trabaja actualmente con 50 pibes y pibas en esa localidad cordobesa. Desarrollan diferentes proyectos cooperativos: una huerta, criaderos de animales y un tambo.

La continuidad de los proyectos, su mantenimiento en el tiempo, está vinculado estrechamente con el recambio generacional. Fue un tema recurrente durante los días del encuentro, una preocupación compartida por los y las que llegan, pero también de los y las que iniciaron el camino. Tratar de fortalecer las construcciones más allá de los vaivenes de cada coyuntura, apostar a construir en la diversidad con un horizonte común claro.

“Nuestra estrategia, siempre, es mostrarles lo que estamos haciendo”, dijo Laura Taffetani, que en una frase sintetiza aquello planteado por Raúl durante la primera parte del encuentro. Crear y hacer partícipes a los demás de ese mundo nuevo que construimos. Dar testimonio, y no en el sentido peyorativo de la testimonialidad de una experiencia, sino por el contrario demostrar en los hechos que se puede cambiar la historia si existe la voluntad y el trabajo sostenido en el tiempo.

“¿Y el Estado?”, preguntó Zibechi. El Estado se encuentra allí y no podemos negarlo, la relación con él es también tema de acalorados debates. La pregunta por los recursos pero también por la autonomía, sus intervenciones en la vida de las organizaciones, los límites que es necesario marcar, las formas de hacernos respetar. Laura remarcó lo complejo de esta relación en la actualidad: “Es increíble la cantidad de condicionamientos por parte del Estado para la entrega de recursos. Eso dificulta nuestro trabajo y al fin y al cabo repercute en la vida concreta de los pibes, porque los tiempos y las formas no son las mismas”.

Raúl Zibechi entendió que la injerencia del Estado en el desarrollo territorial de nuestras organizaciones obedece a una estrategia para apropiarse de nuestros conocimientos. El Estado interviene mostrándose como un par, utilizando nuestros símbolos, nuestras formas, pero vaciándolas de su contenido transformador. “El neoliberalismo tuvo dos etapas, la de las privatizaciones y la extractivista. Pero no se trató sólo de la extracción de nuestros recursos naturales sino que también el mismo Estado ha extraído de nuestras organizaciones el conocimiento producido por ellas, el trabajo realizado durante años en el territorio”, explicó.

En el encuentro se relataron muchas experiencias de la cantidad de vidas arrebatadas a la máquina de consumir infancias del sistema capitalista. Miles de pibes y pibas que habitaron nuestras organizaciones, aquellos que muchos daban por perdidos, en los que nadie depositaba esperanzas ni posibilidades de cambio. Sin embargo, los abrazos todo lo pueden, la escucha atenta y la confianza en la posibilidad de construir otros proyectos de vida, otros mundos posibles.

Es domingo al mediodía, salió tímidamente el sol y nosotros ya no somos los mismos que llegamos al encuentro la mañana anterior. Los abrazos de despedida, las promesas de visitas y las infinitas formas de agradecer se mezclan y se repiten una y otra vez.

Encontrarse es urgente, para reflexionar, para ponernos nuevos objetivos, para planificar nuevos encuentros, para sabernos poderosos frente al enemigo. Porque ese enemigo no descansa ni si quiera los domingos. Ese mismo día (y quizás a esa misma hora) en la productora de un canal de tele se montaba una escena más de la farsa que trata todos los días de hacernos creer que no se puede, que nuestra lucha es en vano. Sin embargo hay cientos de “Polaquitos” que podrían contar otra historia, aquellos que en sus peores momentos no se cruzaron con el micrófono de la estigmatización sino por el contrario, con los brazos y la escucha de alguien que los reconoció como sujetos. De esas historias estamos hechos, de esos encuentros, de nuestros movimientos y de la certeza de que al fin y al cabo… ¡Con ternura, Venceremos!

 

 

 

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